Cubro mi rostro con las manos harta de escuchar la charla infinita de Collins.
¡Qué buen primer día de mierda!
Repiqueteo el pie contra el suelo, guardo silencio.
—No sólo falta una semana a clases, sino que además golpea a una de sus compañeras —El viejo Collins me odia desde que tengo memoria, o no le caigo bien, no sé realmente. Siempre busca un motivo para tenerme en su oficina jodiéndome la paciencia, aunque admito que esta vez me lo he buscado yo, con motivos pero buscado al fin, y acepto las consecuencias.
—Ella me llamó lesbiana, siempre me molesta... Y yo no soy nada de lo que ella...
—Pues actitudes como éstas demuestran lo contrario, además usted está optando por el adelanto de grado y estas situaciones son agravantes que pueden costarle...
¿Qué?
Dejo de escucharlo.
Recibo bullying constantemente, por fin me defiendo y esto es lo que sucede.
Una puta mierda.
Su respuesta me cae como patada al estómago, hasta me entran ganas de escupirle la cara. No espero a escuchar una palabra más, salgo del asiento tomando el bolso del suelo.
—Vuelva al asiento, señorita Colleman.
—¡Váyase al diablo! —exclamo. Camino a la salida, la cara del viejo es de shock total.
—Llamaré a su madre.
—Haga lo que quiera.
Y al terminar con mi respuesta y con la ira por delante salgo de la oficina azotando la puerta.
¡Que llamen a Dios si quieren! No me importa.
Echarme a Collins de enemigo me hará más difícil graduarme este año, pero a estas alturas de enojo ya ni me importa. Siempre he podido sola y esta vez no será la excepción.
Afuera hay un mar de alumnos atestando el pasillo, debo pensar bien como atravesar esa aglomeración sin ser pisoteada en el intento, pero la puerta de la oficina se abre y veo a un Collins enojado que me busca.
No dudo ni un segundo más y me lanzo a las corrientes estudiantiles.
Avanzo rápido, adentrándome en el desastroso pasillo y tropezando con cada hombro más alto que el mío —Que son la mayoría— Ya que no mido más de un metro sesenta y cinco. Soy lo que llamarían un pitufo con exceso de cabello rizado. Me preocupo por ver si Collins me sigue, pero cuando miro en dirección a la oficina de bienestar estudiantil veo su bigote moverse de un lado a otro en una clara señal de enojo, es la misma expresión que utiliza cuando los turnos en su oficina son ocupados por mi hermano.
¿Qué puedo decir? El dúo Colleman que siempre se mete en rollos.
Me abrazo a mí misma para evitar que algún bruto golpee mis pechos, no es que tenga mucho, pero duelen. El timbre suena y maldigo por lo bajo, otras puertas se abren y más estudiantes se sumergen al caos.
¡Maldita sea!
Me empujan, tropiezan y pisan, ni siquiera sé a dónde me lleva la corriente.
Minutos después quedo de frente a la puerta de la cafetería, no tenía pensado pisar este lugar pero la opción de devolverme es nula con el montón de bestias que nadan en el mar detrás de mí, así que no tengo más remedio que entrar, después de todo puedo aprovechar el momento para desayunar.
Al atravesar la entrada lo primero que veo es la mesa ocupada por los "Chicos importantes" como se hacen llamar, eso porque sus padres son importantes empresarios de la ciudad o artistas famosos.
Muchas veces me pregunto qué hace Carlos allí, si somos hijos de dos mortales comunes. Supongo que su belleza física lo salva, Alexis que está a su lado me clava una mirada venenosa, y sonríe antes de besar a mi hermano en la boca.
Perra.
Asquerosa.
Me siento en las mesas que están cerca de los baños al otro lado de la entrada. Casi nadie viene por estos lados porque huele a orine, así que estaré bien por los momentos siendo una perdedora como siempre. Saco mi sándwich y cuando estoy lista para darle el primer mordisco alguien se sienta a mi lado interrumpiéndome:
—Dicen las malas lenguas que Alexis va a vengarse —Es Georgia—. ¿Es que estás loca o qué?
Ruedo los ojos.
—Dicen las malas lenguas que eres una mal amiga ¿Es que no pudiste llamarme o qué?
—Lo siento —Sonríe con descaro, su actitud tan cínica me hierve la sangre, es por ello que termino soltando algo de lo que seguro me arrepentiré.
—Eres una perra falsa e hipócrita.
Se le desfigura el rostro con la sorpresa que causan mis palabras en ella.
—Lo siento ¿si? He estado muy ocupada.
—Insinuándotele a Jackson de seguro.
