Horas antes, mientras esperaban el regreso de Taylor y Ritherz, las jóvenes tenían que hacer algo para pasar el ocio de la espera. – ¿Estás segura que Ritherz sabe dónde está el chico? – pregunta Espíritu algo insegura.
– Sí, él lo sabe bien– Amy mostraba total seguridad.
– Si tú lo dices. Sabes, no suelo hablar con muchas chicas de mi edad, por esto de la legión, ¿te apetece algo para beber?
– De acuerdo. Debe ser duro ser la hija del general.
Ambas chicas se sentaron en la mesa de la cocina, no estaban de muy buen ánimo, aun así, trataban de hacérselo.
– ¿Qué es eso Espíritu? – pregunta Amy al ver la botella de extraño aspecto.
– Tequila… ¿Por? –
– Yo no bebo–
– ¿Qué?... aburrida, aquí está tu leche– Le dice burlescamente Espíritu.
– Dame eso– Amy le arrebata el vaso con tequila y lo bebe de un golpe haciendo que tosiera.
– No eres tan aburrida como pensé– dice tomando otro vaso.
– Sirve mujer bruta– pide Amy quien estaba cayendo bajo el efecto del alcohol.
– Eres poco tolerante, toma otro– sirviéndole Al cabo de unos veinte vasos cada una…
(? ¿Tono Borrachito?) – Esto… ¿Qué dijiste que hacías? – pregunta Amy.
– Peleo, golpeo, ya, eee, ¿De qué dice? – contesta Espíritu.
– De rojo…–
– Ahh, oye ¿a quién esperamos? – – Al tonto de Taylor– – Ah, el cretino que me humillo– – Él me rechazo, es un idiota– – ¿Que…é? Es un tonto, puro musculo poco ceso, pero sabes me agrada un poco– – Jajaja, tú lo has dicho hermana, un tonto, pero no deja de gustarme.
Las jóvenes permanecieron un buen rato, en su mareo fueron a la sala principal y se sentaron en el sofá para continuar su charla, cayendo dormidas por el efecto del alcohol.
A la mañana siguiente, ambas chicas despertaron, se sorprendieron al ver que una estaba junto a la otra, y al levantarse cae al suelo una carta que Taylor había dejado.
– ¿Y eso Amy? – pregunta Espíritu con la mano en la cabeza por el dolor.
– Una carta, pero ni idea de donde salió– responde mientras la abría, y en su interior reconoció la firma de Taylor, comenzó a leer.
– ¿Qué dice? – Es… Mientras las chicas trataban de entender la situación, aparece Ritherz algo soñoliento.
– ¡Ritherz! – llama Amy – ¿Dónde está Taylor? – Se fue hace horas, llegamos a noches, las arropo y dejo una carta, luego tomo sus cosas y partió.
– Ese chico, por lo menos se hubiera despedido– reclamaba Amy algo triste.
– Lo hizo, dijo una cosa más… “No se preocupen, nos encontraremos por ahí”, luego se fue con una sonrisa en su rostro.
– ¿Sabes a dónde? – pregunta Espíritu de forma seria a pesar del dolor de cabeza.
– Dijo que, a su casa, pero que iría por el camino más largo ¿Alguna quiere algo para desayunar?
– (Ese sujeto. ¿Qué pretende escribiendo algo así?)– pensaba Espíritu, con la carta arrugada en su mano empuñada.
