Al día siguiente, Emily condujo hasta la librería más antigua de Velmora. Su abuela solía traerla aquí cuando era niña, siempre diciéndole que los libros contenían verdades que nadie más se atrevía a decir en voz alta.
El lugar olía a papel viejo y madera pulida. Las estanterías estaban llenas de tomos encuadernados en cuero, algunos tan antiguos que sus títulos apenas eran legibles.
La campanilla de la puerta sonó cuando entró.
Detrás del mostrador, una mujer de cabellos grises levantó la vista. La señora Holloway.
—Sabía que volverías —dijo la anciana sin sorpresa.
Emily frunció el ceño.
—¿Cómo?
La mujer la miró con detenimiento.
—Tu familia nunca se aleja del todo de Velmora. Es solo cuestión de tiempo antes de que sean llamadas de vuelta.
Emily tragó saliva.
—Necesito saber sobre las brujas Voss.
Holloway no pareció sorprendida. En lugar de responder, caminó hacia una estantería al fondo y sacó un libro grueso de tapas negras. Lo colocó sobre el mostrador y lo deslizó hacia Emily.
“El Legado de los Voss”.
El título estaba escrito con letras doradas, desgastadas por el tiempo. Emily pasó la mano por la portada antes de abrirlo con cuidado.
Sus ojos recorrieron las letras manuscritas.
"Las Voss no eran brujas comunes. No conjuraban fuego ni volaban en escobas. Su magia estaba en los reflejos, en los límites entre el mundo real y el otro lado. Eran guardianas de los espejos. Y los espejos, a su vez, eran puertas."
Un escalofrío recorrió su espalda.
—Las puertas… —murmuró.
—Los espejos no solo reflejan lo que hay frente a ellos —dijo Holloway en voz baja—. También pueden contener lo que no pertenece a este mundo.
Emily sintió el corazón golpearle en el pecho.
—Entonces… si alguien está atrapado en uno…
La anciana la miró fijamente.
—Es porque una Voss lo encerró allí.
Emily sintió un nudo en el estómago. Su familia había atrapado a Kael en el espejo.
Pasó las páginas con rapidez, buscando más respuestas. Algunas estaban escritas en latín, otras en un idioma que no reconocía. Sin embargo, encontró una ilustración que le heló la sangre: una mujer con un espejo en las manos, mientras una sombra era arrastrada dentro del cristal.
La leyenda debajo decía: "Los guardianes de los reflejos protegen el equilibrio."
—¿Cómo se rompe un sello como ese? —preguntó, su voz apenas un susurro.
Holloway cerró el libro con suavidad.
—Solo una descendiente de su linaje puede hacerlo.
Emily se quedó en silencio.
Si su familia había sellado a Kael, ella era la única que podía liberarlo.
—Pero ten cuidado —advirtió la anciana—. No todos los que están atrapados deben ser liberados.
Emily sintió un escalofrío. ¿Y si Kael no era quien decía ser?
Apretó el libro contra su pecho, agradeció a la señora Holloway y salió de la tienda, con la mente llena de preguntas y una sensación de inquietud creciendo dentro de ella.
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Cuando regresó a la mansión, el atardecer teñía el cielo de tonos naranjas y violetas. Emily entró y fue directo al salón, con el libro aún en sus manos.
El espejo la esperaba.
El reflejo era el mismo… excepto que Kael ya no estaba allí.
El aire se volvió más pesado. La temperatura descendió.
Emily sintió un escalofrío en la nuca.
—Sé que estás aquí —dijo en voz baja.
El reflejo parpadeó. Por un segundo, no vio su propia imagen, sino un corredor oscuro, iluminado por velas.
Emily se quedó sin aliento. El espejo le estaba mostrando algo.
Kael apareció en la imagen, de pie al final del pasillo, su expresión ilegible.
—Si quieres respuestas —su voz sonó como un eco—, ven a buscarlas.
Emily dio un paso adelante, su mano temblorosa alcanzando la superficie del espejo.
El cristal vibró bajo su toque.
Luego, la oscuridad la envolvió.
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Dolor. Frío. Un vacío absoluto.
Emily sintió como si hubiera caído en el agua helada, pero no había agua, solo una presión en su pecho que la dejó sin aliento.
Cuando abrió los ojos, no estaba en el salón de la mansión.
Se encontraba en un pasillo largo, con paredes de piedra cubiertas de grietas. Candelabros de hierro fundido proyectaban sombras titilantes.
Emily tragó saliva.
—¿Dónde estoy?
La voz de Kael resonó detrás de ella.
—Dentro del reflejo.
Emily se giró de golpe. Kael estaba allí, más real que nunca. Ya no era solo un reflejo borroso; ahora podía ver cada detalle de su rostro, la intensidad de sus ojos, la ligera inclinación de su sonrisa.
Pero había algo en él que la inquietaba.
—¿Esto es… el otro lado?
Kael asintió lentamente.
—Es el eco de lo que fue. Lo que tu familia trató de olvidar.
Emily sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—¿Por qué estoy aquí?
Kael dio un paso hacia ella.
—Porque es hora de que recuerdes quién eres realmente.
Emily sintió la presión en su pecho intensificarse. Algo en ella reaccionaba a este lugar, a sus palabras. Era como si su propia sangre lo reconociera.
—No entiendo… —susurró.
Kael extendió la mano hacia ella.
—Déjame mostrarte.
Emily dudó. ¿Podía confiar en él?
Pero en lo más profundo de su ser, sintió que no tenía elección.
Con un último respiro, tomó su mano.
La oscuridad se cerró sobre ellos.