Capítulo 20: Viaje (part.3)

1586 Palabras
REBECA 20:45 p.m. A esa hora, mi día ya estaba completo. Había hecho lo necesario: hablé con Benjamín y le pregunté cómo había ido su día. Por suerte, me alegró no verlo triste por estar lejos de mí. De hecho, me hizo sentir bien saber que esa felicidad no dependía solo de mí, sino también de Silvia, quien lo estaba cuidando con tanto cariño. Ella estaba siendo clave para que Benjamín no notara mi ausencia, manteniéndolo ocupado y contento. Para él, parecía que los kilómetros que nos separaban no existían, y eso me daba tranquilidad. También hacía rato que había cenado y mi tarde había estado tranquila. Es más, como Elías no me dio nada que hacer relacionado con el trabajo, aproveché ese rato libre para leer un poco. Él estaba en su habitación, y solo lo había visto salir una vez por la tarde. Luego volvió, pero no me habló ni me dijo nada, y lo vi hacer esas idas y venidas porque mi cama estaba justo a la vista de la puerta principal, y no podía evitar notar cuando se movía por el pasillo. Ahora, estaba acostada en la cama lista para dormir, pero recibí un mensaje de w******p de Carlos Pérez, el Director de Operaciones. Carlos Pérez, 20:47 p.m. Buenas noches, Rebeca. Estoy en la puerta de vuestra habitación y quería entregarte los documentos pendientes Leí el mensaje y de inmediato fui hasta la puerta. La abrí y me encontré con Carlos, que sostenía una carpeta en sus manos. Carlos: — Hola, ¿te he molestado? — preguntó con un tono amable, aunque parecía ligeramente preocupado por su aparición. — No, para nada Carlos: — Perdón por venir a estas horas. Es que se me hizo tarde y se me pasó la hora para venir a verte — No se preocupe Carlos: — Bueno, aquí están los documentos que quedé en darte. Tengo dos copias: una para ti y otra para Elías — ¿Quiere que llame a Elías por si le quiere comunicar algo? Carlos: — No, gracias. Hablé con él hace unas horas, y ahora que es tarde no quisiera molestarlo. Me comentó que ambos estáis en esta suite — Sí Carlos: — Perfecto. Lo tendré en cuenta, así es más fácil si tengo que discutir algo contigo o con él — Claro Carlos: — Muy bien. Venía solo a eso. Si quieres, cuando termines de revisar la documentación, envíame un mensaje para confirmar que todo está bien, por si se me pasó algo — Vale, lo haré Carlos: — Okay. Dale los documentos a Elías para que los revise también — Sí, ahora se los entregaré Carlos: — Buenas noches. Nos vemos mañana — Buenas noches — dije devolviéndole la sonrisa amable. Él se dio la vuelta y siguió su camino por el pasillo. Cerré la puerta y volví a mi habitación. Así pues, antes de ir a entregarle los documentos a Elías, me detuve un momento frente al espejo. Mi pijama no era precisamente adecuada para que él me viera así, más que nada por mi camiseta con un dibujo de un osito. Era linda, sí, pero parecía demasiado infantil, así que no podía presentarme de esa forma. Tampoco es que quisiera seducir a Elías vistiendo algo provocador o llamativo, porque para eso hubiera ido solo con ropa interior o hasta desnuda. Pero, claro, todavía no tenía la confianza suficiente para hacer algo así, de modo que esa opción ni siquiera estaba en mi mente. Sin embargo, tampoco quería espantarlo con una imagen tan poco favorecedora como la que daba mi pijama infantil. Por eso decidí dejarme el pantalón de la pijama, que era discreto, y cambiar la camiseta por una de manga corta, azul marino, sencilla y sin adornos. Era la prenda más neutral y “presentable” que tenía a mano. Además, me arreglé un poco el cabello, ajustando algunos mechones que estaban fuera de lugar y por fin, agarré los documentos y salí hacia la habitación de Elías. Desde el pasillo noté que la luz de su habitación estaba encendida, lo que me hizo suponer que seguía despierto. Me asomé y, como la habitación no tenía puerta, pretendí decir algo, pero me detuve. Elías estaba recostado en la cama con su laptop sobre las piernas, aparentemente concentrado en algo. Pero no fue eso lo que captó toda mi atención, sino el hecho de que estaba sin camiseta. Su pecho, bien definido y musculoso, estaba completamente al descubierto, mientras que de la cintura hacia abajo estaba cubierto por una sábana. Era una tremenda vista. Mis ojos se quedaron clavados en su torso desnudo, admirando cada detalle del cuerpazo que tenía Elías. Entonces, Elías levantó la vista al notar mi presencia, y sus ojos se encontraron con los míos. Yo, por mi parte, me quedé paralizada, atrapada en una mezcla de sorpresa e inquietud. Elías: — ¿Qué necesitas? — preguntó, recorriéndome de arriba a abajo con la mirada, lo que me dio escalofríos, porque verlo así, recostado, sin camiseta y con ese aire despreocupado, hacía que la situación se sintiera el doble de intimidante. — Venía a dejar los documentos de Carlos — respondí, dando un paso al frente y cruzando el marco de la puerta. Trataba de mantener la compostura mientras sostenía las hojas frente a mí, como si fueran un escudo capaz de protegerme de la situación que tenía delante. Elías: — ¡Ah! — Acaba de venir y me los dejó para que se los entregara Elías: — Entiendo… Déjalos por ahí. ¿O quieres explicármelos? — dijo mientras una ligera sonrisa se asomaba en sus labios, como si disfrutara de mi evidente nerviosismo. — No… Bueno, si usted quiere — contesté titubeando, con la voz entrecortada. No sabía si el nerviosismo o la vergüenza me estaban traicionando, pero las palabras apenas lograban salir de mi boca. Mientras tanto, Elías se quedó mirándome fijamente, con esos ojos oscuros que parecían analizar cada movimiento, cada expresión en mi rostro. Elías: — ¿Son los documentos de los acuerdos preliminares con algunos inversores? — Sí, son esos — contesté, notando cómo Elías se ponía de pie con calma, dejando la laptop a un lado. Fue entonces cuando confirmé, por desgracia… digo, por suerte, que iba vestido, pero no con un pantalón, sino solo con un bóxer color gris que delineaban demasiado, dejando en evidencia un volumen que era imposible no notar. Al instante, mi mirada necia no pudo evitar recorrer lo que tenía enfrente. Y no me refiero solo a su cuerpo, porque ese detalle llamaba aún más mi atención. Elías: — ¿Solo hay una copia? — preguntó mientras se acercaba a mí, acortando la distancia hasta quedar a pocos centímetros. Al instante, sentí cómo mi respiración se agitaba levemente al notar su cercanía, y antes de que pudiera reaccionar, tomó los papeles de mis manos, haciendo que sus dedos rozaran los míos brevemente. — No, hay dos. La otra me dijo Carlos que era para mí — respondí, tratando de mirarle solamente a los ojos. Después, intentando fingir indiferencia, desvié la mirada, como si no me hubiera dado cuenta de que estaba semidesnudo. Pero cuando vi que Elías comenzó a leer los documentos, aproveché para mirarlo otra vez. Aunque intentaba evitarlo, mis ojos deseaban seguir explorando aquel cuerpo imponente. Mi atención estaba completamente distraída. Ahora que lo tenía tan cerca, mis ojos viajaron sin permiso hacia su torso, deteniéndose en cada línea perfectamente marcada. Y tampoco me detuve solo ahí, por supuesto; aquel volumen llamativo en su bóxer tenía toda mi atención, aunque intentaba no mirarlo demasiado porque ya comenzaba a causar efecto en mí, como un calor que subía poco a poco por mi cuerpo. Elías: — ¿Ya has revisado estos documentos por si tienen algo mal? — Sí… Está todo perfecto — comenté, casi sin saber muy bien lo que decía, porque mi mente estaba más concentrada en otras cosas. Asimismo, di una última mirada a su cuerpo, levanté la vista y me encontré de nuevo con los ojos de Elías fijos en los míos. Fue en ese instante cuando supe que había metido la pata. Él se había dado cuenta de cómo lo miraba, con tanto deseo que ni siquiera podía disimularlo. En consecuencia, sentí mi rostro arder al instante, y sentí cómo el calor subía rápidamente hasta mis mejillas. Elías: — ¿Todo bien? — Sí. No pasa nada — respondí rápidamente, lanzando un gran suspiro, intentando recuperar algo de dignidad, aunque era evidente que no me creía ni un poco. — ¿Necesita algo más? — añadí, carraspeando la garganta para romper el momento, aunque mi voz sonó un poco más nerviosa de lo que me hubiera gustado. Elías: — Creo que no. Ya leeré esto detenidamente — comentó, manteniendo sus ojos fijos en los míos. Asentí, pero el silencio que cayó entre los dos se alargó demasiado, hasta el punto de volverse incómodo, como si cada segundo se estirara por horas. — Bueno, si necesita algo más, me llama. Ya me voy. Buenas noches — dije de golpe, dando media vuelta rápidamente porque ya no podía soportar más su mirada fija, tan intensa, como si quisiera analizarme o, peor, provocarme. Pero no era solo su mirada lo que me tenía al borde; era todo él. Su cuerpo a tan poca distancia, ese maldito bulto tan notorio que parecía apuntarme directamente. En definitiva, no podía seguir ahí, por mis propios límites, para no caer en tentaciones prohibidas.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR