Capítulo 9

4549 Palabras
Alce a Claymore, algunos soldados intentaron frenarme, pero les despedace en el acto, y antes de otra interrupción, con su propia técnica le despedace su inútil cuerpo. Al terminar no quedó nada, sólo la sangre derramada de su cuerpo totalmente descuartizado y la sangre que aun derramaba mi herida, los soldados que aun restaban se abalanzaron sobre mí, continúe destrozándolos, pero eran demasiados, mis fuerzas comenzaban a abandonarme, poco a poco fui perdiendo la conciencia y caí al suelo muy débil, los soldados aprovecharon ese instante para atacarme, desde el suelo con mi vista nublada por la pérdida de sangre, veía como los soldados eran derribados uno por uno de forma brutal, dos extrañas siluetas, una de pelo largo con una gran y extraña espada los cortaba por la mitad, mientras que la otra los golpeaba y destrozaba con sus manos, la brigada no era nada contra estos dos.   Mis fuerzas me abandonaron y mis ojos se cerraban y la figura de pelo largo se acerca, lo último que recuerdo, fueron sus ojos plateados en su figura opacada por la luz del sol y su voz llamando por mi nombre. Mientras tal batalla terminaba, frente a un rio, con una paz singular, Dey pescaba frente a un rio mientras, aguardando a que un pez mordiera el anzuelo, fumaba una extraña pipa, similar a la que tenía Ritherz, pero de color n***o y con grabado de Lagartos.   – (Suspiro) ha pasado bastante tiempo desde que Taylor partió, quien diría que le extrañaría un poco– dice Dey aspirando una bocanada de tabaco.   – ¿No crees que es mejor acompañar el momento con un poco de té verde? Que yo sepa, los peces de este lugar no suelen morder mucho los anzuelos, y menos que tus suelas intentar pescar– dice una voz masculina.   – Aburrimiento Ritherz, y si, algo de té verde haría bien. –  responde Dey sin dejar de mirar el agua donde estaba sumergido su anzuelo.   – Le diré a Amy que prepare un poco para los tres.   – ¿Amy? ¿Desde cuándo viajas con alguien? –  pregunta Dey quien se sorprendió.   – Es mi asistente, Taylor me la presento. –  – Taylor ¿Eh? se me hace raro. ¿Y dónde está ahora?   – No lo sé. Tomo la ruta larga desde Liang para regresar al bosque de Akame, así que tendrás que seguir esperando, aunque dudo que te encuentre estando por acá. Lo que me genera una pregunta.   – Eso da lo mismo. Estaré en casa para cuando el vuelva.   – ¡Ritherz…! –  grita Amy quien venía desde Liang con un encargo.   – Fue difícil, pero encontré al cliente y terminé la transacción– la joven mostraba una sonrisa de satisfacción, en eso mira bien y se da cuenta de que había otra persona junto a Ritherz.    – Disculpe mi mala educación, buenas tardes señor, mi nombre es Amy, – Un gusto.   – Dey Micordios, el gusto es mío jovencita– responde Dey con serenidad expresando un aura misteriosa.   – Dey… Micordios ¡Usted es abuelo de Taylor! –  Amy se sonrojo por decir tales palabras en voz alta – ¡Disculpe mi rudeza! Es solo que me sorprendí algo.   – No le des importancia. Respóndeme algo jovencita ¿Cómo conociste a Taylor?   – Fue durante su viaje, yo provengo del pueblo de Arkym, decidí acompañarlo, pero luego él me dijo que fuera con Ritherz por ciertos motivos.   – Ya veo, me gustaría escuchar la historia completa si no te molesta, pero antes ¿Serias tan amable de hacernos algo de té verde?   – Sí señor, encantada– Amy se aleja un poco.   – Es una chica agradable– Dice Ritherz.   – Lo sé, aun para ser mitad Elko– acota Dey – Me recuerda un poco a Louise por su entusiasmo.   – Eres muy perceptivo, pero no la acepte por eso, sólo fue por Taylor responde Ritherz de forma cortante.   – Aquí está el té, espero que les guste–     – Gracias, tiene un buen olor– dice Dey.   Amy se sentó junto a ellos, y comenzó a relatarle su historia y de lo que vivió con Taylor hasta su último encuentro en Liang, con ello Dey puso hacerse una idea del camino que estaba tomando su nieto.   – Te agradezco que hayas compartido tu historia conmigo. Como mitad Elko, puedo presentir tu especialidad, y esta es escuchar los corazones, una hermosa pero triste habilidad. Te recomiendo que no intentes ver más allá de lo que tienes enfrente, sufrirás. Si quieres saber algo de mi mejor lo preguntas.   – ¿Cómo sabe que estaba tratando ver? – Más sabe el diablo por viejo que por diablo–   – No entiendo, pero disculpe si intente tal cosa.   – Da igual. Asumo que sabes el secreto de Taylor, por lo que debes de saber que llevo viviendo muchos años, he conocido bastante gente como tú, pero nadie tan bueno y amable. Tienes un don.   – Gracias señor– dichas palabras alegraron y enorgullecieron a Amy – (El abuelo de Taylor es una gran persona, no me sorprende que él se preocupe de los demás, aun así, no puedo evitar sentir esta tristeza al verlo)– pensaba para sí, en ello decide hacer la pregunta – ¿Por qué su corazón sufre? –     – El tiempo deja muchas heridas por las experiencias que hemos vivido, quizás no lo aparente, pero al igual que todo ser vivo, también guardo recuerdos tristes, y a veces llegan a mi sin llamarlos– Amy no supo que decir, ella desconocía la verdad sobre aquel hombre, por lo que no podía figurarse una idea de su pasado, sin embargo, su mirada decía mucho. Le atemorizo profundizar y recordó lo que le había dicho hace un rato de evitar ver más allá.   – Dey– interrumpe Ritherz, la muchacha ya sabe la verdad.   – ¿Es seguro hablar frente a ella? –  pregunta Dey sin preocuparle que Amy escuchara tal pregunta, dándole a entender que la conversación que tendría con Ritherz era importante.   – Si, al fin y al cabo, ella es mi mano derecha y como tal debe saber los acontecimientos del mundo, incluso los que rodean a Daymont.   – Entonces habla– Dey le autorizo, se notaba como el ambiente había cambiado, una seriedad los rodeo.   – Tuvo un encuentro con Arte misho, y la muerte le llamo por su otro nombre. También sabe sobre Mística, sin olvidarme de que ha comenzado a darse cuenta de su poder oscuro. ¿Qué opinas al respecto? –  Ritherz no vio cambio alguno en Dey.   – Ya veo. Por ahora toda marcha según lo planeado, sin embargo, debo tener cuidado, al parecer ese sujeto se ha dado cuenta. Hace poco envié a Mística vigilar los movimientos de Taylor.   – Parece que estabas muy enterado–     – Sí. Gracias a la historia de Amy, comprendí que todo comenzó a moverse cuando Taylor conoció a los Abydos, y libero su poder. Ahora solo resta esperar y hacer más de lo que debo, no quiero que el balance se incline en contra nuestra. Aún falta mucho para ello.   – Daymont. No espero para verle otra vez– dice Ritherz con una sonrisa misteriosa. Amy quien estuvo presente, se vio envuelta en un mundo fuera de lo normal. Estos hombres no son de tomar a la ligera, pensaba ella, ahora comprendió el mensaje de la carta de Taylor, y aún faltaba saber quién era ese tal Daymont del que hablaban, no dudaría en preguntarle a Taylor cuando le volviera a ver.   – ¿Dónde… dónde estoy? –  se preguntaba Taylor abriendo los ojos – ¿Por qué me duele todo mi cuerpo? – Estas muy mal herido, no puedo creer que hayas sobrevivido a eso– dice una niña que estaba a su lado hace bastante rato, observándole fijamente   – ¿Quién eres tú? –  pregunta el joven aun desorientado y de mal humor.   – Soy April ¿Y tú? –  la pequeña mantenía una actitud positiva, lo cual impidió a Taylor responderle de mala manera, aun cuando estaba molesto.   – Taylor Micordios.   – Muchas gracias Taylor, tú me rescataste de Las hordas del desconcierto, los mataste a todos.   – Eso no es cierto, alguien me ayudo– de pronto Taylor se da cuenta de sus palabras y se levanta bruscamente, pero en el instante un gran dolor recorrió todo su cuerpo haciendo que cayera al suelo.   – ¡¿Estás bien?!– pregunta la niña afligida al ver cómo las vendas comenzaron a teñirse de rojo por la herida que se había vuelto a abrir.   – Ah… algo adolorido, pero bien…   – ¡No mientas! –  April lo ayuda y lo recuesta en la cama, luego se fue, para luego regresar con una mujer, quien al ver la sangre de inmediato comienza a ver la herida   – No te preocupes, la herida cerrara sola– Dice Taylor   – Pero morirá por desangramiento antes que eso pase– responde la mujer mientras le quitaba las vendas para dejar ver una horrenda cicatriz dejada por la Claymore. Limpió la sangre y le aplicaba un raro ungüento de extraño olor a hierbas.   – ¿Cómo fue que pare a este lugar? –  pregunta Taylor   – Una pareja te trajo, la mujer era muy hermosa, se parecía algo a t responde la mujer que le curaba   – ¿Dónde están ahora?   – La mujer de ojos plateados dejo esa armadura y esa gran espada, dijo que te cuidásemos como pago por habernos ayudado, luego se fue junto al hombre.   – ¿No dijo a dónde iba?   – Dijo que cuando preguntaras eso que no te molestaras en buscarla, luego sonrió y se fue.   – Mística– dijo Taylor y sonrió satisfactoriamente – Dime April ¿Dónde me encuentro exactamente?   – En uno de nuestros refugios– responde la mujer – Después de que nos salvaras huimos hasta aquí. Mi esposo y yo estamos muy agradecidos de que nos hayas salvado.   – Sólo hice lo que debía hacer–   – No seas tan modesto– dice la mujer mientras le colocaba las vendas tapando el daño de la batalla – Por nuestra culpa has quedado en tal mal estado con una marca permanente, aun siendo tan joven.   Te debemos nuestras vidas. Descansa y no hagas mucho esfuerzo. April, te lo encargo– la mujer se retira dejándolos solos.   – Mamá es agradable ¿Cierto? –  dice la pequeña   – Sí, tiene una mano delicada, perfecta para la sanación, tienen suerte de tenerla.   – Taylor, por favor, tómame– dice la joven de forma repentina   – ¿De qué hablas? –  pregunta Taylor no entiendo a qué se refería.   – Como dictan nuestras creencias, hemos de recompensarte como mereces. Desde ahora soy tuya como pago por todas las vidas que salvaste. Puedes hacer lo que quieras conmigo.   – Espera… ¿Por qué he de hacer eso? –  Taylor estaba confundido   – Porque es mi deber servirte, no soy buena cocinando, apenas puedo con las labores, por eso, lo único que puedo ofrecerte ahora es mi cuerpo, y yo Taylor sin decir nada, se levanta a pesar del dolor y se viste, cuando iba a tomar la armadura la chica lo detiene   – ¿Por qué? –  pregunta April – ¿Por qué no me tomas? ¿A caso no sirvo?   – Porque no tengo el derecho de hacer algo como eso, sólo eres una niña por el amor a Glencoe, asumo que tienes diez u once, no más que eso, en cambio yo tengo diecisiete, no es correcto y tampoco lógico, además…   – ¿Además qué? –  insiste la pequeña   – Amo a otra chica   – No me importa convertirme en tu amante ¡seguiré la tradición hasta el final! – ¿Qué debo hacer para que me dejes?   – Déjame, aunque sea servirte en algo, tomarme– dijo a la niña algo insegura.   La niña soltó a Taylor, este se voltea y la arroja a la cama, luego se abalanza sobre ella, sujeto sus manos sobre su cabeza, la miró fijamente, la niña no pareció gustarle, en el instante en que Taylor la iba a besar le sonrió y la dejo en paz, ella estaba a punto de llorar.   – Por eso no puedo tomarte ¿Cómo quieres que tome a alguien que no quiere? No hagas estupideces.   – Esto… yo…– la chica comenzó a llorar por no saber cómo responder.   – No es tu culpa, tus padres están mal desde un comienzo por forzarte a tal cosa me enferman.   – Aun así– dice la niña solloza   – No insistas, no me encuentro del mejor ánimo, y con esto mi paciencia se ha colmado. Debo continuar con mi viaje, más ahora que mi hermana se ha mostrado, aunque ella no quiera la buscaré.   – Entonces te irás…   – Si   – Prométeme algo Taylor, cuando sea mayor vendrás por mí y me convertirás en tu mujer quieras o no.   – Espera todo lo que quieras, porque dudo que vuelva– responde Taylor tomando la armadura que Mística le dejo, se da cuenta que era el brazo derecho de la armadura del capitán y junto a un pectoral abierto, además de un conjunto hecho de otras armaduras.   Al tomar a Veigrut, ve que al lado estaba la Claymore de Brow. Taylor se pone la armadura y se lleva ambas armas, Veigrut en la cintura, y Claymore en la espalda. Sintió un leve dolor en el pecho producto del peso que cargaba, tanto la armadura como la espada no eran livianas.   