Capítulo 50

1438 Palabras
Valentina Todo mi cuerpo dolía. El calor de la habitación era sofocante, y el saco sobre mi cabeza solo lo hacía peor. Mi respiración era irregular, luchando por mantenerse constante mientras intentaba no perder la calma. Mis manos seguían atadas por detrás de la espalda, el roce áspero de la cuerda había comenzado a lastimarme. Bianca estaba cerca de mí, lo sabía aunque no podía verla. Solo escuchaba su respiración temblorosa, el leve sollozo que intentaba contener. La puerta chirrió al abrirse de nuevo, y ambas nos sobresaltamos. Los pasos que se acercaban hicieron que mi estómago se retorciera. —Oh, qué triste escena. —La voz de la mujer llegó a nosotras, cargada de una burla afilada. Fingía tristeza, pero lo único que se podía distinguir en su voz era desprecio. Sentí las manos de alguien agarrar el saco de mi cabeza, y en un rápido tirón, la luz me golpeó los ojos. Parpadeé, cegada por un momento, hasta que mi visión empezó a aclararse. Lo primero que vi fueron los cuerpos. Sofía y Ana estaban en el suelo, inmóviles. Sus rostros pálidos, sus ojos sin vida, y el rastro de sangre debajo de ellas lo confirmaban. Estaban muertas. Un grito de horror se atascó en mi garganta, incapaz de salir. Mi pecho se comprimió como si todo el aire en la habitación hubiera desaparecido. Bianca jadeó junto a mí, y se acercó, girando la cabeza para no verlas. La mujer frente a nosotras llevaba una máscara, cubriéndole el rostro, dejando solo ver sus ojos fríos y despiadados. Era la Pantera. —¿Saben por qué están aquí? —preguntó con frialdad, cruzando los brazos sobre su pecho. Su mirada se detuvo en Bianca unos segundos antes de posarse en mí. Y aunque su voz era suave, estaba llena de veneno. Ambas negamos con la cabeza, con un movimiento tembloroso. El terror era tan abrumador que ni siquiera podíamos hablar. La Pantera bufó, como si nuestra respuesta la aburriera. —Por supuesto que no saben. —Su voz goteaba sarcasmo. De un movimiento rápido, levantó la mano y me golpeó con fuerza en la cara. El dolor fue instantáneo, mi cabeza girando hacia un lado por el impacto. El sabor metálico de la sangre llenó mi boca, y mis ojos se llenaron de lágrimas involuntarias. —¡Valentina! —Bianca gritó, desesperada. Intentó moverse, pero la Pantera fue más rápida. La agarró por el pelo, tirándola hacia atrás con un movimiento brusco. —Dile a tu amiga dónde se metió. —La miraba con odio, casi disfrutando de su sufrimiento. Bianca luchaba contra las lágrimas, pero cuando habló, su voz apenas se escuchaba. —Valentina, yo... —su voz se quebró, pero intentó seguir hablando. —Al principio... yo no sabía nada. Mi familia, ellos... —tomó aire, y finalmente lo soltó. —Forman parte de una organización llamada Cosa Nostra. Mis ojos se abrieron como platos, y a pesar del dolor en mi cara, la miré con incredulidad. —¿Qué? —susurré, mis labios apenas capaces de formar la palabra. Mi corazón se detuvo. Cosa Nostra. La mafia. —Mi hermano... Nicola... —Bianca balbuceaba, intentando encontrar las palabras. —Él será el próximo Don. No quería que lo supieras de esta manera. Yo no quería que estuvieras involucrada. —Las lágrimas comenzaron a salir con más intensidad y su voz perdió fuerza. La Pantera interrumpió, riendo fríamente. —Esa información te llegó gracias a mí. —Su voz tenía un matiz triunfante. —Yo te hice abrir los ojos, Contessa. Fui yo quien te mostró la verdad sobre tu maldita familia. Mis manos temblaban detrás de mí, el miedo y la confusión me envolvían. —¿Por qué estás haciendo esto? —Bianca murmuró, su voz débil mientras intentaba no derrumbarse por completo. La Pantera se inclinó hacia ella, su máscara cubriendo sus emociones, pero la maldad en su voz era inconfundible. —Porque tu familia es una plaga. —Su tono era venenoso, cargado de odio. —Malditos mafiosos. Todos ustedes merecen arder en el infierno. Cada uno de ustedes ha jugado con la vida de otros, pensando que el poder es lo único que importa. —Se giró hacia mí, sus ojos fríos me recorrieron por completo. —¿Acaso