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4661 Palabras
Termino de echar las latas de cerveza en la basura y suelto un suspiro de alivio, por fin hemos terminado. Ya son las cinco de la mañana y aunque parecía imposible lo logramos, Jack sirvió de mucha ayuda, después de todo no es tan porquería como pensaba. Por otro lado, mi hermano está noqueado en su habitación. Creo que nunca lo había visto tan ebrio en la vida. ¿Quién lo manda a beber de esa forma? ¡Necesita con urgencia ser recluido en alcohólicos anónimos! Aunque aún no estoy muy segura de si se puso así sólo por el alcohol o si se metió alguna mierda extraña. Cuando me dispongo a salir de la cocina me llevo tremendo susto al ver a Jack recargado de la pared con un cigarrillo entre los dedos encendido, parece un muerto entre penumbras. Me molesta verlo fumar porque primero: odio el humo porque tengo asma, y segundo: me agrada molestarlo. Así que sin pensarlo dos veces se lo arrebato y lo tiro en la basura. —Te vas a morir joven si continúas fumando esto y... —Guardo silencio. Duele pensar que sea un consumidor de drogas.. Un drogadicto. No me consta, ya lo sé. Pero generalmente los vendedores consumen sus productos ¿Cierto? —Si muero joven no es tú problema —replica cortante, soltando un bufido que me hace saber que le molesta mi actitud. Bien, ya vamos de nuevo. Supongo que como ya está amaneciendo el Jackson de la noche no aparecerá hasta que caiga la luna. Así que volverá a ser el mismo idiota de siempre. Sí señores, lo he descubierto ¡Jack es bipolar! Y le pega la luna. Trato de salir rápido de allí, quiero irme a dormir y me molestan sus cambios de actitud ¿Es que no puede ser normal? Sin embargo, él me lo impide, tomándome del brazo y volteándome bruscamente contra la pared en donde segundos antes se encontraba recargado. Sube mis brazos, estirándolos y pegándolos a la superficie, dejándome indefensa ante él. Planta un suave beso en mis labios que me deja helada. Tardo un poco en reaccionar por lo que sus labios se mueven lentamente por sobre mi boca, generando un exquisito cosquilleo que me atonta. Jesús, estoy alucinando. Desliza sus manos desde mis brazos hasta mi cintura, dándome la oportunidad de aferrarme a su cuello porque soy una estúpida. Las yemas de sus dedos están frías y la piel se me eriza cuando se cuelan dentro de mi camiseta. Me besa delicadamente, como si fuese el cristal más endeble del mundo, amasando mi boca en una danza acompasada, siento su lengua dejando caricias en mi labio inferior y tiemblo un poco. Necesito respirar, por algún motivo mis fosas nasales no bastan ¡Son los nervios! Y mi corazón va a mil por horas, abro mi boca para tomar aire y él aprovecha la oportunidad de introducir su lengua para tocar la mía, me sostengo de sus hombros porque podría caerme en cualquier momento. Peina mi cabello con cuidado, él sabe a cerveza y a nicotina, y extrañamente me gusta. Me mordisquea con suavidad antes de tirar de mi labio inferior. Estoy muriendo en distintos niveles. Mantengo los ojos cerrados, presa del momento. Pero en ráfagas de segundos él me suelta y sale de la cocina. Me quedo de piedra, temblando aún y asustada. No sé qué acaba de pasar, pero estoy levitando en mi mente. Lo único que se me ocurre es irme detrás de él. Recoge su celular que yace sobre el sofá para aproximarse a la salida sin decir nada. —Espera. —Hablo temerosa y con el corazón palpitándome a toda máquina. Estoy muy sensible con este arrebato, no quiero que diga algo cruel porque lloraré por horas, aún