Taylor sale de la habitación y estaba la madre de April, Taylor pasó de largo, y al cruzarse junto a ella, susurro despreciativamente.   – Usted y su marido son unos enfermos, me dan asco– con una mirada despectiva, prosiguió su camino dejando a la mujer quien no pudo responder.   Al salir del refugio continuó su viaje. Fue un camino complicado el que tuvo que recorrer, su estado físico no era el mejor, pero poco a poco la herida iba sanando, pero para su desgracia fue emboscado por hordas del Desorden que iban tras él. Taylor combatió como pudo hasta librarse de ellos, pero venían más, y desde los árboles, cae un joven de pelo gris alborotado con una espada ayudándole, entre ambos dominaron a los enemigos y lograron huir sin problemas, pero Taylor cae por el cansancio, aquel joven lo recoge y lo lleva consigo a un refugio que estaba cerca.   Taylor despertó para encontrarse dentro de una habitación, le pareció familiar y miro a su alrededor en busca de April, pero no la vio, en ello la puerta se abre y entra aquel peculiar joven con algunas manzanas en sus brazos mientras comía una. Le ofreció a Taylor quien aceptó gustoso, tenía algo de hambre.   – Soy Alpone de laCruz– dice el joven al pasarle la manzana – Eres muy fuerte, sabes. Y cuéntame ¿Por qué te persiguen la legión? Se veían muy cabreados que digamos– La actitud despreocupada de Alpone le llamaba un poco la atención. Parecía tener la misma edad que él.   – Porque me cargue a su capitán– dice antes de dar un mordisco. Encontró la manzana demasiado sabrosa.   – Espera ¿Acabas de decir que te cargaste a un capitán tu solo? Esa no me la creo– Alpone era algo escéptico, pero tenía mucha curiosidad al respecto.   – ¿Te suena el nombre de Brow Stolch?   – El sujeto ese de la Claymore y de dudosa reputación–   – Ni idea lo de la reputación, pero si, el sujeto de la Claymore, pues la que tengo solía pertenecerle– apuntando a sus cosas que estaban a un costado de la habitación sobre una mesa.   – Mentira– dice Alpone con tono infantil. Queda mirando la espada que estaba con las demás cosas de Taylor, hacía varias expresiones divertidas, hasta que se regresó hacia el – odio admitirlo, pero esa es la real, me le enfrente una vez y escape, por eso la conozco.   – Entonces de ti era de quien hablaba Stolch–   – Por lo menos me recordaba, por cierto, aun no me has dicho tu nombre   – Lo lamento, me llamo Taylor Micordios–   – ¿Has dicho Micordios? –  la expresión de Alpone era muy llamativa al reflejar su sorpresa, Taylor pensó que sabía algo acerca de su abuelo, y antes de que pudiese preguntar, Alpone Habla.   – Tienes un apellido bastante extravagante, y raro de escuchar, bueno eres el único al que le he escuchado tal apellido, y…– Alpone hablaba y hablaba, en ello Taylor comienza a reír mientras se quejaba un poco por el dolor del pecho – ¿Qué es tan gracioso?   – Tú lo eres por un momento pensé que dirías algo importante o que lo asociaría con alguien. Eres muy conversador ¿Lo sabias?   – Me lo suelen decir a diario, pero quien los escucha– responde con una sonrisa   – Eres alguien divertido Alpone. Me siento cansado, no he dormido muy bien que digamos, creo que después podríamos seguir charlando, si te parece.   – Descansa amigo, que yo iré a hacer ronda por si las moscas Taylor volvió a descansar, quedando sumido en un profundo sueño, sin saber que ello lo llevo dentro de su corazón, a aquel lugar oscuro con largo pilares y con aquella voz que aún no se mostraba.   – Lo has hecho bien– dice la voz – Logramos sobrevivir a nuestro primer enemigo formidable, y mira que obtener de premio su espada, que mejor emblema– la voz ríe estrepitosamente cargado de ironía   – Eres desagradable– dice Taylor quien estaba sentado en el suelo apoyado en uno de los pilares – Pero sin ti, hubiera muerto, te debo una–   – ¿Una? Me debes más de lo que puedes imaginar, pero ahora no es el momento de que pagues tu deuda conmigo, ahora intenta seguir con vida–   – ¿Quién eres realmente? A caso tú– Taylor dudo por un momento – ¿Tú eres al que llaman Daymont? –  la voz no contesto, el lugar estaba en total silencio.   – Cuidado en donde hurgas con tu metiche nariz, hay secretos que deben permanecer en total anonimato– La voz se escuchaba más seria de lo común   – Te daré una única advertencia. Todo lo relacionado a ese nombre, siempre está ligado a fatalidades, ya sea para ti o para quienes te rodean. Ya estoy cansado, me iré a dormir. Tú ya deberías ir despertando, van dos días que duermes–   – ¡Dos días! –  de inmediato abrió los ojos para darse cuenta de que su cuerpo estaba en mejor estado. Se levantó y se vistió. Al salir al pasillo se encontró con Alpone quien estaba cocinando.   – Alpone, ¿Cuánto tiempo estuve dormido? –   Taylor deseaba saber si era verdad lo que había dicho la voz.   – ¡Hermano! Nunca vi a nadie dormir tan profundo como tú, llegue a pensar que te nos ibas– Alpone mostraba su usual gran animo lo cual mosqueo un poco a Taylor quien quería saber la respuesta.   – Dime cuanto– insiste Taylor   – Tranquilo hombre, dormiste por dos días consecutivos–   – Demasiado tiempo– Taylor toco su pecho para darse cuenta de que ya no dolía ni sentía molestia – Oye, disculpa mi actitud, es sólo que– Taylor no pudo terminar de hablar, Alpone le sujeta de los hombros y lo sienta frente a la mesa, el almuerzo estaba listo y era lo que ahora importaba.   – Hermano, tu estomago habla más que tú, así que será mejor callarlo con algo de comida ¿No crees? –  dice Alpone mientras termina de preparar la comida.   –  Tienes razón. Eres una persona muy peculiar, y asumo que no soy el primero en decirlo.   – La verdad no, no tengo muchos amigos que digamos, y ahora que lo mencionas, es la segunda cosa que dices sobre mí carácter, primero que soy muy hablador, y ahora peculiar, por cierto ¿Qué carajos es peculiar? Suena raro, suena como– Alpone se rascaba con el mango del cucharon tratando de pensar en una palabra mientras que hacia un gesto divertido que hiso reír a Taylor   – la verdad que nada se me viene a la mente, es una palabra muy rara para mi vocabulario– como siempre terminaba sus frases con una sonrisa.   – Sí que hablas. Cuéntame Alpone ¿Eres el guardia de este lugar?   – Para nada, sólo combato a Las hordas del desconcierto como una forma de entrenamiento, ya que mi sueño es convertirme en el mejor espadachín del mundo, como lo fue el legendario Horda Lagarto y el Espadachín Gigantico–   – Háblame de ellos– – ¿No los conoces? Que mal por ti, y a la vez bien, porque yo sé mucho de ellos. Ambos son leyendas que se escuchan en todo el mundo, pero por sobre todo en Eucaria donde se libró la legendaria batalla contra el devorador cuando vino a Zendra por primera vez. El espadachín Lagarto era nombrado así por su peculiar emblema de dicha bestia, se decía que él tenía la habilidad para cortar todo, conocía más de mil técnicas de espada, y nunca perdió una batalla, de su aspecto, solo que portaba una armadura negra con el logo de Lagarto que ya mencioné y por el cual obtuvo su apodo. Creo que eso ya lo dije.   El espadachín Gigantico es uno de los guerreros más fuerte que se haya conocido, su nombre erradica en su abismal fuerza física que es comparada con la de un titán. Según la leyenda, el solo agitar de su espada cortaba montañas y dividía mares, no había ataque que le impresionara. Era un guerrero muy poderoso, también maestro de la espada. Hay una historia en la ambos tienen un duelo en una de las islas de Eucaria, y eso causo la destrucción de esta. O eso es lo que se dice, fuera de ello no se más. Bueno se muchas más cosas, pero creo que son irrelevantes.   – Parece que te gusta hablar del tema.   – Sí, porque como dije, quiero convertirme en el mejor espadachín, tengo que superar sus leyendas a como dé lugar. Es un gran desafío, pero tengo el poder para lograrlo– Alpone alza el cucharon y este comienza a brillar de forma inusual, Taylor reconoció inmediatamente dicho poder, pero la forma en que se manifestaba era extraña, nunca había visto esa forma de imbuir un objeto.   – Sabes usar la energía de tu cuerpo.   – Correcto y a la vez equivocado mi hermano–   – Explícate–   – De que tengo poder, lo tengo, pero no es el mío, si no el de los objetos, obviamente este escucharon no tiene mucho que digamos, pero cuando obtengo una espada, puedo escuchar su voz y con ello usar el poder de esta, sé que suena algo loco, pero es verdad– – Por un momento pensé que imbuías las cosas con tu poder, pero lo que haces es bastante sorprendente, me gustaría aprender como lo haces.   – Veo que sabes del tema. Lamento decirte que no puedo, puesto que se me fue otorgado, no enseñado.   – ¿Cómo es eso? ¿Quién te otorgo tan fascinante poder? –  pregunta Taylor buscando alguna pista   – Paso hace como cinco o seis años atrás, estaba entrenando con la espada cuando de repente un hombre apareció, me enseño un par de movimientos, luego me dio un extraño brebaje y caí inconsciente, recuerdo que tuve un extraño sueño, más bien diría pesadilla, de una guerra algo rara, y yo envuelto en ella, también de que me enfrentaría a un espadachín llamado Simún, y la verdad muchas otras cosas más que ahora no recuerdo, la cosa es que cuando desperté, aquel hombre no estaba, no sentí ninguna diferencia en mí, pero al proseguir con mi entrenamiento descubrí que tenía este maravilloso poder.–  la historia de Alpone había dejado con más dudas que respuestas a Taylor quien estaba intrigado con el hombre que le otorgo el poder.   – ¿Por casualidad aquel hombre se llamaba Dey o Deyvialius? –  No sería raro que él estuviera involucrado pensaba Taylor cuando hizo la pregunta.   – No, nunca me dijo su nombre   – ¿Alto, de pelo negreo como el mío, iguales ojos, quizás de unos treinta o cuarenta años, con algo de barba? –   – Para nada, concuerdo con que tenía entre treinta y cuarenta, pero su pelo era largo hasta el cuello, era n***o y se desteñía hacia las puntas en blanco, no pude ver sus ojos porque usaba gafas oscuras, era alto si, y no usaba barba, sólo tenía algo de pelo en la barbilla. – Qué extraño, pero lo genial es que fuiste bendecido con una gran habilidad, lo que me sorprende es que vivas acá y no estés viajando por el mundo.   – Para serte sincero, ha sido mi sueño desde que era pequeño, pero tenía responsabilidades, mis padres murieron por una rara enfermedad, eso fue cuando tenía ocho años, así que solo quedamos mi hermana Kikane y yo.   – ¿Y dónde está ella ahora? –  pregunta Taylor, pues al mirar su alrededor parecía que Alpone viviese solo.   – Ella falleció hace un año atrás por la misma enfermedad, al igual que muchos otros de mi pueblo, de hecho, si no hubiera sido por aquel tónico que me dio ese hombre ahora también estaría muerto, me hubiese gustado que también ayudase a mi hermana, pero la vida no siempre nos da lo que queremos, y si nos da algo, siempre es en formas que a veces no sabemos apreciar.   – Mis condolencias–   – No te preocupes– Alpones apaga las brasas y coloca la hoya sobre la mesa junto con unos platos – Auto servicio hermano. Sabes ahora que estoy solo he pensado varias veces en partir, y la verdad no veo que me retiene, quizás faltaba alguien que me alentara.   – No diré que tomas la decisión correcta ni equivocada, solo que, si es lo que tu corazón dicta, entonces inténtalo, y quien sabe, quizás ese sueño loco que tuviste es una visión del futuro y en unos años más conocerás a ese tal Simún y tenga el duelo de tu vida.   – No será malo, pero basta de eso, ahora es momento de comer que yo también tengo hambre y mi estómago pide a gritos que lo llene. Ambos jóvenes comieron y contaron sus experiencias, Taylor pudo averiguar que aquella niña era parte de la misma gente a la que pertenecía Alpone, por lo que no dudo en preguntarle sobre aquella extraña costumbre, Alpone mostro repudio, pero confirmo dicha acción, puesto que ellos tenían la costumbre de contraer matrimonio a temprana edad al igual que la crianza de hijos, por lo que era normal ver madres jóvenes. Alpone se opuso a dicha norma después de que quedara a cargo de su hermana después de que sus padres murieran, impidiendo que su hermana fuera tomada por alguien, a pesar que era deseos de sus padres el que ella algún día llegara a ser esposa. 
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