cap9

1108 Palabras
Tienes razón —responde finalmente, su voz calmada, pero con un peso que no había notado antes—. No sé nada de ti, pero… eso no significa que no pueda intentarlo. Sus palabras me desconciertan. No esperaba esa clase de respuesta, y por un instante, no sé qué decir. Parte de mí quiere retroceder, mantener esa distancia que siempre he sentido como una barrera protectora. Pero otra parte, más pequeña, se pregunta qué significaría dejarlo entrar, aunque sea un poco Sus palabras resonaban todavía en mi mente, pero no podía detenerme. Las preguntas fluían dentro de mí, una tras otra, aunque no sabía cuál era la correcta, cuál de ellas podría desentrañar el misterio que él representaba para mí. —Y yo... ¿puedo saber más de ti? —pregunto finalmente, mi voz baja pero cargada de algo más: curiosidad, quizás, o la necesidad de llenar el abismo entre nosotros. Él se queda en silencio, sus ojos clavados en los míos, y por un momento pienso que no me responderá. Pero entonces ladea la cabeza ligeramente, como si estuviera considerando mis palabras. —¿Qué quieres saber? —su respuesta es tan simple, tan directa, que me toma desprevenida. La lista de preguntas que había estado girando en mi mente se mezcla en un caos. Trago saliva, sintiéndome un tanto torpe, pero la necesidad de entenderlo me impulsa. —¿Por qué haces esto por mí? —empiezo, y mi voz parece más segura de lo que siento—. ¿Por qué nadie viene a visitarte? ¿Por qué eres tan reservado? Sus cejas se alzan un poco, y aunque su expresión no cambia mucho, hay algo en su mirada que se intensifica, como si esas preguntas tocaran algo que normalmente guarda bajo llave. —No tienes que responder... —añado rápidamente, sintiéndome algo avergonzada por mi intromisión. Pero al mismo tiempo, la curiosidad sigue ahí, persistente—. Es solo que... no sé nada de ti. El silencio que sigue es pesado, lleno de posibilidades. Él parece estar debatiéndose entre hablar o quedarse en su caparazón habitual. La habitación se siente más pequeña, más íntima, mientras espero su reacción. Y aunque parte de mí teme lo que pueda decir, otra parte quiere, desesperadamente, saber más de él. Él sigue mirándome, y el silencio que se instala entre nosotros se vuelve casi insoportable. Parece estar decidiendo qué decir, como si las preguntas que le lancé lo hubieran obligado a revisar algo en lo más profundo de sí mismo. Sus ojos, normalmente fríos y controlados, tienen ahora un brillo diferente, algo más humano, más vulnerable. —Hago esto porque puedo —dice al fin, con ese tono directo que parece ser su naturaleza—. Porque nadie más lo hizo por ti, y porque no puedo ignorar lo que vi esa noche. Sus palabras me toman por sorpresa. No esperaba tanta franqueza, ni esa declaración que lleva implícita una comprensión que nunca creí que alguien pudiera tener sobre mi situación. Antes de que pueda responder, continúa, su mirada fija en algún punto invisible del suelo. —En cuanto a por qué nadie me visita... —Hace una pausa, como si estuviera eligiendo cuidadosamente sus palabras—. Digamos que no soy la persona más sociable. Elegí este estilo de vida porque es más fácil. Menos complicado. Sus respuestas son tan sencillas como desconcertantes. Parecen decir mucho y poco al mismo tiempo, y me encuentro queriendo saber más, queriendo entenderlo de una forma que no estoy segura de que él quiera permitir. Entiendo, más o menos, que no te gusten las visitas. Pero… ¿y tu familia? ¿Tus padres? ¿Tu novia? Las preguntas salen sin pedir permiso, como si se hubieran estado gestando en silencio. Me sorprendo a mí misma por querer saber más de él. Por querer entender qué hay detrás de esa mirada que siempre parece estar en otro lugar. —No sabía que tenías tanta curiosidad —dice con un tono que intenta sonar divertido, aunque no lo demuestra del todo. Hace una pausa breve, como si decidiera cuánto revelar. —Mis padres… es complicado —responde, bajando un poco la voz—. Y novia no tengo. —¿Cómo no tienes novia, si eres tan atractivo? —digo, y me arrepiento en el mismo instante en que las palabras salen de mi boca. Él ladea una sonrisa. No una sonrisa completa, apenas una curva en los labios, pero suficiente para que mi cara se torne roja. La vergüenza me invade. Intento disculparme, pero mi lengua decide enredarse en un trabalenguas improvisado. Por primera vez desde que lo vi, parece divertido. Es la primera vez que lo veo sonreír de verdad. Por un breve momento, deja caer esa máscara de frialdad que siempre lleva puesta. No sé qué me pasa. Siento que el aire se vuelve más denso, como si esa sonrisa hubiera cambiado la atmósfera. Él me mira, y por un segundo, no parece el mismo. Hay algo cálido en sus ojos, algo que no había visto antes. —No tienes que disculparte —dice, aún con esa media sonrisa que me desarma. Intento responder, pero mi lengua sigue rebelde. Me río nerviosa, y él se cruza de brazos, apoyándose contra la pared como si disfrutara verme así, torpe, vulnerable. —No suelo sonreír mucho —admite, bajando la mirada por un instante—. Pero tú… eres diferente. Mi corazón da un salto. No sé si lo dice en serio o si está jugando conmigo, pero sus palabras se quedan flotando en el aire. —¿Diferente cómo? —me atrevo a preguntar, aunque mi voz tiembla un poco. Él se acerca un paso. No lo suficiente como para tocarme, pero sí para que su presencia me envuelva. —No lo sé aún —responde—. Pero contigo no siento que tenga que fingir. “No tengo que fingir”, dice, y no sé qué significa exactamente. Quisiera preguntarle, pero antes de que pueda abrir la boca, él se adelanta: —Tengo una reunión. Pero regreso pronto. Y se va. Así, sin más. Pero esta vez no es como siempre. Desde que vivo aquí, él entra y sale sin decirme nada. Dos extraños compartiendo un espacio, respirando el mismo aire sin cruzar palabras. Pero hoy… hoy algo cambió. No digo que haya confianza. No digo que haya algo más. Pero hay algo. Lo siento en el pecho, como una vibración suave, como si el silencio entre nosotros ya no fuera tan frío. Me quedo sola, mirando la puerta cerrarse. Y por primera vez, no me siento completamente sola.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR