Capítulo 7

4956 Palabras
De la nada comenzaron a caer plumas negras del cielo, Taylor pensó que era el rey, pero esta venia caminando a lo lejos entre la miasma, asustado miro hacia el cielo para ver un ente alado, de hermosa túnica blanca, su rostro cubierto por una máscara de calavera blanca, en sus manos una larga guadaña hechas de hueso cuyo extremo superior era el torso de una criatura de la cual desde la cabeza emergía la enorme cuchilla. Sus enormes alas negras se batían dejando caer las plumas que cubrían el cielo.   – Han pasado siglos desde la última vez que nos vimos Daymont– dice la extraña entidad con una voz lúgubre, difícil de distinguir, mientras le apuntaba con la guadaña   – Me confundes con otro, mi nombre es Taylor– responde preparado para cualquier ataque   – ¿A caso osas decir que me he equivocado? Los conocimientos de la muerte son infinitos e irrefutables. Conozco cada ser que yace sobre la faz de Zendra, conozco sus vidas pasadas y sus futuras. Ciertamente eres Taylor, pero también eres Daymont. Tus pecados han manchado al mundo una vez más y lo seguirán haciendo– dice la muerte con leve ironía – Contempla lo que ocasiona tu existencia, miles de inocentes murieron para tu nacimiento y tú no eres capaz de compadecerte de ellos. Su odio, su agonía, su intensa sed de venganza los retiene en este penoso mundo, y la única forma que sean liberados es a través de la muerte de su opresor, o del origen de las acciones de este. –   – No comprendo de que hablas muerte–   – Lo más probable que no lo harás dentro de mucho tiempo. Daymont Micordios, entrégame tú alma y con gusto redimiré a todas estas almas en pena. – Lo siento, pero me rehusó, al igual que ellos he de acabar con el asesino de mis padres, tuve la suerte de haber sobrevivido y por ello debo aprovechar la oportunidad.   – ¿Esa es tu última respuesta? –  pregunta la muerte a lo que Taylor le confirma – Muy bien, entonces enfrenta tu fatídico destino. Como regalo de despedida, si a alguien has de culpar, es a un hombre que conocieron como el general Deyvialius Micordios– Esas fueron sus últimas palabras, Taylor no tuvo tiempo para preguntar pues la muerte se esfumo en el aire dejando un rastro de plumas negras.   Taylor tenía muchas dudas, pero la situación no le permitía estar distraído; respira hondo y salta de la torre hacia el rey quien ya había llegado a la base de la torre. La espada de Taylor impacta el rey quien bloquea con sus brazos repeliéndolo, al caer al suelo, Taylor es atacado por los espectros, pero comienzas a alejarse al ser calcinados por las llamas negras que emitía al moverse, pero sus enemigos no se rendían e insistían en su mortal ataque.   La atención de Taylor yacía divida entre sus tantos enemigos menores y aquel que les comandaba quien trataba de matarle con gran cizaña. No era mucho el daño que Taylor podía provocarle a diferencia del recibido, esa armadura era demasiado resistente y aunque atravesara su espada entre las coyunturas, no había carne ni hueso que dañar, solo un alma movida por el rencor.   Era una batalla perdida ante los ojos de cualquiera, en ello Taylor recurrió a un último esfuerzo, y decidió utilizar el único poder que no puede ser contrarrestado. Inicio liberando su aura oscura la cual se ligaba a los elementos adyacentes, controlando su respiración logra desvincularse de los elementos dejando que su energía fuera totalmente pura, y en aquel estado imbuye a Veigrut con la que ataca al rey y esta vez obteniendo un resultado favorable, había provocado gran daño, y no sólo eso, se dio cuenta de que su poder se había incrementado al imbuir su espada, la cual reaccionaba de mejor manera que antes, pero pelear de esa manera implicaba un riesgo, su energía se consumiría más rápido y se agotaría en poco tiempo, y más si mantenía las llamas negras para alejar a los enemigos menores.   