Puedo gritar, desmayarme, reír y pare de contar. Pero entre tantas cosas lo único que se me ocurre ante la vergonzosa escena es salir corriendo como una loca y entrar al desastre de mi casa, lloriqueando. La sala está patas arribas y dejo que las lágrimas salgan y que demuestren cuán dolida me hace sentir haber encontrado a mi amor platónico con una mujer —y no cualquiera, sino mi amiga— follando. Las manos me tiemblan y el corazón me late tan rápido que no sé si estoy a punto de infarto.
¿Por qué, señor de los idiotas? ¿Por qué justo yo tenía que presenciar tan bochornosa escena?
Cubro mi rostro con las manos, apenada, y me mantengo así hasta que escucho pasos detrás de mí.
Bien, en caso de que sea Jackson le diré que es un maldito cochino e irrespetuoso, y si es Georgia le arrancaré su perfecto cabello —Aunque no tenga la culpa— y después lloraré como Magdalena diciéndole lo que siento.
Después los echaré a ambos.
Sí, estoy decidida.
—¿Cam?
—Déjame sola —gruño.
Perfecto, Camille. Eres oficialmente una gallina.
La pelirroja suspira y da varios pasos hasta acercarse completamente a mí.
—Dije: déjame sola, Georgia.
—Lamento lo de hace rato ¿Nunca habías visto algo así, verdad?
¡Por supuesto que no! Ni siquiera he visto pornografía alguna vez en mi...
Cierra el pico.
—Claro que sí. Pero ese no es el hecho... Sino que ésta es mi casa.
Georgia baja la mirada avergonzada y comienza a estrujarse los dedos, apenada.
—Lo siento. Creo que... creo que ya debo irme.
Asiento totalmente de acuerdo —porque, no pretendería ella quedarse a platicar conmigo ¿Verdad?— y la acompaño hasta la salida. ¿Pero qué rayos pasa por la cabeza de las mujeres hoy en día? La modernidad las ha convertido en prostitutas baratas que dan espectáculos bochornosos en casas ajenas.
Ya te veré algún día, Camille Colleman.
¡Puaj! NUNCA.
Cuando me giro me llevo tremendo susto al ver a Alexis recargada de la pared, asesinándome con la mirada y completamente empapada. Podrán imaginarse, una rubia con el maquillaje corrido y la ropa enchumbada no es nada más y nada menos que el pollito remojado de Chicken Little, porque ni un Chihuahua bulímico.
—Vas a pagármelas, maldito hombrecito —gruñe haciéndome reír. Que patética ¿Quién en ese estado es capaz de siquiera caminar sin tambalearse?—. Espera que esté sobria.
Me burlo de ella de forma descarada y abro la puerta nuevamente para que el fallido intento de mujer salga de mi casa, y sólo por ese momento olvido lo que mis ojos observaron minutos atrás. Cuando la teñida sale de casa la miro irse a través de la ventana, tambaleándose de lado a lado por la calle. Siento pena por esas chicas, o sea, después de dar semejantes espectáculos, ambas, con sus novios o lo que sea que sean, ellos ni siquiera las acompañan hasta la puerta.
Sólo son sexo y chao.
Estos noviazgos de ahora...
Me giro para volver con mi hermano, quien parece que en estos momentos no sabe que existe.
Pobre, creo que nunca había tomado tanto en su desastrosa vida.
Cuando vuelvo afuera me consigo a Jackson fumando bastante alejado de la piscina, lo ignoro porque en esta situación no pienso lidiar con el puño de sentimientos que cargo, sino con el desastre que resultó ser esta fiesta.
Me arrodillo junto a mi hermano y comienzo a moverlo. Su rostro está más pálido que de costumbre y los mechones de su rubio cabello se adhieren a su sudado rostro. Y aunque en éstas condiciones se parece más al cadáver de la novia que a un humano normal, yo sólo pienso en una cosa:
—¡Carlos reacciona! Mamá va a enojarse cuando vea la casa, está destruida...
Lo sé, soy egoísta.
No me interesa la pálida que carga, sino el regaño que nos van a pegar a ambos ¡Dios, y los vecinos! Nos van a lanzar al agua, esto será una puta locura cuando mamá vuelva.
—Oh Camille, eres tan linda —balbucea y sonríe de lado babeándose, acaricia mi mejilla y parpadea lento—. Te preocupas por mí, te amo, hermanita.
—¡Me preocupo por la casa, idiota! ¡Arriba! ¡Mueve el culo!
Lo jalo del brazo haciendo que el rubio apenas y se mueva. Tiro de él con más fuerza pero lo único que consigo es caer de espaldas a la piscina y hacer que el rubio caiga de la silla al suelo.
Maldición.
Escucho la risa de Jackson y eso me pone de peor humor, nado hacia las escaleras para salirme de allí.
