—Es verdad, no somos ligues—Admite con diversión—, es más bien como mi hermanita menor.
Ríen poniéndome incómoda.
No sé de dónde sale el rubio de ojos azules que abraza a Jack, el tipo es precioso y le tiende una lata de cerveza al castaño. Verlos juntos significa un orgasmo visual por tanta belleza junta, creo que podría colapsar ahora mismo.
Demasiado voltaje para una adolescente ordinaria como yo.
Aunque pensándolo bien... A este también lo he visto.
—¿Y esta preciosura quién es? —Se refiere a mí cuando me nota entre tanta gente, yo inmediatamente me tenso.
Ah ya sé, lo he visto llegar con Jack al instituto ¿Todos estarán metidos en esa porquería de las drogas?
—Mi hermanita.
Auch. Eso perforó mi corazón.
Otra curita, por favor.
—¿Es el nuevo nombre que le das a tus mujeres? Porque que yo sepa no tienes a nadie más en este mundo que a tú reflejo del espejo.
Auch. Eso también dolió.
Una curita más para llevar.
—Es una buena amiga —Jackson le da un sorbo a su cerveza y después de algunos segundos habla— Camille, él es Milton. Milton, más te vale que la cuides mientras yo corro, de lo contrario voy a matarte. Si entiendes ¿no?
Milton sonríe y levanta su lata.
—Por mi honor, Don Walker.
Ambos sueltan una risotada que es interrumpida por los rugidos de varios motores.
Seguramente ninguno de los dos ni honor tiene.
—Es la hora —Tira la cerveza al suelo—. Deséenme suerte.
Antes de irse me acerco a él, nerviosa.
—Más te vale que vuelvas ¿ok? Porque no tengo dinero para volver a casa.
Sonríe con prepotencia antes de cogerme la cara entre sus manos «¿Dios es un sueño? ¿He muerto? ¿Así se siente el cielo?» ¿No estoy soñando? ¿no? Mis piernas tiemblan y la mirada que Jackson me da saca de control mi sistema nervioso central que colapsa, y créanme que me asusta.
Otra vez el vapor ¡Por las bolas que no tengo!
No respiro, no hablo, no parpadeo. Ni me muevo.
—Volveré, lo prometo. Y después tú y yo vamos a divertirnos.
Ajá, quiero asentir pero es imposible.
Sonríe y me suelta para después irse.
—Entonces no son nada ¿eh? —murmuran detrás de mí y cuando volteo están los chicos amigos de Jack riendo. Les saco la lengua como una niñita pequeña haciéndolos carcajear, aunque después vuelvo con ellos para sentarme en el capó de uno de los autos que allí se encuentra y mirar como inicia la carrera.
Ocho autos se alinean de dos en dos hasta completar el número, busco al Mustang n***o con la mirada hasta que lo encuentro en la tercera fila. Una chica bastante bonita con ropa de prostituta y dos banderillas blancas en las manos se sitúa en el medio de la calle. Me genera nerviosismo verla allí, ¿Qué pasa si la atropellan? ¿Acaso no le da miedo? Sacudo mi cabeza y pienso en Jack «¿Siempre ha hecho esto? ¿No se conforma con sólo vender drogas, sino que también es peleador callejero y participa en carreras ilegales?» Definitivamente es un chico rebelde en todos los sentidos, justo como me gustan.
La chica eleva los brazos, contorneándose sensualmente delante de todos para después bajarlos con rapidez, anunciando el inicio de la carrera, es allí cuando los vehículos salen disparados.
El rugir de los motores se escucha hasta que la oscuridad de la vía los consume, luego ya no escucho nada más. Las personas gritan hasta que se cansan y luego continúan bebiendo y fumando ¿Acaso no les importa lo que suceda con los corredores?
—¿En dónde es la meta? —pregunto.
—Aquí, tienen que dar la vuelta en el puente de Brooklin y volver —responde Milton. Me tiende una cerveza pero la rechazo.
Es un trecho largo en donde podría pasar cualquier cosa.
—¿Y hasta entonces no saben nada de los corredores?
—No.
—¿Y si algo sucediera qué?
—Nos enteramos cuando vuelvan.
—Entonces sí ha sucedido —Confirmo. Milton ríe y esta vez es Aaron quien responde.
—Siempre sucede. Pero ya es normal. Mejor cuéntame ¿Por qué tu hermano no ha venido?
—Se pasó de tragos, ya se imaginarán el resto.
—¿Su hermano? —Milton frunce el ceño esperando la respuesta de Aaron.
—Carlos Colleman, viejo.
