Capitulo 20

1693 Palabras
Victoriana Tenía que decir que, después de esa reunión tan incómoda, el día pasó sin ningún contratiempo. Me llevó a desayunar a un lugar bastante lindo, obviamente después de llevarme a la boutique para cambiar mi estúpido vestido, que era dos tallas más grande. Ahora que lo pienso, agradezco tenerlo, pues si no lo hubiera tenido, sabrá Dios qué hubiera pasado con ese hombre. Me llevó a conocer la ciudad, lugares que jamás había pensado que podría visitar, pero tenía que agradecer, pues si no fuera por él, jamás se me habría pasado por la mente que estos lugares tan hermosos existían. Cuando por fin llegamos a la mansión, apenas cruzo la puerta y quito mis zapatillas; realmente me estaban matando. Mi sonrisa no se borra, y ya ha pasado demasiado tiempo desde que no disfrutaba momentos tan bonitos. Aunque hubiera sido mejor pasar estos momentos con mi familia, no puedo ser malagradecida. Así que, cuando estoy a punto de subir el primer escalón, de inmediato me detengo, me doy la vuelta, lo miro a los ojos y le sonrío. Él me ve completamente confundido, pero lo que sale de mi boca es completamente sincero. —Gracias. Él levanta una ceja y rasca un poco nervioso su nuca. No entiende por qué, pero está a punto de hablar, y de inmediato yo lo interrumpo. —Gracias por este hermoso día. Tengo que aceptar que jamás había pasado un día tan increíble, obviamente con la excepción de lo que sucedió en tu oficina; todo estuvo perfecto. Gracias, Alex. Él me sonríe y asiente. Y antes de que me arrepienta de lo que estoy a punto de hacer, corro de puntillas hacia él y le dejo un pequeño beso en la mejilla. De inmediato me doy la vuelta y subo corriendo las escaleras, camino hacia mi habitación con paso rápido. Sé que mis mejillas están completamente rojas, pues se sienten calientes. Abro la puerta sin dejar de sonreír y me recargo en ella. Cierro los ojos y su rostro vuelve a mí. No, Triana, no te enamores, por favor, no de él, no en este momento, porque todo se iría al diablo. Siento que alguien acaricia mi mejilla. Sonrío como tonta, pues estoy segura de que es un sueño. Escucho a lo lejos mi nombre: "Triana, Triana". Su piel es tan suave que acaricia todo mi rostro, haciendo que mi piel se erice y mi corazón lata con tanta fuerza. Pero cuando escucho una risita burlona, estoy segura de que esto no es un sueño, así que de inmediato abro los ojos y me siento en mi cama, tratando de cubrir mi piel expuesta, ya que mi pijama es demasiado pequeña. Coloco mi mano en mi pecho para tratar de tranquilizar los latidos de mi corazón. Él se cruza de brazos y me sonríe de una forma un poco extraña. —Algún día sabré qué es lo que sueñas conmigo. Es la segunda vez que sucede; puede que haya una tercera. Yo respiro hondo y suspiro. De inmediato me levanto y coloco mi bata mientras él me mira atento a cada movimiento. Cuando he terminado, me cruzo de brazos, molesta, y lo miro con una ceja alzada. —Pensé que respetarías mi privacidad. ¿Qué hubiera sucedido si hubiera estado desnuda? Él acaricia su barbilla como si lo estuviera pensando. De pronto, me mira directo a los ojos, pero sus pupilas están dilatadas. Da un paso hacia mí, pero yo no me muevo ni un centímetro. Cuando llega hasta quedar tan cerca de mi cuerpo, se agacha un poco y me dice al oído: —Eso puede ser muy peligroso, porque no sé si resistiría a no tocarte. Así que trata de no dormir desnuda, porque créeme que en estos momentos estoy conteniendo las ganas de arrancarte esa pijama que te cubre muy poco. Así que deja de tentar al diablo, porque el infierno puede caer sobre ti. Su aliento golpea mi oído y cada palabra la dice tan lento que hace que mi abdomen se llene de mil mariposas. Definitivamente, esto cada vez se vuelve más peligroso, y al parecer no soy la única que desea lo mismo, pero sí soy la única que tiene todo que perder. Así que doy un paso hacia atrás, lo miro a los ojos y le sonrío, tratando de aligerar un poco la situación. —Diciéndome esto, me doy cuenta de que tratas de darle vuelta al asunto, pero te lo voy a volver a repetir: ¿qué sucedió con la privacidad? Quedamos en llevarnos bien, y si esto sigue sucediendo... Él levanta su mano y coloca su dedo índice en mis labios. De pronto, los acaricia hasta bajar por mi cuello. —Si esto sigue sucediendo, tú y yo seremos mucho más que amigos, pero por ahora necesito mostrarte algo. Juro por Dios que mi corazón estaba a punto de salirse de mi pecho. Cuando él simplemente se da la vuelta y camina hacia la puerta. Yo trato de tranquilizar mis nervios y mis hormonas. También volteo a verlo, y él sigue esperando algo, impaciente. Me hace una seña fuera de la habitación y me dice: —¿Vienes o no? Créeme que esto te conviene. Yo asiento y camino hacia él. Cuando salgo hacia el pasillo, él hace lo mismo, cierra la puerta de mi habitación y empieza a caminar hacia su despacho. Cuando llegamos, él abre las enormes puertas de madera, camina hacia el minibar, sirve dos vasos de whisky y me ofrece uno. Trato de negarme, pero él simplemente sonríe y suspira. —Créeme, lo necesitarás. Así que simplemente lo tomo. Él toma un control remoto que no sé a dónde pertenece, hasta que toma asiento en un sillón que se encuentra en el despacho. Presiona el botón y la enorme pared, que está llena de algunos cuadros que sinceramente ni siquiera había prestado atención, pero al parecer, si no me equivoco, son un poco costosos, o más bien, bastante costosos, empieza a desaparecer y enormes pantallas aparecen en su lugar. Cuando veo de qué se trata, de inmediato dejo mi vaso de whisky en la mesita de noche, me pongo de pie y me acerco a una de las pantallas. No conozco el lugar, pero conozco perfectamente a la persona que se encuentra ahí. Él está sentado pegado a la pared, abrazado a sus piernas y viendo hacia el techo. Se ve pálido, su boca se ve seca, juega con sus dedos, sus ojeras ahora se ven más pronunciadas y está mucho más delgado. Así que, volteo, bastante molesta y con las manos hechas puño, le digo: —¿Qué diablos le has hecho a mi hermano? ¿Acaso te has vuelto loco? Apenas tiene unos días y mira cómo se ve. ¿Por qué está así? ¿Qué le hiciste? Me dijiste que lo cuidarías y yo lo veo cada vez peor. Quisiera irme encima de él y golpearlo tan fuerte que sienta el dolor que yo estoy sintiendo en este momento, pero él simplemente toma su trago de whisky y niega. —Escúchame, Triana. Soy malo, muy malo. Creo que ni siquiera te imaginas lo que soy capaz de hacer. Pero si te dije que lo protegería, eso es lo que voy a hacer. Sé que tú no estás muy relacionada con este tipo de situaciones, pero te voy a explicar un poco. Cuando se hace una desintoxicación, es el proceso más difícil. Las drogas son adictivas, no duermen, no tienen hambre, y eso es solo por hablar de algo físico. También sufren de ansiedad y depresión. Así que lo que ves ahora es el comienzo. Esperemos que lo vaya tomando de la mejor forma, que se alimente un poco más, que platique con sus compañeros y se acerque a las actividades. Eso le ayudará mucho, pero sobre todo, ayudaría mucho más verlos a ustedes. Obviamente, tiene un plazo de cuatro semanas. Si él se porta bien, le daré el derecho de estar un par de horas con ustedes, platicar y comer juntos. Pero todo esto, Triana, es para ayudarle a salir del pozo en el que estaba. Yo limpio algunas lágrimas que bajan por mi mejilla. Jamás me imaginé la magnitud de lo que estaba viviendo mi hermano. Jamás me imaginé todo lo que podían provocar este tipo de sustancias. Me vuelvo hacia los monitores, me acerco a ellos y los acaricio como si pudiera regalarle una hermosa caricia. Quisiera abrazarlo y decirle que todo va a salir bien, que pronto saldrá de esto, que yo saldré de esto y que volveremos a ser la misma familia de siempre, pero aún no es el momento. Así que me vuelvo hacia Alex y le sonrío, aunque mi sonrisa es apenas una fina línea. —Parece que jamás voy a terminar de agradecerte, y lamento haberme alterado de esa manera, pero es que me duele verlo así. Solo espero que no te equivoques y esto funcione. Él se acerca a mí y acomoda un mechón detrás de mi oreja. Parece que le encanta hacer eso. Yo simplemente lo miro a los ojos, esos ojos que son tan hipnotizantes que ahora siento que no puedo dejar de ver. —Te darás cuenta más adelante de que tengo razón y que esto es solo para ayudarlo. Ahora ve a descansar, porque es muy tarde y mañana temprano tenemos mucho trabajo. Yo asiento, me doy la vuelta y estoy por dar el primer paso cuando él toma mi mano y me llama. —Triana. Yo lo miro, esperando a que él diga algo más, cuando de pronto solo da un paso hacia mí. Se acerca tanto a mi rostro que yo cierro los ojos. Pensé que besaría mis labios, pero me equivoqué. Un pequeño beso en mi frente fue lo que recibí, y justo eso causó que mis mejillas se tornaran color carmesí. Así que, sin esperar a que dijera nada más, salí corriendo de ahí, aunque tengo que aceptar que fue lo mejor. Creo que últimamente estoy cometiendo demasiados errores y sinceramente no me quiero quemar en el infierno por esto que estoy sintiendo.
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