Taylor se levanta y toma sus cosas demostrando la fuerza de voluntad a pesar de su estado, a lo que el General sonríe recordó aquellos días de su propia juventud al lado de Dey, Taylor estaba listo, y era momento de partir, frente a todo el campamento y con ánimo, Taylor retoma su camino, y antes de marcharse da la vuelta para dar un último vistazo, y allí estaba ella junto al General, con una mirada de odio que cortaba el aire, Taylor sonríe y grita unas últimas palabras de despedida.
– ¡Gracias por todo, me divertí mucho General! Aunque, ¡Tiene una hija muy linda, que debe cuidar! ¡Adiós! – Taylor se gira rápido y huye con una sonrisa en su rostro.
Al escuchar el comentario de Taylor, los soldados y el General comenzaron a reír, la joven se sintió avergonzada, enfureciéndose aún más de lo que estaba.
– ¡A la próxima no tendré piedad! – dice muy enojada y avergonzada.
Taylor se había ganado el respeto de sus enemigos y conocido personas asombrosas, su apreciación hacia las Hordas de Desconcierto había cambiado un poco y sentía que no todo era tan malo como aparentaba, en lo que recordaba el rostro de Espíritu dejando ver una sonrisa tonta en su rostro, continuando el camino, logro llegar a la salida del bosque y con ello otra semana de viaje hasta el otro puerto de la isla de Burata, donde se embarcó nuevamente hacia Ata Bath, siendo su destino, el este del continente, en una vieja caleta de pescadores, había pasado poco tiempo, pero agradable para Taylor estar en su hogar, consulto por los alrededores del cómo llegar a Rusentó, pero todos los caminos estaban rodeados por Las hordas del desconcierto, sólo quedaba el desierto o rodearlo por el oeste, un viaje muy largo, Taylor estaba animado y acepto esas dos rutas, decidiendo por el camino cual sería la más apropiada, era de noche y Taylor acampaba cerca del camino que iba hacia el desierto, en lo que dos viajeros aparecen pidiendo quedarse con el frente al fuego, para sorpresa de Taylor, dos caras conocidas fueron las que llegaron.
– Tiempo sin vernos muchacho– dice el hombre de la gabardina con una agradable sonrisa a lo que Taylor se puso feliz sabiendo que él no está solo.
– Ritherz, eso quiere decir que – Taylor miraba a todos lados hasta que alguien cayó sobre su espalda abrazándolo con gran fuerza.
– Sí, yo también estoy aquí– dice Amy muy alegre sin dejar de abrazarle – Que alegría vernos de nuevo.
– Tienes razón Joa– contesta muy alegre, más de lo normal.
– Desde ahora llámame Amy– le dice la joven soltándolo y sentándose a su lado.
– ¿Y ese nombre? – pregunta Taylor.
– Yo se lo puse, es parte del contrato, presumo que vienes de alguna de las caletas al este de aquí ¿Cómo es que diste a parar a ellas?
– Bueno, pasaron muchas cosas, estuve un tiempo por la isla de Bermudas contaba, Amy se percata del vendaje que Taylor ocultaba con su ropa.
– ¿Por qué tantas vendas? ¿Quién te hiso eso Taylor? – Amy estaba preocupada queriendo examinarlo para cerciorarse de que no hubiese nada grave.
– No te preocupes, unos médicos ya me atendieron, y pues, este es la golpiza de mi vida.
– ¿Quién fue? – insiste la joven.
– Las hordas del desconcierto, en Burata me topé con la cuarta brigada, en la que estaba el mismísimo General Muina.
– Interesante, así que Muina, eso explicaría las cosas– dice Ritherz con su mano en su mentón
– No entiendo de que hablan ustedes dos– dice la muchacha desorientada.
– Muina y el Abuelo de Taylor son muy buenos compañeros, de seguro el general se dio cuenta y te perdonó como favor de amigos, pero una cosa no me queda claro ¿Por qué estás tan dañado?
– El General me obligo a pelear, y así lo hice, aquel soldado era muy fuerte, aunque le di la pelea, al final perdí por fatiga, ya que fue una batalla demasiado intensa, y bueno mi inexperiencia logro que me dañaran bastante, debo admitir que me siento muy satisfecho, era la primera vez que luchaba contra una chica, pero sobre todo contra un verdadero guerrero.
– ¿Una chica? ¿Era linda? – pregunta Amy muy intrigada.
– Sí, sus ojos azules como el lapislázuli, su pelo castaño y largo, su bello rostro, era linda, pero principalmente muy poderosa, y de mirada fiera, ella tiene una patada... – describe Taylor
– Por casualidad su nombre era ¿Espíritu? – pregunta Ritherz aun con su sonrisa.
– Si ¿Cómo es que lo sabes? – Te enfrentaste a la hija de Muina, estás loco chico, aun no entiendo cómo no te mato.
– El demonio que lleva dentro lo salvo, dice que está enojado por obligarlo a pelear y disfrutar la pelea– dice Amy mostrando algo de molestia en sus palabras.
– Tuve que recurrir a ese poder para ganar– Taylor ríe un poco– son cosas que debo de acostumbrarme.
Así fue aquella reunión, los tres conversaron parte de la noche, a la mañana siguiente, Ritherz le propone a Taylor que los acompañe a un destino no muy lejano de su ruta original, tenía que entregar una mercadería en la ciudad de Stanford, a lo que Taylor acepto, sobre todo cuando Ritherz menciono sobre las habilidades especiales de estos.
Después de aquel afortunado reencuentro, Taylor decidió seguir parte del camino con Ritherz y Amy, quienes se dirigían a Stanford por negocios, además intrigado por la información que Ritherz le había dicho al respecto de los Abydos, la tribu que habitaba dicho lugar, quienes poseían poderes especiales, fuera de lo normal, la imaginación de Taylor creaba diversas posibilidades, ya que no poseía mayor detalle, su camino fue tranquilo hasta que llegaron a un bosque de apariencia normal, Ritherz saca del morral que ocultaba bajo el abrigo una pequeña
brújula dorada, se adentraron al bosque, pero a medida que avanzaban, Taylor y Amy se percataron de algo raro, el ambiente se sentía misterioso, como si los árboles tuvieran vida, pero al ver lo relajado que Ritherz estaba, no dudaron y siguieron avanzando, pero conservaban aquel sentimiento extraño, en ello Taylor sutilmente le dice a Ritherz que los estaban siguiendo, había sentido una extraña presencia, a ello Ritherz le responde con una sonrisa, no había nada de qué preocuparse y continua avanzando hasta llegar frente a una roca donde se detiene a esperar, Taylor y Amy miraban a todos lados, al no saber nada se sentían inseguros y desconcertados, en
ello, las ramas comienzan a moverse y de entre ellas emergen unos extraños guerreros, eran altos y bien formados, sus ropas ligeras con protecciones simples en los hombros, brazos y piernas. Taylor quiso sacar su espada, pero Ritherz lo detiene en el acto, uno de los guerreros quien portaba un abrigo de piel de lobo se acerca a Ritherz y comienzan a charlar en voz baja, se detuvieron y da un vistazo a los jóvenes y vuelve su mirada ha Ritherz reclamándole, pero la conversación termino y Ritherz se acerca a los jóvenes para explicarle la situación.
– Hay ciertas reglas que deben de saber y han de seguirlas tal cual, pues si las infringen, no poder salvarles de las leyes del lugar, pues los Abydos son muy severos con estas, su disciplina es muy estricta, y digamos que los extranjeros no son muy bienvenidos, ahora las reglas, primero, no podrán caminar por la ciudad sin antes tener la autorización del jefe, y deberán ir siempre acompañados con un guerrero, segundo, Taylor, deberás entregar a Veigrut, no se permite el ingreso de guerreros, por lo que tú eres su mayor preocupación, por lo demás, actúen de forma discreta y totalmente respetuosa. – explica Ritherz
– No me agrada la idea– responde Taylor – Todo por aprender esas artes que dices– Taylor se quita a Veigrut y la entrega al guerrero que estaba junto a ellos, además de su equipo – cuida de ella, si algo le pasa.
– Basta Taylor, tan sólo confía en ellos– dice Ritherz.
El líder del grupo les guía por el resto del camino hasta llegar a la ciudad, Ritherz deja a los jóvenes esperando en la entrada junto a unos guardias mientras él iba con el jefe de los guerreros, en su espera, Taylor observaba sus alrededores, sus construcciones de una particular piedra blanca, contrastaban con el verde de los frondosos árboles y los colores de la diversa flora que abundaba por doquier, sin embargo, no se divisaba muchas personas, algo que llamo la atención de Taylor.
– ¿Dónde están las personas? – pregunta Taylor al guerrero quien le miro sin decir nada – Si no puede decir algo, sólo dígalo– dice al no tener respuesta
– Eres un forastero, no tengo porque responderte– su voz grave y seria dio a entender la desconfianza hacia los extraños, ellos debían de querer cuidar algo muy importante.
– De acuerdo– responde Taylor al comentario recibido – Amy ¿Cómo te has sentido junto a Ritherz?
– Bastante bien, gracias a él he conocido muchas cosas, muchos lugares y sobre todo me ha enseñado bastante sobre el oficio de mercader, es algo complicado cuando se trata de transacciones entre distintas monedas, porque a veces las olvido, hay mucho que aprender, pero me encanta.
– Luces bastante feliz, me alegra saber eso, aunque admito que me siento algo solo desde que te fuiste, pero creo que fue para bien, son muchos los peligros que sortean mi viaje, y no quiero que algo te pase.
– Lo se Taylor, me di cuenta de los peligros que Ritherz evitaba, lo cual es parte de las enseñanzas que debo adquirir.
– Eso es verdad. Mira, ahí viene Ritherz.
– Muchachos, me acompañaran a hablar con el jefe, por favor les pido que sean respetuosos, sobre todo tu Taylor, ya que el hecho de que tú, un guerrero haya entrado ya trasgrede las leyes.
– Lo entiendo.
Los tres fueron guiados hacia la casa principal donde yacía el jefe, quien les esperabas en la sala de reuniones junto a otros guerreros, Ritherz presento a los jóvenes y le dio paso al jefe para que observara por sí mismo. Kweur Karl, un hombre alto y robusto de presencia imponente, su piel morena y de pelo corto y castaño oscuro, ojos pardos, una voz grave, lleno el ambiente al momento de hablar.
– Tú nombre joven viajero– pregunta el jefe quien estaba de brazos cruzados frente a este.
– Taylor Micordios señor– responde el joven quien se sentía algo nervioso.
– ¿Cuáles son tus intenciones con nuestra gente?
– Aprender sus técnicas…– indicó Taylor
– ¿Por qué razón? – pregunta inmediatamente sin dar tiempo a que terminara de hablar – Y quiero la verdad, dependiendo de ello daré mi veredicto.
– Poder, quiero poder, eso lo que busco en este viaje, quiero convertirme en alguien fuerte y aprenderé cualquier medio necesario para llegar a obtenerlo
– Si ese es el caso, no permitiré que un demonio adquiera nuestros sagrados conocimientos, tu aura es maligna y llena de rencor, y la venganza es la que te mueve, no importa cuántos nobles discursos puedas ofrecer a mis oídos, no cambiara mi decisión, así que será mejor que te retires una vez que Ritherz termine sus asuntos, – palabras cortantes que no dieron paso a reproche de nadie, Taylor comprendió que perdió toda oportunidad, sin embargo, no se quedaría de brazos cruzados
– ¡Espere Señor! – le llama Taylor haciendo que se detenga el jefe – Tiene razón, gran parte de lo que me mueve es la venganza, pues a toda costa quiero derrotar a Las hordas del desconcierto, sin embargo
– Ya dije que no escuchare una palabra de lo que tengas que decir– Insiste el jefe, en eso ve como Taylor se arrodilla y deja su orgullo de lado para continuar su petición
– Hay odio en mi corazón, hay maldad, soy un demonio, soy un Lagarto del Desorden, y por eso mismo es mi deber ser fuerte, la venganza, la dicha, el deseo de ser alguien más, no, esas no son razones justificables, son meros deseos terrenales a los cuales estoy atado, si usted me permitiera, tan solo una oportunidad, dígame ¿Qué debo hacer para que me acepte como discípulo?
