En el fondo, la única persona o la que la conocía mejor era Alone, así que llamó a Sam para encontrarse.
—¿No querías tenerme alejado?—inquirió él.
—¿Ya aprendiste lo que es la ironía?
—Las personas utilizan palabras y frases cuando quieren decir otra cosa, no las entiendo pero lo intento—admitió.
—Conmigo no es así...
—Está bien. ¿A que se debe este encuentro?—volvió a retomar la conversación.
—A que estoy confundida.
—¿Porque habrías de estar confundida?
—Amo a Sebastián pero es un imbécil a veces.
—¿Que es ser un imbécil y que hago para no serlo?—preguntó inocentemente.
—Ehm, bueno, en ocasiones las personas no somos completamente buenas y cometemos errores que lastiman y no nos importa el daño que hicimos, supongo que eso es ser un imbécil.
—Suena a que cualquiera puede ser un imbécil...
—Bueno, si lo ves de esa manera, quizás sí, pero hay algunos más imbéciles que otros...
—¿Quieres decir que Sebastián es ese tipo de imbécil?
—Exacto y en ocasiones lo olvido. Además solo me tiene a mí y eso es un peso enorme.
—¿Porque lidias con ese peso si te quejas?
—Porque no puedes abandonar a las personas así como así, Sam—dijo ella bajando la cabeza.
—Entonces quizás no debería acercarse a él cuando es un imbécil.
—¿Y cómo sería eso?—preguntó ella extrañada.
—Cuando todo se vuelva una tormenta, aléjese. No es su problema.
—Como si fuera fácil—dijo ella viendo de nuevo al suelo.
—¿Que diría eso de mí como novia?
—Que también tiene sus propios monstruos...
—Lo intentaré, supongo. Bien ¿y tú?
—Tengo padres, eso es algo bello, pero los domingos vamos a hablar a solas y de rodillas, suelo fingir eso a veces. Pero no lo entiendo.
—Están rezando, Sam.
—¿Rezando?
—La gente cree que lo tuyo es un milagro, es normal que recen...
—¿Y no lo es?
—No lo se. Quizás sí, solo sé que no soy Dios para distinguir uno.
—¿Y quien es ese Dios?
—El ser que controla todo el universo, o eso dicen.
—¿Y puede lograr lo que sea?
—Eso dicen, dije.
—¿Como que alguien se enamore de mí?
—Supongo que no, hay cosas más importantes que el amor creo. ¿Porque lo preguntas?
—Bueno, usted ama a Sebastián incluso cuando no lo merece, eso es un milagro, ¿no?
—Por supuesto que no. Y no quiero hablar de eso.
—Claro, quizás nunca consigue algo como eso—dijo desilusionado tomándose las manos.
—Eres un buen partido, Sam.
—¿Lo dice enserio?
Ella echa una pícara sonrisa.
—Creo que el milagro sería que la que se enamore de ti fuera yo.
—¿Así de imposible?
Ella lo toma de la mano.
Él la ve y reacciona;
—¿Usted siente lo que yo?
—Depende...
—¿De que depende?—preguntó él mirándola fijamente.
—De que no puedo sentir esto cuando estoy con Sebastián.
—Entonces sabe de lo que hablo...
—Sí Sam, no soy tonta, pero eso lo podrás sentir con cualquier persona alguna vez, quizás en un futuro.
—¿Seguirá estando con Sebastián en el futuro?
—No, de hecho—dijo ella dubitativa.
—Entonces la esperaré...
—Te cansarás.
—La he visto crecer...
—Eso no es romántico.
—Sé todos sus lados, Srta Mel. La conozco, sé que su corazón ya no le corresponde al joven Sebastián pero que sigue allí por lástima.
—No te atrevas a analizarme—ordenó molesta.
—Es imposible callar mis sentimientos...
—Deberías aprender—refunfuñó.
—Pero usted siente lo mismo...
—En ocasiones, las personas que se aman no están juntas, Sam.
—¿Porque se privaría del amor?
—Porque alguien lo necesita más—espetó ella.
—Entiendo. Perdón la impertinencia.
—¿Sabes cuanto dura una vida?
—No—respondió él.
—Años, quizás no es el momento ahora, pero quizás algún día sí.
—Esperaré ese momento entonces...
—Me tengo que ir, solo, no digas esto a nadie.
Él asintió con la cabeza y ella se marchó a visitar a Sebastián, quien estaba enojado y la recibió con una cachetada.
—¿Te atreves a venir a verme?—preguntó Sebastián enfurecido.
—¿Que acabas de hacer?—dijo ella sosteniéndose la mejilla.
—Porque eres una zorra.
Ella le devuelve la cachetada.
—Siempre te he sido fiel, de que rayos hablas.
—Hace rato vienes viéndose con el chico del implante.
—¿Y eso me convierte en una zorra?
—Te tomó de la mano, me mandaron buenas fotos. Dios, como lo miras, tan distinto a mí...
—Te veo de la misma manera, porque mientras más me haces daño estoy aquí.
—Has de beneficiarte de algo.
—¿De que Sebastián? Solo te drogas y haces fiestas.
—Así me conociste...
—Pero creí que cambiarías...
—Jamás te prometí tal cosa.
—Sabes que cada vez que me alejas logras lo contrario, por eso estoy tan fuerte para ti y me tratas así, eres un imbécil.
—¿Imbécil por no querer que mi novia se de la mano con un desconocido?
—Está bien, no lo haré más, dímelo amablemente.
—No debo pedírtelo.
—Sebastián, te amo. Sam estaba solo agradeciéndome.
—¿Y cómo creerte?
—No lo veré más.
—Está bien—dijo él cruzando los brazos. Ella se acerca y le da un beso.
—¿Ves que no es para tanto?
—Es enserio Melodie, me desilusionaría que me engañaras.
—No lo haré.
—Entonces no vuelvas a actuar como una zorra.
—No lo haré—dijo cabizbaja.