Qué injusto, la fiesta la inventan este par de imbéciles y yo soy la que está a las doce de la noche tratando de arreglarlo todo.
—¡Deja de reírte y ayúdame a levantar a Carlos! ¡Sirve para algo!
El castaño no hace más que reír, y me molesta. Se está burlando, que se burle de su abuela.
—No me da risa, cabeza de... —Me trago las vulgaridades que estaban a punto de salir por mi boca, no pienso perder la compostura, después me llaman lesbiana o machito—. ¡Los dos son unos idiotas! Ni siquiera debería estar aquí, debería irme a dormir y hacerme la desentendida después.
—Hazlo —responde Jack, muy tranquilo. Se acerca con el cigarrillo en la mano ¿Es que siempre es así de idiota y retador? Como si todo le diera igual y nada le importara—. Da igual, Colleman.
—Camille —corrijo colérica.
—Colleman —repite, clavándome una mirada plateada que me estremece.
Me cae mal.
—¿Es que eres bruto o qué? Mi nombre es Camille ¡Camille, infeliz!
Él sonríe de lado y tira la colilla al suelo. Cuando ya está frente a mí se relame los labios, mirándome con seriedad.
—Llámame idiota nuevamente y...
—I-dio-ta.
—Muy bien —murmura antes de tomarme por los brazos y arrojarme a la piscina, otra vez.
En un intento por no caer al agua me agarro de su franelilla negra y lo jalo conmigo, el agua está fría y tengo que escupir todo lo que se ha metido en mi boca. En cuanto siento sus brazos alrededor de mi cintura comienzo a patearlo, haciéndolo reír.
—Si me vuelves a tocar te patearé las bolas.
Su carcajada se hace más fuerte, luego comienza a chapotear salpicándome y haciendo que gotas de agua entren a mis ojos como espinas.
—¡Ya, Basta!
Me toma de la muñeca izquierda y me acerca a él, rompiendo nuestros espacios personales.
—Espero que aprendas la lección, niñita. Porque de lo contrario voy a besarte.
¿Qué?
No sé qué decir, mi primera reacción es alejarme tan rápido como puedo para escapar de la piscina. Ni siquiera volteo, emprendo mi huida hasta la casa.
¿Qué diablos le pasa?
Me exprimo el cabello que no para de chorrear antes de entrar a la sala.
¿Estoy soñando o él está malditamente loco?
Dios mío, sigo sin creer lo que mis oídos escucharon.
¿Qué rayos pasó allá afuera? ¿Es que no sabe respetar el infeliz ese? Primero llega y se folla a mi compañera de clases y amiga un poco cercana en el cuarto de las bombas, después me arroja a la piscina, eso sin meter el hecho de que me amenazó, ¡Me amenazó nuevamente! ¡Y con besarme! ¿Qué clase de tipo es? Digo, es que el mejor amigo de mi hermano no debería decirme cosas como esas, menos él ¡Y menos una maldita amenaza con un beso! Acepto que sea una amenaza con matarme, porque él es él, pero esto no. Es inaceptable.
Voy por una toalla y después de cambiarme regreso abajo para intentar levantar a mi hermano por segunda vez. Sin embargo, conseguirme con el castaño de ojos grises de frente no me ayuda mucho a ir por él ya que se me atraviesa en el medio y lo primero que se me ocurre es regresar.
—¿Quieres salir a pasear? —Escucho que dice.
¡Dios santo! ¿Qué le pasa?
Niego con la cabeza atrapando mi labio inferior, nerviosa y devolviéndome por dónde he venido . Odio lo que ese chico me hace sentir.
Y ya volvió el vapor ¡OTRA VEZ!
¡Joder!
—Por favor, será divertido. Siento que te lo debo. Últimamente he sido un idiota contigo —Sigue detrás de mí, mojando el interior de la casa.
—Jack, yo no creo que sea...
—Por favor —interrumpe cogiéndome del brazo. Mis manos comienzan a sudar y yo inmediatamente me muevo para que me suelte, dándole la cara.
—No, lo siento.
—Bien —suspira, alejándose de mí.
Llámenme tonta pero, número uno: Es tardísimo.
Numero dos: Mi hermano está más ebrio que Jack Sparrow —Miren que coincidencia, Jack como Jack— Ay ya mátenme.
Y número tres: No permanezco siquiera tres segundos cerca de este zoquete antes de que empecemos a discutir por cualquier estupidez.
—Mira éste desastre. Además es tarde. —cubro mi boca al hallarme dándole alguna justificación de mi rechazo.
Porque no merece nada de mí, que se sienta como una chiripa es lo mínimo que merece.
Se gira con una sonrisa diabólica antes de acercarse nuevamente.
—Eso no es un problema, será rápido y divertido. Luego vendremos y te ayudaré a arreglar esto, lo prometo.
