Por la mañana tuve algo de apetito, desayuné en silencio con Sara y Alek. La señora Leyla me confirmó la hora de la cita de Amelia y no me quedó más que esperar, pues era después del mediodía. A eso de las doce comencé a buscar a la señora Leyla y Mickjail me informó que estaba en la habitación de la señorita Amelia. Dudé en acercarme, pero quería mostrar mi buena —y fingida— disposición. Toqué la puerta y no tardaron en abrir. —Nykolas, hola. —Buenas tardes, señora Leyla. La amable señora estaba un poco ojerosa y pálida. —Ya yo estoy lista, solo queda ayudar un poco a Amelia —explicó con nerviosismo. —Vale, solo quería decirle que estoy a su disposición. —Gracias, Nyx. En eso, Amelia salió del vestidor dando saltos, pues llevaba un yeso en su tobillo lesionado, y nos miró, seria.

