Los combatientes se reúnen en el centro y el referí se aleja de la arena, el combate da comienzo, pero ninguno se movía, sólo se miraban fijamente.
– ¿Qué esperas forastero? – provocaba Shidaon.
– ¿Qué esperas tú? – responde Taylor.
Shidaon no espero más y golpea fuerte con su pie el suelo, provocando que el piso temblara y alrededor de Taylor se levantaran paredes de piedra, Taylor con un movimiento similar las derribo y en eso un pilar sale del suelo y golpea fuerte a Taylor en el pecho, dejándolo sin respiración, pero este se levanta apenas y continua con un contraataque, lanzando pequeñas bolas de rayos que eran disipadas por las manos de Shidaon cubiertas de guantes de piedra, un ataque ineficaz, por lo que Taylor movió la tierra debajo de su oponente, pero este reacciona deteniendo el ataque sin ningún esfuerzo y se lo regresa abriendo el suelo en donde pisaba y cae, pero logra agarrarse del borde escapando, pero al salir enfrente de él estaba Shidaon quien lo patea fuertemente en el rostro enviándolo lejos, cuando iba a tocar suelo, Shidaon levanta un pilar golpeándole la espalda a Taylor, un golpe crítico, Taylor cayo retorciéndose de dolor y Shidaon miraba muy despreciativo.
– ¿Ese es el gran poder que has demostrado hasta ahora?, sólo sabes imitar lo que tus oponentes hacen, realmente no sabes pelear, me ofende tener que derrotar a tal oponente.
– (Agonizando por la falta de aire) ¿Eso crees…? – dice Taylor riendo apenas.
Shidaon se enfadó y sorprendió al ver que aún le quedaban fuerzas para habla.
– Entonces déjame complacerte con una mejor demostración– dijo riéndose mientras se levantaba, una sonrisa endemoniada con una expresión sicópata que atormentaba al público.
Por un segundo el corazón de Shidaon tembló de miedo al ver aquella aura maligna, pero sólo un segundo. Shidaon se repuso y comenzó a a****r, pero Taylor bloqueaba cada ataque, sus ojos no dejaban de mirar a los de Shidaon, lo cual lo ponía nervioso. Shidaon aumenta su ritmo, pero la velocidad y fuerza de Taylor iban incrementado a la par suya, y de un momento a otro los ojos de Taylor se tornaron rojos tomando la forma de su demonio interior.
– ¡¿Qué demonios eres?!– dijo Shidaon confuso por el cambio drástico de Taylor.
– Soy la personificación de toda la maldad residente en mi cuerpo– dijo con una expresión sicópata.
El combate continuó, lo que en un principio era una victoria segura para Shidaon, había cambiado, Taylor llevaba la delantera, cada golpe que daba Shidaon era fácilmente anulado, cada control de tierra era destruido, Taylor comenzó a brillar y de sus manos desnudas, rayos negros salían disparados al cielo y al suelo, lentamente juntó sus manos, y los rayos chocaban entre sí provocando pequeñas pero destructivas explosiones, sin dejar de mirar a Shidaon, Taylor estira su brazo y lanza su poderoso rayo n***o impactando directamente a Shidaon, sin embargo este no sufrió daño alguno.
– ¡¡¡JAJAJAJAJJAJA!!! La electricidad no me afecta, lástima que has gastado la mayor parte de tu energía– dice Shidaon sacando su mano de la tierra.
– La has usado como puente para disipar mi ataque… ¡mi cuerpo… no se mueve! – dice Taylor al darse cuenta que había peleado sin pensar.
– Te dije, has usado mucha energía, ya no podrás hacer nada, JAJAJAJAJAJA Shidaon se acerca a Taylor y de la nada sus manos se encienden, la tierra era su especialidad, pero ahora demostraba un control distinto. Con sus manos envuelta en llamas, comienza a golpearlo brutalmente sin dejarlo respirar, en eso, aquellos ojos sedientos de sangre paralizaron a Shidaon, Taylor quien había caído se levanta, Shidaon no lograba mover su cuerpo, este se hallaba paralizado por el miedo a la muerte que vio en la mirada de Taylor.
