Capítulo 7. Beso de despedida

1493 Palabras
Charlotte Jackson me observa con desconfianza, haciendo que el momento tranquilo que estábamos teniendo comience a desvanecerse. —Ven— repito con suavidad. Esperando muy dentro de mí que confíe en mí por última vez. Él toma mi mano y me sigue por toda la mansión sin decir una palabra. Al llegar al jardín, abro la puerta y salgo a la lluvia con seguridad, aun con Jackson detrás de mí. —Vas a enfermarte— me dice con su voz ronca. Lo ignoro y camino al centro del jardín, lejos de los guardaespaldas y de esa prisión. Lejos de esa sensación de asfixia. Suelto a Jackson para estirar mis brazos al cielo y alzar el rostro, dejando que la lluvia me cubra por completo. —Estás loca— Jackson habla a mi lado, pero no está molesto ni me reprocha mi decisión de salir a la lluvia. Suena muy tranquilo, incluso un poco divertido. Tampoco me deja sola bajo la lluvia. —Vamos, haz lo mismo que yo— Tomo su mano para alzarla con la mía.—¿Lo sientes, Jackson? Se queda en silencio. —Se siente a libertad— respondo con los ojos cerrados, aun sintiendo el golpeteo de la lluvia en mi cuerpo, el viento frío ondeando mi ropa y mi cabello. Todo me hace sentir viva, que soy real y no una mujer triste o sin alma, no una amante… Simplemente, soy yo bajo la lluvia. —Odias la lluvia—me río por su observación. Eso es lo que pensé hace un rato. —Hoy no. Por hoy no. De un momento a otro, grito y me aferro al cuerpo de Jackson cuando siento que me carga y me pega a su cuerpo. —¿Qué me estás haciendo, Charlotte? ¿Por qué eres mi tormento y mi bálsamo?— dice en voz baja, con su nariz trazando mi mejilla. Ignoro sus palabras, no dejo que tengan impacto en mí. —Jackson, dejemos de pelear, dejemos de hacernos daño. Tenemos que soltarnos— pido con calma. —No puedo dejarte ir— dice con convicción después de unos minutos que nos habíamos quedado en silencio. Suelto un suspiro cansado. —No me dejes. No lo hagas, Charlotte. No lo hagas— dice Jackson mientras comienza a besar mi rostro húmedo por la lluvia hasta que llega a mis labios. Su beso es tierno, tembloroso y lento. “Me iré, Jackson. Me iré pronto.” Me digo internamente. Sigo su beso, uno que me sabe a despedida. No era parte del plan, pero sí necesito hacer esto para escapar… Lo haré. Nuestro beso se intensifica, al igual que la lluvia que cae sobre nuestras cabezas. Jackson, con pasos seguros, nos lleva al interior de la casa. Por un momento me alejo de él para esconder mi rostro entre su cuello, porque la casa está llena de sus guardaespaldas y el personal de servicio, y odio que nos vean de esta manera. Prefiero que nos vean pelear a que presencien estas escenas de besos y toqueteos. Jackson se ríe por mi actitud avergonzada; no conforme con eso, camina más lento, esperando que me sienta mucho peor. —¡Sube ya! — le pido desde mi escondite, ganándome otra risa de su parte. Por lo menos me hace caso porque comienza a subir las escaleras con más rapidez. Al llegar a la habitación, me lleva directamente al baño, dejándome con delicadeza bajo la ducha caliente. —Estás loca— dice con una sonrisa, para después besarme con intensidad mientras sus manos pasan por mi cuerpo, frotándolo para que su calor y el del agua, puedan llevarse la frialdad que me ha dejado la lluvia. Aunque ya no hay caricia que pueda llevarse la frialdad y el dolor de mi corazón. Me dejo hacer y correspondo, rompo mi promesa de permanecer inmutable y sin sentimientos frente a él, para desbordar las emociones que guardo: tristeza por esta relación fallida, decepción por las mentiras, decepción de mí misma por no haber huido antes, por no seguir mi instinto y por confiar en él tan ciegamente que me llevó a esta relación tóxica. Rencor hacia Jackson por sus mentiras, por sus juegos de poder… Pongo todo de mí esta noche, una noche de despedida, del fin de las torturas emocionales por parte de ambos. Me enredo en los brazos de Jackson en una guerra de caricias y besos. —Aquí no, palomita— dice con esa voz cargada de deseo. Me aferro a él, sintiendo