Ya lejos de la ciudad, con su mochila en el hombro y su espada en su cintura, Taylor continuaba su viaje con un nuevo objetivo, terminar el entrenamiento y encontrar a Mística, a como dé lugar… “Estimadas niñas, Lamento los inconvenientes que les he causado, sobre todo a ti Espíritu. Nunca espere conocer a dos chicas tan maravillosas, y la verdad no espero hacerlo. Anoche, cuando llegue con Ritherz, reflexione sobre muchas cosas, entre ellas sobre las personas que me rodeaban, y debo admitir que ustedes dos eran a las que más frecuentaba mi mente. No sé cómo explicarme, no sé cómo plasmar las palabras para decirles lo tanto que les aprecio. Últimamente no se me ha dado mucho las despedidas, así que usare este medio para hacerlo, me iré lejos, y no sé si nuestros caminos se junten alguna vez, pero si lo hacen, espero poder compartir algo de alcohol como lo hicieron ustedes anoche. Amy. No dejes de crecer, sigue aprendiendo, sigue el camino por el que vas, es uno muy bueno, pero te advierto que tu mentor no es el hombre más confiable del mundo. Sus secretos son peligrosos, nunca dejes de ser tu misma. Espíritu. A diferencia de Amy, no te he llegado a conocer lo suficiente, pero me hubiera gustado encontrarnos en otro contexto, lamentablemente las cosas no se dieron. Eres hermosa y fuerte, y sé que llegaras a más. Un consejo, no vivas bajo la sombra de tu padre, tarde o temprano lo lamentaras como me ha ocurrido mí, y, sobre todo, si nos volvemos a encontrar, te prometo pelear con todas mis fuerzas. Les agradezco su tiempo amigas mías. Se despide por un largo tiempo. Taylor Micordios.
– Han pasado seis días desde mi partida de Liang, a pesar de lo sucedido, no me siento tan decaído como pensaba, mejor para mí, mi situación actual no me lo permite… Viejo, ¿Acaso somos un imán de problemas? – mire al cielo en busca de un poco de inspiración que no tenía. Me hallaba rodeado de soldados del Desorden, muy distintos a los que me había enfrentado hasta ahora, no fue buena idea el haber decido ayudar a estas personas, ¿Por qué no puedo usar mi poder libremente?
– Ustedes no son rivales para este mocoso, dejen que yo me encargue– dice un hombre de imponente armadura, se trataba de un Capitán perteneciente a la 1º división, la misma que atacó mi pueblo natal hace años atrás…
Por alguna razón mi control elemental no funcionaba bien, acaso ¿mis emociones influían en algo?, si es así, estoy en problema, mi fuerza no es suficiente, su velocidad es impresionante, ¿Qué haré?...
Había comenzado la mañana, un amargo sabor a hierba seca y tierra rondaba por mi boca y toda mi cara, no tuve un buen sueño, a pesar de haber recibido esa información de Ritherz, aún me molestaba mi situación, el que me hubiesen ocultado tanto, y saber sobre mi legado, hacía que mi corazón dudara. Llegué al rio más cercano para lavarme la cara y quitarme este desagradable sabor, cuando fui interrumpido por un hombre muy lastimado, no tuve elección que ayudarle…
– ¿Qué le paso señor?, está muy lastimado– sujete al hombre cuidadosamente y le ayuda a sentarse, estaba en muy mal estado.
– Mi pueblo, mi familia ¡Tienes que salvarlos! – rogaba con clemencia el hombre. Tenía una herida grave, no iba a sobrevivir.
– ¿Quién es el responsable? –
– La… la legión del Desorden, tiene a todo el pueblo… salva a mi familia, te lo ruego– decía el hombre muy desesperado y casi agonizando, se veía que era alguien orgulloso, pero aun así derramaba lágrimas de agonía.
– (No debería hacerlo… pero…) está bien, ¿Dónde está el pueblo? – algo en mi me decía que debí haberle rechazado, pero al saber que la legión era la responsable, no pude evitar sentir algo de culpa.
– Al norte de aquí… ten… ten cuidado y muchas gracias– el hombre cierra sus ojos y cae muerto.
– Descansa en paz. No sería la primera vez que me enfrento a ellos, pero me siento inseguro.
Dejé aquel hombre en un lugar seguro, y partí al pueblo, en el camino me detuve, una voz interna me impedía avanzar, pero debía seguir. No hice caso y proseguí, pero de pronto mi cuerpo dolió, mi corazón estaba acelerado, algo no andaba bien en mí, no sabía que era, aun así, seguí… un grave error.
Mientras Taylor corría hacia el lugar del ataque, el cuerpo muerto se levanta, y se quita la camisa para mostrar que la herida había desaparecido, al chasquear sus dedos, su cuerpo se vio envuelto de una extraña aura blanca la que se transformó en un traje elegante de color n***o, su apariencia también sufrió cambios, era más esbelto y alto, de tez blanca y pelo corto y dorado como la miel, con tres mechones negros que iban hacia tras por el peinado. Lucía joven, su rostro cubierto por lentes oscuros y sus manos por guantes negros. Desde su abrigo saca un papelillo y lo enciende con fuego que saca de su pulgar por arte de magia.
