Al rato, nos movimos al bar y pedimos varias cervezas artesanales. Charlamos y nos reímos tanto, que no tuvimos noción del tiempo hasta que vimos la mesa desbordándose de botellas vacías. Megan estaba reilona, cualquier comentario la desternillaba de risa y le costaba mantenerse quieta en su silla. Ella se excusó para ir al baño y nos dejó a Alek y a mí, algo mareados, pero mucho más conscientes que ella. —Men, es tardísimo —comenté acentuando mucho las íes. —¿En serio? No parece... Mira que no han cerrado. —No creo que cierren, esta ciudad es demasiado activa... Vámonos, mañana no sabemos qué haremos. —Me costó un poco pronunciar las eses. —Oye, oye —dijo arrastrando las palabras y sonrió—. Yo soy el responsable, ¿vale? No aguanté la carcajada, él también comenzó a reír y me dio un e

