El viaje duro cinco días, donde lograron llegar a la dichosa ciudad. Se veía bastante ánima, similar a Liang, comentaba Taylor por la gran cantidad de personas, aunque esta era más pequeña. Debían de tener cuidado, aquel lugar era territorio de la legión del Desorden, pero no mostraba signos de estar protegida de muchos soldados, por lo que se sintieron más relajados. Se adentraron en busca de algún herrero, pero se encontraron con una gran sorpresa, había herreros por doquier, al igual que guerreros presumiendo de sus armas fabricadas por estos, comenzaron a visitar las distintas herrerías, pero no les fue muy bien, los precios eran demasiado alto, y no tenían como conseguir el suficiente dinero para adquirir una buena espada.
Muchos ofrecieron dineradas por la Claymore de Taylor, pero este se rehusó, y varios fueron los desafíos que recibieron, pero de igual forma se negaron, no querían tomar riesgos innecesarios. Caminaron por media ciudad, pero nada. Estaban comenzando a perder la esperanza cuando un anciano se les acerco.
– Amables jóvenes ¿Se apiadarían de un pobre anciano que no tiene para comer? – Taylor y Alpone se miraron por un momento y le sonrieron.
– ¿Sabe dónde está la posada más cercana? – pregunta Taylor.
El anciano les indico, y los jóvenes se llevan al anciano consigo. En la posada, los jóvenes le invitaron una comida. – Agradezco vuestra amabilidad. – No hay de que– responde Alpone dejando ver un poco de su desanimo. – Por sus ropas veo que son forasteros ¿Buscan algo? – pregunta el anciano. – Ya lo encontramos, el problema es que esta fuera de nuestro alcance responde Alpone – Las espadas de esta ciudad son extremadamente caras, aunque su calidad lo valen, debo decir.
Pero siento que, aunque tuviese el dinero no pagaría por ellas, se sienten tan vacías– aquel ultimo comentario llamo la atención de Taylor y del Anciano. – ¿A qué te refieres con vacías jovencito? – Taylor estuvo por hacer la misma pregunta. – Las espadas de esta ciudad son grandiosas, sentí como el fulgor de los metales fue moldeado con gran maestría para darles espectaculares formas y poder, pero, en todas sentí que fueron creadas por ser creadas.
No encontré ninguna que estuviera impregnada del alma del herrero. Una espada con alma es cien veces más poderosa que una vacía hecha con el metal más fuerte. – Tienes buen ojo muchacho– El anciano entendía de que hablaba – Antiguamente yo solía ser un herrero, fabrique un sinfín de armas de toda clase. Pero desde que la legión apareció, exigieron que los herreros produjeran armas de forma masiva, la paga era buena, pero muchos como yo no aceptamos eso.
Los más jóvenes se perfeccionaron y cumplieron con las expectativas de la legión, en cambio los otros, nos vimos sobrepasados, y poco a poco tuvimos que cerrar. Aún queda algunos que mantiene el espíritu herrero fabrican armas de una calidad única. Yo perdí mi don y por ello ya no puedo fabricar nada.
– Es lamentable– dice Alpone – ¿Sabe dónde queda alguno de ese herrero?
– Si, por desgracia ya no fabrican para nadie quien no lo merezca, así que se les será un desafío el que logre hacerlo.
Saliendo de la posada, seguid el camino a su izquierda, eso lo llevara a una serie de pasajes, seguid el del centro hasta el final y topareis con una casa vieja, tiene un cartel pequeño que dice “Herrería Braun”, allí estará atendiendo el mismo dueño con su señora. Les deseo suerte.
Después de la comida, los jóvenes siguieron las instrucciones del anciano, caminaron por las calles hasta llega a una zona antigua de la ciudad, se veía algo deteriorada. Caminaron por unos minutos hasta llegar a la dichosa herrería, estaba vieja y algo deteriorada, por un momento creyeron ser timados, pero se arriesgaron y entraron. Dentro, sus impresiones cambiaron, sobre todo Alpone quien podía sentir las voces de las armas, voces que aclamaban ser usadas, se sentía feliz. Taylor se acercó al mostrador y llamo, en ello aparece una mujer de unos cincuenta años con una sonrisa muy amistosa.