– Todo va de acuerdo a lo planeado– dice el hombre antes de ser interrumpido por una pareja algo inusual. Uno era un hombre de holgada vestimenta, que exponía casi todo su torso, una ropa de otro país, mientras que la mujer de hermoso cabello n***o y largo, con un vestido algo revelador por el elegante escote aparentaba algo más de clase.
La mujer se acerca al hombre del pitillo y lo sujeta contra el árbol.
– ¿Qué carajos estas planeando Drako? – pregunta la mujer muy amenazante, sus ojos rojos irradiaban ira y muerte.
– Que las cosas sigan el curso que deben seguir, sabes que él será un peligro en el futuro, aun cuando Dey haya hecho lo posible para que naciera, no puedo permitirle que siga. Así que no me queda otra que interferir, o, mejor dicho, crear el escenario para que las cosas sucedan como deben suceder.
– Si pudiese matarte, lo haría y bien lo sabes Drako. Taylor no puede morir aun, no hasta que la voluntad de mi abuelo se cumpla.
– Dey está jugando con algo que no puede ser domado. ¿No te preocupa que todo se destruya?
– Me importa la nada misma, si ese el mundo que nos espera, que así sea, por lo menos será más divertido ver el fin que esperar a que algo ocurra. Te lo advierto Drako, no te metas con Taylor. Nos vamos Raoh. La pareja desaparece sin dejar rastro.
– Parece que Dey me está vigilando sin que me diera cuenta, tendré más cuidado para la próxima. Pero me sorprende que haya logrado convencer a Mística para que le ayude a hacerlo. El lugar del ataque no quedaba muy lejos, por lo que se me fue fácil llegar. Me oculte de inmediato en la copa de un árbol para tener una mejor visual, y así evitar cualquier encuentro inoportuno. Al analizar la situación, no era conveniente a****r de frente, por un momento mi cuerpo decayó, en ese instante comprendí mi situación, mi control elemental no funcionaría, y mi fuerza no estaba a su plena forma, aun así, debía salvar a la gente, por lo que debí recurrir a un desagradable método, Dey me enseñó a combatir en las sombras, a a****r por la espalda, pero nunca creí que llegara a usar ese conocimiento, me siento tan mal, no hay mucha diferencia entre ellos y yo.
La cantidad de soldados era exagerada para un pequeño asalto a un pueblo sin armada, tuve que actuar con cautela, y apenas vi la oportunidad, salte al techo más cercano, aguarde allí un momento, acostado con mi aura sellada, busque la forma de infiltrarme, algo que vi complicado, pero no imposible. Observe por u momento sus movimientos y logré percatarme de algo, seguían un patrón, siempre recorrían por el mismo lugar, utilice esos intervalos vacíos entre caminata hasta llegar a un lugar más fiable para mi ataque, los rehenes estaban en la casa principal según el hombre. Aguardando para continuar mi camino, dos soldados se pararon debajo de mí y comenzaron una conversación:
– ¿Cuándo podremos divertimos con las prisioneras? – Apenas el capitán de el mandato – Ya estoy harto de esperar, iré a dar una vuelta y vuelvo – No tardes, cuando vuelvas vamos igual por una prisionera – menos mal que el capitán dejo unas cuantas en este edificio – Sí, ve y no tardes.
Sentí repulsión de mi enemigo, estos soldados eran muy distintos a los de la cuarta brigada del general Muina. Me deje caer y en un rápido movimiento saque a Veigrut y corté su garganta luego de atravesarlo con mi espada. Ya muerto, tomé el cuerpo, pensé en vestirme como ellos, pero recordé que no son tan tontos para confundir a uno de los suyos, por lo que me deshice del cuerpo, y en ese instante se acercó otro soldado el cual me descubrió, mi corazón se aceleró como nunca por el miedo, inconscientemente solté el cuerpo y corrí con Veigrut y corte su cabeza antes de que alertara a los demás, pero mi solo ataque sin cuidado produjo mucho ruido.