El rubio comienza a reír con picardía y tiempo después se le une el pelirrojo.
—¡No te pases! —suspira el rubio— Jackson es un maldito, ésta vez ha ido muy lejos.
—Sí que sí.
—¡Qué no somos nada, maldición! Ni siquiera sé porqué vine.
Entre ellos comparten miradas cómplices que me hacen enojar. Tomo mi celular de entre el short para mirar la hora, son las dos con dos minutos de la mañana. Mi hermano moriría si supiera que estoy en un lugar como este, y si hablo de mi padre, él me mandaría a un convento.
Al pasar los minutos ya casi no tengo uñas y no hay señales de ningún corredor. De hecho ya las personas comienzan a murmurar cosas y Milton me ha dejado con Aaron mientras habla por el celular ¿Habrá pasado algo? Mis dedos sudan y casi me siento desfallecer del pánico.
Varias luces se ven al final de la carretera y las personas se aglomeran en la meta gritando como locos.
No sé bien que sucede después porque entonces me empujan y yo me voy de trompas al suelo, lo único que sé es que mi labio inferior ahora está roto y que alguien ha llegado por fin a la meta. Me pongo de pie con torpeza y corro para ver quién es. Y sí, allí está mi crush sonriendo con su típico aire de superioridad mientras que los demás lo felicitan. Me consigue entre la gente con la mirada y hace un ademán para que me acerque.
—Eres un...
—Ganador —Interrumpe ya estando frente a mí— También me siento orgulloso.
—Felicidades, supongo —intento sonreír pero fallo cuando toma mi mentón y me acerca a él. Mi gesto de espanto no le causa nada.
—Te rompiste la boca. Está horrible.
—¿Qué? ¿En serio?
Sonríe sin soltarme.
—No, es broma. Puedo curarlo, si quieres.
Me alejo avergonzada con las mejillas ardiendo como arreboles, su sonrisa travieso me aprieta el pecho y después de recibir espaldarazos y apretones de manos me ordena que suba al auto.
Y eso hago, porque sinceramente no me siento a gusto con este montón de gente afuera.
Habla con los chicos antes de subir y largarnos de entre tanto desastre.
No dejo de pensar en ese gesto insignificante para él pero enorme para mí en el que creí por un momento que me besaría «Ilusa que soy», el nerviecillo de la decepción se asienta en mi estómago y suspiro mirando el asfalto.
Alguien como él nunca se fijaría en mí. Somos muy diferentes.
—¿Qué quieres comer?
—Nada, quiero irme a casa ya —No tengo hambre y tampoco ánimos para nada. Solo quiero acostarme a llorar por ser una perdedora.
—¿Qué pasa?
No lo miro.
—Nada. Sólo quiero irme.
El auto se detiene a un lado de la oscura carretera y yo me tenso. Voltear a verlo no ayuda para nada porque el tenerlo cerca y serio mirándome me pone a sudar.
¿Es ahora cuando el villano dice que va a matarme y después me amarra para guardarme en la cajuela del auto?
—No lo entiendo. Estaba todo bien antes de irme a correr ¿Te dijeron algo? ¿Hice algo mal?
Asiento, claro que hizo algo mal.
—Me pediste que viniera contigo.
—¿Y eso se supone que está mal para ti?
—No, digo ¡Sí! —Dejo escapar el aire, frustrada, y hundo las manos en mi rebelde cabello como si con ella pudiera conseguir las palabras que necesito—. No entiendes.
—Tienes razón, no entiendo. Sé que nunca hemos intentado hablar más allá de insultarnos y discutir. Pero eso no quiere decir que me desagrades o que te odie. Camille, eres una linda chica, sólo intento estar bien contigo. Además eres la hermanita de mi mejor amigo, no podemos estar mal ¿entiendes?
Ese es el problema. Que nunca saldré de esa etiqueta "la hermanita de mi amigo".
Y duele, lo peor es que él no tiene la culpa. He sido yo por ingenua y soñadora.
Asiento.
—Llévame a casa ¿Podrías?
—¿No quieres comer o algo así?... Ni siquiera te divertiste.
—Está bien. Sólo... quiero alejarme de ti.
Lo necesito.
—Sé que he sido un...
—No se trata de ti ¿Vale? Se trata de mí. No quiero acercarme ¿Nunca te lo preguntaste? ¿Por qué crees que nunca te he hablado? O... o... ¿Por qué crees que te insulto?
—¡No lo sé! ¿Eres loca, bipolar? no tengo alguna maldita idea de porqué me odias.