así necesito una respuesta para lo que acaba de pasar. —Esto no pasó, olvídalo. Fue una estupidez. Guardo silencio y lo veo marcharse presuroso. ••••••••••••••••• Marsella está enojada, sus gritos me causan dolor de cabeza. Carlos mantiene las manos en su rostro, lleva una resaca de los mil demonios —¡Diganme! ¿Quién lo manda? Así que bien hecho—. Y como si fuera poco uno de los vecinos chismosos esperó a que nuestra madre apareciera para contarle que anoche armamos una fiestecita de lo peor —Y vaya que lo apoyo, pero hay un problema, también dijo que me vio llegar de madrugadas con un muchacho—. Estúpido viejo, tenía que ser el padre de los mocosos de al lado. Oficialmente los Bonillos me caen mal. —Pero arreglamos todo. —habla Carlos aturdido. "Arreglamos" me suena a poliedro, pero no refuto porque necesito huir de aquí. —¡Pero me faltaste el respeto! Te burlaste de mí, Carlos. Intento darme la vuelta para volver a mi habitación por mi morral porque ya es tarde, pero me lo impiden. —Oh no. Tú no te mueves de aquí ¿Con quién andabas? Carlos bufa aburrido, cubriendose la cara fastidiado. —Con nadie. Yo no salí de aquí, sólo recogí el desastre de la fiesta. Ese viejo sólo lo dice porque le caigo mal. Y no es mentira, hasta su perro me odia. Marsella suelta un suspiro vencida y no le queda de otra que dejarme ir. Corro hasta mi habitación y cojo mi mochila para bajar nuevamente e irme al instituto. Cuando subo al auto de Carlos me doy cuenta de que he escogido una mejor ropa que los otros días. Se trata de un jean con roturas ajustado y una camiseta blanca que se adhiere a mí, mi cabello suelto me gusta, me da una apariencia ruda y femenina. Quizá sea hora de demostrar que no soy la niña hombrecito de la que tanto hablan. —Gracias por arreglarlo todo. —murmura mi hermano. Eso, ahora me debe un favor. Me encantan los finales felices. Sonrío sin mostrar los dientes ¿Qué haría ese aborto de mono sin mí? ¡Ja! De seguro moriría. Miro a través de la ventana, suspirando cuando a mi mente llega el recuerdo de los labios de Jackson sobre los míos, suaves y delicados, y a la vez rudos y dominantes. Eso fue un sueño ¿no? ¡Tiene que serlo! Ah ya recordé, "eso nunca pasó", sus palabras no las mías. Me muerdo los labios bastante animada y termino sonriendo como una tonta. Se sintió bien. ¿A quién engaño? ¡Fue maravilloso! ¡Mi crush me besó! Todavía puedo sentir su lengua acariciándome. ¡Dios mío, gracias! Cuando reacciono de mi trance romántico e idiota ya estamos dentro del instituto, y parece que hoy las horas pasarán volando. —Me trajiste hasta aquí. —Normalmente el idiota de mi hermano me deja una cuadra antes, y ya me he acostumbrado a eso. —No te acostumbres, enana. Te estoy pagando el favor que me hiciste anoche. Eso no es justo, mi favor vale más que esto. Pero teniendo en cuanta sus estúpidas reglas de: No hablarnos y no mirarnos dentro del instituto a menos que sea necesario, decido dejarlo pasar. Sonrío complacida y bajo del auto para perderme en las profundidades de la institución. Hoy será un largo día, empezando por el examen de matemáticas para el que no estudié por quedarme hasta la mañana limpiando el desastre que causó la fiesta, y bueno, también porque salí con el tonto y sexy chico de ojos grises. En cuanto me asomo por los pasillos todos giran a mirarme. Admito que hasta yo quedé impresionada al verme en el espejo. Sí, gente, coman mierda y miren lo bella que soy. —Parece que el hombrecito decidió venir como mujer hoy. —Púdrete. —Le clavo la mirada a la perra rubia