Charlotte
Por fin, es lunes y para mi bendita fortuna no he visto a Jackson desde la mañana. Solo sé que salió muy temprano y que no regresará por un buen tiempo. Espero que sea así. Ese tiempo me deja un margen de acción para seguir planeando mi huida.
Un plan que tiene que modificarse por mi gran fracaso.
Bajo a la sala con todo y pijama, asumiendo que estaré aquí por el resto del día cuando Violet se acerca a mí con una expresión de incomodidad.
—Señorita Charlotte, el señor Hall ha dejado instrucciones para que pueda salir a trabajar. Aquí está su teléfono— Deja mi celular en la mesa de centro de la sala y se va casi corriendo.
—¿Qué? — pregunto confundida. —¿No fracasé? ¿No me dejará encerrada en su fría mansión?
Tomo mi celular y lo enciendo con nerviosismo. Ni siquiera supe cuándo me lo quitaron, si es que lo hicieron o si yo fui quien lo perdió. Estaba tan ensimismada en mi propósito que me olvidé de todo lo demás. Bueno, Jackson también fue culpable de mi olvido.
El teléfono comienza a vibrar con varios mensajes de mi mejor amiga… En realidad, mi única amiga, Daisy. Además, es mi compañera de trabajo, ya que ambas somos recepcionistas en Energy P. L. C.
Para ser honesta, es el único trabajo que pude conseguir después de que mi vida se fuera al infierno. Lamentablemente, es un trabajo relacionado con Jackson. Su amigo es el jefe del departamento de Recursos Humanos, así que con esa conexión me ayudó a conseguirlo.
Llevaba meses tratando de salir adelante después de la muerte de mis padres. Mi beca en la universidad fue retirada, mis ahorros se fueron a la basura cuando lo puse todo para mi primera exposición individual en la Sala de Arte de Londres, un lugar exclusivo y el más importante del país.
Recuerdo haber puesto todo mi corazón y dinero en ese evento, y justo dos días antes de la inauguración mis padres murieron, mis obras fueron robadas y mis ahorros sirvieron para pagar la penalización por las pérdidas que tuvo el lugar por mi reserva.
Todo en una misma noche… Fue doloroso y extraño. Cuando pensé que ya había pasado lo peor, golpe tras golpe, me recordaron lo pequeña, inútil y débil que era. Además, estaba sola y sin dinero.
El robo y mi inasistencia a tiempo en la galería me llevaron a entrar en la lista negra de artistas, cerrando todas las puertas y dejando una marca terrible en mi historial.
¿Quién querría a una pintora que trae más pérdidas que ganancias?
Mucho menos querrían a una pintora que perdió todo su trabajo y que no tenía ni una pizca de inspiración para volver a tomar el pincel. Ni siquiera para los trabajos por encargo.
Esa noche me quedé sin nada.
Y así, Jackson, como una luz en la oscuridad, me ayudó a encontrar un trabajo como recepcionista, que si bien no tienen nada que ver con mi carrera, me ayudó a sobrellevar mi luto, a sobrevivir y comenzar a retomar mi vida.
Sin embargo, no contaba con que ese trabajo, era una cadena más que me ataba a él.
Salgo de mis recuerdos para revisar los mensajes de mi amiga: primero con preguntas de dónde estaba, que era tarde, que no quería estar sola frente a tanta gente desagradable… Lo último, me hace sonreír, siempre se queja de las personas maleducadas y pedantes que llegan a la empresa.
Sigo leyendo hasta que me encuentro algo que me sorprende de mala manera.
“Tengo una nueva compañera. Es horrible. ¿Por qué renunciaste al trabajo y no me avisaste? ¡Eso no se hace! ¡Se supone que somos amigas y nos contamos todo! Te extraño, Lottie.”
—¡Yo no renuncié! — exclamo sorprendida y enfadada.
Con rapidez me levanto del sofá y corro escaleras arriba para ponerme el uniforme de la empresa. Necesito ir para saber qué pasó y recuperar mi trabajo.
Ni siquiera escucho a Violet que me grita algo sobre la comida y otras cosas. Solamente, quiero llegar lo más rápido posible para tratar de recuperar la única manera en la que pueda obtener dinero para irme.