que vuelve a caminar, ahora hacia la cama. —Vamos a mojar todo— digo entre jadeos. —No importa. Te quiero aquí, en mi cama, no en el baño frío— dice con voz ronca, recorriendo con sus manos mis muslos hasta mi cintura. —Antes no te importaba— digo en modo de queja. —Siempre me ha importado— responde entre besos— Pero eres como una adicción para mí, no puedo resistirme a tu cuerpo… “Claro, a mi cuerpo, nada más”. Jackson y su deseo por mi cuerpo, como si solo fuera esa y no más. —No puedo resistirme a ti, Charlotte. No sé qué me hiciste para que sea así. Para que sea tan difícil alejarme de ti. Volteo mi rostro para que no vea mi expresión de decepción. No le creo. Vuelvo a voltear mi rostro para besarlo y cortar sus palabras. No quiero que hable, no quiero que detone recuerdos de ese breve pasado feliz y lleno de amor. No, esto es puramente sexo. El beso parece encenderlo más, llevando a que con fuerza me acomode en el centro de la cama y colocarse entre mis muslos. No es necesario más preámbulo, ni jueguitos. Nada. Nos unimos de un solo golpe, chocando nuestros cuerpos con fuerza, fundiéndonos, haciéndonos gemir con fuerza. Lo rodeo con mis piernas y mis brazos, para que no se aleje de mí, sintiéndolo más profundo… —¡Dios! Charlotte… yo…— lo interrumpo con un beso y me muevo más contra él. —Charlotte, mi palomita— jadea. Seguimos en ese frenesí, hasta que ambos terminamos al mismo tiempo. Mis emociones se desbordan de manera incontrolable, haciendo que mis uñas se entierren en su espalda y mis piernas lo empujen más a mí. Sigo en mi propia nube de placer cuando escucho sus palabras, aquellas que me hacen estremecer y bajar de golpe a la realidad. Mi esperanza de ser libre se evapora. —Nunca te dejaré ir, Charlotte. Nunca. Mi mente se queda en blando por unos minutos, aunque Jackson sigue muy activo besando mi cuerpo, pero ya no es lo mismo. Ya no está ese fuego. Parece que mi plan ha fracasado. *** Una semana… una maldita semana en la que Jackson se quedó en casa y casi no me dejaba salir de la habitación. Mi plan de una noche de despedida, de placer y de una charla de corazón a corazón para separarnos… se prolongó demasiado y terminó en una semana intensa y tortuosa de sexo. Jackson parecía irreconocible, como si el tiempo que estuvo lejos, mi indiferencia o las peleas constantes entre nosotros hubieran generado en él una pasión inagotable. Jamás lo había visto de esta manera. Sentía que con cada acción me demostraba que no quería perderme. Pero era demasiado tarde. Su desprecio y su rencor sin sentido que me ha demostrado antes, se llevaron cada parte de mi amor por él y estos días, pude dejar escapar lo último que tenía para él. Sí, tantos días… —¿En qué piensas, palomita? — dice Jackson con esa voz indiferente, mientras entra a la habitación con el desayuno. —Quiero regresar a trabajar— le digo con seguridad. No era eso lo que pensaba cuando entró, pero no le diría que tengo un plan para escapar de sus garras. Por eso, es mejor que aborde un tema que me ayudará a mi objetivo. Necesito dinero, recuperar mi libertad para ir a trabajar y así, lograr escapar. El rostro de Jackson se endurece. —No. —Jackson, hicimos una tregua, ¿cierto? — digo con coquetería, mi última arma. —No puedo seguir encerrada en tu mansión, quiero salir y trabajar. Jackson me observa con esa desconfianza de siempre. —¿Cuándo hicimos una tregua? ¿Hiciste todo esto por volver a trabajar? — pregunta con burla y su mirada se endurece. Mi sonrisa desaparece. —Sigue portándote bien y puede que regreses a trabajar— responde con ese mismo tono, deja el desayuno y sale de la habitación, dando un portazo. Me acuesto en la cama con frustración. Sus cambios de humor impredecibles son un dolor de cabeza. Mi indiferencia lo molesta, mi coquetería lo enciende, pero no resuelve nada. Al final del día, Jackson sigue siendo esa coraza impenetrable de frialdad, crueldad e ira acumuladas. Es la única definición que puedo hacer de él. No hay más.
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