crees que eres diferente? —se burló, sus labios curvándose en una sonrisa detrás de la máscara. —¿Crees que estás por encima de todo esto solo porque naciste fuera de la "familia"? Mi corazón palpitaba con fuerza en mi pecho, y aunque quería gritar, quería defenderme, no podía moverme, me costaba respirar. —Tu vida ha estado destinada a esto desde el principio. —La Pantera caminaba de un lado a otro frente a nosotras, como si fuera la dueña de la verdad que se estaba diciendo. —Has estado entre mafiosos todo este tiempo. Y ahora... también pagarás por ello. Bianca lloraba, su cabeza inclinada hacia el suelo y su cabello cayendo a su alrededor, aunque no podía ver su rostro, sabía que estaba aterrada. La Pantera soltó un grito de frustración y se acercó a Bianca para comenzar a golpearla sin piedad. —¡Déjala en paz! —grité, intentando soltarme de las ataduras. Ella se detuvo y me miró, como si acabara de contarle una broma. —No, mocosa, —respondió fríamente, alejándose de Bianca, —nadie está a salvo y nadie estará en paz. Nadie. Ni tú, ni Bianca, ni tu prometido. El terror se apoderó de mí por completo, mientras ella volvía a su lugar, en el centro de la habitación observándonos con satisfacción. Mi pecho se llenó de rabia. Bianca no había querido contarme todo esto, pero ahora todo estaba claro. Y la Pantera estaba disfrutando de cada segundo de nuestra desesperación. —Por favor... —Bianca intentó suplicar, pero ella se rió en su cara, limpiándose la sangre de sus manos. —Por favor... —repitió la Pantera, imitando su voz con una mueca de burla. —Suplicar no cambiará lo que tengo planeado para todos ustedes. Tu familia, tú... todos ustedes van a pagar la deuda que tienen conmigo. Mi cuerpo entero temblaba, pero ya no era de miedo, era de ira. No podía dejar que esta mujer siguiera haciéndonos esto. —Eres una maldita cobarde, —gruñí entre dientes, luchando por mantener el control. —Cuando tenga la oportunidad... te juro que te mataré. La Pantera se rió, un sonido bajo y peligroso. —Oh, Valentina... —se acercó aún más, hasta que sus labios estuvieron casi a la altura de mi oído, —quiero verte intentarlo, piccola. Me estremecí, pero no por miedo, sino por la pura rabia que me llenaba. Cada músculo en mi cuerpo quería saltar sobre ella, quería arrancarle la máscara y hacerla pagar por lo que había hecho. La Pantera se enderezó, dándonos una última mirada desde detrás de su máscara. —Nos veremos pronto, —dijo con una sonrisa que casi podía sentir a través de su máscara, —pero antes de eso... disfruten de la compañía. Y con eso, se giró y salió de la habitación, dejándonos solas con los cuerpos sin vida de las chicas. Miré a Bianca a mi lado, estaba sollozando, haciendo que su cuerpo se estremeciera por el llanto. Podía ver su sufrimiento en su postura, el dolor que le traía haberme contado la verdad sobre su familia. —Yo... yo solo quería protegerte, Valen... —dijo entre sollozos, su voz ahogada por las lágrimas. —No quería que supieras... no quería que te vieras arrastrada a esta vida. Sentí un nudo en la garganta, una mezcla de frustración y tristeza. Ahora entendía. Entendía por qué Bianca siempre parecía dudar, siempre temía que me acercara demasiado a su mundo. No era solo Nicola, era todo. Era su familia, su nombre, su legado. —No tenías que protegerme de esto, —dije, con la voz tan baja que apenas podía escucharme a mí misma. —Por eso no quería que te involucraras con Nicola, —susurró, sin levantar la vista del suelo. —Yo lo sabía... siempre supe que... si te acercabas demasiado, ya no habría vuelta atrás. —No puedes protegerme de todo. —Le respondí con dulzura. —Yo no sé en qué momento pasó, pero ya estoy demasiado metida, Nicola no me dejará ir, y no es solo por tu familia. Me acerqué más, mis hombros casi rozando los suyos, descansé mi cabeza sobre su hombro. Ambas estábamos exhaustas, física y emocionalmente, pero en ese momento, sé que compartimos el mismo pensamiento: no había escapatoria.
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