Visita sorpresa

1880 Palabras
GRACE Yo no quería mirar tanto, pero ¿cómo no clavarle la vista a Jeremy? Ese tipo tenía algo raro. No raro feo, raro raro. Como que escondía algo. A toda mujer nos llama la atención algo o mejor dicho alguien así, un hombre que fuera diferente a los demás. Quizás por eso estaba tan clavada como él. En mi cabeza resonaban las teorías del por qué habría elegido este camino de la mentira con el compromiso, pudiéndose buscar a una mujer que si quiera estar con él. Tiene todo lo que una mujer podría pedir: dinero, buen cuerpo y una personalidad dominante. Pensaba: ¿Y si el tipo es impotente? O capaz… no sé, ¿será gay? No lo parece, pero uno nunca sabe. Igual, ¿qué me importa? ¿Por qué estoy gastando energía mental en este tipo? A ver, hay hombres solteros a esa edad, no es ilegal. Pero con toda la plata que tiene, raro que no tenga una fila de mujeres atrás. O capaz sí, y todas venían por lo mismo: su cuenta bancaria. Y por eso el tipo se cansó. Pero si fuera tan desconfiado, no me estaría tirando encima quince millones por un trato de seis meses. Eso no es normal. —Grace, dejá de hacerte novelas en la cabeza y enfocáte, —me dije como sacudiéndome. Mientras tanto, él seguía con su computadora, tranquilo, como si nada. De pronto siento el celu vibrar. Miro, y me cae un mensaje del banco. Casi me infarto: quince millones de dólares, ¡ya en mi cuenta! Ahí entendí que el tipo iba en serio. No lo podía creer, ahora puedo decir oficialmente que soy una mujer millonaria. Jamás en la vida había sentido tanta emoción como la que me sentía ahorita. Antes, lo único que llegaba a mi celular eran las notificaciones de cobros, mensajes de números desconocidos pidiéndome fotos desnuda, entre otras cosas y ahora d dls nada ya tengo los primeros quince millones de dólares. ¡Que alguien me pellizque porque me parece un sueño! —Tomá, este es tu anillo de compromiso—me dijo, pasándome una cajita negra.— lo siento por haber hecho de esta forma las cosas, pero tengo el tiempo en mi contra— me dijo. —No te preocupes, te entiendo muy bien— le sonreí. Yo no era de las mujeres que preguntaba mucho, bueno, no de manera directa. —Quizá me hubiera declarado delante de algunos empleados, ¿no crees?— se cuestionó. La verdad es que me hacía un poco de gracia verlo de rodillas delante de mi. —No, no creo que fuera necesario, igual pude notar que tus empleados te temen. Los tienes bien entrenados, señor capitán— me coloqué de frente haciendo un gesto como acatando una orden. Jeremy se puso a reír, pero al instante notó que se le había quitado la máscara de empresario poniéndose nuevamente serio. La abrí y, madre mía, casi me caigo de espaldas. Un anillo de diamantes que gritaba “carísimo” desde la caja. Todavía lo estaba procesando cuando siento que él me lo saca de la mano y me lo pone él mismo. Brillaba tanto que podía hacerme cerrar los ojos de verlo fijo. Es precioso. Aunque sea una farsa, igual me emocione como cuando te piden de verdad que seas su prometida. —¿Me dejás?—dijo, tranquilo, mientras me tomaba la mano y me calzaba el anillo como si esto fuera de verdad. Y lo loco es que, aunque sea un contrato, el tipo era todo un caballero. Se me acercó y me susurró al oído: —Por favor, no lo eches a perder. Se que no es con amor, pero al menos intentaremos llevarnos bien durante este proceso. Y tampoco te preocupes por regresarlo, te lo puedes quedar— sonreí emocionada. Quería saltar sobre el, pero sería demasiado atrevimiento. —No tienes por qué preocuparte, pudiste ver que estoy muy involucrada en esta situación tanto como tú— nuestros ojos estaban viéndose fijamente. Eran hermosos y vibraban. Sus pupilas estaban dilatadas y dentro de ellos notaba algo muy evidente: deseo. Si, no puedo equivocar. He trabajado lidiando con personas y aprendí a leer los ojos. ¿pero por que me desea Jeremy? —Será mejor que me vaya, tengo que hacer algunas cosas, pero cualquier cosa puedes llamar a los empleados, ellos te ayudarán todo el tiempo— se fue y me dejo sola, pero con los pensamientos a flor de piel. Mire la inmensidad de esta sala, del estudio, entonces ahora se supone que yo también voy a vivir acá y seré la dueña temporal de esta enorme mansión. Todo parecía un sueño, pero lo estaba viviendo en carne y hueso. Cuando Jeremy salió, dejó su olor que me embriagaba. Cerré mis ojos y empecé a fantasear. —Me gusta— acepte, no había duda que el hombre estaba muy buenote. Escuché un ruido y miré a alguien. No sé si me había escuchado o que, pero me había puesto colorada de la pena. Al rato entra una señora, una empleada de la casa. —Disculpe, señora. El señor me pidió que la lleve a su habitación. Si no le molesta—me dijo, con toda la humildad. —Ah, sí, obvio—respondí, dedicándole una sonrisa— no es necesario que me digas señora, si quieres puedes decirme cómo lo que soy: Grace.