– ¿En qué puedo ayudarles jóvenes? – Pregunta la mujer con dulzura.
– Buscamos una espada, y también quisiera que templaran la mía. – Si buscas una espada, puedes escoger una de las que está en la tienda, llevan los precios puestos, pero lamento decirle que ya no se hacen trabajos de herrería. – Me advirtieron que el herrero era algo complicado– dice Taylor – Te dijeron la verdad, pero el problema yace que el ya no está acá.
Fue apresado hace años por negarse a crear un arma para un capitán de esos malos de la legión. Me preguntó si estará bien mi querido marido.
– Otra vez haciendo de las suyas– dice Taylor mostrando un poco de su enojo. – ¿Dónde se lo llevaron? – pregunta Alpone quien tenía sentimientos encontrados al escuchar tal noticia.
– No lo sé– responde la señora.
– No fue al único que se llevaron. – Taylor, creo que es momento de trabajo sucio ¿Qué opinas? pregunta Alpone seriamente, algo poco común en él. – Yo– Taylor toca su estómago donde estaban sus heridas, sabía que, si aventuraban en esta cruzada, no sabría si saldrían vivos. Un temor recorría su cuerpo, ya era la segunda vez que estuvo al borde de la muerte.
– ¡Taylor! – le grita Alpone quien le miraba extrañado por el silencio que su compañero mantenía – ¿Tienes miedo?
– Sí, lo tengo, pero sabes, es excitante, cada vez que estoy al borde de la muerte me siento más vivo que nunca, una parte de mi quiere más, pero me da miedo eso, saber que me estoy convirtiendo en un monstruo sediento de sangre.
– No puedes convertirte en algo que ya eres Taylor– dice Alpone con una leve sonrisa.
– Tú… tú sí que dices cosas alocadas. Señora, en primer me presento, soy Taylor Micordios y aquí mi amigo es Alpone de laCruz, le prometemos que traeremos a su marido.
Quizás tardemos un poco.
– Sera peligroso, no quiero que jóvenes como ustedes arriesguen sus vidas– – No se preocupe, solo adelantamos lo inevitable– Dice Alpone para calmarla.
– Hay una sola condición, si no le molesta ¿Me podría prestar una espada? La mía fue destruida en el último combate contra la legión.
– Toma la que necesites. – Una consulta señora– dice Taylor – Mandy, mi nombre es Mandy Brawn–
– Señora Mandy, cual es el nombre de su marido– – Bardas, un hombre algo fornido, de pelo blanco con actitud cascarrabias.
– Nos vamos entonces, le prometo que volveremos los tres.
Ambos jóvenes salen de la tienda, Alpone había tomado una espada recta de horda, y un escudo circular. Ambos recorrieron la ciudad asechando por alguna horda del Desorden. Su búsqueda no duro demasiado, y dieron con uno. Alpone bajo y logro encabronarlo, corrió hacia un callejón donde Taylor le intercepto por la espalda, entre ambos lo aprisionaron e interrogaron.
Lograron descubrir que los prisioneros eran llevados a una prisión no muy lejos de donde estaban. Con la información ya lista, Alpone estaba listo para liberarlo e ir por Bardas, pero antes de que lograra soltar la soga, Taylor mata a la horda, y le arroja una lámpara para que el cuerpo ardiera, avivando las llamas con su fuego n***o. Sin espera, escala al techo y se va en dirección a la prisión, detrás de él le seguía Alpone quien no podía creer la crueldad de su compañero. Salieron de la ciudad recorriendo el camino, en ello Alpone interroga a Taylor quien se mostraba bastante tranquilo.
– ¿Qué demonios fue todo allá atrás? No había necesidad de matarle.
– uno, si le liberabas, revelaría que íbamos a la prisión, dos, si le mataba y dejaba su cuerpo dejaría muchos rastros así que mejor que encontraran un c*****r calcinado.
– Me da igual esos motivos Taylor, le mataste a sangre fría– en ello Taylor se detiene y agarra a su compañero del cuello la camiseta.