—¿A ti qué te importa si es con Jackson o no? ¿Acaso estás celosa?
¿Qué?
—¡Por supuesto que no! —Mis manos impactan la madera del mesón llamando la atención de las mesas más cercanas—. Escúchame bien, estúpida. Jamás en mi vida andaría de perra con un criminal.
—Tú eres la perra.
Somos el centro de atención ahora, motivo por el que mis mejillas se encienden. Odio que me miren, odio llamar la atención.
Odio a la gente.
—Bien, soy una perra por andar con otra perra.
Iniciamos una guerra de miradas que es interrumpida cuando un líquido frío y pegajoso cae en mi cabeza, me chorrea por la frente y tengo que escurrirme la cara antes de que me caiga en los ojos. Todos explotan en una risa estruendosa, Georgia se echa hacia atrás entrando en pánico.
Me pongo de pie y enfrento a Alexis, quien sostiene un vaso plástico vacío con una sonrisita de puta en la cara.
Maldita rubia.
— ¡Eres-una-lesbiana! —Me grita a la cara con las risas burlonas como coro—. ¿Te queda claro que conmigo nadie se mete, lesbiana?
No sé muy bien que sentir, lo que sí aseguro es que yo nunca me quedo con nada. Y menos si se trata de alguna golfa con delirios de grandeza.
No pierdo tiempo en pensar que es lo mejor en una situación como esta, tampoco evalúo los pro y contras de actuar bajo impulsividades. Dicen que las mejores peleas son las que se evitan, pero eso díganselo a ella, porque acaba de firmar sus sentencia de muerte. Mi puño impacta muy rápido contra su nariz, la golpeo con tanta fuerza que siento un quiebre en mis nudillos, y si no es su tabique destrozado entonces yo necesitaré un jodido yeso. Retrocedo al observar la larga y ancha línea roja que baja desde su nariz, pasa por sobre sus labios y gotea en el suelo. Se inclina hacia adelante chillando como perra en celo mientras se cubre la cara, así que le doy una fuerte patada en la entrepiernas, cae al suelo. La sangre de por sí es escandalosa, y la de la cara es mucho peor.
¡Señores y señoras! Camille Balboa ha noqueado a Perrexis.
Empiezan los gritos cuando ven a la reinita machada de sangre.
—¡No soy ninguna lesbiana! —Grito presa de la rabia— ¿Te queda claro que conmigo no se juega, perra barata oxigenada. O quieres que te saque más sangre para que lo captes?
Planeo abalanzarme sobre ella para arrancarle el pelo, Georgia interviene y me jala con ella evitando que cometa más locuras hoy, no escucho nada, los oídos me zumban por la ira, sólo veo el alboroto por el charco de sangre que empieza a formarse en el suelo. Los chicos importantes —incluyendo mi idiota hermano— acuden a la ayuda de la puddle. Nadie deja de murmurar cosas sin quitarme la mirada de encima, quizá porque nunca habían enfrentado a los del grupito privilegiado.
O quizá porque las únicas peleas que han terminado en sangre son la de los varones y causa impacto que yo haya sido la primera chica en protagonizar una escena como esta.
Georgia me mantiene alejada, sosteniendo mis hombros y diciendo cosas que no entiendo porque estoy cegada y quiero seguir golpeando a Alexis, las manos me pican.
La voz de la profesora Connor resuena en la cafetería, haciendo que todos guarden silencio y que yo reaccione. Todo el mundo me mira y escucho la frase más popular en el instituto, y en toda mi vida, porque si no es mi hermano soy yo.
—¡A la dirección, Colleman!
Le echo una mirada a mi hermano, niega con la cabeza bastante molesto. Georgia se encoje de hombros y me suelta, bajo la mirada de todos los presentes en el cafetín camino hasta la salida con el morral en el hombro rumbo a la estúpida dirección donde de seguro me regañarán por la actitud "Agresiva" que he tenido, me suspenderán del programa de adelanto de año y tratarán de hacerme reflexionar por lo sucedido.
¿Pero saben algo? haberle roto la cara a esa perra me hace feliz, y no hay nada que lo cambie.
Afuera la corriente estudiantil ha disminuido bastante, muchos están en las áreas verdes, algunos se besan en las mesitas de los alrededores y otros ya se han marchado a sus casas. Siento los pasos de la profesora Connor detrás de mí, siguiéndome como si fuera un criminal al que debe custodiar, me cabrea tal actitud pero no la reparo cuando me doy cuenta de que he tenido dos pleitos en menos de dos horas, me abro paso hasta la dirección y entro.
Hola de nuevo.
