bc

Mi único amor

book_age16+
54
SEGUIR
1K
LEER
multimillonario
arrogante
dominante
independiente
doctor
drama
comedia
brillante
ciudad
passionate
like
intro-logo
Descripción

Mila una joven lastimada en el pasado deberá regresar ahora hecha una mujer a la hacienda donde creció junto a su familia para representar legalmente a su madre, quién tras ser engañada por su padre y ahora tener conocimiento de que está nueva mujer vive allí no se siente capaz de regresar, por lo que, sin importarle sus sentimientos y lo mucho que le aterra en su interior regresar a este lugar vuelve para plantar la cara por lo que les pertenece.

Sin embargo, no regresará sola pues, ahora tiene a su esposo, fiel compañero y amigo que está dispuesto a respaldarla con su apellido y posición contra cualquier situación complicada, brindándole todo su apoyo y amor durante el proceso y también cuenta con su amado hermano, el que como responsable de ella también irá a velar por el bienestar del negocio familiar, para cuidarlo de aquella cruel e interesada madrastra.

Lo que los jóvenes no saben es que durante su estadía aquí, su arrepentido padre intentará por todos los medios recuperar el amor de sus hijos y acabar con la relación de Mila y Erick, ya que no cree que él sea el hombre indicado para su hija...

¿Lo logrará? ¿Recuperará este padre el amor de sus hijos? ¿Podrá una familia ser restaurada? ¿Podrá el verdadero amor ser tentado? ¿O sobrepasará este mismo todos los obstáculos?

Descúbrelo en: ”Mi único amor"