Los soldados de los alrededores se percataron y fueron a revisar, pero al llegar, sólo vieron unas manchas de sangre, buscaron por los alrededores, pero sin rastro aparente, me había salvado de una grande, los cuerpos aguardaban en el entretecho junto conmigo, pasaría mucho tiempo antes de que se relajaran o ese pensé, ellos no cesarían hasta encontrarme. Mientras pensaba que hacer, escuche voces, eran mujeres y unos hombres, me arrastre hasta encontrar una pequeña abertura, al mirar en ella comprobé mi sospecha, eran los prisioneros que habían mencionado los que soldados que maté. Con sumo cuidado, removí una sección del techo sin hacer mucho ruido me deje caer por la abertura entrando a la habitación, las mujeres se asustaron por lo que el guardia entro a revisar y de un solo corte y muy preciso lo decapite, ya muerto, tome el cuerpo y lo deje en un rincón de la habitación.
– ¿Quién eres? – dijo una mujer de pelo rubio.
– Soy un mero viajero, pero por petición de un hombre he venido para ayudarles – Gracias– dijo la señora.
– Pero aún falta los niños.
– (Mierda… más problemas) ¿A dónde los llevaron? – A la casa principal, está en norte del pueblo.
– De acuerdo, pero primero serán ustedes, después iré por el resto ¿Entendido? Las mujeres asintieron y comenzó la operación, liberé a todos y he hice que los hombres me siguieran, me acerque a la puerta a verificar si estaban los guardias, efectivamente estaban ahí, me relaje un poco, estaba más nervioso de lo normal, aun así, me mantenía precavido. Abrí la puerta, el guardia se volteó y lo maté al igual que a los demás, algo en mi afloraba. Tome el cuerpo y lo entre, ya despejado, guie a las personas hasta un lugar seguro, por suerte no nos descubrieron, pero aún quedaba rescatar a los niños y no he tenido la oportunidad de ver contra quien me enfrento, algo que me ponía más nervioso de lo que estaba, sin olvidar la gran cantidad de soldados que aún quedaban. Retome mi objetivo, pero esta vez con más cautela, las hordas se percataron de la fuga de los prisioneros, por lo que mi trabajo se complicó más de lo que ya estaba. Mientras analizaba la situación sentí como si me observaran desde lejos, busqué al mi alrededor, pero nada, y en eso suena un cuerno, los soldados dejaron de vigilar y fueron a la casa principal, yo los seguí por los techos.
Todos estaban reunidos frente a esa estructura, y de ella un hombre cuyo rostro cubierto por un casco facial, de armadura imponente con adornos de piel de león, lo que lo distinguía de los demás soldados presentes, y en su espalda una gran espada, una Claymore.
– Soldados míos, como sabéis, hay un enemigo infiltrado, ya mató a varios de nuestros compañeros, liberó a los prisioneros, aun así, no lo han podido localizar ¡Quiero una maldita explicación AHORA! – dijo el hombre con mucho carácter.
Los soldados se sentían atemorizados ante él, tanto que dudaron en contestar.
– S… Señor, el enemigo no es un asesino cualquiera, todas las víctimas fueron decapitadas o degolladas, a juzgar por la limpieza del corte, debe de ser una espada y él debe tener gran fuerza.
– ¿Y tú crees que me importa? – dijo el hombre muy irónico – Sois unos buenos para nada– el hombre sostuvo la Claymore de su espalda, y sin desenvainarla, una fuerte ráfaga azoto y corto al soldado, fue tan fuerte que estremeció la casa donde me ocultaba, tanto que una de las ráfagas corto las tejas que estaban a mi lado, un gran control del viento, pero…
– ¿Cómo lo hiso? –
– Capitán, con su permiso retomaremos la cacería– dijo otro soldado – Espero resultados– responde el hombre que resultaba ser el capitán – Vayan dijo al entrar otra vez a la casa.
Los soldados se dispersaron y comenzaron a buscarme. Aun oculto entre los techos, buscaba la forma de a****r, pero era bastante difícil. Unos soldados se detuvieron a conversar, comenzaron a mencionar cosas atroces que hacía el capitán con los niños, sentí asco al escucharlos hablar con tanto gusto sobre el tema, mi sangre hervía de rabia e impotencia, inconscientemente salí de mi escondite y los ataque despiadadamente, sin percatarme de que atraje la atención de los que estaban cerca, no tardaron en llegar y mi estrategia se vio por los suelos. Comencé a huir por el pueblo defendiéndome como podía, eran demasiado y mi poder aún no respondía como yo deseaba.