– ¿Qué carajo me pasa? Lo que me pasa es que solo estoy siendo yo realmente. Desde mi batalla con Brow comprendí algo que estuve negando por mucho tiempo. He matado a muchas personas Alpone, mis manos están más que manchadas de sangre de mis enemigos, uno más uno menos, no cambia el hecho de que soy un monstruo. Los Abydos me lo dijeron, mi alma es oscura, la muerte me dijo lo mismo en las ruinas de Hanchao, y mi propia existencia no es humana.
– Eso no quiere decir que debas actuar como un desalmado. Yo también he manchado mis manos defendiendo a los refugiados, y eso no cambia el hecho de que siga siendo yo–
– No lo entiendes. Como entenderlo, si ni yo mismo me entiendo. Dejémoslo y vamos por el herrero.
– No puedo si actúas de esa forma ¿Puedo confiar en que harás lo correcto? – Te aseguro que no se repetirá lo que paso con Ethel. Esta vez no me reprimiré. Si quede lastimado, bien, si mueren en el proceso, también bien ¿Satisfecho?
– No puedo pedir más, no cambiaras. Que quede claro Taylor, no es el hecho de que hayas matado al sujeto ese, es la forma en que lo hiciste, no eres tú, eres más como… – ¿Cómo qué? – Alpone no respondió, se mantuvo un momento en silencio.
– Bien, solo vamos a por el herrero.
Salieron de la ciudad sin decirse una sola palabra, Alpone mantenía un ojo sobre su compañero quien se veía un poco alterado, Taylor parecía estar algo preocupado. Siguieron su camino hasta llegar a la prisión, era pequeña, pero de varios pisos, casi como una pequeña fortaleza. Observaron el terrero, no había muchos guardias, y la estructura poseía demasiadas salientes por las cuales escalar. Se mantuvieron vigilando hasta el anochecer, aprendiendo las rutas de los guardias, y viendo vual era el mejor lugar para adentrarse. La noche cayo, y aguardaron el momento en que los guardias despejaran su ruta de acceso; salieron de su escondite y se adentraron a la prisión escalando la muralla sin problema alguno. Continuaron explorando, evitando cualquier enfrentamiento.
Dentro de la prisión, se percataron que la seguridad era tan baja como en el exterior, algo que le llamo la atención a Alpone, pero Taylor seguía avanzando en busca de las celdas., pero solo encontraba bodegas y lugares que eran inútiles. Alpone propuso descender, revisar lo que era el subterráneo, Taylor accedió, quizás los mantenían en calabozos. En su descenso, Taylor se topó con varios azules no más grandes que su mano, estos le seguían con la mirada, como si estuvieran acechando, pero no se movían de su lugar, solo se limitaban a mirarle. Llegaron al centro de la prisión, en lo que era un patio techado, y en este por sus extremos extendían las escaleras hacia el subterráneo como las que se dirigían los pisos superiores. Cruzaron la puerta y descendieron por las escaleras, y como había dicho Alpone, los presos se hallaban encerrados en celdas distribuidas alrededor de las paredes y unas pocas en el centro.
Eran dos niveles de celdas, alrededor de cien lugares que revisar. Alpone y Taylor se separaron y cada uno fue por el lado contrario. Los presos comenzaron a meter bulla por la presencia del dúo, pero extrañamente los guardias no aparecían. Alpone sintió compasión y comenzó a liberar a todos, mientras que Taylor sólo deseaba encontrar a Bardas. Su esfuerzo fue recompensaron al encontrarle. Aquel hombre de edad sentado y con su mirada hacia la pared. Taylor le llamo por su nombre, pero este no respondió, insistió una segunda vez, pero tampoco respondió, molesto, saca a Beirut y corta la cerradura, Bardas se giró al escuchar el sonido del metal cortando a otro. Miro al joven quien no vestía el uniforme de la legión, pensó que era una especie de broma pesada o que de seguro planeaban algo, volvió su mirada hacia la pared. Taylor se acercó, pero Bardas le ignoro, en ello llega Alpone, este con un poco más de paciencia le explico que Mandy les había enviado en su rescate, los ojos de Bardas se iluminaron al escuchar el nombre de su esposa y volteo rápidamente con preguntas, pero Taylor les interrumpió, no sabían cuánto tiempo tendrían ahora que los presos han sido liberados. Con Bardas a su lados, los jóvenes comenzaron a correr por los pasillos hasta llegar al centro de la prisión, en donde estaba lleno de los cuerpos de los presos a quienes Alpone había liberado y unos pocos en pie magullados, y frente a este una enorme criatura escamosa, de dos cabezas sin ojos de las cuales desprendían enormes dientes desde su mandíbula que se habría verticalmente, sus seis patas eran cortas pero fuerte, y su cuerpo entero estaba recubierto por púas sobre las juntas de las escamas.