—Señorita Colleman. —Saluda el viejo Collins otra vez, el señor Greg que es el director del instituto se mantiene en silencio, sentado en su alta silla, examinándome con la mirada— ¿Qué sucede con usted?
Cierro la puerta dejando a la gorda Connor afuera, ella es la coordinadora de disciplina del St. Jude y es una gorda amargada. Tomo asiento en la silla frente a los sujetos.
—Nada, yo estoy bien. Pero Alexis pasa todos los días de su existencia molestándome y llamándome lesbiana... No-Soy-Lesbiana. Sólo que no soy una perra como ella...
—El vocabulario, señorita Colleman. —interrumpe esta vez el señor Greg.
Asiento de forma casi imperceptible, jugueteando con mis dedos medio nerviosa.
—Me harté de ella, eso es todo. Me vació un jugo en la cabeza, tuve que tomar medidas...
—¿Medidas violentas? ¿Sabe usted que pudo venir a conversar sobre el tema? —Sigue el perro arrepentido.
Que le den a Collins.
—Ella se merecía lo que le hice, y de ahora en adelante el que me moleste se irá a su casa sin dientes. —Me cruzo de brazos, irritada.
Estoy cansada de ser el centro de burlas de este maldito instituto, siempre debo callar e ignorar, evitar y resistir, sobrevivir en una selva llamada St. Jude. Y ya no quiero, merezco respeto al igual que cualquier persona ¿Por qué debo tolerar que me jueguen bromas pesadas en el salón? Que me jalen el cabello, peguen chicles a mi silla, que escondan mi bolso o roben mi ropa en las duchas ¿Por qué debo soportar que me llamen lesbiana? Y si así fuera ¿Qué hay de malo con serlo? Seguiría siendo un ser humano que siente y padece igual que todos, que merece ser amado sin importar su orientación s****l ¿O no? ¿Por qué tengo que ignorar y dejar pasar los constantes ataques que sufro por mi apariencia? Que sea delgada y con poca gracia no me hace una mala persona o menos ¿Por qué yo sí tengo que estar aquí escuchando un maldito llamado de atención y los demás no?
Yo que soy la jodida víctima.
Me lleno de mucha más rabia.
Escucho al profesor Greg murmurar algo que no entiendo, el viejo Collins asiente.
—Quiero a su madre mañana aquí. —Habla el director, firma una citación y me la tiende.
—Bien, le diré. Pero le aseguro que no vendrá, mañana tiene una cita en un casino para terminar de apostar su sueldo ¿Algo más?
—Pórtese bien, jovencita, y no le dé problemas a su familia ni a nosotros... Suficiente tenemos en el instituto con su hermano. No vamos a suspenderle el adelanto de año por ahora, pero no de motivos para hacerlo.
Ajá, como sea.
Miro a Collins de arriba abajo con desprecio, lo odio. Me acerco al señor Greg y recibo la hoja antes de salir de allí dando amplias zancadas.
De alguna manera siento que me he quitado un peso de encima, como si acabara de liberarme.
Georgia me espera en las afueras de la dirección, camina de un lado a otro hasta que me ve. Intento ignorarla pero se me pega a un lado.
—¿Qué te dijeron?
—Qué te importa.
—Cam, soy tu amiga aunque no quieras creerlo.
Me detengo.
—Nada, sólo me dieron una estúpida citación ¿A dónde se llevaron a Perrexis?
—La profesora Connor la llevó a la enfermería.
Arrugo la citación y la guardo en el bolsillo de mi suéter.
—No quiero que estemos enojadas, eres mi amiga. —Intenta tomar mi mano pero me sacudo mirándola seria.
—Una amiga no me da la espalda como lo hiciste tú.
—Lo olvidé ¿Vale? He estado muy distraída y cuando hablábamos... Perdón.
Sigo caminando con ella detrás intentando disculparse.
—Eres mi mejor amiga, Cam. No quiero perderte por mis estupideces, he estado fantaseando con mis planes de puta como dices tú y me perdí un poco. Pero no puedes no hablarme, somos amigas y te he demostrado mi amistad con los años ¿Lo sabes verdad?
La veo, hemos sido amigas desde niñas pero eso no quita el hecho de que me dejara morir básicamente. Ahora tengo un enorme cero en la primera prueba de algebra y sí, ha sido mi culpa por no asistir la primera semana. Pero las amigas evitan este tipo de mierdas cuando son reales.
—Vale, somos amigas, ya lo sé.
Me abraza emocionada.
—¡Lesbianas! —grita alguien entre la masa estudiantil regada. Volteo enojada buscando al gracioso para reventarle la boca, pero alguien me jala el moño y entro en estado de alerta cuando veo que es Tiphanie quien lo ha hecho.