— ella al instante negó con la cabeza. —Lo siento, señora, pero son órdenes del jefe. El siempre nos ha dicho que tratemos a la gente de la casa con educación— miré la aflicción de esa mujer. —Está bien. Como tú digas,— suspiré. Parece que me toca duro poder educarlos a todos en esta casa. Soy alguien que da oportunidad de confianza. La seguí por un pasillo que parecía de hotel cinco estrellas, mirando todo como a mi alrededor. Jamás había visto tanto lujo en un solo día. Cada rincón, cada detalle, era de revista. De repente se para frente a una puerta crema, la abre y… por poco me voy hacia atrás de no haber sido porque me sostuve del marco de la puerta. Un cuarto de ensueño: turquesa, plata, crema. Belleza total. —Este es su cuarto, señora. Llámeme si necesita algo. En la mesa de noche hay un botón que al presionarlo vendré enseguida— ella asintió de manera tímida. —Le dije que no tiene por qué sentirse con pena conmigo, le aseguro que no soy como su jefe— ella sonrió de mejor forma. —Está bien, señor…— la miré para que se rectificara— lo siento, Grace— su rostro se relajó— que tenga una bonita noche. El jefe tampoco es malo, todo es sabérselo llevar. —Gracias—le dije, mientras la veía irse y cerrar la puerta. Me quedé parada mirando todo. Esta habitación era tres veces mi pieza en el depa. Baño gigante, vestidor enorme, lámpara de araña. Hasta me sentía como en la época de los reyes. Esto era puro lujo, sin vueltas. Fui al vestidor y casi me muero: ya habían colgado mi ropa. Todo ordenadito. Esta gente no perdía el tiempo. Me soprendian la manera que siempre iban un paso delante de los dueños, bueno podría decirse que también soy dueña, por seis meses, pero lo soy. —Son unos genios—murmuré. Pero también vi lo triste: mi ropa ahí adentro parecía ir en contra de esta mansión. Es decir: por muy buena ropa que había traído acá, contrastaba aún con el lujo que irradiaba cada artículo de acá. Me sentí un poco decepcionada porque al final de todo, las cosas no habían servido de nada. Me sentía fuera del lugar. Me bajó un toque la tristeza, pero después me dije: relajá, Grace. Esto es temporal. Decidí no quedarme encerrada como tonta. No sería de las novias que llegan por primera vez a una casa y se pone a llorar. No, más bien estoy feliz que mi cuenta ya es digna de unos millonaria, porque lo soy. Sonreí para mis adentros de forma malévola. Llamé al encargado de la casa y le pedí que me hiciera un tour. Quería conocer bien dónde me estaba metiendo. La mansión era un laberinto de lujo. Iba anotando mentalmente cada puerta como si fuera un mapa. Cuando terminamos el recorrido, me di cuenta de algo, demasiado importante: * JEREMY No fui capaz de sostenerle la mirada porque la desnudaría ahí mismo, no se que era lo que está mujer me estaba haciendo en poco tiempo, pero el efecto que sentía, nunca lo experimenté con ninguna de mis conquistas. Yo, Jeremy, el que nunca podrían descolocarlo las mujeres, esta extraña de la noche a la mañana lo ha logrado y en mi propio terreno. Me dolía la cabeza de tanto pensar. Tenía una mala costumbre de tomar cada vez que quería aliviar el dolor, pero al día siguiente se que todo sería peor. Me lleve otro trago de whisky. Necesito calmar este deseo por Grace. Se supone que está acá por un contrato, no me importa el dinero, solo necesito calmar los rumores que se dicen de mi. No podía tampoco obviar que ella me miraba descaradamente, no lo podía disimular. Se nota que también le gusta mi físico, pero es una mujer terca que no va a dar a torcer su brazo. ¿Esto no es amor a primera vista o si? Me tomé el trago hasta el fondo tratando de reprimir toda esta porquería. No podía caer en eso. Se dice que el amor es una basura, que solo te debilita ante los demás y cuando menos te lo esperas, esa misma persona que confiabas y amabas es quien te entierra el puñal. Eso ya me había pasado: así que no. Prohibido enamorarse. * GRACE La curiosidad una vez más me estaba matando. Pero la idea ya la andaba desde que salí de mi habitación y un fuerte campo magnético me arrastraba a formular la pregunta, pero ya que. Todos en esta casa me consideran la señora y futura Park. —¿Y la habitación de Jeremy?— pregunté con pena, pero quería saber donde dormía ese bombón. Incluso me estaba imaginando de qué forma dormía. ¿en bóxer, desnudo? Tragué grueso de solo imaginármelo. —Está justo enfrente de la suya, señora. Es esa— señaló la puerta que irradiaba autorifad. —Ah, gracias por todo.— le sonreí para que se fuera. Necesitaba estar sola para dar el siguiente paso.— me gustó mucho. Eres muy amable. —Un placer, señora—dijo, y se fue. Ahora estaba el dilema de mi vida. Por un lado quería saciar mi curiosidad y darle una excusa barata una vez que abriera, pero también podría estar expuesta a la tentación de la carne. Éramos dos personas desconocidas unidas por un solo propósito. Siempre soy un poco indecisa para tomar las decisiones, así fue con la propuesta, pero con esto puede ser igua, no pasa nada. No es nada malo. Me quedé pensando un segundo… y ahí fue cuando se me ocurrió: ¿y si le hago una visita sorpresa a Jeremy? Si, puedo explicarle que solo fue una sorpresa.
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