por unos segundos sin dejar de caminar. Alexis es masoquista, no puede vivir sin mis puños. La muy estúpida me coge del brazo, jalándome de golpe y haciendo que caiga al suelo de trasero para que media población estudiantil se ría de mí. No puede ser. No puede ser que deba ensuciarme las manos con sangre una vez más. Me levanto hecha una furia y le estrello el puño en la mejilla haciéndola chillar, la situación comienza a calentarse y yo estoy dispuesta a sacarle toditos los dientes, ya está bueno de sus humillaciones ¿no? Sin embargo, mi hermano aparece y me carga sobre su hombro para sacarme de ahí. ¿Por qué siempre tienen que interrumpir las peleas? ¿No pueden esperar hasta que terminen? Golpeo su espalda mientras le grito groserías por impedirme desfigurar a su perra, pero no me suelta hasta que estamos frente a su auto, en el estacionamiento concurrido. —¡Ya basta! —Me grita enojado.— ¿Podrías comportarte como una niña? —Ella siempre me molesta. —Estoy tan enojada que me da por llorar de la impotencia. No es justo que yo sea el punto de bullying en el instituto y que no pueda defenderme. Me cansé de esto. —Bien. —suspira y coge mis manos, se le ve preocupado y eso me asusta. Saca el celular de su bolsillo y lo veo juguetear con él.— Mamá acaba de llamar. Muerdo mis labios, nerviosa, a la expectativa. También acelerada por la escena de segundos atrás. —Papá y su esposa acaban de tener un accidente. Él está bien, pero su mujer perdió al bebe. Suelto el aire que he estado almacenando y rasco mi nuca más relajada. Ah, era eso. —Papa está bien. —suelto.— ¿Se supone que debo llorar la pérdida de ese mocoso? ¡Ni siquiera conozco a la mujer! Carlos niega con la cabeza y me señala enojado. —Eres una plasta de mierda. Ruedo los ojos y comienzo a caminar, alejándome de él para volver a los pasillos del instituto. —Como quieras, hermanito. Tú eres tres mil veces peor. No entiendo su actitud, no le habla a papá pero se preocupa. ¡Bah! Cuando ya son las nueve de la mañana quiero correr tan lejos del salón como pueda. No han dejado de hacerme Bullying y el hecho de tener que controlarme para no golpearlos a todos me desespera. —Machito. —murmuran al fondo del salón. Me hago de oídos sordos para no perder la compostura, me he planteado la idea de demostrarle a mi hermano y a Marsella que puedo ser una chica decente y no pelear en el instituto mil veces a la semana. Georgia me examina con la mirada. Ya sé lo que piensa, que estoy loca por no ponerme de pie e insultarlos a todos, sí, normalmente lo haría, pero me he trazado una meta, demostraré que soy una mujer y no pelearé ¿Qué tal si de pronto todos comienzan a pensar que tengo pene? Es entonces cuando mis pensamientos giran en torno a la pelirroja, siento pena por ella, soy una mala amiga, se supone que mi crush ha sido mi frustración amorosa durante toda mi vida, así que yo lo vi primero que ella. Pero tenemos un minúsculo detalle, y es que la pelirroja consiguió estar con él primero que yo y ahora me siento una traidora por haberlo besado. Aunque no fue así. Él me besó primero. Igual cuenta. No, eso no pasó. Punto. —Ptss. Volteo y Georgia me regala una sonrisa de pena —De seguro le doy lastima—. Parece que le molesta que sea tan tonta, y que no me levante a partirle la cara al que está fastidiándome. —Haz algo. Niego con la cabeza y decido voltear y mirar a través del ventanal que da justo a la entrada del instituto. Mi corazón se acelera cuando veo a mi hermano y a Jack hablar con otros estudiantes. Dejo de prestar atención