– ¿Por qué? – Era como si me abandonase poco a poco.
Después de un rato de persecución los soldados se detuvieron, no entendí ese actuar hasta que miré detrás de mí, era la casa principal, me habían conducido a una trampa, demasiado obvia para tomarla en cuenta. Sentí unos pasos, el sonido del metal se escuchaba bajar por las escaleras de madera que crujían con fuerza, una presión similar a la que sentí cuando combatí contra Espíritu, pero esta vez era un puro sentimiento a muerte. La puerta se abrió, pero no como esperaba, una tremenda ráfaga salió de ella, apenas la esquive, al mirar al frente estaba él, el Capitán de la brigada.
– Tienes buenos reflejos, o mejor dicho un buen instinto, eres como el otro niño que quiso pasarse de listo. ¿Cuál es tu nombre asesino? – pregunta el capitán.
– ¿No debería presentarse usted primero? Me enseñaron que la basura siempre es primera– respondí muy arrogante, a pesar de la situación en contra mía.
– Jajajaja, me sorprende que puedas actuar así en esta situación. Soy el Capitán de la primera brigada del Desorden, Brow Stolch ¿Ahora responderás mocoso insolente? – dice con mucha gracia, la cual me molesto.
– Taylor Micordios – ¿Micordios? ¿Dónde lo habré escuchado?... ahora lo recuerdo, por el traidor Deyvialius Micordios ¿Qué relación tienes con el dubio traidor?
– ¡Él no es un traidor! – respondí muy furioso
– El abandonó su puesto, mato a muchos soldados y de altos mandos, desafió a nuestro señor Desorden ¿Y dices que no es un traidor? ja, das risa chico.
Ahora demuéstrame si vales tanto como el traidor. Como en aquella ocasión, el tomo la espada sin desenvainarla, rápidamente me puse en defensa, él se sorprendió por mi reacción, parecía intuir mis actos.
– ¿Por qué te proteges si aún no desenvaino? – Porque no necesitas hacerlo para usar tu control del viento – Jajajaja, no sé qué has visto, pero no he usado el viento para nada, simplemente he usado mi espada.
Al parecer sólo fue mi falsa expectativa por suponer que habías visto a través de mi ataque– Taylor no respondió ante tal provocativa, pero era cierto, Brow nunca había usado su poder, pero como era posible tal ataque sin usar la energía. Taylor sintió una leve frustración al no saber la razón. El capitán presiono su puño empuñado y de la nada una ráfaga me atacó directamente, no tuve tiempo de huir, por lo que saqué a Veigrut y corté la trayectoria del viento, pero fue inútil, mi traje y mi cuerpo quedo todo marcado por las cuchillas de viento que estaban entre la ráfaga. Corrí directamente hacia él, con la esperanza de lograr penetrar esa ráfaga, pero en el acto soy repelido por esta sin que él se moviera, pero comprobé mi sospecha, la ráfaga era el filo de la Claymore, pero aún me quedaba la duda del cómo lograba tal hazaña, hasta que me di cuenta después de varios intentos, el movía la espada demasiado rápido para que pudiese verse, pero no lo suficiente para mi vista, aunque mi cuerpo aún no estaba acostumbrado a reaccionar a tal velocidad, y sobre todo en estas condiciones en las que me encontraba ya cansado, no creo que pueda, mas no queda opción que seguir peleando, era seguir o morir.
Continué con mi ataque sin sentido, hasta que encontré una abertura y logré dañar su armadura, pero no fue lo suficiente para penetrarla, en la había imbuido con su poder. Recibí un fuerte puñetazo en el rostro enviándome lejos, tratando de reponerme, el desenvaina su Claymore y al girarla una fuerte ráfaga comenzó a rodearlo, recién pude percibir su poder controlando el viento, no podía imaginar el devastador ataque que me esperaba si combinaba su habilidad con el poder del viento.
Apenas me repuse esta enorme ráfaga venia hacia mí, no tendría ninguna oportunidad contra eso, me levante lo más rápido casi cayendo otra vez y corrí por entre la casa, algo totalmente inútil, ya que estas se iban desmoronando como papel por los aires, hasta que quede atrapado bajo una de estas y siendo golpeado por esta fuerte ráfaga, siendo elevado por los aires y cayendo al suelo de lleno, con varios cortes sobre mí.