– “ARLUM QHEMINIS… esto es el fin Shidaon… ¡SOUL BREAKER!” De la mano derecha de Taylor, una extraña energía obscura aparece y da un golpe tan fuerte como un mazo justo en el pecho, un ataque directo del cual Shidaon no pudo bloquear siendo enviando hasta la pared del coliseo. Taylor estaba exhausto, había usado una habilidad que desconocía de si, mientras se relajaba, una fuerte ráfaga lo golpea en todo el cuerpo enviándolo por los aires cayendo brutalmente al suelo, da un grito de dolor.
El enfrentamiento aun no acababa, Shidaon retornaba al centro de la arena muy lastimado, el ataque de Taylor lo había dañado de tal modo que le costaba controlar su cuerpo y sentía como su control sobre su poder no respondía como él deseaba. Taylor se vuelve a colocar de pie, su brazo derecho estaba roto y ya no le quedaba más fuerza, pero rendirse no era una opción. Shidaon aprovecha y corre con dificultad hacia Taylor propinándole un puñetazo en el rostro, pero Taylor no retrocede, reteniendo el puño, Shidaon vuelve a golpear con su otra mano, pero de igual forma Taylor soporta el ataque, y contraatacando con más fuerza haciendo que este retrocediese, de pronto las rodillas de Shidaon comenzaron a temblar y su vista se nubla, había perdido la conciencia en lo que cae al suelo y dando por fin la victoria a Taylor quien estaba perplejo. Taylor suelta una leve risa y cae de rodillas.
El referí se acerca y declara la victoria de Taylor. Todos aclamaban al extranjero, todos emocionados por el gran desenlace, inclusive el mismísimo jefe quien se acercaba al lado de Taylor no solo para felicitarle, sino para darle algo de asistencia.
– Bien hecho Taylor, no sólo has ganado has demostrado ser un gran guerrero.
– Yo...– sin poder decir más, cae inconsciente.
Los asistentes toman los cuerpos y se los llevan a tratamientos. El jefe da un último discurso dando fin a las pruebas y comienzo a una nueva tradición para los Abydos.
– (¿Mi cabeza…? ¿Dónde estoy?)– pensaba Taylor mientras habría los ojos – ¿Qué pasó? – Por fin despiertas– dice una voz masculina – ¿Maestro? – Taylor intenta moverse, pero un intenso dolor proveniente de su brazo derecho impide que se mueva.
– No te muevas idiota, tienes el brazo derecho roto– dice Trent.
– Así parece. ¿Qué paso con el torneo? Lo último que recuerdo fue que envié a Shidaon hasta la pared y una fuerte ráfaga, lo demás son imágenes vagas, aunque extrañamente tengo una agradable sensación de satisfacción.
– Sí que eres todo un caso– Trent le cuenta lo sucedido, Taylor se sorprendió de sí mismo.
– ¿Cuánto tiempo llevo durmiendo Maestro? – Tres días, por eso te perdiste la ceremonia de graduación, pero descuida, fuiste el destacado del grupo.
– Ya veo– dice algo sonrojado.
Taylor respira profundo e intenta levantarse, en ello su maestro le detiene.
– No lo hagas, trata de descansar, esa herida es grave.
– Es que, si no me levanto ahora, nunca sanaré, en casa, cuando quedaba así por culpa de los entrenamientos, al levantarme y moverme un poco obligaba a mi cuerpo a sanarse para continuar, es parte de mi naturaleza, aunque admito que esta es la primera vez que me rompo una parte de mi cuerpo.
– Ya veo, sólo no te sobre exijas.
Taylor estaba satisfecho con su victoria, había aprendido un montón de habilidades nuevas, era más fuerte que cuando inicio su viaje y de su derrota ante Las hordas del desconcierto. La puerta suena y se abre, era Shidaon igualmente dañado, lleno de vendas.
