Alexandros
Estaba muy concentrado en mi oficina tratando de arreglar las porquerías que estaban lejos de aquí y que Tadeo no podía arreglar, ya que se estaba ocupando de muchas cosas más. Diablos, necesito a alguien de confianza que me ayude con esto. Masajeo un poco mi sien y me paro. Necesito despejarme un poco; además, no me he podido sacar de la cabeza a esa chica. No sé qué diablos tiene, que no dejo de pensar en ella. Tomo un cigarrillo y lo enciendo, doy una calada y camino hacia el enorme ventanal que me deja ver toda mi propiedad. Miro el atardecer y suspiro para tratar de relajarme. Esto de ser el jefe nunca ha sido nada fácil, pero ser el rey es de......
De inmediato, volteo hacia la puerta del despacho con el ceño fruncido. ¿Qué diablos les pasa a estos escuincles que entran golpeando todo? Mis manos se hacen puño y doy un paso hacia ellos.
—¿Por qué diablos entran así a mi oficina? ¿Acaso no aman su vida? ¿Se han vuelto locos o qué?
Pero cuando ellos levantan su mirada, Leonel entra con otro chico que jamás he visto en mi vida. Pero cuando su mirada se encuentra con la mía, ahora lo recuerdo perfectamente. Claro, es el mismo chico que estaba con la mujer que me impactó. Estoy a punto de preguntar qué está pasando cuando, por esa misma puerta, entra esa mujer. Yo abro la boca, pero de ella no sale absolutamente nada. Volteo a ver a Leonel, completamente sorprendido, y él solo empieza a negar y se acerca a mí.
—Tenemos un problema, y uno muy grande.
Yo lo miro confundido, pues no sé de qué está hablando y tampoco entiendo qué están haciendo ellos aquí. Pero de pronto, mi teléfono empieza a sonar, así que yo lo señalo para que esperen y de inmediato contesto.
—¿Qué sucede, Ramos? Estoy ocupado.
—Señor, nuestra gente ha atacado la casa de la chica. Aún no sé los motivos, estoy por averiguarlos, pero creo que se trata de una deuda por mercancía.
Yo la miro directamente a los ojos y sonrío. Creo que todo esto es perfecto.
—Está bien, Ramos, sigue con tu trabajo. De igual manera, quiero toda la información, así que no los pierdas de vista.
—Sí, señor, no se preocupe.
Yo cuelgo el teléfono, me cruzo de brazos y los miro con una ceja alzada. Leonel está por decir algo, pero yo lo detengo.
—Espera, Leonel, deja que este par de idiotas me explique qué rayos está sucediendo.
Ellos abren los ojos sorprendidos y Michael, el mayor, da un paso hacia mí y suspira.
—Lo siento, tío, pero tengo que decirte que nada de lo que diga este tipo es verdad. Nosotros solo...
El chico que aún no sé cómo se llama lo empuja. Puedo ver que está furioso. Michael trata de enfrentarlo, pero parece que, a pesar de ser joven, tiene carácter, pues no se acobarda.
—Eres un idiota, Michael, y un cobarde. Ahora dices que ustedes no son los culpables cuando su brillante idea fue hacer una maldita fiesta y consumir toda la mercancía que teníamos que entregar. ¿Sabes lo que acaba de pasar? Fueron y atacaron mi casa, donde está mi familia. ¿Acaso solo yo soy el idiota que tengo que enfrentarlos cuando ustedes fueron los que...?
Yo no lo dejo terminar de hablar porque ni siquiera sé qué es lo que está sucediendo. Y estos están a punto de agarrarse a golpes, que si soy sincero, sería un muy buen espectáculo, pero ante todo tengo que dar una buena impresión.
—Esperen, esperen. ¿Me están diciendo que les entregaron una mercancía, obviamente para llevarla al comprador, pero tú, Michael, y supongo que el idiota de tu hermano Marcos, la consumieron toda? ¿De verdad fueron tan inteligentes para hacer eso?
Michael sonríe y rasca su nuca un poco nervioso, pero creo que son unos completos y grandísimos idiotas, pues nosotros la vendemos, no la consumimos.
—Bueno, tío, verás, se nos ocurrió hacer una fiesta y...
—Y supongo que tienes el dinero para pagar la mercancía que le regalaste a los holgazanes de tus compañeros, o me equivoco.
—No, tío, espera. ¿De dónde voy a sacar esa cantidad? Además, Alaric fue el culpable por dejarla en mi casa. Debió de haberla llevado a su casa.
Yo sonrío y empiezo a negar.
—Pues parece que Alaric tiene razón. Eres un idiota y un cobarde. No sé cómo lo harán, ni siquiera sé quién les dio esa mercancía, pero reunirán el dinero y lo irán a pagar. Sabes que en mi zona no puede haber enfrentamientos, así que resuelvan este problema.
Yo me doy la vuelta y me siento tras el escritorio. Abro mi laptop, ya estoy a punto de escribir cuando escucho su voz. Parece un ángel, pues es tan suave, pero a la vez dominante. Es una extraña mezcla que, si antes me producía curiosidad conocerla, ahora es una necesidad.
—Perdón, señor rey, o cómo le gusta que le llamen, mafioso. No tengo la menor idea de cómo llamarlo, pero lamento decirle que mi hermano y yo no tenemos ese dinero, así que me disculpo, pero no pienso pagar una deuda que no es nuestra.
Ella se da la vuelta. Yo me pongo de pie y golpeo el escritorio, así que ella de inmediato se detiene.
—Parece que usted no me conoce, ¿cierto?
