Luego de ir hasta Mcdonald's, los chicos buscaron una mesa para sentarse a comer y luego procedieron a ordenar. Arturo, al ser el hermano mayor de Mila y conocer bien a Erick, se levantó y fue a hacer la orden.
Al quedarse Mila y Erick solos, ambos se observaron durante un momento, ella sonrió y luego con timidez bajo la vista a su teléfono, intimidada por la intensidad de la mirada de Erick. Él también sonrió, era una niña en toda la extensión de la palabra, tímida, inocente y adorable, eran las tres palabras más correctas para definirla.
- Si me dicen que eras así de callada el primer día que me invitaste café en tu casa, no lo creería - dijo él para romper el hielo y hacerla entrar en confianza, si había algo que le gustaba era platicar con ella, era muy inteligente y una excelente conversadora. De todas las personas que conocía, podría decir que era una de las más interesantes - ¿te comió la lengua el gato? - añadió, logrando que levantara la vista y lo observara de nuevo. Tenía unos ojitos preciosos.
Ella al escuchar eso, levantó la vista observando sus ojos y sonrió. No, tanto como comérsele la lengua el gato no, pero si la intimidaban aquellos ojos azules que estaban fijos en ella.
- No - contestó simplemente - Es solo que no tengo mucho de lo que hablar - admitió.
- ¡Wow!, no me esperaba esa declaración - admitió - ¿tan aburrido soy? ¿o carezco de habilidad para mantener una buena conversación?
- No, no te ofendas, no es nada de eso - se sonrojó avergonzada por haber dicho algo que se pudiera malinterpretar de esa forma, no era su intensión decir aquello. Por el contrario, Erick siempre le había parecido muy intelectual, pese a ser tan liberal - Es solo que, mi hermano me sacó de mi zona de confort y... bueno, es complicado.
- ¿No te gusta estar fuera de casa? - inquirió a lo que ella solo asintió. La verdad lo odiaba con el alma, era algo terrible, aunque vivieran en Rusia y el clima la mayoría de la veces estuviera bien para dar un paseo.
- No, es terrible - hizo una muñeca de asco al decir eso - Hay demasiada gente a mi alrededor.
- Ya veo - susurró él al entender su punto, aparentando los labios en el proceso. Era comprensible que pensará así, en ocasiones la sociedad era agobiante.
- Además... - comenzó a decir a lo que él le puedo atencion - ser hija de mi mamá no es fácil, siempre se está en la mira del ojo público.
¡Un punto a su favor! Sin objeción, no tenía nada que refutar ante ese hecho.
- Bien, punto comprendido ampliamente - levantó las manos en señal de paz - Es terrible ser hijo de gente importante, lo acepto - ante aquello ella rió suavemente. Sí, sin lugar a dudas era agradable charlar con él.
- Bueno, ya ves - hizo un gesto con sus hombros y manos, dando a entender que no importaba.
- Sí, ya lo veo - asintió. Es ese momento llegó Arturo con las bandejas.
- Bueno, chicos - dijo dejando el enorme pedido sobre la mesa - aquí está la comida - indicó - para mi hermanita una cajita feliz con papas dobles, para la cosa que tengo como amigo una hamburguesa y para mí lo mismo, pueden proceder a comer - comentó por último.
- Gracias - dijeron al unisono, Erick y Mila.
- Por nada, voy por las bebidas y regreso.
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PRESENTE
Estando acostados en su cama, luego de un apasionado y romántico encuentro, y chalaban acerca de una infinita variedad de cosas, tal y como siempre.
- Entonces la publicación de mi último libro se pospuso un mes - indicó Mila, quién había estado trabajando en una obra súper especial de su lista de novelas románticas, la que sería la primera de una nueva saga - lo cual es bastante bueno - añadió - Así se da un respiro a la gente de la última saga y recuperan el interés por la lectura, creo que con el lanzamiento pasado dejé en shock a muchos. Pero conste, no fue mi intención - levantó la manos con inocencia, no sin cubrirse primero el cuerpo con parte de la sábana blanca.
- ¿Y cómo no? le diste un giro controversial, nadie se esperaba que el asesino de la hermana de la protagonista fuera su propio padre - dijo su esposo, quién había tenido la dicha de ser el primero en leer el libro y pudo experimentar cada sentimiento como propio. Si algo tenía su esposa es que era excelente narradora - Además, tampoco supuse que iba a haber un enfrentamiento entre el protagonista y el abuelo de ella, ese señor era un psicópata.
- Bueno, pero gustó que fue lo importante - dijo con una sonrisita pícara e inocente a la vez - y te puedo asegurar que sentí cada personaje con cada fibra de mi ser, todos tenían motivos y sólo se expresaban mal a su manera.
- Por supuesto, eso lo entiendo - sonrió él con orgullo tocando su naricita con ternura - No esperaba menos de tí.
- Pues sí - asintió feliz de que su esposo estuviese orgulloso de ella, él más que nadie merecía tener la dicha de compartirlo con ella, y con su hijo, claro está. En ese momento, se comenzó a escuchar un suave llanto que provenía de la cuna de su pequeño Diego, quién ya buscaba atención de sus padres.
Ella al escuchar eso, intentó levantarse para tomarlo en brazos, pero no pudo pesto que, el brazo de su marido de lo impidió, ya que, este se había levantado primero. No quería que se levantara tan cansada como debía de estar.
- Yo lo busco - dijo él, y levantándose se vistió y caminó hasta la cuna para tomar al niño en brazos. Ese niño era su viví retrato - Aquí está, mi campeón - lo levantó en brazos y lo llevó consigo hasta la cama para dejarlo en brazos de su adorada madre.
- Hola, pequeño hijo mío - lo cargó. Ese niño era lo que más amaban en el mundo entero. Era sin lugar a dudas su mayor tesoro.
Sonrientes lo observaron mientras ella lo amamantaba entre pequeños bucheos y manoteos se quedó dormido de nuevo.