chap-preview
Vista previa gratis
Capítulo 1
“El amor puede fortalecer y debilitar en gran manera, solo es cuestión de como se tome en cada situación" En ese momento Mila sintió como Erick la abrazó por la espalda entrelazando sus manos sobre su abdomen y dejando un casto beso sobre su mejilla derecha y se mantuvieron así, en silencio mirando el horizonte y como el sol subía poco a poco desde su punto este. - Buenos días, mi cielo - saludo su esposo luego de que estuviera el sol iluminando la cara de Mila. - Buenos dias, mi amor - respondió ella con una bella sonrisa pintada sobre sus labios. - ¿Qué haces despierta tan temprano? - preguntó tiernamente dándole la vuelta entre sus brazos para dejarla frente a él - Es sábado por la mañana si no lo recordabas - comentó con gracia acomodando un mechón de su cabello. Mila sonrió sintiendo la fría brisa sobre sus mejillas y suspiró observando a Erick. - Sé que es sábado por la mañana - respondió - Pero Diego se despertó hace un rato y tuve que darle su biberón, luego, al ver que ya iba a amanecer y como sabes lo que me encanta verlo desde nuestro jardín me quedé despierta - explicó. - Nuestro pequeño nuevamente despierta a su madre por las noches - dijo como si le diera una noticia. - Si, pero no lo culpes, extraña a su mamá - susurró recostando la cabeza sobre su pecho - Ahora sí estoy muy cansada - se acurrucó entre sus brazos. - Se nota, mi vida - besó su cabeza - Ven, vamos a dentro para poder descansar un poco - propuso levantandola para llevarla a su recámara. - Eso no era necesario - dijo manteniendo los ojos cerrados mientras él la llevaba cargada a su habitación - Puedo caminar - completó luego. - Lo sé, linda - dijo subiendo las escaleras - Pero digamos que yo quiero y puedo llevarte, ¿Pones objeción, mi amor? - Nop, me gusta que me consientas - admitió casi dormida. Erick llegó a la habitación y la recostó sobre la cama. - Duerme, linda - pidió - Voy a cambiarme y vuelvo - avisó queriendo quitarse la ropa de ejercicio ante lo que ella asíntió y cerró los ojos quedándose en un profundo sueño. ************ **************** *********** Más tarde Mila abrió los ojos de nuevo y notó que a su lado no había nadie, el espacio de su esposo estaba vacío. Lentamente se puso de pie y se dispuso a ir a arreglase para ir a ver a su bebé y atenderlo. Eran las 8:00am y todo estaba tan tranquilo como siempre, cuando Mila se dispuso ir a ver a su hijo se encontró con que no estaba en su habitación, por lo que caminó en dirección al desayunador que estaba en el jardín y allí los vió. Erick jugaba con el pequeño Diego y mientras lo hacía reír a carcajadas daba a el pequeño su puré. El niño era el reflejo de su padre quien, tenía el cabello de color café y unos ojos azules tan profundos como el mar que se extendía tras el jardín de su casa, una naricita refinada un rasgo característico de la familia de su padre quienes tenían ascendencia noble además de unos cachetes tan rosados como un muñequito de porcelana. Sin lugar a dudas nadie podría negar que era hijo de su esposo, lo que era muy conveniente pues, las personas en su mundo tenía una mente tan retorcida como les era posible. - ¡Buenos días! - saludó alegremente plantando un beso en el cachete de su hijo - Buenos días a mi bebé hermoso - saludó también al pequeño que reía y movía sus pies al aire casi queriendo correr. - Buen día, mi cielo - respondió Erick mirándola con una hermosa y pícara sonrisita, esa sonrisita que derretía a más de una, grupo en el que ella no era la excepción. - Buen día, mi amor - respondió dando un beso sobre su mejilla - ¿Ya desayunaste? - preguntó sentándose a su lado y acomodando posteriormente su cabello de medio lado. - Si, y Diego también - informó - Además llamó mi adorada suegra y ha preguntado por ti - comentó. - ¿Mi mamá? - confirmó lo que había escuchado. - Si, a no ser que tenga otra suegra creo que sí - bromeó haciendo que ella sonriera. - Más te vale que ella sea tu única suegra, porque, de lo contrario lo sufririas - siguió su juego colocando la servilleta en sus piernas - ¿Y qué dijo? - Pues, estuvimos charlando con respecto a cómo estabas, como estaba nuestro hijo, también de trabajo y ya sabes, soy el único yerno favorito de mi suegra - presumió resaltando la última parte a propósito, ante lo que su mujer soltó una linda carcajada - En fin, estuvimos hablando de todo y nada a la vez y ya para terminar me pidió que fuéramos a cenar esta noche, que