a las horribles y espantosas operaciones de álgebra para mirar al castaño. Aún no puedo creer lo que sucedió. Pero ¿Ahora qué? ¿Se supone que seremos amigos? Él dijo que quería salir de nuevo conmigo ¿Tendremos citas? ¿Volverá a besarme? Sonrío sin quitarle la mirada de encima. Lo veo encender un cigarrillo y reír por algo que han dicho. —¡Señorita Colleman! —exclama la profesora— ¿Le parece más interesante lo que hay afuera? —Sí, digo, no —Algunos de mis compañeros ríen por mi torpeza. Quisiera que me tragara la tierra ahora. ¿Por qué seré tan torpe, señor? ¿Acaso estoy destinada a hacer el ridículo siempre? El timbre de salida suena y yo me relajo, ¡Señoras y señores! fui salvada por la bendita campana. Volteo nuevamente y me encuentro con esa mirada plateada clavada ¿En mí? Recojo mi cuaderno y salgo del salón rápidamente no sin antes entregar la hoja del exámen casi vacía, los demás profesores no vendrán, por lo que escuché están en un taller. Así que ya puedo irme a casa. Cuando estoy en la salida me dirijo hacia las rejas de delimitación en donde se encuentran Carlos y su amigo. —¿Saliste? —pregunta mi hermano. —Sí, gracias al cielo. —Parece que alguien ha tenido una mala mañana. —murmura Jack, expulsando el humo fuera de su cuerpo. No respondo. —¿En dónde está tu amiga? —pregunta el castaño mirando detrás de mí.— Se supone que vine por ella. —Oh. —exclama Carlos burlándose— El gran Jackson Walker colgado por una colegiala. Jack sonríe de lado y tira la colilla de su cigarrillo al suelo. —¡Chico misterioso! Ruedo los ojos y me volteo para comenzar a caminar lejos de ellos. —¿No vienes en el auto? —el rubio espera mi respuesta pero niego con la cabeza. Tengo un lugar mucho mejor al que ir. *** Lloro, lloro porque me siento como una estúpida. Es injusto que lo hiciera, es muy injusto, ¿Por qué a mí? ¿Siempre lo hará con las demás? Te lo dije, no te ilusiones. Ah pero no, Camille es demasiado terca como para escucharse ella misma. Lyly acaricia mi cabello sin dejar de repetir que todo estará bien. Pero yo sé que de ahora en adelante todo estará mal, porque continuaremos con el mismo trato de antes y aunque eso era normal, pues ya no, porque entonces el recuerdo de esa estúpida noche vendrá y me sentiré como basura. Lo peor de todo es que no tengo derecho a reclamarle, porque no somos nada. ¡Sólo fue un estúpido beso! No, fue un beso de mi crush. —¿Quieres que te acompañe a casa? —murmura bajito. Asiento. —Bien, bajaremos a comer. Pon tu mejor cara, mi madre pregunta más que una vieja chismosa. Sonrío y obedezco. Ya en la mesa la tía Rachel no deja de preguntarme por algún novio o amor platónico, eso sólo me ha hecho sentir pesada y mal. Pero siempre contesto con una falsa risita y negación rotunda. Soy una buena actriz, lo admito. Denme mi maldito premio Oscar. —Me enteré de lo de la esposa de tu padre, que lástima. Me encojo de hombros antes de responder. —No la conozco, así que no me interesa. Lyly carcajea aunque es regañada por su madre después. Casi a las cinco de la tarde mi prima me acompaña a casa, la verdad me hizo sentir mejor la compañía de ella. La rubia besa mis mejillas y me ordena que deje de llorar por algo tan estúpido como eso. Y tiene razón, sólo tengo que olvidar todo y sonreír, sí, será casi imposible pero lo intentaré. Bajo del auto y la veo marcharse ¿Que haría sin ella?, probablemente sería más amargada y gruñona que de costumbre. Al abrir la puerta quiero ser tragada por un gusano terrestre gigante. —¿Acaso no tienes casa? Digo, porque vives