—¿Mamá se quedará más tiempo esta vez? —preguntó Asia. —No lo sé, cariño. Tragó el bocado en su boca y alejó un poco el plato. —Papá no tiene tiempo para mí. En cuanto se casó con esa bruja y tuvo otro hijo, se olvidó por completo de mí. —Elevó la mirada y percibí la tristeza en su mirada, junto a un toque de dolor por las decisiones de su padre—. Solo te tengo a ti y a mi mamá. —Y estaremos siempre contigo —aseguré al tocar su mejilla. —Lo sé. Sonrió, rodeó el mesón y envolvió mi cintura con sus brazos. Me brindó un apapacho digno de un premio. Se aferró a mí de una manera indescriptible, como si fuese esa ancla que evitará que el galeón se alejé por la tormenta. Apreté su espalda con mis manos, mientras mi torso descendía y el mentón reposaba en la cima de su cabeza. Me llenaba d