– Buena pelea, creo que te subestimé– dice Algo apenado.
– Igualmente, gracias a ti aprendí una poderosa técnica. – Aunque no era necesario que me convirtieras en tu muñeco de pruebas.
Te prometo que en nuestra revancha no te la pondré para nada fácil, atacare con todo desde el comienzo.
– Es un trato, pero por ahora, a recuperarnos.
Taylor permaneció un mes más junto a los Abydos hasta que logro recuperarse lo suficiente, un tiempo corto para tan grave herida.
Fue una despedida grata pero fuertes lazos fueron los que se afianzaron en aquel corto tiempo. Ya era momento de marchar, y Taylor toma la ruta directa hacia Liang, un camino lleno de misterios en medio de un desolado desierto.
– Que calor… ¿Por qué es tan jodidamente caluroso el desierto? – dice Taylor muy acalorado bajo el abrazante sol del desierto.
Había decidido tomar la ruta más desafiante y directa hacia Liang, no sólo por el desafío que significaba para sus habilidades y capacidades, sino que además por las historias que había escuchado Stanford sobre las ruinas de un antiguo reino, pero no pensó que el camino sería tan complicado.
Ya había trascurridos tres días y Taylor aún permanecía caminando en el desierto sin rastro alguno de las ruinas que buscaba, sus reservas de agua se habían agotado, y no le quedaba muchas raciones.
– Ya no lo soporto– se decía Taylor mirando a todos lados por un poco de sombra – Pienso que esas ruinas no valen tanto la pena, pero ¿Dónde está la salida? – Su mano en su frente protegiendo su mirada que daba hacia el brillante cielo, y hacia el horizonte que lo rodeaba, un suspiro de desánimo es lo único que dejaba salir de si – No veo nada de nada, sólo un mar de arena.
Taylor no reparo en decisiones y continúo caminando recto, pero su mente ya no racionaba bien, el calor y la fatiga no le dejaban juicio, y cayo preso del entorno.
De un momento a otro un pueblo se vio no muy lejos, y Taylor no dudo en ir hacia él, para su sorpresa le era muy familiar, aquel verde bosque, ese pacifico paisaje y esas pequeñas casas, por instinto camino hacia una de ellas y entro hasta llegar a la habitación del segundo, donde se recostó en la cama.
– Creo que ya estoy si estoy durmiendo en mi antigua cama en Akame, de seguro mamá gritara para el almuerzo en un rato más– decía Taylor entre susurros – estoy cansado, mejor duermo un poco– al sumirse en el sueño, queda tirado en el suelo bajo el abrazante sol del desierto, poco a poco el cuerpo de Taylor era cubierto por las sutiles olas de arena mecidas por el viento de este, convirtiéndose una parte más del desierto.
El sol había descendido un poco y una figura cubierta de un largo manto y turbante, y cuyos protegidos por lentes oscuros vagaba por el desierto montando un caballo blanco, y en su cintura una lámpara con hermosos gravados de fénix. Su avanzar fue lento como si buscase algo, en ello su caballo se detiene y comienza a escarbar la arena con su pesuña, para sorpresa del viajero encuentra un cuerpo enterrado, no le tomo importancia pues pensaba que estaba muerto hasta el momento en que sintió un gemido.
Sin espera, baja de su caballo y saca a Taylor de la arena, estaba deshidratado y algo quemado; cargándolo en el caballo se retira a su refugio para tratarle, en el camino, Taylor logra abrir levemente los ojos, viendo apenas una sombra, pero estaba muy mal y volvió a desmayarse.
– ¡Ah! – dice Taylor al despertar – ¿Dónde estoy? – se encontraba recostado en una cama dentro en un cuarto de piedra clara, un cuarto poco arreglado y algo afectado por el tiempo, pero habitable.
Sentía algo de cansancio, hambre y sobre todo sed, pero para su suerte, una botella con agua estaba a su lado sobre una mesa y no tardo en beberla. Con su sed saciada observa con mayor atención, vio algunas ropas y bolsos, Taylor no aguardo y se levanta, por un momento perdió algo de fuerza y casi cae al suelo, pero se repone de inmediato.