aquí metido. —es lo primero que sale de mi boca, sin importar que mi madre esté sentada en el sofá con algunas amigas jugando a las cartas, y mucho menos sin importar que Carlos esté, al igual que Milton y Aaron. Que por cierto, es primera vez que los veo en casa. Los últimos comparten algunas miradas desconcertadas. Jackson rasca su cabeza evidentemente aburrido y Carlos sale del sofá para dirigirse a mí. —Vete a tu habitación y deja de molestar. —gruñe entre dientes. Las amigas de mi madre miran la escena algo apenadas, pero la rubia las distrae con algún tema de conversación. —Quiero que se vaya. —ordeno enojada— ¿Por qué siempre está aquí? ¿No tiene padres con quien estar, o un hogar que calentar? En cuanto termino de hablar un Jack enojado camina hacia mí, de inmediato es detenido por Aaron. —¡Ya es suficiente! —¿Qué dije de malo? —exclamo fúrica y decepcionada ¿Qué pasó con el Jackson de anoche?— Oh, ya veo. No te gusta que te digan las verdades. —Vete a tu habitación. —ordena Carlos hecho una furia. Comienza a halarme del brazo pero me sacudo. Mi madre está sonrojada, avergonzada. Sus amigas también miran la escena y por un momento siento pena por ella. Yo también querría ser tragada por la tierra si algún día un hijo mío hace alguna escena como la mía. Me rindo y por fin subo a mi habitación, pero no sin antes hablar. —Te odio, a ti y a tu estúpido amigo. Son de lo peor existente en el mundo y ojalá que algún día alguien les haga pagar lo que hacen. —Ya es suficiente. —le escucho decir a Jackson. Y entonces corro hasta mi habitación. Confirmado, Jackson está frito y está forzadamente puesto en mi lista negra junto a perrexis. Cuando ya son más de las siete de la noche me decido a bajar por comida, muero de hambre y no pienso abstenerme por la escena de horas atrás. Mi madre como era de esperarse no está, y Carlos ha desaparecido con Aaron; por lo que quedan Jackson y Milton en la casa. Que responsable dejar a tu hermana e hija con dos sujetos en una maldita casa a solas. Los ignoro, montando mi mejor cara de odio y camino a la cocina. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez... Cuento mentalmente para no soltar algún comentario mordaz que altere el ambiente. Sí, soy una busca pleitos por naturaleza. —¿Están enojados de verdad o es sólo una actuación para que no sospechen que son... —No somos nada. —interrumpe Jack, su tono de voz suena cortante y eso me decepciona ¿Pero qué esperaba? ¿Que dijera que éramos algo más? ¡Patético!— No debí llevarla, fue un maldito error. Cojo un poco de cereal y leche. No es una cena pero tampoco tengo tanta hambre. —Creí que ustedes... —Cambia el maldito tema o te haré cambiarlo. —gruñe el castaño con alto volumen. Qué idiota. No, más idiota soy yo que estoy embobada por él desde los nueve años. Puaj, triple idiota. —Dime ¿Qué pasó contigo? —me hallo diciendo bajo el umbral de la cocina. Casi quiero arrancarme la cabeza por haberlo hecho. Ambos chicos voltean y me miran. —No, eso pregunto yo. —refuta girándose completamente hacia mí. —Yo no he hecho nada, gran cabezón. Tú eres el bipolar, es que un día me besas, me ordenas que lo olvide y al otro me restriegas en la cara que vas a buscar a otra chica. Milton abre los ojos como platos y Jackson bufa. —Hermano, dime que no la besaste. —Cállate y vete a ver qué hora es. Esto es entre nosotros. —responde el castaño sin apartarme la mirada, intimidándome. Milton obedece pero no sin antes advertirle que si me pone alguna mano encima se las verá con él. Me parece lindo que quiera