La batalla se extendió unos minutos y Taylor mostraba signos de cansancio, a diferencia de su oponente que parecía estar sin problema, pero gran parte de su armadura yacía destruida.   – ¡¿Por qué quieres mi vida?! ¡Exijo saberlo! –  le grita Taylor mientras disminuía las llamas y cesaba su energía.   – No muy atrás en el tiempo, este fue un poderoso y próspero reino, pero la ambición de un hombre, un verdadero demonio provoco la extinción de todo lo que vez a tu alrededor. Yo morí apuñalado por mi propia usada por él.   Nunca perdonare al general Deyvialius ni a su descendencia.   – Deyvialius, la muerte también le menciono. Has dicho que fue general del Desorden– Taylor quedo pensando, en su mente el nombre de su abuelo rondaba, no sería extraño, Dey era tan solo un apodo con el cual se hacía llamar.   – No extiendas lo inevitable y cae ante mi poder–   – Suficiente– dice Taylor dejando ver su aura asesina y con ello frenando el ataque del rey – Lo que haya pasado en el pasado es problemas de ustedes, siento lastima, pero a la vez rabia, aun cuando no estoy seguro, algo dentro de mi dice que mis suposiciones son verdaderas. Rey Arte misho, ante ti y tu pueblo, juro que pagare la deuda, pero no será con mi vida y tampoco asegurare la de su verdugo, pero si la del ejército que origino todo este mal. Con mi sangre cerrare el pacto, dime rey ¿Aceptas mi oferta? –  por primera vez en su vida, Taylor sintió el peso de la responsabilidad que generaba las personas, responsabilidad por sus actos y las consecuencias.   – Eres fuerte y decidido como lo fue mi hijo. Aun con tu alma oscura, hay nobleza en tus palabras, acepto tu oferta, ve a mi palacio y sobre mi trono derrama tu sangre y talla tu juramento, pues si osas incumplirlo, me encargare personalmente que tu alma sea entregada a los custodios del infierno– Taylor obedeció y cerro el pacto como indico el fantasma del rey.   La niebla del lugar comenzó a disiparse al igual que los espectros quedando ellos dos solos, en ello la armadura se deshace quedo el alma de un hombre común y corriente – Eres libre, puedes marcharte cuando quieras, sin embargo, quiero pedirte un favor. El día de mi muerte, encomendé a mi hijo a mi verdugo, quiero que le busques y le entregues este relicario.   – ¿Qué le hace pensar que el cumplió su promesa? –  pregunta Taylor   – Porque para él, mi hijo estaba dentro su plan– con esas palabras el rey se desvanece.   Taylor da un suspiro y cae al suelo exhausto, en ello se acerca una figura que había desaparecido en toda la noche portando un bolso lleno de suministro, y de amigable forma se sienta junto a Taylor entregándole una botella con extraño liquido azul, el cual Taylor bebe.   – ¿Dónde estuvo maestro Rysmand? –  pregunta Taylor quien descansaba en el suelo   – Estuve donde siempre, observando que las cosas ocurrieran como debían ocurrir.   – ¿Sabías que esto pasaría? ¿Y qué sabes de un tal Deyvialius?   – La muerte me contacto y exigió que este escenario se cumpliera, y antes las leyes supremas no puedo negarme, lamento si te sentiste traicionado.   – No hay problema, gracias a eso crecí mucho mas ¿Qué hay con la segunda pregunta?   – Deyvialius fue el primer general de la legión del Desorden, un hombre que mató a muchas personas.   Entre sus cercanos le llamaban Dey. Años atrás vino junto a Mística y dejo el encargo para que ella pudiese retirar los elixires.   – ya veo. ¿Qué tiene esa bolsa?   – Dentro yace tu equipaje y provisiones para tu viaje, descansa ahora y apenas puedas parte lejos de aquí, pues la voz de una fuerza que no comprendemos me ha pedido que te otorgue una ayuda para que continúes tu viaje.   – Dormiré un poco y partiré.   – Si el destino lo permite, vuelve a visitarme, serás bien venido.   – Gracias…– sin más fuerzas, Taylor cae bajo el cansancio.   