Camina hacia la puerta para encontrarse con una habitación más amplia llena de libros y extraños artilugios, y sobre la mesa, un hombre durmiendo, rodeado de papeles y libros escritos a mano. Parecía tener alrededor de cincuenta años, pelo corto y gris, sin barba, y tez blanca y algo bronceada. Dormía tranquilamente, por lo que Taylor no quiso molestarle y esperarle leyendo algún libro, para su infortunio eran textos en lenguas que nunca había visto en su vida, mayormente llenas de extraños símbolos. Reviso uno por uno hasta encontrar el que estuviese en su lengua materna, y así fue, un libro que trataba sobre las leyes del mundo, cosas que mencionaban les resultaban familiares a las enseñanzas de los Abakous.
– Te ves interesado– dice una voz masculina sacando a Taylor de su mundo de lectura.
– Señor, esto, lo siento, no quise despertarlo y pensé que…– Taylor se encontraba algo nervioso
– No tienes que preocuparte, al contrario, alabo el hecho de que te interese la lectura. Mi nombre es Rysmand Froyders, alquimista.
– Taylor Micordios– responde Taylor mientras dejaba el libro en su lugar.
– ¿Y qué asuntos te trae a un lugar tan desolado como el desierto? – pregunta Rysmand mostrando curiosidad.
– Buscaba unas ruinas antiguas de una civilización. –
– Un viajero con sed de conocimientos. ¿Y qué sabes de estas ruinas? – Que pertenecieron a una r**a muy especial, nada más. – ¿Y con tan sólo esa referencia has venido? Eres interesante Taylor. Para tu suerte ya las encontraste, pero para hablarte de ellas primero hemos de abordar otros temas, pues me intriga saber más de tu formación cultural.
– Su forma de hablar es algo inusual ¿Lo sabía? – dice Taylor con una sonrisa.
– Solían decírmelo a menudo. Si tendremos esta conversa, será en otro lugar, sígueme– Rysmand se levanta de su silla y coge la linterna con los grabados de fénix, el lugar estaba oscuro y por las ventanas se lograba ver que era de noche. Caminaron por unos pasillos atravesando un gran salón derrumbado hasta llegar a una habitación más pequeña con una mesa y muebles cuidados.
Taylor toma asiento mientras Rysmand le servía un vaso de sidra. – ¿Qué sabes de este mundo en particular?
– No mucho que digamos, apenas llevo unos meses de viaje, pero sé que esconde muchas maravillas. Pero entre las cosas que sé es que existen tres continentes, Ata Bath, Achos y el continente perdido Eucaria, sé que Ata Bath posee tres islas principales, una al este, y las otras dos al sur, aparte de islotes por todo el borde costero noreste. Nuestro régimen está dado por las hordas del Desorden y las monarquías que le obedecen, fuera de ello nada más.
– Conoces menos de la punta del iceberg, en primer lugar, no son tres sino cinco los continentes en Zendra, te falto nombrar Emerar y Cariseto, a parte, Eucaria no está perdido, es solo que la única forma de llegar es volando, cosa que solo los magos y seres alados pueden. Continuando, Achos es regida por una monarquía única que está aliada a las ciudades independientes bajo el mandato de los Okrams. Ata Bath en cambio se regía bajo varias monarquías, principalmente la de Hanchao y Chenghan sin olvidar a la poco conocida Pravata que estuvo en la isla de Burata, además de indicar que en este continente existían una gran variedad de especies como de criaturas salvajes que fueron extinguidas. Y lo que he mencionado aún sigue siendo la misma punta un poco más descubierta.
Ahora volviendo a tu pregunta inicial, el lugar donde estamos es Hanchao, o lo que solía ser.
– ¿Cómo llego a esto? – pregunta a Taylor observando todo.