protegerme. Cuando al final el rubio desaparece Jackson parece relajarse bastante, aunque aún mantiene esa fría mirada plateada capaz de congelarme. —¿Qué pretendes que haga? ¿No entiendes que eres la hermana de Carlos? Mira, estaba aún alcoholizado, te vi y... Fue estúpido, nunca debió pasar. Ni siquiera debí invitarte a salir. Súper auch. Asiento. —Tienes razón, yo... Sin darme cuenta él se acerca, queda poco espacio entre nosotros y eso me altera el sistema nervioso. Su mirada es profunda, como si quisiera leerme. Ni siquiera termino de hablar. —Tu sientes algo más ¿No es cierto? ¿Qué? Corre Camille ¡Corre por tu vida! Niego con la cabeza y me doy la vuelta para irme a mi aposento, necesito drenar mi decepción y mi frustración romántica golpeando la pared. Pero él coge mi antebrazo haciendo que empiece a golpearlo, no le queda más remedio que envolverme entre sus brazos para impedir que continúe, hasta que me rindo, sintiendo un nudo en la garganta. ¿Por qué hace esto? ¿Por qué de pronto es tan frío y luego se acerca? Eso me hace temerle, y temer de mí misma. —Casi ocho años, Jack. Desde hace casi ocho malditos años y... ni siquiera sé porqué lo estoy diciendo. ¿Qué estoy haciendo? ¿Acaso estoy jodidamente loca? Me suelta y me mira desconcertado. —¿De qué hablas? ¿Ocho años de qué? ¿Te gusto desde hace ocho años? Niego con la cabeza pero él vuelve a cogerme, esta vez sostiene mis hombros. Sus ojos están fijos en los míos. —Tenías doce años cuando te vi aquella tarde en el instituto, estabas molestando a Carlos, me llamaste chismosa por... pues por chismosa. —Me río nerviosa, él también lo hace. Parece que también lo recuerda.— Y luego nos trajiste a casa con tu mamá. —Mis mejillas arden de la vergüenza. Para ese momento era un buen niño, pero sólo pasaron meses para que toda su actitud cambiara como por arte de magia.— Para entonces tenía nueve años, y ahora tengo dieciséis. Aclaro, pronto cumpliré diecisiete. Tampoco soy tan cría. Él abre los ojos más de lo normal y me suelta, algo consternado. Como si no pudiera creer lo que he dicho. —Fue estúpido decirlo, lo siento. Sólo... olvídalo... Intento girarme pero es más rápido y me coge de la cintura para después plantar un húmedo beso en mi boca que me hace explotar por dentro. Sostengo sus mejillas con mis manos y dejo que su lengua entre a mi cavidad sin chistar, dejando que lo tome todo de mí sin permiso. Me levanta, despegándome del suelo y haciendo que rodee su cintura con mis piernas. ¡Santo Dios de los idiotas! Mis labios arden, nunca antes me habían besado de esta forma. Su aliento se estrella contra mi boca, es un beso apasionado y acelerado que sabe necesidad. Aun manteniendo los ojos cerrados escucho a alguien aclararse la garganta. Ambos giramos, nerviosos, y nos separamos en cuanto vemos a Milton divertido, observándonos. —Claaaaaro, un besito de amistad ¿no? Algo casi fraternal, casi. Supongo que ahora también debo seguir creyendo que no son nada ¿eh? —Si abres la maldita boca voy a dejarte sin bolas. Río, y entonces un motor resuena desde afuera. Jack me mira y vuelve a acercarse, roza mis labios un poco y habla: —Tenemos que hablar ¿bien? Mañana iré por ti al instituto. Y más te vale que le inventes algo a Carlos. Siempre amenazando, pero me encanta. Asiento tratando de esconder la sonrisa que brota de mis labios. *** Sólo faltan cinco minutos para salir de clases. La profesora suplente de literatura como ha terminado de asignar los grupos para la exposición reposa sobre su silla esperando que el timbre anuncie la salida. Al igual que el resto de los alumnos. —¡Adivina! —chilla Georgia sentándose frente a mí. Sonrío falsamente y adopto una postura que me haga parecer interesada por lo que sea que vaya a decirme.