CAPÍTULO VEINTE

3911 Palabras

ANA Me incorporo rápido, sintiendo el sabor amargo del antídoto aún en mi boca. Abro los ojos con una lentitud que me desespera. Algo me empuja a recordar los ojos ámbar fijos en mí. Tan cerca que podía contar cada pestaña suya, cada imperfección en su piel perfecta, se trataba de Kabil. Parpadeo, mi mirada se adapta a la blancura helada que me rodea. Sé dónde estoy, claro que lo sé, el olor a desinfectante, las luces fluorescentes que zumban, la sábana tirante sobre mi cuerpo, es un hospital. Reconozco incluso el cuadro de la pared, una imagen abstracta de un campo grisáceo que intenta parecer esperanzador, pero solo me provoca náuseas. Siento la garganta seca, los labios agrietados. Me incorporo apenas, y un mareo cruel me atraviesa como cuchillas. Una punzada me estalla en la sien. E

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