– Antaño, pero no tanto, un dieciséis de octubre de los cuatrocientos treinta y siete años de Zendra, un hombre al que todos conocían como “El vengador de verano” junto a un ejército, invadió este reino al igual que con muchos otros persiguiendo un objetivo más allá de los pensamientos de cualquiera, trayendo consigo la aniquilación de muchas vidas, desapareciendo inclusive razas enteras.
Eso es lo que le paso a Hanchao, aun siendo un reino con gran fuerza y poder mágico, no lograron con esta horda.
– Eso es terrible– dice Taylor – ¿Y no hubo sobrevivientes? –
– Algunos lograron escapar, pero fueron menos de la minoría– las palabras de Rysmand rebosaban de una tristeza que Taylor no pudo obviar.
– ¿Cómo es que sabe tanto de lo ocurrido? Porque a juzgar por su forma de hablar, pareciera que vivió ese cruel momento, pero sólo es una suposición.
– Una muy acertada, sabes fijarte en detalles. Es cierto, yo estuve ese día. Mi historia no es corta, pero tampoco precisamente larga. Soy hijo de un sacerdote y una pueblerina común y corriente, tuve la dicha de conocer a un erudito en el arte de la alquimia que acepto tenerme como su aprendiz, me enseño todo lo que en aquella biblioteca viste, pero solo una enseñanza fue la más importante, y esa era sobre “el lenguaje del mundo”. Después de separarme de él, proseguí mis propios estudios sobre la alquimia para entenderla y como cualquier alquimista lograr crear la piedra filosofal y el elixir de la vida eterna.
A mis 79 años cumplí esos objetivos. Siendo un hombre que no moriría por la fuerza del tiempo, decidí expandir mis horizontes y viaje por los distintos reinos de Ata Bath y Achos, reuniendo todo el conocimiento que pudiese obtener y registrándolo en muchos de los libros que están en otra biblioteca junto a la que estábamos.
Con 145 años, llegue a este lugar, un reino que me fascino por su cultura. Era una de las pocas civilizaciones capaces de interactuar con entes mágicos, en su caso con jinés, seres que podían cambiar su forma y usar poderes mágicos a voluntad, había algunos que abocaban a la magia elemental, como otros de mayor rango que concebían milagros a cambio de un precio equivalente al deseo, estos últimos estaban prohibidos, y sólo eran utilizados para casos extremos. Su deidad principal bajo la cual eran protegidos y bendecidos, era el sagrado Fénix.
– Eso explica los grabados en varias partes.
– Su rey, Arte misho, era considerado uno de los reyes más sabio y justo, un rey que miraba hacia el futuro de su pueblo. Un hombre cuya diplomacia permitió la expansión de su cultura por toda Ata Bath, pero como hombre de mente, también lo era de guerra, fiero e imparable cuando se trataba de proteger su reino, siempre en las primeras filas junto a sus hombres inspirándolos. Como rey y guerrero, portaba una gran espada de filo dorado con diseños de plumas, y su empuñadura similar a la del ave Fénix. Según las leyendas, esa espada fue forjada en un volcán con un mineral sagrado y templado con las mismas plumas y cenizas del Fénix, dándole el poder de las llamas más puras; aparte de ello manipulaba un jiné elemental de agua. Es mucho lo que puedo hablarte de ese lugar. Pero en resumen para retornar a la idea original, mi fascinación y amor por ellos hizo que decidiera quedarme y resguardar su memoria aun después de que desaparecieran, y por eso aun permanezco aquí.
– ¿No te sientes sólo? – pregunta Taylor con algo de tristeza en sus palabras, sabía lo que era estar solo.
– Para nada, pero no estoy del todo solo, tengo a mi yegua y de vez en cuando los espíritus de las ciudades me hacen algo de compañía, aunque no pueda interactuar con ellos, el solo verlos me basta, aun cuando ello afecte mi ánimo.
– Ya veo. Te agradezco que me hayas compartido esos pasajes de tu vida.
– De nada ¿Y qué hay de ti? ¿Qué hace un viajero tan joven como tú en una travesía como esta?
