Al lado de Amelia las horas no eran suficientes, los días parecían más acordes a la cantidad de tiempo que quería compartir con mi Sirena, pero el señor Geralt, sin saberlo, no me ayudaba con respecto al tema de su hija, porque nos avisó por el grupo que teníamos el fin de semana libre. Para no levantar rumores, me fui de la mansión... Nada ganaba con actitudes sospechosas, y aunque a los empleados parecía gustarles más estar allí que en sus propias casas y vidas, yo no quería verme tan obvio con Amelia. Así que actué como alguien inteligente y me ocupé de mis propios asuntos, que vagaban en el descuido y la apatía del olvido. Pronto comencé a ocuparme de la limpieza de mi casa y comencé en el lugar que más transitaba. El garaje. Primero, lavé las motocicletas. Estaban asquerosas ambas, e