Montados sobre este en una silla de cuero, un hombre cuyo cuerpo protegido por una armadura de escamas, la cual ostentaba en su espalda y en su pecho el símbolo de una Solanda de color azul.
– Ustedes han de ser los bastardos que han liberado a estas sabandijas ¿Sabían que irrumpir en una prisión es un grave delito que la legión pena con la muerte? – dice aquel hombre
– Púdrete– responde Taylor.
– Como alcaide de esta prisión me tomare el placer de castigarlos– dice el Alcaide, el cual toma un cuerno que colgaba en su cintura y lo sopla con fuerza, desde el techo y las puertas aledañas comienzan a aparecer lagartos azules tan grandes como caballos. Alpone le dice a Bardas que retrocediera y buscara un lugar seguro, mientras tanto Taylor se estiraba para iniciar el combate.
El alcaide da la señal y las criaturas atacan a los jóvenes, los cuales con sus armas se defienden. Era difícil matarlos, sus duras corazas de escamas impedían el corte limpio de las espadas, pero era inevitable la muerte de las criaturas. Alpone libera el poder de su arma y esta se imbuye en un aura ardiente, mientras tanto Taylor peleaba de forma salvaje despedazando con b********d a sus enemigos usando a Claymore. Alpone se mostraba preocupado del actuar de su compañero, pero su situación no le permitía darse el tiempo, los enemigos no paraban de llegar. Habrá más de media centena en el suelo y aún quedaba otra más en pie, no sabían cuanto más podrían durar, en ello Taylor en forma extraña agita la espada usando la zona de acero la cual abarco una amplia zona haciendo volar en pedazos a los lagartos, las otras se disponían a continuar, pero se paralizaron al oír un fuerte rugido dado por Taylor, inclusive Alpone se sorprendió, el alcaide vuelve a tocar el cuerno y los lagartos saltan sobre Taylor cubriéndolo por completo, Alpone intento salvarle, pero los lagartos le impedían el paso, de pronto un fuerte terremoto sacude el lugar y los lagartos comenzaron a volar por los aires, Taylor está de pie con Claymore en su mano y su cuerpo rodeado de un aura oscura.
El alcaide furioso, golpea con sus talones a la criatura de dos cabezas y esta se abalanza contra Taylor quien se protege con Claymore de las temibles doble fauces, pero la embestida fue fuerte y la espada salió volando, en ello una de las cabezas muerde uno de los brazos de Taylor y la otra por el costado donde tenía la herida de su última batalla, Taylor gritaba de dolor mientras su sangre escurría por las fauces de la bestia. Alpone sintió una rabia como ninguna, y la espada en su poder reacciono a ello avivando la llama dándole un poder mayor con el cual pudo hacerse cargo de los lagartos, y cuando estuvo frente a la bestia, el alcaide se baja y ataca a Alpone impidiéndole salvar a su compañero quien continuaba gritando mientras intentaba que la bestia no lo destrozase.
– Deberías preocuparte de ti, tu amigo ya es comida de mi querida mascota dice el Alcaide quien sacaba un látigo de cadenas con puntas Mientras tanto en lo más profundo de Taylor, este se hallaba tirado en el suelo destrozado, sin fuerzas, en ello desde los pilares aparece aquel extraño que siempre se ocultaba, con sus ojos inyectados en sangre, le miro con desprecio, mostrando su rabia le da una patada, lo agarra y lo acerca a hacia sí, revelando su rostro idéntico a Taylor.
– Esta vez te has pasado de la raya, eres un estúpido al intentar suicidarte, desde aquí yo me hare cargo, lástima que no escatimare en daños.