– No soy tan joven, en la siguiente luna llena cumpliré diecisiete años, soy casi un adulto–
– Eso quiere decir que estas de cumpleaños el diez de octubre del 479 calendario Zendra, por lo que naciste en el 462.
– ¿Qué es eso del calendario del que hablas?
– Es un método establecido por los mercaderes de las sombras para medir el tiempo del mundo, es bastante útil, si quieres puedo enseñarte a usarlo.
– Seria genial, pero antes debo continuar mi historia. – Taylor conto todo lo que había vivido, desde Akame hasta ser encontrado por él, pero omitiendo acerca de su origen Lagarto, temía que ello asustase al alquimista.
– Tantas cosas terribles, pero también buenas, y otras tantas gratificantes.
Ciertamente tu maestro es un hombre sabio, no hay mejores enseñanzas que las que te dejan las distintas experiencias del mundo.
– Eres un joven interesante, pero algo no me cuadra en todo lo que me has contado– dice Rysmand al levantarse por otro vaso de sidra – Es imposible que un ser humano pueda hacer todo lo que has hecho, o me equivoco joven Lagarto.
– ¿Cómo lo supo?
– No es primera vez que conozco a un Lagarto del Desconcierto, hace años conocí a una joven llamada Mística, y gracias a ella pude arreglar este lugar a cambio de información y artículos hechos con alquimia.
– ¿Otro Lagarto a parte de mi abuelo? – Taylor se sentía feliz, sorprendido, era la primera vez que escuchaba de más Lagartos – ¿Qué es de ella? Me gustaría conocerla.
– Sería complicado, pues viene de forma relativa. La última vez que apareció fue hace dos años atrás, y antes de eso cuatro años.
– Ya veo– responde Taylor mostrando su desanimo– pero ¿Cómo era ella? Quizás la conozca en mi viaje.
– A decir verdad, se parecía mucho a ti, nunca me dijo su apellido. Solía venir acompañada de un hombre encapuchado, así que no recuerdo su verdadera apariencia.
– Muchas gracias por esa información – Taylor mostro algo más de ánimo lo cual alegro a Rysmand.
– De nada. Ahora que tu objetivo en este lugar ha culminado ¿Qué harás? –
– Seguir mi viaje, ese era el plan original, pero el haberlo conocido genero una curiosidad que quiero solventar, y el irme sería un desperdicio. ¿Me aceptaría como su alumno?
– ¿Ser tu maestro? No hay mucho que pueda enseñarte, pero con gusto entregaré parte de mi tiempo en instruirte.
– Estoy en gratitud con usted Rysmand. –
Taylor decidió permanecer en las ruinas para aprender sobre la alquimia, aunque mostraba mayor interés en poder aprender a leer aquel lenguaje plasmado en la mayoría de los libros. Taylor había descubierto otra faceta suya y que fue creciendo a medida que lograba entender más y más, pero aún quedaba mucho por aprender.
En aquellas tres semanas, Taylor logro comprender más de cincuenta símbolos de la alquimia, sobre las tres fuerzas universales e inamovibles; sobre el idioma universal y de cómo la vida siempre buscara la vida. Taylor comenzó a ver el mundo de otra manera, comenzó a comprender el cómo funcionaba y el cómo sus actos y el de todos implicaba los sucesos mayores, había adquirido una conciencia más abierta.
Yacía la luna llena en lo alto, su brillo iluminaba las ruinas azotadas por el viento helado del desierto nocturno, Taylor estaba sentado en lo alto de una casa admirando el paisaje mientras escuchaba las palabras del viento, la que se había convertido en la voz de los caídos. Susurros cargados de dolor, susurros que contaban su tragedia. Taylor había logrado escuchar lo que Rysmand llamaba, el lenguaje universal. Sentado aun tratando de escuchar más, no se percató de que el lugar comenzó a manifestarse los espíritus del reino, almas que aclamaban por paz, almas que solían rondar en paz, pero aquella noche estas se mostraban agitadas, e intentaron a****r a Taylor, pero este se percató de la amenaza y arranco del lugar hacia el refugio de Rysmand, pero este no se encontraba, mas no una nota había sido dejada.