En el camino le escribo a Daisy para avisarle que voy en camino. Me sorprende que tenga tiempo para escribirme exageradamente sobre su preocupación por mí, su emoción por verme de nuevo, como si no nos hubiéramos visto en tanto tiempo, y su odio a la actitud de su nueva compañera.
Mi amiga está un poco loca.
Al llegar, puedo ver a Daisy saltando de felicidad al verme y correr hacia mí.
—Sabía que tenías que venir a verme. No renunciaste, ¿cierto? El jefe me dijo eso para asustarme, ¿verdad? — habla con rapidez. —Sabía que era mentira, no podrías dejarme, soy tan adorable.
Su sonrisa amplia es ese toque de calidez que necesitaba.
—Eres adorable. No podría dejarte. Ahora, ve a tu área de trabajo antes de que te sancionen porque tengo que hablar con el jefe. Ve, ve…— la empujo con suavidad al mostrador principal, donde está una rubia malencarada, viéndonos con odio.
—Está bien. Te espero en nuestro puesto de trabajo— Daisy se va con un puchero en su rostro.
Sonrío y me doy la vuelta, encontrándome con las miradas curiosas de otras compañeras de trabajo. Las ignoro y sigo mi camino a la oficina de mi jefe.
Para mi fortuna, su secretaria no está, así puedo pasar libremente.
—Señor Scott, ¿tiene un momento? — pregunto con nerviosismo.
Mi jefe alza su mirada de unos documentos y me ve con molestia.
—¿Tú? ¿No habías renunciado? ¿Qué haces aquí? — dice con molestia.
—Quiero disculparme por estos días, señor. Fue una emergencia familiar, pero no renuncie. No quiero renunciar— trato de explicar entrando a pasos lentos a su oficina.
—Desapareces una semana, mandas una carta de renuncia, le avisas a mi jefe, saltándote mi autoridad y dices que ya no quieres hacerlo, que estás de vuelta. ¿Crees que esto es un juego? ¿Crees que esta empresa está a tu disposición para que te puedas ir y regresar así como si nada?
—Entiendo su molestia, pero yo no renuncié.
—¿Me dices mentiroso? ¿Le dices mentiroso a mi jefe?— se levanta muy molesto de su asiento.
—El jefe de recursos humanos habló conmigo, me dijo explícitamente que habías renunciado, recibí una copia de tu carta. Ahora no vengas con esa cara de mosca muerta para revocar tu decisión. Además de irresponsable, mentirosa y difamadora— dice con violencia, casi escupiendo en mi rostro.
—No es así, señor. Hablaré con el jefe— digo con rapidez y salgo corriendo de su oficina hacia el elevador, aún puedo escuchar las groserías de Smith. Ese viejo grosero, malencarado que les hace la vida imposible a todos.
Al legar al piso diez, me encuentro con Frank, el guardaespaldas de Jackson, platicando muy feliz con una chica muy linda de cabello castaño. Sus rasgos me recuerdan a Jackson.
Jackson, todo se trata de él. ¿Quién más mentiría sobre mi falta al trabajo?
Sacudo mi cabeza para no pensar en el sujeto que me pone en aprietos, y sigo mi camino para ir a la oficina de recursos humanos. Pasó al lado de Frank como si no lo conociera. Total, tampoco es que él me saludara.
Ni siquiera Jackson lo haría en público. Soy su sucio secreto.
Siento la mirada de Frank.
Al llegar a la oficina la secretaria me deja entrar como si me estuviera esperando.
—Pasa, Charlotte. El señor Curtis está esperándote.
Al entrar el jefe me extiende su celular. Me quedo confundida por un segundo, intentando entender que rayos quieren que haga.
—Señor…
—Tome el teléfono primero, señorita Brown.
Lo hago y al instante la voz del otro lado me hace enfadar.
—Charlotte, Charlotte… Pensé que querías tomarte unos días más. Pero mira, al instante en que eres libre, huyes de casa.
Aprieto mis manos por la molestia.
—No hui de casa. Vine a recuperar mi trabajo, Jackson. Diste tu permiso, así que aquí estoy— digo con los dientes apretados.
—Así que me estás culpando por dejarte trabajar.
—No te estoy culpando de nada. Solamente te recuerdo que hiciste un compromiso. ¿No vas a echarte para atrás o sí? — trato de que mi tono de voz salga mucho más calmado.