– ¿Por qué insistes tanto? – pregunta el jefe quien le observaba fijamente, algo era distinto, algo que solo se veía reflejado en el aura que Taylor emitía
– No lo sé, sólo quiero aprender.
– la venganza sólo te conducirá a un camino desolado y frio, lleno de odio y perdición, la carga que deberás soportar por ello es grande, y no sabes si serás capaz de sostenerla., tu alma es frágil porque yace corrompida por la maldad pura, pero debo admitir que me sorprende que no tengas intenciones malignas a pesar de ser un ente oscuro.
– Lo comprendo, desde el día que decidí convertirme en guerrero supe que llegaría el momento de manchar mis manos y soportar la agonía de la venganza, no me arrepiento, aun cuando no se ha culminado, no me arrepiento de estar caminando por esta senda.
– Trent– dice el jefe a uno de sus guerreros – Acógelo y enséñale lo básico respecto al manejo del Chi, tienes una semana para liberarlo y aprender a usarlo, si no lo logras, desiste de continuar.
Taylor se sorprendió al igual que los presentes, pocas veces se le veía al jefe retractarse de una decisión. Taylor se levanta emocionado, su rostro mostraba alegría y satisfacción por haber conseguido la oportunidad
– Ahora vete, el tiempo es valioso.
Todos se retiraron a sus respectivas labores quedando sólo el jefe y Ritherz quienes continuarían con sus negocios respectivos, pero el tema saldría a flote por parte de Ritherz
– Me causa bastante curiosidad el que haya aceptado entrenar al muchacho
– Lo trajiste por esa razón ¿No deberías estar contento? – le pregunta el general con algo de sarcasmo
– Lo estoy, pues hay muchos motivos para que él se vuelva fuerte, los beneficios para mi parte son grandes, pero insisto en saber la razón suya
– Su aura, pude sentir la maldad de la bestia, los Lagartos del Desorden son conocidos en nuestra cultura por nuestros ancestros que vinieron de Glencoe, sabemos de lo que son capaces, pero aun sabiendo eso, su aura maligna, pero a su vez pura fue lo que me atrajo, nació un deseo estúpido de ver hasta donde era capaz.
– Un oponente al cual enfrentar– Ritherz ríe levemente – Me recuerda a un amigo quien dijo algo parecido.
– Probablemente, sólo espero que mis expectativas sean falsas y fracase en la prueba impuesta.
– La duda es un mal necesario, porque da paso a resultados pocos esperados. – dice Ritherz con una sonrisa en su rostro.
Mientras Ritherz continuaba su charla, Taylor era llevado hacia un centro de entrenamiento donde se reunían los estudiantes y maestros e inclusive los guerreros que continuaban puliendo sus habilidades, en su trayecto, los jóvenes lograron ver a más personas, en eso Trent le explica la razón, las familias vivían en el centro de la ciudad siendo los limites ocupado por los guerreros para proteger todo y a todos.
Su camino termino en una de las tres academias dónde Trent enseñaba a los novicios en el arte del Chi. Al entrar, el lugar estaba repleto de estudiantes siguiendo las órdenes de sus maestros y guerreros que practicaban entre sí. Trent se acerca a uno de los maestros quien parecía ser el que estaba a cargo, mientras entablaba una conversación, los presentes miraban de reojo a los dos jóvenes extranjeros, algunos con malicia; otros con temor, miradas que no dejaba de inquietar a Amy, a diferencia de Taylor quien no quitaba su atención de Trent.