quería vernos e iba a hablar un tema importante con Arturo y contigo - ella recibió a su pequeño hijo en brazos mirando a su esposo extrañada. - ¿Con mi hermano y conmigo? ¿Y no te dijo para que? - él negó besando los labios de su mujer quien lo aceptó gustosa. - No, no me dijo nada acerca del tema, pero parecía muy importante - admitió sirviendo el desayuno a su esposa sobre un plato frente a ella - Aunque tampoco mencionó que fuera de urgencia. - Bueno, creo que debemos asistir entonces - sonrió - Muchas gracias - dijo recibiendo el plato que éste le entregaba - ¿Tienes algún compromiso hoy? - Erick negó. - No, nada de nada - respondió - Estoy cien por ciento disponible para ti - guiñó un ojo con coquetería haciéndola reír. - Mmm, pues que bueno - susurró metiendo un trozo de fruta en su boca - Podríamos ir de compras, ¿te gustaría? - propuso - Quería comprarle algunas cosas a Diego y añadir otras a mi armario, ¿quieres acompañarnos? - Por supuesto, lo que mi hermosa esposa diga - anunció haciendo el saldo característico de un militar. - De acuerdo - dijo soltando una leve carcajada pasándole nuevamente al bebé, amaba lo tierno que era con ellos. En la noche la pareja se arreglaba para ir a la casa de la señora Ana, madre de Mila, cuando estuvieron listos, Erick se acercó a su esposa quien estaba frente al espejo acomodándose el cabello y abrazándola por la cintura pegado a su espalda plantó un beso en su mejilla. - ¿Alguna vez te han dicho lo preciosa que eres? - preguntó mirándola a los ojos a través del espejo, observando el reflejo de ellos así, de esa forma que revelaba tanto. - ¿Y yo alguna vez te he dicho lo mucho que te amo? - correspondió a su mirada con una sonrisa recostandose a su hombro. - Si, creo que un par de veces - contestó haciendo que ella se diera la vuelta entre sus brazos y levantará la cabeza para poder verlo debido a su diferencia de estaturas - Ese collar se te ve increíble - halagó la pequeña cadenita que le había obsequiado a su esposa por su aniversario número 7, con un dije en forma de corazón y pequeños diamantes incrustados, y la cereza del pastel sus iniciales en el centro “M.D", el cuál él mismo había diseñado. - Lo sé, es simplemente maravilloso - admitió con una preciosa sonrisa. - Bueno, yo no lo decía simplemente por el collar que obviamente es hermoso porque lo diseñé yo - bromeó - Lo decía más que nada por la bellísima modelo que lo luce, en ti se ve simplemente perfecto, combina contigo de todas las formas posibles - dijo como un tonto enamorado, delatando también toda la verdad que había tras sus palabras. - Gracias, mi amor - susurró con las pupilas dilatadas y brillantes - Eres un presumido, ¿Lo sabías? - susurró después colocándose luego de puntillas para darle un beso sobre sus labios - A veces odio que seas tan alto - confesó sacándole una carcajada a aquel hombre que tanto amaba, disfrutaba hacerlo y verlo reír - O no sé si es que yo soy muy bajita - agregó riendo también. - Pues a mí me encanta que seas bajita - admitió, ella mostró una cara de sorpresa. - ¿Ah sí? - preguntó después - ¿Y eso por qué? - frunció la nariz como lo hacía ya fuera cuando algo le molestaba o no lo entendía. - Si, la verdad es que ya no sé qué es lo que no me gusta de ti - confesó - Pero si, porque así puedo levantarte - dijo pasando sus antebrazos por debajo de sus glúteos para levantarla en el aire, dejando que quedará a su misma altura, ella pasó las manos alrededor de su cuello como reacción sin dejar de mirarlo - Y ver esos preciosos ojos que tienes. - ¿Quién diría que mi esposo gruñón podría ser tan dulce? - comentó con gracia, pinchando su nariz suavemente con el dedo. - El mismo que dijo que una chiquilla de 1.57 me iba a volver loco con solo 17 años - ella abrió la boca asombrada por aquello mientras reía. - Eso es muy cruel, Dankworth - murmuró llamándolo por su apellido, él volteó la vista por un momento y luego la vio nuevamente con esa picardía que a ella la hacía derretir. -Pero es parte tus encantos, señora Dankworth - besó su labios de nuevo - Ahora, dejemos está discusión para después, tu madre nos espera y no me gusta llegar tarde, ¿Nos vamos, mi reina? - Claro que sí, mi amor puntual - aceptó - Solo si me bajas, ¿Me harías el favor de dejarme en el suelo, mi vida? - Por supuesto, ahora sí - la dejó ante él sobre el suelo - Vamos por nuestro hijo - la abrazó tiernamente de costado y la guío hasta la salida. Al llegar a casa de Ana está les