El evento se llevaba a cabo en un lugar hermoso y pintoresco, cerca del primer restaurante al que habíamos ido, junto al mar con luces brillantes parpadeando en la oscuridad y música flotando en el aire. Los invitados comenzaron a llegar y Alejandro y yo nos movíamos entre la multitud, saludando y agradeciendo por su apoyo. Sin embargo, en medio de la celebración, la situación dio un giro inesperado. Mientras revisaba el escenario del evento, tropecé y caí sobre una barandilla de madera. El crujido de la madera rota resonó en el aire mientras la barandilla cedía y yo tambaleaba al borde del peligro. "Sofía", gritó Alejandro. Pude escuchar el pánico en su voz, pero yo estaba aún más asustada. No quería soltarme ni mirar hacia abajo. No sabía qué hacer en ese momento. El tiempo parecía ral

