Se frotó el cuello con fuerza porque Mauricio lo había tocado. Al pensar en eso, Camila sintió un profundo asco. Siguió frotándose la piel con insistencia mientras se aplicaba gel de ducha una y otra vez. ¡Y su boca! Gabriel la había besado demasiadas veces. Su cuello se había puesto rojo y sus labios estaban irritados. Cuando Camila salió del baño, vio a la ama de llaves parada en la puerta. —Señora Taylor, ¿se encuentra bien? Camila negó con la cabeza, luciendo débil. Hizo un gesto hacia la mujer. —Vete a casa. Ya no necesitas quedarte aquí. —Señora Montalbán… el señor Montalbán me pidió que la cuidara —respondió la ama de llaves con cierta incomodidad. Camila no quería poner en una situación difícil a una empleada, así que caminó hacia la mesita de noche, abrió el cajón y sacó a