recibió alegremente en la puerta de su casa junto a su perro Adolfo. - ¡Hola mi niña! - saludó alegremente se madre a la joven quién le dió un fuerte abrazo besando su mejilla. - ¡Hola mami! - respondió sonriendo feliz de ver a aquella mujer que amaba tanto - ¿Cómo estás? Perdona que no te respondí está mañana. - No hay problema cielo, hablé con... ¡Oh, mi querido Erick! - lo abrazó también cuando entró - Aquí está mi otro hijo, y mi pequeñín, ¿Cómo estás, cariño? - saludó a el bebé tan cariñosa como siempre. Erick acostumbrado a la efusividad de su suegra, cosa que le había heredado su hija, sonrió por sus atenciones. - Excelente, suegra - respondió - Muchas gracias por preguntar. - ¡Oh, tú y tu formalismo como siempre! Eres tal y como le gusta a mi hija, pero la verdad no entiendo aún como se llevan - comentó batiendo la mano al aire - Vente, pasen a la sala, dame al pequeño - pidió cargando a su nieto. - ¿Ya Arturo llegó mamá? - preguntó Mila. - Aún no, pero dijo que llegaria... - y fue interrumpida derrepente por otra voz. - Buenas noches, señores y señoras - irrumpió su hermano llegando, saludando a todos - Mamita hermosa - besó su mejilla y entregó unas rosas - Hermanita preciosa - beso la frente de su hermana - Cuñado, no te doy un beso porque sería extraño, ¿Cómo estás? - estrechó su mano, él sonrió acostumbrado a la forma tan extraña de ser de su familia política. - Muy bien gracias - asíntio, viendo cómo su cuñado veía a su hijo. - ¿Dónde está, el pequeño Diego Dankworth? - preguntó - ¿Cómo estás chiquitín? - lo tomo en sus brazos. Después de saludos y abrazos, además de una breve charla pasaron a la mesa al verdadero tema por el que había ido allí. - Bueno chicos, lo diré sin rodeos - dijo Ana - Lo cité aquí porque quiero que viajen a Italia - pidió llamando la atención de sus hijos. - ¿Qué? ¿A Italia para qué? - preguntó Arturo con una sonrisa dejando su copa sobre la mesa. - Para que visiten la hacienda “El roble" - soltó sin tapujos, en ese momento la mesa se quedó en silenció y los jóvenes observaron a su madre. - No - dijo Mila que fue la primera en reaccionar - Yo no voy a ir a ese lugar - se negó rápidamente sintiendo una fuerte opresión en el pecho, su marido notando ésto tomó su mano. - Mila, cielo - empezó a decir su madre - Yo mejor que nadie sé cuánto detestas ese lugar, pero Augusto es tu padre, mi amor - explicó - Y en la familia se requiere un acercamiento. - No, no quiero mamá - repitió enfurecida sin perder la compostura, solo pensar en aquel sintió la hacía enfadar - Sabes que no puedo volver a ver a esa mujer, y mucho menos a mi padre. - Mila, es tu padre hija - dijo - Ustedes les guste o no son hijos de Augusto Harper y como tal deben tener una relación con él, además estoy segura de que aún no le has dicho que estás casada y menos que tienes un hijo, ¿O me equivoco? - No merece saberlo después de lo que nos hizo, de lo que te hizo mamá - dijo sin querer ceder - Engañarte y acabar con muestra familia lo hace indigno totalmente de acercarse nuevamente a nosotros. - Mila, hija - susurró - Si sigues al paso que vas no vas a afectar solo tu vida, sino la de tu hijo en un futuro, tu padre me rogó encarecidamente que los convenciera para que fueran a verlo, los extraña mucho. - Pues me alegro, que se quede con su mujercita y que nos deje en paz a nosotros - dijo - ¿Cuál es la necesidad de que nos obligue a tener a esa mujer allá y que nos trate como si los desconocidos en esa casa, que es tan tuya como de él, fuéramos nosotros. - Mila, piénsalo así entonces hija - propuso - ¿Vas a dejar que se quede con todo el trabajo de mi juventud una niña tonta recién llegada?, Ustedes cómo herederos deben hacer acto de presencia en mi representación por esas tierras, Mila - durante un momento madre e hija se quedaron mirando durante un par de segundos, nadie más hablaba, ellas mejor que nadie sabía que los otros dos estarían dispuestos a aceptar lo que Mila quisiera, por lo que no se molestarían en interferir. La conexión entre ellas era tan fuerte que podían comunicarse sin necesidad de palabras y entre tantas cosas que daban a pensar, Mila decidió ceder, su madre tenía razón. - Está bien, mamá - suspiró - Voy a ir hasta allá junto a mi hermano y mi esposo para hacerte representación, pero quiero un poder para que Erick pueda hacer una revisión en las cuentas de la hacienda y mi hermano se ocupe de registrar los negocios pertinentes a compra y venta de todo lo que