Capítulo 46

1318 Palabras
Pantera El vino se movía en la copa de cristal que sostenía entre mis dedos mientras la giraba para disimular mi frustración. Cada trago que daba no hacía más que avivar la rabia que sentía dentro. Mi mandíbula estaba tensa, y mis labios se apretaban en una línea fina mientras mis ojos recorrían el salón con desprecio. Nicola Moretti acababa de arruinarlo todo. Y aunque debería estar feliz de que al fin él tenía una debilidad, un punto del cuál agarrarme para hacerlo sufrir, en mi interior solo había odio. Esa maldita declaración pública, había complicado mis planes, ahora tenía que pensar en otra forma de llevarlos a cabo. Prometida. Mi sangre hervía solo de pensar en ello. Observé desde la distancia cómo todos parecían aceptar la noticia sin más. Las sonrisas, los falsos brindis, las felicitaciones vacías. Cada uno de ellos jugando su papel, mientras yo me hundía en esta furia interna que no podía controlar. Lo peor de todo era que Nicola había hecho que esto se volviera aún más personal. Antes, mi objetivo siempre había sido claro. Destruir a la familia Moretti, desmantelar su imperio y ver cómo todo lo que habían construido se desmoronaba. Pero ahora... ahora todo era distinto. Nicola me había ofendido. No solo había complicado mis planes al comprometerse, sino que había hecho que esta guerra, que antes era simplemente estratégica, se convirtiera en algo mucho más peligroso. —Bastardo... —murmuré entre dientes, tomando otro trago de vino. El líquido me quemaba la garganta, pero no tanto como el odio que sentía por dentro. Desde mi posición en un rincón del salón, podía observar todo con claridad. Vi a mi tutor, el hombre que me había criado, el hombre que me había enseñado a ser lo que soy. Un asesino entrenado. Mi respiración se volvió más pesada al verlo caminar hacia Nicola. Ese desgraciado, siempre sabiendo cómo posicionarse en el momento adecuado, sonreía como si fuera uno más de la familia. Intercambió una mirada rápida conmigo antes de girarse hacia Nicola y felicitarlo. Podía ver la falsedad en sus gestos, pero lo que más me enfurecía era que, frente a los demás, parecía tan... correcto. —Hipócrita... —murmuré con desprecio, viendo cómo estrechaba la mano de Nicola y lo abrazaba con esa sonrisa socarrona que solo él sabía mostrar. Todos eran unos malditos hipócritas. Desde mi tutor hasta cada uno de los invitados que levantaban sus copas en falso brindis. Sabían perfectamente qué clase de monstruos eran los Moretti, pero ninguno hacía nada. Porque, en el fondo, todos querían un pedazo de su poder. Pero yo lo sabía mejor. Mi tutor me había enseñado todo con un solo motivo en mente: derribar el imperio Moretti. Cada movimiento, cada decisión que tomaba, todo estaba diseñado para lograr un único objetivo. Destruir a Don Vittorio y a su familia. Romperlos desde dentro y verlos caer. Ese era el plan desde el principio, y mi tutor, con toda su frialdad y meticulosidad, había preparado cada detalle para asegurar que así fuera, para que no supieran qué los había golpeado. Pero ahora, con Nicola comprometido, todo había cambiado. La rabia que sentía no era solo por haber visto mi plan complicarse. Mi tutor quería ser el nuevo Don. Lo había planeado desde el primer momento en que me tomó bajo su ala. Me moldeó, me entrenó y me convirtió en la herramienta perfecta para su venganza. Sabía que yo era su mejor arma. Y siempre había estado de acuerdo. Hasta ahora. Hasta que Nicola me había arruinado todo. Apoyé la copa en la mesa a mi lado, cerrando los puños con fuerza. Mis dedos temblaban de la rabia. Ahora todo era mucho más que simplemente un juego de poder. Mi orgullo estaba en juego. Nicola Moretti me había desafiado, y no iba a permitir que se saliera con la suya. Ahora lo haría sufrir. No lo destruiría de un solo golpe, no. Eso sería