CAPÍTULO DIECINUEVE Emily se despertó a la mañana siguiente después de no haber dormido casi nada. Pero su cansancio no pudo apagar su ánimo. Estaba eufórica por haberse casado. Era como despertarse de un sueño maravilloso y entrar en otro. Mientras estaba tumbada en la cama, su mente repasaba algunos de los mejores momentos de la boda: el discurso de su padre, la lectura de Chantelle, Roman cantando con la banda de jazz, su primer baile con Daniel. En su mente aún podía ver la luz de las ventanas, las flores en cascada de Raj, los brillantes diamantes de su vestido. Podía oler el perfume a medida que Amy había creado para ella, saborear los mojitos azucarados de Alec en sus labios. Su cabeza zumbaba con los recuerdos, cada uno de sus sentidos revividos por los hermosos flashbacks. El b