– aquel sujeto comienza a reír desquiciadamente. Alpone intento como pudo pero fue imposible, su oponente era diestro, tanto como Ethel, pero debía de salvar a su compañero a toda costa el cual ya había callado, de la nada sintió un terrible escalofrío, una poderosa aura proveniente de donde Taylor se encontraba, envolvió toda el área, de pronto entre ambos contendientes cae una de las cabezas de la criatura, ambos se voltearon a mirar que rayos había ocurrido, la bestia había retrocedido y frente a esta un extraño individuo con rasgos monstruosos le amenazaba, de tez blanca con sus brazos y ennegrecidos formando unas terribles garras, su cabello largo y alborotado hasta la cintura ocultaba un extraño tatuaje en su corpulenta espalda, de su cabeza dos cuernos curvados hacia adelante, sus piernas se habían desfigurado como las de un lagarto y al final de su espalda una larga cola negra se meneaba de un lado a otro agresivamente. Alpone confundido, pero con un presentimiento llama a su compañero esperando que la criatura no respondiera, pero esta se voltea hacia ellos, la cicatriz de Claymore estaba en su torso confirmando que aquel monstruo cuyos ojos eran rojos reflejando su sed de sangre, era Taylor quien se había transformado en algo cercano a su ascendencia Lagarto.
De su boca emergía un extraño fuego n***o a medida que exhalaba agitado, al escuchar el rugido de la mascota del alcaide, Taylor se gira y salta sobre esta con sus garras extendidas y las entierra sobre el torso arrancando un gran trozo de carne, la bestia intento zafarse, pero Taylor fue agresivo y despiadado, destrozándola brutalmente y acabando con la vida de esta. Ya no quedaba enemigo y el alcaide junto a Alpone se volvieron sus nuevas presas corriendo hacia estos. De salto quedo entre estos, dando un rápido zarpazo hacia el alcaide quien esquiva apenas, mientras que con su cola intentó golpear a Alpone quien bloquea el golpe, pero era demasiado fuerte lo cual lo tiro a suelo, Taylor continuo atacando a ambos, su locura no tenía límites y su fuerza descomunal estaba destrozando todo el lugar y matando a los lagartos y presos que se cruzaban frente a él; Alpone comprendió que no tenía oportunidad contra lo que fuera que Taylor se hubiese convertido, corrió hacia Bardas y junto a los presos que aún estaban vivos huyeron de la prisión lo más rápido que pudieron.
Dentro, el alcaide enfrentaba a duras penas a Taylor quien tenía todo el lugar sumido en Desorden, las llamas negras consumían todo a su paso, en par de minutos el lugar se vendría abajo, ya no quedaba motivo alguno para quedarse ahí, pero su intento de escape fue en vano, Taylor en un rápido movimiento golpea el suelo levantando montículos de piedra que bloquearon las entradas, da un fuerte rugido mostrando su ira y se abalanza contra el alcaide a quien decapita de un solo zarpazo. Su ira se hallaba descontrolada, rugiendo fuertemente y destruyendo las murallas y pilares haciendo que el techo callera.
El lugar estaba a punto de caer y las fuerzas de Taylor se iban yendo, poco a poco fue recuperando su forma humana, las heridas recibidas en los combates previos habían desaparecido y la cicatriz de Claymore era más pequeña, cansado cae al suelo en medio de todo el fuego, se arrastró hasta llegar a Claymore, y al sujetarla queda inconsciente. Los escombros caían y poco a poco las llamas se acercaban, una leve ventisca sopla alrededor despejando el camino, era Alpone quien había regresado por su compañero, se quedó un momento mirándolo fijamente, aun cuando ya había retornado a su forma humana, Alpone no podía dejar de verlo como el monstruo sediento de sangre, pensó en dejarlo morir, pero no pudo y lo recoge para huir, corrió por los destrozados pasillos mientras todo se venía abajo.