Me gustaría gritarselo a la cara, pero soy cobarde.
—Sólo llévame a casa, Jackson.
—No —la respuesta es tajante—. Dije que iríamos a comer y que nos divertiríamos.
Pone en marcha el auto y yo comienzo a gritar para que me lleve a casa, pero todo es en vano. No es de extrañar que se comporte como un idiota porque siempre lo ha sido.
La velocidad aumenta y yo me aferro al cinturón de seguridad sin dejar de insulturlo para que me devuelva a casa ¿Por qué no se rinde de una vez? ¿Qué gana él con todo esto? Sólo quiero alejarme, necesito hacerlo, ni siquiera sé por qué acepté venir con él en primer lugar.
O sí sé: por estúpida.
Y sé cómo terminará esto, yo me ilusionaré cómo la perdedora que soy y él me seguirá viendo como una hermanita.
Y ¡Maldita sea! ¡Eso es muy cruel!
Por eso tengo que alejarme y no permitir ningún tipo de contacto.
Pero al paso que voy ya fracasé, como en todo.
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Froto mis manos antes de abrir la envoltura de mi hamburguesa. Jackson mantiene los ojos en el celular y agradezco que así sea, me pone incómoda que me mire, incluso que me hable.
No debería ser tan estúpida, ya parezco una pueblerina asocial, pero no puedo evitarlo cuando yo muy bien sé lo que siento por él, pero sobre todo, porque no hay un segundo en el que no discutamos. Y no quiero pelear ahora.
A mis nervios de puntas les viene bien algo de paz y calma absoluta. La muerte también es una opción.
Es solo una salida a comer con tu hermano putativo. —pienso para relajarme.
Le doy un primer mordisco a la hamburguesa y le echo una miradita discreta al castaño frente a mí. Su recta mandíbula y labios rosados me hacen babear al ver como se mordisquea mientras admira la pantalla de su iPhone. Tiene los dedos de las manos tatuados y fantasea con la idea de ser acariciada por ellos.
—¿No vas a comer nada? —Me quiero hundir en la corteza terrestre al darme cuenta de que he abierto mi gran bocota para hablarle.
Niega sin apartar la vista de su celular. Teclea unas cuantas veces más y por fin lo guarda para clavarme la mirada.
—La noche es joven y pensaba llevarte a una fiesta.
—Pues no sucederá.
—Dije pensaba, Camille.
—Pues bien.
Ser ofensiva con él me sale natural, debe ser una especie de antifaz natural para tratar de ocultar mi enamoramiento eterno.
Una hora más tarde —Y después de casi atragantarme bajo su fría mirada— volvemos al auto. Algo pasa conmigo que pienso en Marsella, y se siente raro tener pensamientos hacia ella que no sean de reproche y molestia, ¿Qué pensaría ella de todo esto? Digo, no estoy haciendo nada malo pero salir con el amigo de mi hermano no es bueno, o al menos no está bien visto por las personas. Carlos no estaría muy de acuerdo, y si por una simplona mirada que me dio su idiota amigo se hizo una película en la cabezota qué diría si nos viera en un auto yendo a...
Esperen un momento ¿A dónde diablos vamos?
No me ubico en la vía por la que vamos, trato de mirar las señalizaciones pero la alta velocidad no me lo permite. Diviso muchas luces al final de la avenida y música a todo volumen que me deja hiperventilando ¿Por qué lo ha hecho? ¿Por qué simplemente no me llevó a casa como le pedí? Cuando nos vamos acercando defino la fachada de lo que parece ser un club nocturno abarrotado de personas en la entrada. Me giro para ver al castaño que sostiene una sonrisita de prepotencia en la cara.
Maldito hombre.
Estamos en Hairos Night Club.
—Nuevamente lo haces —Y mi cara de palo le genera felicidad, porque sonríe aún más.
Aunque me siento frustrada porque no puedo luchar contra los arrebatos de mi compañero, me gusta que me haya traído, me hace sentir importante —Lo sé, estoy soñando demasiado— además, nunca he entrado a una discoteca por ser menor de edad.
Jack busca un puesto en el aparcamiento para estacionar y bajar. Él es famoso en la localidad y el hombre gordo que custodia la entrada nos deja pasar apenas ponemos un pie en frente, entro con su mano empujando mi espalda baja. El bajo del equipo de sonido me retumba por dentro y aunque normalmente odiaría esa sensación, en este momento me gusta. Es como si la avalancha de mariposas que he sentido durante todo el viaje quisieran salir.
La humareda me envuelve una vez que estamos dentro y hay tanta gente que me siento perdida.