Después de la breve charla, Trent invita a pasar a los jóvenes; sin embargo, Taylor es detenido en la entrada indicándole que debía dejar sus botas y guantes, sin resistencia, obedeció la mandato y se le permitió ingresar; al mismo tiempo Amy imitaba la acción de Taylor evitando ser retenida por uno de los maestros.
Trent los encamino por la academia hasta llevarlos a un salón donde sólo se encontraban ellos tres, cuyo tamaño era ideal para un total de seis personas. En el centro de este, se tallado una flor de loto. Al cerrar la puerta, Trent les explico la razón de estar dicho cuarto, la cual era que su presencia, aun cuando fuese permitida por el jefe, creaba molestia a los demás estudiantes y no querían perjudicar sus entrenamientos.
Taylor no pudo evitar sentir la discriminación, pero no le dio vueltas al asunto y solo se enfocó en el hecho de que tenía que aprender a controlar el Chi antes de cumplirse una semana.
– Toma asiento Taylor– dice Trent indicándole el centro de la flor de loto, mientras que él se sienta fuera del grabado, en eso mira a Amy– Jovencita, siéntese en cualquier parte, pero cerca de la pared. Amy obedeció y se sentó junto a la pared a un lado de la entrada.
– Taylor, en primer lugar, has de tomar la correcta postura. – Trent cruza sus piernas una sobre la otra; con sus manos empuñadas juntando nudillos con nudillos justo en la base del estómago, demostrándole cómo debía adoptarla.
Taylor lo intenta, pero se da cuenta que algo simple a la vista, resultaba ser más complejo de lo que aparentaba. Con dificultad, pero dedicación Taylor logra tomar la postura debida
– Desde ahora en adelante deberás prestar suma atención pues lo que haremos puede costarte la vida, ello por la falta de preparación, pero confío en que sabrás llévalo. Ahora bien, el primer ejercicio que haremos será de respiración, inhalaremos y acumularemos el aire en la base del estómago justo donde se juntas los puños, posteriormente exhalaremos el aire lentamente.
Repetirás el proceso por una hora. Para que entiendas por qué de esto, respóndeme lo siguiente ¿Sabes lo que es el Chi?
– No señor, es primera vez que escucho ese término
– Aun no sabiéndolo, eres capaz de manifestarlo de forma involuntaria, y me doy cuenta de ello por el aura a tu alrededor y de que, al juzgar tus ojos, eres capaz de verla.
– ¿Aura? – pregunta Taylor aún más confundido
– Mira sobre mi cuerpo ¿Vez algo raro? – Taylor mira fijamente a Trent, de a poco comienza a ver algo raro sobre él, una especie de neblina, similar a la que tenía Espíritu, o el general Muina
– Sí, es como una neblina.
– A eso se le llama Aura, es la manifestación de nuestro Chi en el entorno.
Parte del entrenamiento es aprender a controlarla y manifestarla.
Volviendo al tema principal, la forma más efectiva de entrenar el Chi es por medio de ejercicios de respiración, con lo cual dirigiremos el flujo a través del cuerpo de forma equitativa; cuando se domina el flujo de Chi, se puede manifestar de diversas maneras, la más simple es el aumento de las capacidades físicas, y entre más poder se imbuya, más intensa será el aura que se manifieste por la inmensa cantidad de Chi que el cuerpo emite.
Otra forma es la concentración en puntos específicos, es idéntico al anterior, pero su control es mayor y nivel de peligro también. Existen diversas maneras, pero por ahora nos enfocaremos en aprender a controlar el flujo, luego veremos qué es lo que logras aprender.
– No me queda muy claro, pero hare todo lo necesario. – responde Taylor mostrando poca confianza en sus palabras.
– No espero que lo entiendas a la primera, pero tengo el presentimiento que eres de los que aprende en la práctica; comencemos el entrenamiento.