Al despertar se hayo en el mismo lugar, aunque estaba solo. Junto a él estaba el bolso que Rysmand le había dejado. Cerro los ojos, en un último suspiro se levanta del suelo, por alguna razón su cuerpo estaba en buen estado, sentía como si gran parte de sus fuerzas hubieran regresado al instante, Taylor pensó que debió de haber sido aquel elixir que bebió. Ya repuesto, Taylor revisa el contenido del bolso, en el había varios suministros para una semana, además de unos libros y ropa nueva, debido a que la que portaba esta algo rasgada y sucia, al observarla bien, se percató que era similar al de los soldados muertos de la noche pasada, un traje de soldado del sol. Dentro de los libros, se hallaban gran variedad de recetas entre las cuales estaba la del elixir que había bebido horas antes, y otras de aplicaciones muy útiles para su viaje. Los otros libros contenían información relevante a la alquimia y de la geografía de Zendra.   Cuando se ponía el traje, vio que en el cinturón se hallaba colgado un pequeño saco con monedas de oro, en ello recordó que los alquimistas podían convertir cualquier metal en oro gracias a la piedra filosofal, cosa que Rysmand había logrado, Taylor se lamentaba por no haber recibido tal secreto, pero ya de por si su ayuda y enseñanzas fueron más de lo que podía pagar. Descansado y con su nueva vestimenta encima, Taylor da un último vistazo a su alrededor desde lo alto del balcón de lo que fue el castillo, revisa la carta dejada por Rysmand donde escribió instrucciones para salir del desierto y llegar a Liang.   Según la carta, un guía le estaría esperando en la entrada sur del reino, pero para su sorpresa, dicho guía resulto ser un halcón de plumaje pardo y de gran tamaño. Ambos seres se vieron a los ojos y el halcón alza vuelo hacia el desierto dando vueltas ligeras para atraer a Taylor quien comprendió el mensaje a través de las palabras universales, y le siguió sin dudarlo.   El sol era fuerte, pero su vestimenta lo mantenía de alguna forma fresco. La tarde pasó y la noche acaeció sobre el desierto cubriéndolo con un manto de estrellas, y las temperaturas bajaron, frente a la fogata mantenía algo del calor, y al igual que la tarde, el traje esta vez le mantenía abrigado. Ahora entendía como era que podían soportar tal ambiente. Los primeros rayos del sol comenzaron a iluminar el pálido desierto y con un sutil chillido el halcón despierta a Taylor quien se levanta para continuar su camino después de un sorbo de agua.   El sol estaba en lo más alto del cielo, iluminando todo con sus cálidos rayos, el viento soplaba con una brisa fresca, y las arenas del desierto llegaban a la entrada de la ciudad mercante de Liang, y consigo al joven viajero. Al adentrarse, se percata que la mirada de los más ancianos se posaba sobre él, pero era de esperarse, no habían visto en años un atuendo de Hanchao, y menos alguien que lo portara. Continuo su camino hasta el mercado principal en busca de alguna tienda de utilidad, en ello, varios soldados de la legión del Desorden le detienen.   – Tu, el del turbante– dijo uno de los guardias – Identifícate–     – Soy solo un viajero, nada más– respondió Taylor queriendo continuar con lo que le acometía, pero los soldados eran insistentes y le rodearon, las personas del lugar al verlos comenzaron a alejarse.   – Con que un viajero, quítate el turbante– Taylor obedece y se quita el turbante que le cubría, develando su rostro pálido, de pelo n***o y ojos plateados con los que los miro fijamente.   – No eres de esta zona, y tampoco pareces un viajero corriente, contesta ¿Para que la espada? ¿A caso eres un Okram disfrazado?   – Esto– indicando a Veigrut – Es para protegerme de idiotas como ustedes, además de las bestias salvajes que intenten atacarme– responde muy sereno sin quitar su vista de encima de los soldados. – Como te atreves a insultarnos ¿A caso quieres problema? –  insistía el soldado, en eso los demás desenvainan sus espadas listos para reprender a Taylor.    – No me subestimen por ser solo uno. He entrenado lo suficiente para derrotarlos a todos.   – Ya me colmo la paciencia. ¡Atrápenlo! Los soldados trataron de apresarlo, pero este puso resistencia, y logro noquear a tres de los siete que enfrentaba.   Aquella riña estaba creando un alboroto mayor, y ello provoco la alerta de más soldados que comenzaron a llegar uno tras otro. No muy lejos, una joven acompañada de dos hombres vio como los soldados corrían en dirección al mercado central y fueron para ver que ocurría. Al llegar, el trio se acercó quedando sorprendidos por lo que veían, sobre todo la muchacha la cual no podía creer que fuera cierto. Dejó a sus compañeros y saco una espada, cada paso que daba aceleraba más y más hasta que salto por encima de los soldados y atacó desde el aire al joven envuelto en problema, este a su vez se percató del ataque y con su espada se defiende, los soldados estaban asombrados por la fuerza del viajero.   – ¿Cómo carajos te has vuelto tan fuerte? –  dice la muchacha enfurecida.   – Entrenando duro, además que te importa si ni te conozco– responde el joven quien aún no comprendía el actuar de esta muchacha que a sus ojos estaba algo desquiciada.   – Claro que se quién eres, eres el mismo bastardo de ojos plateados que enfrente hace unos meses atrás, es momento para que pagues por la humillación que sufrí– dice la joven.   – Tus ojos, ese color lapislázuli– Taylor espabilo de inmediato – ¡Mierda! ¡La hija del general Muina! –  en ello Taylor da un salto hacia atrás para detener el combate.    – ¿¡Por qué retrocedes!? ¿A caso me tienes miedo? –  dice con una actitud engreída – Ponte en guardia! –  Taylor la quedo mirando, mientras que Espíritu se impacientaba cada vez más, pero su paciencia exploto cuando vio como Taylor guarda su espada. – ¡¿Qué demonios?! ¡¿Por qué no peleas?!– preguntaba desconcertada llena de furia con su espada sobre el cuello de Taylor tratando de provocarlo.   – Lo lamento, pero no quiero combatir contigo. –  con una calma singular, retira la espada de su cuello.    – Qué demonios– Espíritu se desconcertó por un momento al ver cómo era apartada a un lado – Mo te escaparas La joven furiosa se abalanza contra Taylor, y sin más alternativa, este desenvaina a Veigrut y contraataca ferozmente, la joven entusiasmada, continúo presionando a Taylor sin darse cuenta de que este también comenzaba a perder la paciencia.   El combate comenzaba a volverse intenso, pero algo era diferente de su primer encuentro, los ataques de Taylor mostraban mayor precisión, puesto que solo golpeaba con sus puños o la base de la espada evitando cortarle, todo mientras bloqueada los mortales ataques de Espíritu.   Espíritu comenzaba a mostrarse cansada a diferencia de Taylor quien mantenía su postura.   – (Me siento algo cansada)– se dijo a sí misma tratando de evaluar la situación – Nadie se vuelve tan fuerte en poco tiempo ¿Cómo lo lograste?   – No es que sea fuerte, solo se usar mi poder, además ya me estoy cansando, pero aprendí a mantener la compostura, en cambio tú te dejas llevar por la ira y eso te está agotando demasiado– su respuesta enfureció aún más a la joven, pues sabía que era cierto.   La batalla se extendió unos cuantos minutos más, Espíritu ya estaba exhausta, era el momento perfecto para Taylor, pero este tranquilamente guarda su espada y extiende su mano, la cual fue rechazada, Espíritu se sentía nuevamente humillada, y su orgullo se encontraba mancillado por alguien que no era más que un viajero cualquiera.   –  Aun sigues enojada por lo de la otra vez Espíritu– dice uno de los hombres que la acompañaba   – Déjanos esto a nosotros, como puedes ver ella es muy orgullosa– dice el otro hombre – Como quieran… yo me largo, tengo cosas que hacer– responde Taylor sin importancia.   – No señor, vendrás con nosotros– dice Espíritu – Por lo menos saluda al hombre que te permitió vivir.   – ¿El general está aquí? – Es obvio ¿Acaso no vez a este par de Elite?   – ¿Y qué tiene que ver eso? Uno de los hombres se acerca a Taylor y cruza su brazo por el cuello de él, y con una sonrisa burlesca le cuenta la razón…   – El General es el máximo exponente en un ejército, después vienen sus capitanes, tenientes, prodigios y soldados… sin embargo existe una fuerza especial, los “Elite”, somos los más fuertes o hábiles, no peleamos en las guerras, nos preocupamos de solucionar las “Situaciones Especiales”, por lo que estamos bajo el mando directo del General, y por costumbre siempre va a ver a lo menos unos 3 a 4 elite rondando cerca de nuestro jefe, es casi como una ley.   – Ahora entiendo… La legión no es tan simple como creí, bueno, llévenme con el General Muina   – De acuerdo, bueno soldados, nos lo llevamos, así que volved a sus puestos dice el otro hombre   – Es cierto, aun no nos hemos presentados, yo soy Kaze, el Asesino y el que está por allá es Kurio un mero ladrón – No lo digas de esa forma– Kurio comenzó a refunfuñar por la presentación de Kaze.   – Ya dejen el payaseo y vamos donde mi padre– dice Espíritu algo furiosa.   Los cuatros comenzaron a caminar, y en el trayecto Taylor le pregunta a Espíritu el motivo de su odio hacia él, pero se limitó a ignorarlo, fue cuando Kaze y Kurio se acercan, y en voz baja le cuentan…    – “Está enojada por haberla alabado, hiciste que se ruborizara frente al batallón– dijo Kaze. – “Según ella, la dejaste en ridículo”–. Agrega Kurio.   Taylor se sintió un poco mal y se fue a disculpar con ella, algo que Dey le había enseñado, al igual que Amy. – Lo lamento Espíritu. No fue mi intención el que se burlaran de ti.   – ¿Quién te ha dado el derecho para llamarme por mi nombre? Y a parte ¿Crees que me molesta esas niñerías? No seas iluso, estoy molesta por haber perdido contra un sujeto como tú.   – Ya veo, aunque yo diría que más que enfurecida conmigo, estas frustrada contigo misma– dice Taylor algo que toco a Espíritu demasiado.   – Deja esa maldita actitud ¿Quieres? Ya me basta con haber perdido y ahora más encima te has vuelto fuerte en poco tiempo.   – De acuerdo– la expresión de Taylor se tornó nuevamente seria indicando que ya no le daría más importancia.   Caminaron un rato por la ciudad mercante hasta llegar frente a un gran edificio del cual colgaban los estandartes de la legión del Desorden, y del gremio mercante. Al entrar, ve que estaba repleto de varios soldados y entre ellos una joven de cabello dorado que, al voltearse y mirarlos, corre hacia ellos saltando sobre Taylor dándole un fuerte abrazo.   – ¿Amy? ¿Qué haces en este lugar? Aquí con Las hordas del desconcierto– pregunta Taylor sorprendido.   – Lo mismo diría de ti.   Ritherz está con el general Muina resolviendo algunos tratos, pero eso no importa.   – Tienes buenas conocidas muchacho– dice Kurio quien le golpea levemente con el codo en el hombro.   – No molestes Kurio, ella es mi mejor amiga y antigua compañera de viaje.   – Mi nombre es Amy Velouté, aprendiz de mercader de las sombras, y como dijo Taylor su mejor amiga.   Mientras los jóvenes conversaban, la puerta principal del despacho del general se abre, y de esta salen Ritherz y el mismo general. Todos los soldados se pusieron firmes dando su saludo formal, en ello Taylor se separa del grupo y se dirige hacia el general en lo que antes de llegar es detenido por unos guardias a los cuales con habilidad logra quitárselo, alertando a los demás soldados, pero todos son detenidos por el general. Le miro y en un simple gesto le indico que pasara al despacho, en lo que Taylor le pide a Ritherz que se les uniera, cosa que hizo sin objetar.   – Volved a vuestros puestos y dejadnos solos, Kurio, Kaze, que nadie pase por estas puertas. –  dice el general tan autoritario como de costumbre.   – Disculpa la rudeza de mis soldados.   – No, yo soy quien debe disculparse por mi imprudencia– responde seriamente. – Pasen los tres pasaron, y la puerta se cerró. Taylor y Ritherz estaban en el sofá mientras que el general es su silla personal. El silencio se mantuvo por un buen rato en ello, hasta que Taylor decidió hacer la pregunta cargado de un poco de resentimiento y mucha seriedad, en ello Muina queda mirando a Taylor por su inusual traje.   – Siempre lo supo ¿Cierto? Por eso me dejo ir en nuestro primer encuentro. ¿Por qué? ¿Por qué no me lo dijo? Tú no quedas excluido Ritherz, tú más que nadie sabía que mi abuelo fue general del Desorden. De los miles de crímenes que cometió contra la humanidad.   – ¿Y que hay con eso? –  pregunta el general Muina con indiferencia.   – ¿Cómo? –  Taylor se sintió ofendido – ¿A caso no entiende? ¿Con que propósito he de vivir si mi propia sangre fue parte de la gran m*****e que ocurrió en Ata Bath? No me sorprendería que por culpa de él mataran a mis padres. Y puedo calificarle el hecho de que estuve a punto de morir en las ruinas de Hanchao.   – ¿Qué demonios hacías en ese lugar? –  el interés de Muina cambio, pero de forma disimulada.   – Investigaba, dudo que el querer aprender de este mundo sea un crimen. El estar en ese lugar me hizo reflexionar, pero no bastó. Aun siento estas nauseas, este pesar en mis hombros ¿Por qué he de cargar toda esta maldad? No solo los Abydos me dijeron que era un ser oscuro, también lo hizo la misma muerte ¿a quién debo aludirle tal cosa? A él.   – ¿Qué más había en tales tierras? –  insiste el general Muina.   – ¡A quién le importa ese desierto! –  responde Taylor molesto.   – Veo que no contestaras– dice el general quien se levanta de su silla – Taylor ¿Qué tiene de malo que haya eso? Tú y él son dos seres distintos, él tuvo sus razones, como tú tienes las tuyas para estar en este viaje. Si te sientes con la madures que presumes decir, entonces deja de lloriquear por un asunto sin importancia. Ya has perdido mucho para que sigas perdiendo más– Taylor agacha el cabeza molesto, pues sabía que parte de lo que el general decía era cierto, pero no quitaba el hecho de haberse sentido traicionado – Respóndeme esto Taylor ¿Qué harás a partir de ahora? ¿Serás capaz de alzar tu espada contra nosotros? ¿Serás capaz de matar a tu abuelo quien fue el que inicio todo esto? Y sobre todo ¿Tienes el valor para seguir viviendo? –  Taylor guardo silencio, ni pudo responder – Me lo temía. Esta conversación se da por finalizada– EL general se retira de la habitación dejando a Ritherz y Taylor solos.   – Ahora entiendo porque él tenía tantas expectativas en Mística. Por lo menos tú hermana sabia como ser una Micordios– – ¿¡Mística!?– se sorprende al escuchar ese nombre, el mismo que Rysmand le había mencionado.   – ¿Qué es eso de que Mística es mi hermana? –  Taylor se mostraba confuso por saber las respuestas.   – No creí que te ocultara tanto, inclusive la existencia de tu hermana, al parecer no te tiene confianza para nada– El general no dijo más y se retiró dejando a Taylor pensando.   – Mi hermana… Mística es mi hermana– Taylor apretaba los puños con fuerza y miraba el suelo algo impotente por las cosas que desconoció hasta ese momento. Frustrado, y sin saber cómo reaccionar, Taylor se levanta y sale corriendo del edificio dejando a todos atrás, Espíritu y Amy se sorprendieron y fueron tras él, pero le perdieron el rastro.   Deambularon por la ciudad sin resultado alguno, hasta que se toparon con Ritherz quien le envió al hostal, él se encargaría de traerlo de vuelta. Desde lo alto del edificio más alto, sentado en el techo con los pies colgando sobre la cornisa, y su mirada fija en el horizonte del desierto, Taylor reflexionaba de lo ocurrido. En ello planas blancas y negras comienzan a caer y de la nada, junto a él estaba Ritherz sentado bebiendo algo de sidra en botella, quien le ofrece, pero fue rechazada. Taylor permaneció mirando al horizonte, como si buscase algo.   – Ritherz, tu– los ojos de Taylor no se despegaban del horizonte, pero no ocultaba su duda, la cual Ritherz percibió al instante.   – Dime Taylor– dice Ritherz dejando de beber. – Necesito que me cuentes todo– – No puedo, le he jurado a Dey mantener nuestro secreto– Ritherz se mantenía imparcial.   – Así que callaras ¿Y Mística? ¿Mi hermana que nunca conocí? ¿Tampoco me hablaras de ella?   Ritherz guardo silencio ante las palabras de Taylor, evadiendo la mirada descaradamente.    – Eres lo peor Ritherz– La mirada de Taylor denotaba todo su odio.   – Puedes pensar lo que quieras Taylor, para mi tu eres alguien de importancia, no solo eres un cliente valioso, y el nieto de mi mejor amigo, eres alguien que debo ayudar a crecer. – Aun así… – No puedo decirte lo que necesitas saber, ni lo que quieres escuchar, pero a estas alturas no afectara que sepas algo. Deyvialius, él fue uno de los fundadores de la legión junto al señor del Desorden, no me corresponde mencionar sus crímenes ni lo que hizo antes de ser general.   De su vida personal se poco la verdad, pues incluso conmigo es reservado, aparte de haberle jurado no mencionar lo poco y nada que se. Pero debo admitir que tarde o temprano te enterarías de la verdad por las pistas que el dejo en todo el mundo.   – ¿Entonces que puedes decirme? –  pregunta Taylor quien miraba al suelo deprimido.   – La verdad nada. Taylor que quede entre nosotros ¿de acuerdo? –  dice Ritherz quien saca una pequeña caja larga desde su abrigo, dentro había una pipa larga con hermosos grabados de flores cuyos extremos estaban cubierto por piezas metálicas. En una de ellas, agrega un poco de tabaco y lo enciende.   – Mística, una mujer de hermoso aspecto, una entre miles, y no exagero cuando lo digo. Al igual que tú y Dey, es una guerrera innata, sin embargo, es totalmente lo contrario a ti, tú y ella viven en diferentes mundos. Si algún día te encuentras con ella, evítala a toda costa, es una mujer muy peligrosa.   – ¿Peligrosa? Explícate– aquello último capto mucho la atención de Taylor.   – Desconozco el alcance de su poder, y de sus actos, pero es alguien que no tiene misericordia con nadie. De hecho, la legión ha querido matarla en varias ocasiones por destruir batallones enteros. Obviamente ellos no saben nada de ella, solo que es un monstruo. Ellos la llaman La sombra Carmesí, por lo que me han contado algunos soldados que han logrado escapar, dicen que de la nada cae una sombra negra con forma humanoide, y de ojos rojos, que despedaza el cuerpo de sus oponentes no importándole mancharse de la sangre de estos. Al final de la m*****e, queda totalmente manchada con la sangre de sus víctimas, he ahí su apodo.   – La sombra carmesí. Gracias Ritherz… eso es más de lo que podría averiguar por mi cuenta. – Tarde o temprano lo averiguarías.   Ya sabes, tú nunca has escuchado nada.   – ¿Saber qué? –  dice el joven con una sonrisa haciéndole entender el mensaje.   – Una última cosa, cuando naciste fue cuando Dey dejo a las hordas, algo curioso ¿No crees? –  Ritherz da una bocanada de la pipa y expulsa el humo sutilmente con una expresión diferente.   Algo había detrás de esas palabras, pero Taylor no se esmeró en preguntar, ya llegaría el día en que estas se mostrarían por si solas.   – ¿Y qué hay de ustedes dos? Qué clase de relación tiene.   – De colegas muy cercanos. Una relación de interés– Ritherz no dijo más, Taylor comprendió que ya no diría nada fuera que debiera decirlo y decidió no preguntar más.   – Ha comenzado a refrescar. Volvamos– dice Ritherz.   Ya en la residencia del general, al entrar en la cocina, vieron que en la mesa estaba las dos chicas totalmente dormidas, una junto a la otra, esperando el regreso de Taylor.   – Lo lamento Amy, Espíritu…– dice Taylor mientras las tapaba con una frazada dejando sobre ellas una carta – Buenas noches.
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