—¡Jack!
—Tranquila, estoy aquí —Sostiene mi mano entre la suya haciendo que mi estómago se revuelva de nerviecillos.
Tranquilízate, Camille. Tampoco estás con Chris Evans.
No puedo ver nada y eso también me desespera. Me dejo guiar por él hasta que por fin llegamos a la barra en dónde hay más gente apoyada bebiendo y otros bailando. Allí hay un poco más de iluminación, y es lógico ¿no? ¿Cómo sabrían los bartenders lo que echan en los vasos si no ven?
Echo mi cabello hacia un lado para después tomar asiento en uno de los banquitos de madera, la música está a todo volumen y los gritos de las personas me ensordecen.
El ambiente no es mi estilo, pero me gusta, es algo diferente.
No hago más que ver a las mujeres con sus trajes bonitos y comparar mi atuendo de psicópata con esos conjuntos llamativos y sofisticados.
Siento un aliento en mi oreja.
—¿Quieres bailar?
Es Jackson.
Madre mía bendita.
No sé qué responder pero ya es tarde porque el castaño me arrastra hasta la pista de baile en donde suena Cheap Thrills.
—Nunca he bailado con alguien —confieso acercándome a él para que me escuche. Y es cierto, siempre he sido solitaria, para nada amigable.
¡Qué vergüenza! Nunca he bailado con alguien más que no sea mi enorme peluche de oso Teddy.
Pasando pena nivel Dios.
—Es fácil. Solo sígueme.
Me voltea, poniéndome de espaldas a él. Su estatura me intimida —Bueno, todo en él lo hace— comienza a moverse de un lado a otro y yo lo sigo, imitando los pasos de las mujeres que bailan a mi alrededor pero menos vulgar y atrevida.
El castaño sujeta mi cintura y yo me detengo cuando se activa mi alarma de espacio personal.
Están pasando los límites, Camille Colleman ¡Están pasando los malditos límites!
Siento su aliento en mi oreja y eso... Vaya, es asombroso. Me atonteo.
—Relájate. No voy a comerte —habla bajito—. No todavía.
Aunque me gustaría que me comiera toda.
Esperen, ¿Qué?
¡Ya cállate, consciencia!
Consigo ponerme aún más nerviosa cuando ya no hay espacio entre nosotros. Estoy casi adherida a él moviendo la cintura de un lado a otro. Este tipo de acercamientos eran los que tanto criticaba, pero bien dicen que la saliva le cae en la cara a quien escupe para arriba.
Jackson me voltea bruscamente dejándome ahora de frente a él, igual de cerca que antes. No aparto la mirada de la suya y así nos mantenemos hasta que la canción termina para después volver a la barra.
—¿Puedo hacerte una pregunta?
Asiento.
Estamos tan cerca que su perfume invade mis fosas nasales.
Me encanta.
—¿Te ha gustado salir conmigo?
¿Pa' qué decir que no?
—Mucho.
Y no miento, quizás al inicio no estaba muy convencida y después quería irme. Pero esto definitivamente ha sido... divertido. Súper divertido.
E insuperable.
—¿Crees que podamos hacerlo otro día?
Miro hacia todas las direcciones tratando de procesar lo que mi crush ¡Mi crush! —Sí, señores, ¡Mi desgraciado Crush!— Acaba de decir. No lo miro, sólo muerdo mis labios tratando de evadirlo.
¿Podría repetir la pregunta, señor?
Sujeta mi barbilla, volteándome la cara para clavar su mirada plateada en la mía, espera una respuesta.
—Creo que sí —respondo al fin y él sonríe.
Me encanta su sonrisa, me encantan sus hoyuelos, me encantan sus ojos cuando se achican al sonreír. Me encanta todo él.
A las cuatro de la mañana por fin llegamos a casa. El castaño prometió que iba a ayudarme a limpiar al regresar y en serio espero contar con eso. Bajo del auto mientras Jack busca un lugar para aparcarlo, admito que fue divertido salir con él y que además descubrí que no es tan idiota como parece. Cuando entro lo primero que veo es a mi hermano igual de ebrio que antes, pero de pie, lleva el cabello peinado hacia arriba y un delantal. Canturretea mientras barre con la escoba al revés, tropezando con los adornos de Marsella y creando más y más desastre, entonces se gira y me mira con una enorme sonrisota que lo hace ver como un demente.
Hasta me asusta.
—¡Hermanitaaaa!
Jackson aparece a mi lado justo cuando el rubio cae al suelo, desmayado.
Vaya, esta será una laaarga mañana.