Lograron salir a duras penas, pero ya estaba a salvo. Dejo a su compañero tendido en el suelo y él se deja caer a su lado, estaba agotado, veía como Taylor dormía en paz, pero la imagen de la bestia no se quitaba de su mente. Los prisioneros que lograron escapar, huyeron mientras unos pocos regresaron junto a Bardas a la ciudad llevando consigo a los jóvenes. En un lugar oscuro, sin visual alguna, se hallaba Taylor arrodillado con sus manos sostenidas en el aire por cadenas que pendían de dos pilares sin fin en aquel abismo. Taylor se hallaba todo lastimado, de pronto dos pasos distintos se sintieron aproximarse, uno como si fuese una bestia y otro como grebas de metal, Taylor alzo su mirada para ver quiénes eran, uno de ellos era una bestia gigante de casi tres metros de alto, su cuerpo n***o cubierto de escamas, de ojos rojos; dos cuernos se mostraban de su cabeza inclinados hacia adelante, aquella bestia era el demonio que habitaba en él, su forma verdadera de Lagarto. Junto a este un joven de pelo largo y n***o, una camisa azul y pantalones grises, sobre estos dos guanteletes negros que cubrían todo su brazo y grebas de iguales características, en su torso dos correas que le cruzaban de hombro a hombro.
– Esta vez la has liado Taylor, te he permitido vagar libremente, hacer tu voluntad como has querido, te he dejado lastimar nuestro cuerpo– aquel sujeto se acerca y con su mano derecha sostiene la barbilla de Taylor apretándola un poco, y acercando su rostro al de este – Pero esto es el colmo, tu debilidad casi nos cuesta la vida por completo – Aquel sujeto le suelta bruscamente haciendo que se lastime las muñecas por las cadenas – Creo que es momento de que me haga cargo de nuestro, tu deberías irte a dormir para siempre.
– Jamás– responde Taylor ante el mandato – SI tanto te molesta que sea débil, dame el poder que me corresponde, y no volveré a caer–
– ¿Poder que te corresponde? No hables estupideces Taylor.
– No son estupideces “Daymont”.
– Al instante de nombrarle, recibe una fuerte bofetada haciéndole escupir sangre – Eres un ignorante si alguna vez pensaste que mi poder te pertenecía, el poder de la oscuridad es mío, y solamente mío, el único poder que tu posees es esta criatura, hoy la he liberado para que pudieras saborear lo que es la verdadera fuerza, pero que sorpresa, la criatura tomo fácilmente el control de tu mente y casi te matas por ello ¿Y así vienes a pedir que te de poder si no eres capaz de usar el propio?– Daymont le da la espalda y chasquea sus dedos haciendo que las cadenas desaparezcan – Observa la locura que has vivido– Detrás de Daymont aparece una esfera en la que comienza a mostrarse una m*****e vista por alguien, Taylor se acerca a observar, por un momento no comprendió, hasta que recordó aquellas imágenes, eran sus recuerdos – Observa como matas indiscriminadamente ¿Qué culpa tiene esos presos? Les has destrozado– Daymont vuelve a chasquear sus dedos desapareciendo todo de la habitación – Si aún quieres poder, ahí está, domínalo y con eso bastara.
Daymont desaparece en el abismo dejando a Taylor solo junto a la bestia que se mantenía con mirada fija hacia Taylor. Taylor se acerca ante el Lagarto, pero este no hace movimiento alguno, al intentar tocarle, este le agarra la mano y lo arroja lejos, Taylor estaba demasiado lastimado y no sabía si podría vencerle, decidió retirarse, y volver cuando se encontrase en mejor estado, al alejarse, todo se volvió n***o. Taylor abre los ojos para encontrarse acostado en una cama, dentro de un cuarto desconocido, junto a él sus cosas y las de Alpone, menos sus espadas. Taylor miro atentamente la habitación, parecía ser de alguien llamado Maximilien según un cartel que colgaba del armario. Taylor se sentó en la cama, para su sorpresa su cuerpo no dolía, sólo sentía cansancio, se quitó la camisa para revisarse, vagas eran las memorias de su combate, pero estaba seguro de haber tenido incrustado los colmillos, de haber recibido severos daños, pero nada, inclusive la cicatriz que Brow le había dejado, era más pequeña. El tomar la forma Lagarto provocaba que su capacidad regenerativa aumentara, algo que le hubiera ayudado hace mucho.