Veintidos

1021 Palabras
La vida tenía un color distinto, la mañana sería prospera y ya tenía amigos con quienes compartir aventuras pensó Melodie, pero no contaba con Sebastián, quien fue el primer rostro que divisó al llegar a clases. —Veo que apareces... —No me gusta como quedamos ayer—dijo él. —Ya no importa, ¿estás bien?—inquirió ella viéndolo fruncir el ceño. —Sí, mi padre regresó a nada solamente. —¿Y eso es algo malo? —Se reirá de mí con sus amigos, lo común. —No lo hará, no puede... —No lo conoces—dijo tomando asiento repentinamente. —Entonces a la mierda tu padre—dijo dándole un beso y tomando asiento. Él le sonrió y cuando tocó timbre se le pegó como chicle. —Quiero hacerlo—le susurró al oído. —Tenemos clases, Sebastián. —Podríamos saltarnos la clase que viene. —Puedes estar en mi vida pero no puedes alterar mis calificaciones Sebas, quiero ir a la universidad. —La gente como nosotros va a la universidad sin importarle las notas, y más en tu caso, tu padre es un genio tecnológico. —Porque prestó atención en clases—dijo tironeándolo dentro del salón. La clase comenzó y Sebastián se había sentado cerca de Mel y le besaba lo que alcanzaba de ella. Para cuando la clase terminó, Ally salió con Mel. —Búsquense un hotel para la próxima—dijo entre risas. Sebastián abrazó por el cuello a Mel. —¿Quien era ella? —La que estaba en tu fiesta, Ally, ¿no la recuerdas? Fuiste muy amable con su hermano Zack. —No los recuerdo—admitió él. —Pues son mellizos. Y no los recuerdas porque te pasas drogándote. —¿Vine a clases o no? —Ese no es el punto, Sebastián. —Quizás venga más de seguido, ya que tenemos amigos nuevos—dijo con la mirada en Zack quien saludaba con la mano a la pareja. —Me voy un momento al baño, ¿vale?—espetó él. Sebastián prosiguió a marcharse al baño, pero sabía o al menos tenía la sospecha de que él también se drogaba allí. —¿Te deja salir de casa?—preguntó con ironía Zack apareciéndose de la nada. —Él hace las mejores fiestas, ya sabes, eso no es un buen pretendiente para mi padre. Sebastián llegó al comentario apropiado casi como si nunca hubiera ido al baño. —¿Irás a la próxima, hermano?—preguntó Sebastián abrazando a Zack como si lo recordara. —Claro, estaremos allí con mi hermana—aseguró Zack. —Aunque deberás esperar un poco. Mi padre está en casa, cuando salga de la ciudad haré líos. —¿Él no te dice nada? Digo, ¿no se entera?—inquirió Zack. —Gracias al padre de Mel, nos vigila con cámaras, pero parece que no le importan—dijo viendo seriamente a Mel. —¿Porque lo dices?—insistió Zack. —Porque tenemos personal para limpiar—espetó. Llegando una vez a casa de Mel en el auto de Sebastián comienza a gestarse el meollo. —¿Hiciste esos amigos sin presentarme? ¿Cuando me lo dirías? —Los conociste tú también, solo que pasaron más tiempo conmigo. No hice nada de malo. —No me gusta que hagas amigos a mis espaldas—atisbó. —¡No fue a tus espaldas!—exclamó ella enojada. —Como sea, estás rara. —No estoy rara. —Es como si quisieras hacer algo aparte de mí. —¿Y acaso no puedo? Él comenzó a acelerar el auto. —Oye, deja de hacer eso—le dijo ella. Él se reía frenéticamente. —¿Te asusta la velocidad? —Me asusta que choquemos, por favor, Sebastián. —¿Ahora importa lo que digo?—dijo desacelerando. —No es justo lo que haces. —La que actúa extraño eres tú. —No estoy actuando extraño por hacer amigos, Sebastián. —Quizás quieres distancia. —No, no la quiero. —¿Entonces? —Solo quiero dejar de ser la novia de. No quiero que me vean solamente porque soy tu novia. —Está bien—sentenció él. —¿Con qué? —No serás mi novia. —¿Que? ¿Quieres eso?—preguntó ella con la voz quebrada. —No, eso quieres tú. —Las parejas no terminan cuando se aman. —Comprendo Mel, déjalo así—dijo dejándola en su casa. Pensó que quizás se había bajado muy pronto y que debía conversar con él pero lo que pudiera hacer con el auto la aterró así que se limitó a bajar nada más. Entró a su casa con desdén. —Alone, prepárame lo de siempre. —¿Que es lo de siempre, Srta? ¿Podría indicarlo? —Tú no eres Alone. —Sí lo soy—respondió la maquina. —Estás diferente. —Lo siento, pero cubriré todas sus necesidades. —¿Me cuidarás en la fiesta a la cual escaparé sin que mi padre sepa? —Debería preguntárselo a su padre primero. —Definitivamente no lo eres...—dijo marcando el número de su padre manualmente. —¿Porque volviste a configurar a Alone?—dijo apenas su padre levantó el teléfono. —Hija, que oportuna, sí, ése no es el primer Alone. —¿Me puedes explicar?—insistió ella. —Estoy haciendo pruebas con Alone. —¿Que clase de pruebas? —Cosas más avanzadas, realmente te lo puedo explicar cuando llegue a casa. —Llegarás tarde, como siempre. ¿Porque solo no me lo dices y ya? —No puedo explicártelo por aquí. —Como sea, espero que esta versión sea igual o mejor que la otra. —Sí Mel, nada cambiará, quizás Alone haga feliz a otra familia. Ella colgó el teléfono pensativa, la frase de ''hacer feliz a otra familia'' le había resultado extraño, pero supuso que el dispositivo se había puesto en otra vivienda. Ella quedó en silencio un rato, preguntándose porque hacía las pruebas con su dispositivo y no con otro.
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