se haga con respecto a lo que incluya la misma. - No creo que eso sea necesario, cielo - dijo. - Es mi única condición, voy en tu representación. - De acuerdo - aceptó. - Pero que quede claro, vamos como representantes tuyos, nada más - susurró mirando su hermano quien asintió. Ana asíntio también, sabía que tarde o temprano eso sería muy productivo en la relación con su padre por lo que solo debía de esperar. - Muchas gracias por hacerte cargo, hija - dijo su madre mirándola con una tierna sonrisa. - No hay problema, mamá - aseguró - Debemos velar por los intereses de la familia que también son los nuestros, más no te prometo una reconciliación con Augusto. - Lo sé, ya lo dijiste, no quieres y no pienso presionarte más - suspiró - Estoy conciente de que cada cosa lleva su tiempo. - Si, claro que sí - aclaró su garganta - ¿Qué tal te fue en el viaje que hiciste el sábado? ¿Lograste hacer lo que querías? - derrepente la madre de los jovenes se puso muy nerviosa e intentó evadir el tema, lo cual ellos no notaron pero Erick si pudo percibir por como se tocaba suavemente el cuello. - Emm, si, si logré hacer lo que necesitaba - respondió - Fue más sencillo de lo que esperaba después de todo - sonrió disimuladamente, ella notando a su madre algo extraña pero sin quererte incomodar la frente a su esposo y su hermano asíntió y sonrió también. - Me alegro mucho por ti mamá - respiró profundamente dando un sorbo a su copa de vino y continuando con su comida. Al terminar la cena acordaron que se irían el viernes ya que, ella debía dejar unas cosas en su trabajo y su esposo debía también organizar otras tanto en su clínica como dejar instrucciones para el que lo suplía como director en la compañía que le había heredado a sus padres, además querían esperar a Arturo quien había dicho que se ocuparía de unos asuntos antes de partir y pasaría por la casa de la pareja para a una comida. - Es raro que mi mamá pidiera esto - admitió ella entrando a su habitación junto a su esposo luego de dejar a el pequeño en su recámara. - ¿Por qué lo dices? es su madre, solo quiere lo mejor para ustedes y sabe que estar peleados con su padre no lo es - dijo masajeando los hombros de su esposa. - No lo sé, es raro - repitió - Ella jamás había interferido - le recordó - Ni siquiera cuando tú llegaste a mi vida como algo más que el amigo de mi hermano ella interfirio, tampoco cuando le pedí que no dijera nada sobre nuestro matrimonio; nada, todo estaba normal. - Bueno seguramente ya perdonó a tu padre y se dió cuenta de que es como cualquier ser humano que comete errores - se paró frente a ella y tomo su cara entre sus manos con dulzura - No lo pienses tanto, tu madre es una mujer madura y muy inteligente corazón, sabe porque hace las cosas, no te preocupes por eso. Además, puede que otra persona le esté haciéndo cambiar la perspectiva de las cosas - comentó como quien no quiere la cosa. - ¿Estás diciendo que mi mamá puede tener algo con alguien? - lo miró atenta sintiendo las manos de su esposo dar suaves caricias en sus hombros. - Es probable, y no estaría nada mal, aunque no es seguro - dijo él quitando la chaqueta de su esposa - Pero para nadie fue un secreto de que cuando mencionaste su viaje se puso algo nerviosa - apartó su cabello - Podría ser por eso, o puede que me equivoqué. - ¿En serio lo crees? - lo miró directamente a los ojos pensando en ello. - Solo dije puede ser - respondió mirándola intensamente - O puede que no, puedes preguntarle - sugirió - Ahora mi bella esposa, podrías dejar de pensar y preocuparte tanto - pidió - Tu amado esposo está dispuesto a consentirte un ratito si es necesario - propuso con picardía - ¿Me lo permites? - ella sonrió y soltó el aire en un suave suspiro. - De acuerdo, mi amado esposito - pasó los brazos alrededor de su cuello tiernamente - Consiente a tu señora durante toda la noche si quieres - aceptó y ahí fue cuando éste sonriendo se acercó y junto sus labios dejando aflorar todos sus sentimientos por ella...

editor-pick
Dreame - Selecciones del Editor

bc

MI POBRE ESPOSO MILLONARIO

read
4.5K
bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
56.7K
bc

Mafioso despiadado Esposo tierno

read
26.2K
bc

Bajo acuerdo

read
48.6K
bc

La esposa rechazada del ceo

read
220.4K
bc

Tras Mi Divorcio

read
575.1K
bc

Después del divorcio, me gané la lotería de Navidad

read
1.6K

Escanee para descargar la aplicación

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook