ELÍAS Sábado, 10:33 a.m. Estaba en el gimnasio privado que tenía mi casa, ejercitándome, cuando de repente, mi teléfono empezó a sonar. Vi el número y no lo tenía registrado, pero igual lo cogí por si se trataba de algún cliente o algo así. Gisela: — Hola, Elías. Soy yo, Gisela — dijo y al reconocer su voz, le colgué. No quería estarle contestando ni hablar con ella. Entonces me volví a centrar en los ejercicios que estaba haciendo y otra vez cayó otra llamada y la contesté. — ¿¡Qué!? Gisela: — Por favor, contesta, amor. Estoy en la puerta de tu casa — Pues vete, no te voy a abrir Gisela: — Yo sé que sí quieres, amor. Hazlo, yo sé que no es lo único que me quieres abrir ahora — dijo con su típico tono picaresco y atrevido. Colgué la llamada y lancé un suspiro. Busqué mi c