Ella se da la vuelta y me mira directo a los ojos. Puedo ver miedo, incluso como su piel se eriza al ver mi rostro. Quisiera sonreír, pero tengo que demostrar quién manda aquí. Coloca sus manos en la cintura y eso hace que vea lo pequeño que es. Sus anchas caderas... vaya, que estoy seguro que debajo de esa ropa desgastada se esconde un hermoso cuerpo. Sacudo disimuladamente mi cabeza para sacar esas tonterías. Ella me mira con una ceja alzada y niega.
—Tiene razón, no lo conozco, y si soy sincera, no me interesa conocerlo. Por el contrario, con personas como usted prefiero mantenerme lejos.
Yo suelto una carcajada. Lentamente salgo de detrás de mi escritorio y me acerco hasta quedar frente a ella. Pensé que al tenerme tan cerca la intimidaría, pero parece que eso no funciona con ella. Yo la miro directo a los ojos y le sonrío.
—Lamento informarte que con lo que está sucediendo no podrás tenerme lejos. Tú o el chico que viene contigo, que sinceramente no me importa que sea tuyo, tienen que pagar esta deuda porque hay una mala noticia aquí: las deudas se cobran con sangre, y desgraciadamente yo jamás me toco el corazón para cobrar mi dinero. Así que será mejor que vayan pensando cómo pagarme, porque aunque estos dos idiotas sean hijos de mi mano derecha, eso no les quita culpa. También pagarán lo que les corresponde, pero si tú quieres...
Creo que entendió perfectamente mi indirecta, ya que me sonríe y acerca su rostro tanto al mío que puedo sentir su respiración.
—Pues no, no quiero, y haré todo lo posible por conseguir ese dinero. No me importa si se me va la vida en eso. Si eso va a hacer que usted se aleje de nosotros, lo haré. De eso no le quede duda.
Juro por Dios que quisiera tomarla de la cintura y pegarla a mi cuerpo y robarle un beso. Sus labios son tan gruesos y carnosos, rojos como una cereza, pero obviamente todo se va al diablo cuando ella se da la vuelta, camina hacia su hermano, o lo que sea de ella, toma su mano y salen de mi oficina. Dios, ¿qué tiene esta mujer que me va a volver loco? Cuando volteo a ver a Marcos y a Michael, ellos agachan la cabeza con miedo. Yo me acerco a ellos y Leonel está muy atento a lo que estoy haciendo. Me conoce perfecto y sabe que les daré una buena lección, así que me cruzo de brazos y les sonrío.
—Ustedes no son más idiotas porque no son más grandes. ¿Por qué involucraron a ese chico en sus tonterías? Saben perfectamente que no me gusta que consuman. Ahora mismo se quedarán un mes encerrados en el asilo.
Ellos abren los ojos y empiezan a negar, pero obviamente no es una pregunta, es una orden.
—Tío, si nos llevas al asilo, papá se enterará de todo. Sabrá que...
—¿Que estuvieron consumiendo? ¿Que involucraron a personas que no tenían nada que ver?
—Eso no es verdad. Alaric vende desde hace tiempo porque la estúpida de su hermana y la floja de su madre no lo pueden mantener.
Cuando él dice esto, juro por Dios que no me puedo detener. De inmediato, mi mano va a dar a su mejilla. Su labio empieza a sangrar y él ríe como si de verdad estuviera loco.
—Jajaja, no lo puedo creer. Me acabas de golpear por personas que no conoces. Vaya, parece que esa zorra te ha gustado, y ahora pretendes llevártela a la cama. Típico de ti, pero mi padre...
—Oh, claro que tu padre se va a enterar de esto, y si te vuelves a expresar así de ella, una bofetada no va a ser lo que te voy a dar. Escúchame muy bien: eres tan idiota que no te das cuenta de que nos estás exhibiendo. Nosotros no consumimos nuestra propia mercancía, idiota, y tampoco involucramos a chicos menores de edad. Estarán en el asilo hasta que aprendan su lección. Si tu padre llega antes, arreglaré cuentas con tu padre, pero ustedes van a cubrir la totalidad de ese dinero sin decir absolutamente nada. Ellos no tienen por qué enterarse de lo que vamos a hacer, ¿entiendes? Ahora, ¡largo de aquí!
Veo como Michael cierra sus manos en puño, quiere decir algo más, pero no se lo permito, así que simplemente se dan la vuelta y se marchan. Cuando Leonel se acerca, me dice:
—¿No crees que fuiste un poco severo con ellos?
—No. Aprecio mucho a Tadeo. Crecí con él, estuvimos en las calles juntos, y aunque no lo creas, porque todos dicen que no tengo corazón, quiero a esos chicos. Pero si Tadeo le sigue dando todo lo que ellos piden a manos llenas para compensar su ausencia, lo único que va a hacer es corromperlos. A ellos se les hizo tan fácil hacer una fiesta y regalar mercancía como si fueran dulces. Están mal, Leonel. No soy el hombre perfecto, pero sabes que soy un hombre muy recto en cuestión del trabajo. Además, tengo que seguir demostrando que soy el rey. Así que lo que necesito en este momento es que vayas con el que les dio la mercancía. Habla con Ramos, él debe saber quién dio la orden para el ataque, y sobre todo, lleva a esos chicos al asilo. Un mes estarán encerrados, así que justifica sus faltas en el colegio. Ya me arreglaré yo con Tadeo cuando vuelva.
Él solo asiente y se da la vuelta. Yo me siento tras mi escritorio y enciendo otro cigarrillo. Doy una calada y sonrío. Vaya que esta chica tiene un carácter muy fuerte, pero sé que tarde que temprano tendrá que doblegarse. Si no, el que supongo es su hermano pagará las consecuencias.