[ Días Después... ] La casa nos recibió con un profundo e desconcertante silencio, una quietud tan completa que parecía tener su propio peso físico, presionándonos desde los altos techos abovedados y las paredes desnudas de un color crema impersonal. El familiar aroma del perfume de jazmín de Beatriz se había desvanecido por fin, reemplazado por el olor estéril y cítrico del servicio de limpieza profesional que había contratado, un fantasma químico que no lograba enmascarar el perfume más profundo y arraigado de los recuerdos y la madera de caoba pulida. Cada superficie brillaba bajo el sol de la tarde que se colaba por los inmensos ventanales, y cada reflejo era un recordatorio agudo y frío de una vida meticulosamente curada para el consumo público, un escenario ahora vacío tras la parti

