Al despertar, me desesperé de estar sin hacer nada en la cama. Le escribí a mi Sirena si estaba despierta y ella respondió, que le diera cinco minutos para ir a fastidiarla. Me lavé la cara y los dientes y no tardé en tocar su puerta, pero me entró un desespero y terminé entrando de todas maneras y cerré la puerta a mis espaldas. —Ponte algo y salimos. Se lo dije casi como una orden, me acerqué vehemente y planté un beso en su boca. —Es que quisiera seguir durmiendo... —respondió tras soltarla. —Vale... Me repantigué en el sofá, buscando comodidad y saqué el celular, ella volvió a su cama y se arrebujó en las sábanas. Si alguien revisaba mi celular, pensaría que yo era un acosador, pero no me resistí a sacar algunas fotografías de Amelia recién levantada... Como que cinco minutos par