— Jackson va llevarme hoy a una fiesta. Creo que va a presentarme como su novia. Es fantástico, aún no quedamos en lo que somos exactamente. Me quedo en silencio y después de algunos minutos reacciono. —Es perfecto. —Le doy una sonrisa, que al final parece más una mueca.— Felicidades, lograste lo que querías con tu chico misterioso. Hipócrita. El timbre suena y prácticamente todos corren fuera de sus asientos. Excepto yo —Que como soy anormal— me quedo hundida en el asiento, mirando el perfecto rostro de la pelirroja. Mis ganas de salir del salón se han esfumado por completo. —¿Te quedarás allí? Niego y me pongo de pie, huyendo. Mi amiga se queda atrás y lo agradezco, ahora no quiero hablar con nadie. Quiero estar sola. Cuando ya estoy en la salida camino con premura para llegar a la parada sin ser vista. No pienso esperar por mi hermano, prefiero irme a casa. Pero entonces una voz me detiene. —Te vi en la carrera, machito. Aunque, ya no tan machito. —es Alexis. —¿De qué diablos estás hablando? —La carrera, nena. Fuiste con Jackson Walker ¿Son novios, amigos con derecho, peor es nada? —ríe descaradamente.— También me comí a ese bombón. Incluso creó que combino más con él que con tu hermanito. Estamos igual de podridos. Por cierto... —me muestra su dentadura completa ¡Perra!— Hablando de tu hermano ¿Qué crees que diga sobre ustedes? ¿No se supone que ellos son amigos? ¡Ja! Y yo creyendo que eras lesbiana, pero eres tan igual o más perra que yo. Cuando estoy lista para estamparle la mano en la mejilla. Alguien me sujeta de la cintura y me aleja de la rubia. —No vale la pena, Colleman. —Oh vaya, aquí están. —dice la muy perrísima, sonriendo con su aire de superioridad. Lo que más odio de ella es que es hermosa, y aún siendo una hija de puta sigue igual de perfecta. Jackson se acerca a ella, amenazándola con su imponente estatura. —¿Quieres jugar, Alexis? Y sobre todo ¿Quieres tenerme como rival? La rubia sonríe y le roba un beso. Asco. —Oh no, cielo. Eres de mis favoritos, el problema aquí es tu amiguita. La mujer finalmente se da la vuelta y se aleja. Yo la imito. —Hey, hey —El castaño coge mi mano impidiendo que me aleje de él.— ¿Qué pasa? —No quiero hablar contigo, ni hoy ni nunca. Me mira desconcertado, pero después sus ojos se oscurecen. —Perfecto. Creo que es lo más inteligente. Me suelta. ¿Qué? —Bien. —Sigue tú con tu vida. Seguiremos con nuestras rutinas. Tú me odiarás y yo... Yo buscaré hacer lo mismo. No cambiaré a mi mejor amigo por una mujer. Mucho menos por ti, eres tan simplona como cualquier otra. —¡Bien! —Bien. —Dije bien. —Yo también. Él suspira y frota su rostro. En un universo paralelo lo besaría ahora, porque es tan sexy cuando está enojado, pero es algo que no está ni estará en los planes, ya sea de este universo o de otro. Él evidentemente se divierte con las mujeres y yo fui tan tonta como para darle el gusto de divertirse conmigo. —¡Chico misterioso! Cierro los ojos, apretándolos con fuerza. Cuando los abro me limpio las lágrimas, la pelirroja aparece y le planta un beso, a pesar de, él no me quita la mirada de encima y eso me hace enojar, es como si quisiera restregármelo en la cara. Sin expresión me doy la vuelta y camino lejos de él. Dispuesta a olvidar lo que ha pasado entre nosotros.
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