Atraída por el asombro de que Sam fuera Alone, buscó la manera de verse con él para saber si la recordaba aún.
—Gracias por aceptar vernos en este café—dijo Mel frente al tal Sam.
—No, gracias a ti, después del coma mis amigos me visitan y no me siento bien, no los recuerdo.
—¿Dices no recordarlos? Dijiste que recordabas...
—Supongo que recuerdo cosas más importantes, de todos modos, ellos siguieron sus vidas, en cambio yo me estanqué en la graduación, me perdí la oportunidad de ser reclutado en una universidad y todos me parecen extraños—espetó.
—Pues, cuéntame. Aquí tienes una amiga...
—¿Que quieres que te cuente?
—Como extrañas a tus amigos...
—¿Quieres burlarte de ellos?
—Sí, ¿porque no?—rió ella.
—Porque es malo.
—No tienes ni idea de lo que realmente es malo, vamos, cuéntame.
—Bueno, ehm, había visto fotos de que era muy cercano con un tal Jim, pero lo veo y está casado con su primer hijo y mucho menos cabello del que salía en la foto.
—Es decir que no fue a la universidad o el primer año de una fraternidad lo consumió—dijo entre risas.
—Oye—dijo él tentado.
—Vamos, más, quiero más.
—Pues, tenía una novia, Dana o Diana, no está casada pero tiene un hijo con un hombre que podría ser su padre...
—Interés económico, las mujeres lo hacen siempre—dijo ella entre risas—.Bueno, siguiente...
—Bueno, me abrazó una chica que se llama Shaina, sí se graduó, pero dejó la universidad o al menos no trabaja de lo que estudia.
—Esa es la peor si me lo preguntas...
—Creo que hay alguien peor, un amigo que quería entrar en grandes ligas de fútbol americano y se lesionó, lo sacaron como descarte. De todos modos, no me da risa.
—¿Porque no?
—Porque aunque la vida de mis demás compañeros fuera una porquería, ellos no estuvieron en coma.
—¿Tienes tanta autocompasión?
—¿Que dices?
—Hay gente en Siria muriéndose, triste es vivir en Sudán, Palestina o en un país en guerra, ¿porque te quejas por cinco años que la vida te quitó si de todos modos estás devuelta? No sabes los planes de Dios.
—No quería discutir o hacerte enojar.
—No lo hiciste, no estoy enojada.
—Lo pareces...
—Quiero preguntarte algo, en realidad no debería pero lo haré—advirtió ella.
—Dime—dijo extrañado.
—¿Sabes que tienes un chip subcutáneo? En el cerebro.
—Sí, me dijeron que sin él no hubiera podido volver a despertar.
—Vale, ese chip ¿tiene memoria para ti?
—¿Si recuerdo algo del chip?
—El chip era un sistema operativo, has de ver cosas...
—Pues no recuerdo sobre nada, pero en ocasiones me vienen sueños raros de personas que no conozco, y sé que eso no es posible, no puedes soñar sobre personas que no conoces.
—¿Y que haces con todo eso?
—Nada, solo sigo durmiendo, no reconozco a nadie, excepto tú...
—¿Que?—inquirió ella anonadada.
—Sí, cuando te vi por primera vez te recordé, pero claro, desde otra perspectiva.
—¿Como cual?
—Cómo si fuera una cámara...
—Eso es porque el chip es el de mi sistema operativo.
—¿Que? —preguntó preocupado tomándose de la cabeza.
—¿Puedo acceder a su memoria?
—No lo sé, eso has dicho tú. Supongo que esos sueños son su memoria.
—Eso significa que si lo intentara...
—Como sea—intervino cambiando de tema—.Solo recordarás a mi padre y a mí, solo éramos dos de todos modos, no es importante.
—¿Y no tienes amigos?
—No fuera de la escuela, conozco a unos mellizos, pero no los llamaría amigos.
—¿Porque? ¿No son buenas personas?
—Son conocidos de mi novio.
—¿Tienes novio?
—Sí, pero no importa.
—Claro que importa. ¿Que tal si me gustaras?
—No intentaba herirte.
—No puedes invitar a un chico a una fiesta y luego buscar hablar con él de todas formas posibles y en realidad tener novio.
—¿Porque te sorprendes tanto? Ni que lo hubiera engañado.
—Son cosas que se cuentan de antemano.
—Sí, quizás no lo conté porque no sé si debería seguir con él.
—¿A que te refieres?—instó Sam.
—No sé si hago lo correcto.
—Pues si lo dudas, la respuesta es no...
Ella rió.