—Nunca me retracto de mis palabras, Charlotte. Vas a recuperar tu trabajo, pero no olvides que tienes que ser obediente. Esta semana te esforzaste, deberías de seguir así— dice con burla.
Claro, quiere que sea complaciente con él. Eso espera de su amante. Solamente quiere a alguien que lo atienda, se desviva por él, sin corresponder ni un mínimo de cariño. Porque… que muestre su vulnerabilidad o su pasión en esas noches que compartimos no es cariño, no es corresponder un sentimiento, es su crueldad y manipulación.
—Habla con tu amigo, quiero mi trabajo— respondo entre dientes.
—Bien, lo tendrás— responde enojado y luego, me cuelga.
Así es todo con Jackson, una transacción más.
—Señor Curtis, ya escuchó a Jackson. Espero que pueda ayudarme a recuperar mi empleo— trato de sonar lo más calmada que puedo. Aunque por dentro tengo esta mezcla de emociones.
—Hablaré con Smith de una vez. Lamento la confusión con su renuncia. Puede quedarse en puesto desde hoy— dice mi jefe con respeto. Algo muy extraño.
Asiento y salgo de su oficina para ir directo al baño.
Entro y para mi fortuna no hay nadie más. Me recargo en el lavamanos mientras tomo entre mis manos el collar de mi madre.
—Jackson no puede regresar a alterar mi paz. No puedo permitirlo— digo en voz baja.
—No puedo dejar que tome control de mi vida, otra vez.
Cierro mis ojos.
—No puedo dejar que vea mis emociones, que me vea mal, ni siquiera puedo dejar que sus acciones y sus palabras alteren mis emociones. No más.
Doy un largo suspiro.
—Puedo escapar de él. Puedo recuperar mi vida. Puedo hacerlo— me repito varias veces.
Poco a poco, siento que mis emociones se estabilizan, que voy recuperando un poco de mi paz.
—Puedo hacerlo.
—Claro que puedes. ¿Vienes a una entrevista? —La voz dulce de una chica hace que me sobresalte. Al punto de casi gritar. —Tranquila, no quería asustarte. Yo hago lo mismo cuando estoy muy nerviosa.
Su sonrisa es amable.
—No, ya trabajo aquí— respondo a la pregunta que hizo hace un momento.
—¿En qué área? — pregunta con curiosidad.
—Recepción.
—¡Claro! Sabía que te conocía de algún lado. Casi siempre entro a la empresa desde el elevador que llega del estacionamiento, muy pocas veces por la puerta principal, pero un rostro tan bonito y amable nunca se me olvida. Soy Sara Williams— dice con emoción, extendiendo su mano hacia mí.
La tomo y le doy un leve apretón. Ahora la recuerdo, es la chica que estaba hablando con Frank hace un momento.
—Charlotte Brown— me presento con incomodidad.
—Bueno, Charlotte. Un gusto en conocerte, ahora me cambiaré esta blusa que el tonto del amigo de mi hermano ensució con café. Te buscaré otro día y, ¡tú puedes!— dice emocionada mientras ingresa a un cubículo.
—Adiós— es lo único que alcanzo a responder. Salgo del baño, aún extrañada por este encuentro.
—Bueno, después de todo recuperé mi trabajo. No ha sido un día tan malo— digo con emoción.
Al llegar a mi puesto de trabajo, la rubia no está. Daisy me recibe con una gran sonrisa y un abrazo.
—Sabía que no me dejarías. Menos ahora que todo estará siendo evaluado con lupa— dice emocionada y preocupada.
—¿Por qué? ¿Otra vez tenemos auditoria o revisión de calidad? — pregunto confundida, las fechas en mi cabeza no dan.
—No, amiga. Te perdiste el chisme del año. El heredero legítimo de la empresa ha regresado— dice emocionada. —Dicen que es guapísimo, pero que es malo. Corrió a su esposa de la vicepresidencia.
—¿La señora Isla? — pregunto sorprendida.
—Sí. Parece que Jackson Williams es un cabrón, arrogante que viene a revolucionar todo en la empresa.
No sé por qué, pero ese nombre hace que todo mi cuerpo se congele. ¿Jackson? ¿Jackson, cómo mi torturador? Es solo una coincidencia, horrible coincidencia. ¿Cierto?