No, no, no, no, di que no, Camille Colleman.
Mordisqueo mis labios y termino asintiendo derrotada ¿Qué criatura se resistiría a sus encantos? ¡Díganme! ¿Quién?
Coge mi mano rápidamente y comienza a halarme para salir de casa.
—¿Y Carlos?
—Estará bien, lo prometo —me dice, arrastrándome fuera de la casa. Tomo mi celular y llaves que reposan sobre la mesa antes de irme.
—Prometes mucho —me oigo decir haciéndolo reír.
—Te gustará ya verás.
Me conduce hasta la desolada acera y me ordena que espere algunos minutos mientras vuelve. Me abrazo a mí misma sintiendo frío, mientras él desaparece en la oscuridad de la acera empapado todavía.
Y vaya, yo parezco una pordiosera por como estoy vestida, llevo un short de Jean roto que me queda pequeño y la vieja camiseta negra de Hello Kitty que me regaló papá a mis diez años —Sí, extrañamente aún me queda—.
Cuando estoy dispuesta a irme, porque ni loca saldré así, un Mustang n***o se estaciona frente a mí. No soy alguna chica que acostumbre a ver autos así de cerca, así que prácticamente se me sale la baba.
Los vidrios bajan y veo a Jack adentro encendiendo un cigarrillo.
—Sube, preciosa.
Camino algo indecisa hasta el otro lado del coche y me subo. Tampoco es como si fuésemos a un lugar público, a ésta hora toda la gente está durmiendo, así que, qué más da si parezco una indigente.
Generalmente nunca le hablo a Jackson, y cuando lo hago sólo generamos peleas. Es por ello que me mantengo protegida desde mi cueva psicológica, admirando su hermoso auto y observando cada detalle. Me gusta la tapicería que es de cuero n***o, huele a nuevo, huele bien, huele a él.
Ay Dios santísimo, ya estoy actuando como una demente.
—Qué bonito —murmuro frotando mis brazos por el frío— Al auto me refiero.
Le escucho reír y mis mejillas se encienden «Eso, debe creer que soy una loca» Trato de esconderme entre la maraña de cabellos para que no note que me he ruborizado.
—Toma, te mueres de frío.
Se gira hacia el asiento trasero y me tiende una chaqueta de cuero que inmediatamente acepto, está haciendo demasiado frío como para andar con esta ropa, ni qué decir de él que anda mojado.
—Gracias.
—De nada.
Una vez que me enfundo en la chaqueta y que el sujeto a mi lado ha acabado con su cigarrillo hace rugir el motor de la bestia.
—Esta noche será divertida.
Cuando el auto se pone en marcha me relajo creyendo que no platicaremos de nada.
Sigo sin entender lo que sucede ahora, mi mente trata de comprender tal sorpresa o tal vez quiero ver cosas donde no las hay. Es sencillo, no es para nada normal que Jack se porte bien conmigo ni que se acerque a mi por su propia cuenta siquiera. Tiene que ser algún reto ¿Acaso mi hermano le pidió que limara asperezas conmigo?
Las uñas se vuelven apetecibles cuando la ansiedad por descubrir el motivo de este acercamiento me carcome. Tiene que ser eso, mi hermano le pidió que fuera bueno, de lo contrario Jackson nunca me hablaría, ni siquiera giraría a verme.
Aunque pensándolo bien, Carlos marcó territorio el otro día. Nada tiene sentido por donde lo vea, y es que sigo sin entender esa curiosa actitud, por algún motivo que Jackson me mirara más de la cuenta a mi hermano no le agradó, pese a todos los años de amistad y a su lealtad. Así que no, mi hermano no le pidió nada.
—¿En qué piensas? —Su ronca voz me sobresalta— ¿Estás bien?
—¿Por qué me traes contigo exactamente, Jackson?
Tres segundo de silencio. Ni volteo.
—¿Cómo que por qué? Ya te lo dije —El peso de su mirada me pone la piel de gallina, medio lo veo y me pone nerviosa mirar que abandona la vista de la carretera para verme a mí—. te lo debo, he sido un imbécil contigo.
— ¡Jackson la carretera! —chillo haciéndolo reír. Froto mi rostro y una vez que me repongo hablo—. ¿Una simple disculpa no bastaba?
—No.
Sus labios rosados se ven apetitosos con sólo pronunciar esa palabra: no.
No te resistas y bésame, galán de novela.
¡Ay que cosas digo!
—¿Por qué?
—Porque no. Es todo Colle...
—Camille —corrijo sin esperar que termine de hablar.
Aumenta la velocidad y eso me altera los nervios, incrusto los pies en el suelo del vehículo.
Sí claro, como si pudiera controlar los frenos con eso.