—Como si tu supieras de relaciones.
—No lo sé, no se si a mi anterior yo le gustaban hombres o mujeres pero tengo sentido común.
—Como sea, ya lo descubrirás.
—¿Y luego que?
—Seguiré siendo tu amiga.
—Gracias, supongo—dijo riendo—.Aunque creo que me siento atraído por las mujeres.
—¿Cómo lo sabes?—preguntó ella inocentemente.
—Porque me gustas.
—¿Eres tonto? No te enamoras de la primera persona que conoces.
—Lo sé, y no me interpondré entre tú y tu noviazgo.
—Háblame de tus padres—dijo ella cambiando de tema.
—Huh, mis padres, ehm, mi madre es dentista.
—Recuérdame no visitarte cuando está ella—dijo entre risas.
—Como sea, creo que tengo lo suficiente para tener una familia llena de amor. Y seguro encontraré el amor también.
—¿Porque tanta seguridad de repente?
—Soy hegemónico, tengo dinero y no soy un imbécil.
—Déjame dudar lo de imbécil si dices cosas como esas...
—Debes admitirlo, no soy alguien inapetente.
—Está bien, sí, tienes razón, eres atractivo—dijo deteniéndose en sus rasgos, su nariz respingada, su cabello rubio crecido, sus pestañas y sus ojos avellana.
Él se echó una carcajada.
—¿Me estás viendo de otra manera?
—Solo te observaba, no planeo estar contigo.
—No planeaba estar contigo yo tampoco.
—Como sea, mientras no te enamores de mí, no será un problema y todo el universo estará en calma con Sebastián.
—¿Así se llama él?
—Sí, en realidad lo vas a conocer más por sus fiestas que por su nombre pero eso no es nada malo.
—No te veo como alguien fiestera.
—No me conoces. Ehm, debo irme con el rey de Roma.
—Adiós Srta. Mel.
Eso le recordó a Alone, causándole una vorágine pero no dijo nada y fue hasta la casa de Sebastián dubitativa.
—¿Donde estabas?—inquirió él.
—Con un amigo.
—¿Y no atiendes el celular con ese amigo?
—Vamos, amor, era solo el chico del implante de mi padre.
—¿Funcionó esa cosa?
—Le pusieron el sistema operativo más avanzado...
—¿No es el de tu casa?
Ella asintió con la cabeza.
—¿Tiene en su cabeza tu sistema operativo?
—Sí, pero tranquilo, no recuerda nada—mintió.
—De todos modos es peligroso, no lo vuelvas a ver.
—Está bien, ¿fiesta de que será hoy?
—Iremos a un bar, hoy mi padre estará en casa.
—Está bien, ¿quienes nos acompañarán?
—Dimitri, Edwin, Aron y Beltrán.
—No los conozco...—dijo ella con el gesto fruncido.
—Porque la última vez no te los presenté.
—Yo te presento a mis amigos.
—¿Me presentarás al chico del implante?—dijo entre risas.
—¿Y Ally y Zack?
—No los invité.
—¿Estás enojado con ellos?
—No—dijo epítome mientras buscaba que ropa usar en la noche—¿Podríamos estar bien una noche?
—Te amo, pero no conozco a esas personas, y sabes lo tímida que soy.
Él le besó en la frente y le aseguró que nada pasaría. Para cuando ella volvió cambiada, el padre de Sebastián ya se encontraba allí, ni se inmutó en saludarla y pasó de ellos.
—¡Chicos!—dijo el tal Beltrán al buscarlos.
—Pensé que no irías—comentó Aron.
—Lo siento, mi padre está en casa y ella tuvo que ir a ponerse algo de ropa—dijo señalando un vestido de strapless con lentejuelas color n***o y puños peludos.
—¿Cómo hiciste para enamorarte de éste?—dijeron entre risas.
—Él no paraba de decir lo sexy que eras—le susurró Dimitri.
Ella solo sonreía complaciente pero le daba miedo la situación, sobre todo estar sola entre tantos hombres.
—Algún día tu padre merece que le digas algo—dijo el sujeto del auto mientras lo arrancaba.
Ella lo abrazó.
—No lo merece.
—Como sea, no decaigan hablando de esas cosas, que hoy estamos de fiesta—interrumpió Aron.
—Yo traje ésto—dijo Dimitri sacando pastillas.
—Yo no quiero—le murmuró a Sebastián.
—No seas aburrida Mel—insistió él.
—No es eso, no quiero, simplemente...
—Si me amas, tomarás.
—Sebastián...
—Hazlo.
Y tomó, y luego sucedió el resto...