demasiado fácil. Lo destrozaría poco a poco, viendo cómo su mundo se desmoronaba pedazo a pedazo. Vería cómo la promesa de poder que siempre había mantenido se desvanecía ante sus ojos. Y lo más dulce de todo sería cuando entendiera que yo había sido quien lo derribó. Sentí mi corazón acelerarse al imaginarlo. La sonrisa de mi tutor mientras se hacía con el control. El orgullo en su rostro cuando todo estuviera terminado. Pero esta vez, la victoria también sería mía. Mis ojos buscaron a Nicola nuevamente. Allí estaba, hablando tranquilamente, ajeno a lo que estaba por venir. El maldito bastardo ni siquiera sabía lo que se avecinaba. —Esto es personal, Nicola, —susurré, mis labios curvándose en una sonrisa oscura. —Y lo lamentarás. Mis pasos eran ligeros, calculados, mientras me deslizaba entre los invitados, vigilando cada detalle. El salón estaba repleto de sonrisas falsas y brindis vacíos. Nicola, siempre el centro de atención, estaba ocupado con su nuevo suegro y ese maldito Antonio. Sabía que su cabeza estaba en otra parte. Pero esta noche, todo iba a cambiar. Hoy, daría el primer golpe. Hoy, él empezaría a perder todo. Y lo mejor de todo es que él no lo vería venir. La misión había comenzado. Y sabía exactamente por dónde empezar. Las amigas de Bianca estaban reunidas cerca del bar, charlando entre ellas, claramente ajenas a todo lo que estaba pasando a su alrededor. Serían fáciles de manipular, siempre moviéndose en rebaño, siempre buscando la aprobación de la más fuerte del grupo. Pero esta noche, la más fuerte no estaría allí para ayudarlas. Faltaba una. Sabía que no estaba con las demás. No, Marena había sido llevada por la mano derecha de Nicola, Lorenzo. Era tan fácil seguirle el rastro... Ella había caído como una mosca en la telaraña, y Lorenzo estaba demasiado distraído con Bianca como para darse cuenta de lo que había planeado. Hoy tenía que ser el día. Me acerqué a la barra con tranquilidad, pidiendo otras copas de vino. Observé a las amigas de Bianca desde la distancia, fingiendo que no les prestaba atención, cuando en realidad cada uno de sus movimientos estaba siendo monitoreado. Ellas reían, completamente inconscientes de lo que estaba pasando con su amiga, o lo que les pasaría a ellas. No tenían idea de lo que estaba planeando, como se habían vuelto una parte necesaria de mi plan. Con un gesto rápido, le hice una señal al camarero. Le entregué dos copas de vino, y junto a una de ellas, un pequeño mensaje. Era todo lo que necesitaba para sembrar el pánico. —Llévalas a esa mesa, —le dije al camarero con una sonrisa coqueta. Lo observé moverse, caminando entre los invitados hacia las chicas. Vi cómo tomaban las copas, una de ellas sonriendo agradecida, mientras la otra abría la pequeña nota que había enviado. El cambio en su expresión fue instantáneo. Sus ojos se agrandaron, y su sonrisa desapareció de inmediato. Miró nerviosa a su alrededor, y sin decir palabra, se levantó de un salto, dirigiéndose hacia el centro del salón. Sabía exactamente a quién iba a buscar. "Perfecto." Pensé, tomando un pequeño sorbo de mi vino, disfrutando de que todo estaba saliendo según el nuevo plan. Saqué mi teléfono y envié un mensaje rápido. Yo: En el patio. 10 minutos, nos llevaremos a más de una chica. Esperé la respuesta que no tardó en llegar. Shadow: Recibido. Sonreí para mis adentros. Shadow siempre cumplía con su parte. Era eficiente, silencioso y letal. No fallaba. —Hoy lo perderás todo, Nicola, —susurré para mí misma. La brisa nocturna acarició mi rostro, y el sonido de la música en el interior del salón se fue apagando lentamente mientras me alejaba de la multitud. Todo lo que él amaba estaba a punto de desmoronarse. Y lo más dulce de todo es que ni siquiera lo vería venir hasta que fuera demasiado tarde.
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