Estaba bastante herido, la diferencia era enorme, ahora entiendo porque son tan temidos, aun así, aun así, no pienso morir de esta forma. Me levante desde los escombros muy lastimado, pero no lo suficiente para continuar con mi ataque, el capitán reía como nunca, al parecer gozaba de la batalla que la que yo nunca llegaría a ganar, o bien reirá porque le fascinaba torturarme como lo hacía. Continué mi incesante ataque, pero los contrarrestaba sin mero esfuerzo, lo que me frustraba cada vez más, me aleje un poco, me relaje y recuperé mi cordura, sólo me quedaba usar esa estrategia, sostuve fuerte a Veigrut y ajuste mi postura de combate, comencé a controlar el flujo de energía de mi cuerpo liberando una pequeña aura que rodeo todo mi cuerpo, el capitán no pareció sorprenderle, aguarde su ataque sin dejar de mirarlo fijamente, Brow se aburrió de esperar y fue al ataque, cuando su ráfaga de cortes fue ejecutada, la esquive lo más rápido que pude, aun recibiendo poco daño, logre acercármele y en un intento desesperado emule su técnica con Veigrut, la ráfaga de cortes.
Ambas ráfagas chocaban entre sí, pero la mía era inferior, el capitán comenzó a molestarse y con un corte me alejo de él, me repuse rápidamente para continuar mi ataque, ya que el capitán dejó un espacio abierto que aproveche, estaba tan cegado por este ligero avance, que no me percate que era una trampa y al levantar la mirada vi su sádica sonrisa, nunca había sentido tanto miedo como el que me produjo el, vi el rostro de la muerte reflejado en el suyo. Claymore cayó verticalmente de golpe dando un profundo corte diagonal, desde el hombro izquierdo hasta la cintura derecha, la sangre afloro rápidamente y mi cuerpo lleno de dolor comenzó a caer de espalda. Mientras mi cuerpo iba cayendo, muchas cosas pasaron por mi mente, él se alejaba, todo se movía más lento, mi vista comenzaba a nublarse, y en eso, una voz en mi interior, una antigua voz me hablo, era profunda y siniestra, pero aun así la escuche.
Por un instante me hallé en una oscura habitación, pensé que ya había muerto. – ¿Te rendirás tan fácilmente? – dijo la voz.
– ¿Qué puedo hacer? – dije al tocar suelo bruscamente de espalda.
– Mátalo, levántate y mátalo. Tú tienes más poder del que imaginas.
– Ya es tarde… – Entonces déjame hacerlo a mí– la voz comenzó a reír diabólicamente.
Cerré los ojos, mi pecho ardía de dolor, mi garganta se secaba, unas extrañas ansias de sangre surgieron, abrí bruscamente los ojos los cuales se habían vuelto rojos, y la forma de la bestia manifestaba en mí, los verdaderos ojos de Lagarto. Me apoye como pude, el capitán se percató de algo, la atmosfera estaba cubierta por mi aura asesina, al voltearse, el capitán no comprendía cómo era posible, aún estaba vivo, sin espera me ataca para terminar de una vez por toda esa burla, pero a pesar de la gran profundidad y gravedad de la herida que me había infringido, yo esquivaba todos los ataques, el capitán sintió miedo, veía como mi aura se tornaba más oscura y cubría todo a su alrededor, por un instante el vio como la muerte se acercaba, pero sólo era yo.
En ese instante de duda, con Veigrut corte su brazo principal, el capitán retrocede, toma a Claymore con la otra mano y contrataca, le desafié nuevamente con su propia técnica, entre el choque de espadas, mi sangre salto sobre su rostro, momento que corte su otro brazo y sus piernas, él había caído, pero me sentía insatisfecho, esto no podía terminar así, en ello arranque a Claymore de su mano cortada, me le acerque para acabar con todo, en ello el rio, rio como si no importase, parecía gozar el momento, en lo más profundo de mi ser comprendí ese sentimiento, puesto que también lo estaba disfrutando.
– Termina con esto asesino, al final si eres idéntico al viejo Deyvialius– dijo mientras reirá como un loco.