—Camille —repite con un tono de voz divertido que me hace girar a verlo. Sus ojos están puestos en mí y antes de que me pierda en ellos una corneta nos sobresalta a ambos.
Un auto nos rebasa a toda velocidad.
—¡Hijo de puta! —nos gritan desde el otro vehículo.
—Mantén los ojos en la... —me detengo al ver que nos dirigimos a las afueras de Queens—. ¿A dónde vamos?
No contesta y eso me asusta ¿Y si va a matarme? ¿Me descuartizará? ¿O será menos doloroso?
—Deja de inventarte películas en la gran cabezota que tienes. Te estoy viendo.
Me giro una vez más justo cuando pone los ojos rápidamente en la vía.
Más tarde, después de casi una hora de camino y de detenernos para que él pueda cambiarse fuera del auto y detrás, llegamos al destino. Hay muchas luces al final de la avenida, Jackson baja los vidrios y enciende otro cigarrillo. El ruido es enorme, hay demasiada gente y me muerdo los labios sintiéndome inquieta por el lugar al que he venido a parar, el cual reconozco de entre tantas noticias que he visto. Y no, no me parece buena idea ni divertido venir tan tarde al otro lado de Manhattan.
—Son carreras.
Ya lo sé. El lugar es famoso por la cantidad de arrestos y accidentes
Mi gesto de indignación no lo detiene ¿Cómo se le ocurre traerme a un lugar así? Y además, mi ropa es un asco y vergonzosa... Y...
—Cómo pudiste traerme hasta acá ¿Estás loco? Esto es horrible, y... y... ¿Vas a competir? Te puedes hacer daño allí ¿lo sabes? Y... ¿Qué pasa por tu mente, Walker? ¿Yo en dónde voy a quedarme mientras el don idiota corre?
La risa que suelta me pone de mal humor.
—Entonces jugamos a los apellidos ¿eh? Colleman.
Tiene que ser una puta broma.
—No evadas el tema, Jackson.
—Es simple, saca la actitud histérica que tienes de tu cuerpo. Sonríe y no te apartes de mí hasta que me vaya a correr... Déjate llevar, relájate.
—¿Y después qué?
—Después te quedaras con Milton y cuando vuelva iremos a comer.
¿Quién v***a come a esta hora de la noche?
—¿Quién diablos es Milton? Y, y, y... —bufo cruzándome de brazos cuando comprendo que he perdido— . Te odio.
Él no responde, sólo sonríe.
El auto se hunde en las profundidades del bullicio y me siento como una cucaracha en baile de gallinas. Cuando el castaño aparca el auto y baja de él muchas personas se acercan para saludarlo como el buen chico popilar que es, a muchos les estrecha la mano y a otros con un simple asentimiento de cabeza le basta, eso me advierte de que tiene muchos rivales. Me abre la puerta y yo no sé si esconderme en los asientos de atrás o quedarme como las gárgolas de Quasimodo.
—Camille, sal de allí. Pareces una estúpida.
Su comentario es pesadito, pero lo ignoro.
Desciendo azotando la puerta, que todos los cercanos me miren no me causa una buena sensación.
Sí, estoy más fea de lo normal hoy, no es para tanto. Supérenlo.
Casi como una niña asustadiza me aferro al brazo del castaño haciéndolo reír.
—Espera al menos a nuestra segunda salida ¿Vale?
—No seas estúpido. Más te vale que no me dejes aquí o que algo me suceda.
Esperen ¿Habrá una segunda salida?
Concéntrate, Camille.
Varios hombres se acercan a saludar y no me pasa desapercibida la mirada curiosa que me dan. Jackson me presenta con un asentimiento, como si en realidad no quisiera que los demás supieran sobre mi.
Y entiendo que tal vez mi presencia signifique la pérdida de sus otras amiguitas, o tal vez se preste para malentendidos con sus novias.
—¿No es la herma...
—Carlos, sí —responde él con aburrimiento.
—¿Están saliendo o qué? Hijo de puta, no creí que Carlos permitiera esto —Habla un pelirrojo de mirada profunda y tono de voz gracioso. Lo he visto otras veces, si mal no recuerdo se llama Aaron.
—No —digo.
—Sí.
Respondemos al mismo tiempo Jackson y yo ¿Lo hace para fastidiarme o qué? Él me acerca a su cuerpo rodeandome la cintura con propiedad, para darle credibilidad a la mentira.
—Pónganse de acuerdo en lo que son ¿eh?
Se ríe y yo me alejo del castaño.
—¡Deja de molestar, baboso! —suelto enojada, viéndolo, y finalmente le contesto al otro chico—. No somos nada.
Él asiente con una sonrisa hacia el pelirrojo para darme la razón. Y respiro más tranquila.
—Es verdad, no somos ligues—Admite con diversión—, es más bien como mi hermanita menor.
Ríen poniéndome incómoda.