Todo parecía salir a la perfección. Las semanas pasaban y mi relación con Ámbar se afianzaba cada vez más. Incluso a mí me resultaba difícil pensar que fuera tan sencillo para ambos estar juntos. En un principio, nos habíamos mantenido alejados pensando que estábamos rotos, que estábamos demasiado dañados para una relación; sin embargo, estar juntos nos resultaba fácil a los dos. Como si nos hubiéramos conocido desde siempre, como si desde el inicio hubiéramos sido en realidad uno solo y algo nos hubiera separado, estábamos juntos y todo parecía perfecto y exquisito. Ámbar se iba abriendo a mí, con lentitud, en todos los aspectos, pero yo no tenía apuro. Nos quedaba toda una vida por delante y este ritmo hacía que pudiéramos descubrirnos con más ansias y con mayor intensidad. Aquel domin