– “esta noche es muy importante, no me busques pues no podrás encontrarme, resguárdate de todo mal dentro del salón del rey. Esta es la última enseñanza que te daré sobre el mundo.”
Taylor se sorprendió, pero no era momento de perder tiempo, por lo que corrió rápidamente hacia el salón del rey o lo que quedaba de este, esquivando a la multitud de espectros que habían resurgidos, y entre ellos los esqueletos de los soldados caídos quienes intentaban matarle, por alguna razón no podía hacer uso de su control y sus ataques no surtían efecto, algo no estaba bien. Con gran dificultad llego a su destino, y tal como dijo la carta, el salón del rey no fue invadido por los espectros.
Taylor camino de un lugar a otro, revisando todo por alguna pista que le dijera lo que ocurría, pero nada. Las horas pasaban y la noche no cambiaba. Taylor había optado por meditar, concentrándose para escuchar el susurro del viento, un susurro frio acompañado de pequeñas campanillas que sonaban cada cierto tiempo, y cada vez más cerca. Transcurrido unos minutos, un silencio total abrumo el reino, un silencio que asusto Taylor. Se levantó y acerco a las puertas para ver qué pasaba, no había nada, la luna había desaparecido una extraña niebla cubrió todo. Taylor retorno al palacio, las campanillas volvieron a sonar, Taylor continuo, y de igual forma lo hicieron las campanillas que sonaban dentro del palacio.
Taylor camino por el centro del salón quedo frente a la estancia donde estaba el trono aun intacto pero deteriorado por el tiempo, y sobre éste yacía sentado una sombra oscura de la que emanaba la densa niebla. La sombra se levantó dejándose ver mejor, estaba cubierta por un largo manto desde la cabeza hasta los pies, un manto n***o y lúgubre, rasgado en la base. Su rostro estaba oscuro y no se veía. La criatura apunta hacia Taylor. Este no comprendía lo que estaba ocurriendo o quien era este sobrenatural ser. La criatura extiende sus manos y agarra su túnica desde el cuello y la abre quitándosela así mostrando su verdadera identidad, aquel ser era una enorme armadura delgada de un rojo escarlata, su diseño se asemejaba al del fénix. Y su capa hecha de plumas flameaba con la lúgubre briza nocturna. Taylor sostiene fuerte a Veigrut listo para cualquier ataque, en eso la enorme armadura alza sus manos y las puertas del palacio se abren con fuerza azotándose contra la pared dejando entrar el denso miasma con los espectros y c*******s, los cuales en un instante tenían rodeado a Taylor.
– No te basto con destruirnos en el pasado, ¿ahora vienes a irrumpir en nuestros lamentos? ¡Cruel monstruo, serás castigado bajo la misma y cruel forma en que nos mataste! – dice la armadura.
– ¡Espera! ¡No sé de qué me hablas!
– Tú portas la sangre del que nos condenó, tú eres un demonio al igual que él, y mientras aun permanezcan en vida, no tendremos el descanso eterno. Tu alma será un gran sacrificio para que algunos logren redimirse.
– ¡Ni de jodas! He llegado muy lejos para caer en este lugar. ¡Rey Arte misho, te juro que saldré de está a como dé lugar!
El rey alzo su mano y los espectros atacaron, en ello Taylor salta sobre estos y se impulsa hasta llegar a un pilar viejo por el cual escala llegando a la planta alta. Da una última mirada y escapa por una abertura en la pared.
Mientras huía, la campana no dejaba de sonar, pero estaba claro que no era el rey quien le seguía, el no llevaba ninguna se decía Taylor, una fuerza peligrosa, quizás más que el mismo rey, la curiosidad de Taylor le retenía, pero sus instintos de supervivencia estaban sobre encima de su razón por lo que continuaba huyendo hasta que se vio en lo alto de la torre de la plaza, veía como se movían a través de la niebla y de cómo las campanas sonaban muy cerca.