Durante los tres primeros días, Trent obligo a Taylor a practicar los mismos ejercicios de respiración, a pesar de que mostraba indicios de flujo de Chi, Taylor no lograba hacer que este fluyera a voluntad, y ya solo quedaban cuatro días para presentar los avances al jefe Abkou.
Taylor sentía la presión y cada vez le costaba más, dejando que la frustración lo dominase, cosa que Trent percibió notoriamente.
Era el sexto día, y Trent decidió terminar con todo, pues no hubo resultado alguno.
– ¡¿Por qué?!– pregunta Taylor molesto al golpear el suelo con su puño – ¡He entrenado día y noche, y nada de nada sucede! Maestro ¿Por qué pasa eso?
– No puedo decirlo con claridad, puesto que no hayo el problema. A pesar que logro ver como fluye tu Chi, este pareciese estar obstruido por algo, quedo contenido en el centro de tu energía.
– Ya veo– dice Taylor dejando notar su frustración en su tono de voz – Voy a meditar un poco, quizás logre despejar un poco mi mente.
Taylor mantiene la postura de entrenamiento, pero esta vez relaja sus brazos depositando sus manos extendidas, una sobre la otra encima de sus pies y comienza a despejar su mente. Poco a poco su mente fue vaciándose, y sin darse cuenta, abre los ojos para darse cuenta de que estaba en un extraño lugar totalmente oscuro, se veían largos pilares, pero no donde terminaban.
Taylor camino un rato tratando de averiguar algo, pero nada, hasta que una voz profunda y siniestra lo detiene. Taylor volteo su cabeza a toda parte, pero no ve a nadie a su alrededor.
– No es necesario que me busques– dice la voz siniestra.
– ¡Muéstrate! – le manda Taylor, pero aquel ente misterioso se mantiene en la oscuridad
– Nuestro encuentro aún es muy prematuro, sin embargo, se requiere de mi participación en tu desarrollo.
– ¿A qué te refieres? Por último, dime cómo puedo llamarte.
– Olvida eso, y pon atención a estas palabras. “Acumulación, compresión y liberación.” Si comprendes eso, tu problema se resolverá, pero cuidado, el precio es alto.
– No entiendo– responde Taylor aun tratando de buscar su ubicación, pero fue inútil, de un momento a otro, todo se ilumina de un intenso blanco que lo ciega, al abrir los ojos había vuelto a la realidad. Taylor se mantuvo momentáneamente pensativo, aquellas tres palabras no abandonaban su mente.
– Maestro ¿A qué se refieren las palabras acumular, comprimir y liberar?
Su maestro se sorprendió un poco al escuchar esas palabras de Taylor.
– Si me preguntas respecto a la Chi, esos son acciones que se realizan cuando se posee un control sobre este. Acumular te permite generar Chi en tu cuerpo, mientras que compresión se refiere a la concentración del Chi en un punto específico volviéndolo más intenso y finalmente liberación, que consta de manifestar la energía en las diversas formas que aprendas dejando que fluya. Todo eso es lo que has estado haciendo, principalmente lo de acumular ¿A qué viene esa pregunta? – Su maestro sospechaba algo.
– Sólo mera curiosidad– responde ocultando su verdadero propósito dejándole la curiosidad a su Maestro.
Taylor retoma la postura de entrenamiento y comienza a respirar, había aprendido los tres principios que aquel oscuro ente le había mencionado.
Comenzó acumulando el Chi en la base de su estómago, poco a poco sentía como la energía se concentraba en ese punto, una presión aquejaba alrededor exponiendo las obstrucciones del flujo de Chi. Taylor continuó acumulando y cuando la presión fue mayor, intento comprimir el Chi acumulado, se sentía cansado, pero el ejercicio surtía efecto, el exceso de Chi comenzó a concentrarse en la base de su abdomen y la presión disminuía, pero la sensación de fuerza que se generaba no se iba.
Taylor había entrado a un estado distinto, su respiración se tornó difícil, sentía calor y mucho cansancio, pero no podía detenerse ahí. Con el Chi concentrado y teniendo más espacio, Taylor vuelve a acumular más Chi hasta retomar el punto límite que había logrado. Taylor se mentalizaba, algo dentro de él lo impulsaba a liberar el Chi sin preocupación, pero sabía que ello sería bastante peligroso, sin embargo, era el último recurso que le quedaba, y en un sutil respiro, libera el Chi concentrado provocando una desastrosa reacción en cadena.
La energía comprimida se expande presionando a la que había ocupado el lugar, tratando de buscar una salida, Taylor cayó al suelo gritando de agonía, Amy y Trent se preocuparon y le atendieron, pero no lograron ayudarle. Amy sale de la habitación en busca del jefe mientras Trent averiguaba que le pasaba, mientras que Taylor sentía un dolor atroz, su cuerpo ardía internamiento, sentía como se destrozaba a sí mismo hasta que las paredes internas de su cuerpo no soportaron y el Chi se libera en un torrente salvaje que comenzó a llenar cada parte de su cuerpo.
Al llegar el jefe, ve a Taylor en un terrible estado y a Trent bastante agotado, estaba sorprendido de la gran cantidad de poder que emanaba de aquel muchacho, era más del que un humano corriente podría tener. Trent le explica la razón de aquel caótico estado y rápidamente el jefe y dos ayudantes rodean a Taylor con sus manos sobre el cuerpo de este intentando controlar el flujo de Chi con el suyo, se dieron cuenta de que era difícil, nunca habían visto tanto poder, tanta violencia provenir del Chi.
Permanecieron dos horas logrando aliviar y liberar el exceso de Chi, salvando la vida al joven imprudente. El sufrimiento padecido había dejado a Taylor inconsciente y a los demás muy agotados. El jefe mando llevarlo a un tratamiento de acupuntura para ayudarle a sanar su cuerpo, mientras tanto permaneció un momento con Trent.
– Exijo una explicación Trent– El jefe lucía molesto, y era comprensible por el problema que había tenido que sortear con aquel forastero.
– No lo sé realmente jefe, no había mostrado mucho progreso que digamos, sin embargo, hoy decidió meditar, y cuando termino preguntó sobre ciertos conceptos, le quite el ojo un momento para meditar, y cuando menos lo esperaba, su grito de agonía rompió mi concentración para encontrarlo en aquel estado. No sé cómo hacer esa estupidez. Y la verdad me sorprende que haya sobrevivido.
– Gracias Trent, en el estado que ha quedado, no despertara en un buen tiempo. (El haber acumulado tanto poder en tan poco tiempo, no hay duda, su energía es muy peligrosa), mientras tanto, Taylor fue dejado en una camilla con las agujas medicinales, su energía aun fluía por su cuerpo con algo de furia, pero se encontraba fuera de peligro, sin embargo, en su mente un extraño sueño se llevaba a cabo.
“Era el pueblo de Akame, Taylor corría por sus calles jugando con sus amigos, en eso choca con un hombre encapuchado, al voltearse este hombre, Taylor se vio a si mismo, pero era distinto, sus ojos eran rojos, eran los de la bestia que dormía en su interior, de pronto todo se obscureció
y Taylor retomó su forma original y la obscuridad desapareció, la gente estaba en el suelo muerta, el pueblo en llamas y estaba su otro yo con Veigrut toda ensangrentada igual que su rostro…
– Yo soy la maldición que recorre tu sangre, tu camino está marcado por las victimas que has de destruir, ten en mente esto, ya comencé con lo que acabas de hacer…. JAJAJAJAJAJAJA…”.
En ese instante Taylor despierta a altas horas de la noche, con el sudor frio y temblando, aquella risa endemoniada permanecía fija en su mente aun, de pronto aparece Amy, se acerca silenciosamente y lo recuesta nuevamente en la cama, mientras retiraba las agujas caídas, Taylor no reaccionó, aún estaba hipnotizado por el sueño, Amy se percató, por lo que lo abrazo y lo calmo con la canción que una vez la salvo, y Taylor cayo dormido nuevamente, pero esta vez con más calma.