Tiphanie es la mejor amiga de Alexis, su lagartija faldera. Su mascota.
Ni siquiera sé porqué me odia, de Alexis lo entiendo porque es una perra puta y cruel, y además no es personal, ella es una zorra con todos, pero ésta sólo es una chupa medias, nunca he cruzado palabras con ella. Hasta ahora.
—Vas a pagar lo que hiciste.
—¿Tú y cuantos más? —Suelto, lista para atacar si se me alza mucho.
La rubiecita patética retrocede al ver mi actitud y Georgia me saca del pasillo para evitar otra pelea. Supongo que me metí en la boca del lobo ahora, quizá los chicos importantes me declararon enemiga de por vida y si es así van a joderme lo que queda de año.
Cuando salimos a las escaleras diviso a Carlos hablando con Jackson a través de las rejillas negras que separan al instituto de la calle. Se les ve muy entretenidos, un grito me sobresalta, por eso dejo de mirar.
—¡Es mi chico misterioso!
Pongo los ojos en blanco y volteo a mirar a la pelirroja que ahora saluda con la mano en dirección a ellos. Aunque ninguno de los dos la ve.
—A poco no es guapo mi chico misterioso.
—Es un imbécil —Georgia ha estado toda su vida enamorada de él, así como yo, pero por alguna razón él la ignora.
Al igual que a mí.
—Me lo voy a llevar a la cama.
Y aunque ella parecía haberlo superado ya que vivía revolcándose con cualquier criatura con un pene la verdad es que no, parece que su enamoramiento sigue más presente ahora que nunca.
Carlos me hace señas para que baje y se me hace extraño porque tenemos reglas. Me despido de mi amiga con un largo abrazo, prometiendo venir para mañana y sigo a mi hermano hasta el estacionamiento, subo a la súper nave como él mismo lo llama aunque no es más que un viejo Corsa 2006. Me huele a gato encerrado y sospecho que tal vez Alexis le ha dicho que va a matarme y por eso me permite la dicha de irme con él.
Estoy a punto de preguntarle pero él se adelanta:
—No te acostumbres, rata de alcantarilla. Esto lo hago porque créeme que no quieres toparte con una Alexis ardida.
Lo sabía.
—Puedo irme en autobús, no le tengo miedo a esa perra. Puedo partirle la cara las veces que sean necesarias para aprenda a no meterse conmigo.
El rubio no responde, se dedica a teclear algo en su celular mientras hace avanzar el vehículo a través del estacionamiento para salir de allí, echo la cabeza hacia atrás disfrutando de Maps de Maroon five que suena en la estéreo. Estoy cansada, tal vez por la pelea.
Mi hermano es pesado, sí, y aunque a veces siento que lo odio lo cierto es que sólo es el coraje que me producen sus molestos juegos. Es mi hermano y lo quiero.
Estoy obligada a hacerlo.
El auto se detiene, abro los ojos extrañada, el vidrio de mi lado baja lentamente gracias a los arreglos que le ha hecho mi hermano a su vieja chatarra, y lo que veo a continuación me acelera el ritmo cardíaco.
Jackson se asoma para entregarle una bolsita transparente con algo que no logro ver dentro a mi hermano, sigo la bolsita con la mirada hasta que Carlos la guarda del lado de su puerta. El sujeto huele increíble, es una mezcla entre loción de afeitar y perfume. Va en moto, y me derrito al ver su cabello canela caerle sobre la frente despreocupadamente, sus ojos grises y redondos que se abanican con las gruesas y rizadas pestañas que lo adornan y esos labios rellenos, rosados y perfectamente delineados. Tiene las cejas poblabas y limpias, con una delgada línea que atraviesa una de ellas justo en el arco, haciéndolo lucir como un chico rebelde, aunque ya lo es. Su barbilla cuadrada es otra obra de arte esculpida por los mismos dioses, con un hoyuelo en el medio. Jack es tan varonil que con solo una mirada empapas las bragas.
—¿Qué tal, Colleman? —Salgo de mi limbo estúpido cuando me saluda serio. Y quiero ser tragada por el asiento para que no vea lo roja que estoy. Desde que lo conozco me ha llamado por mi apellido, es estúpido, pero para él debe ser la puta onda o es que es medio retrasado. Mira a mi hermano y habla—: Esta noche es la pelea, sigo en el puesto uno ¿Te lanzas la apuesta sí o qué?
¿Qué?
—Te patearé el culo si me haces perder. —Responde mi hermano.
Doble ¿Qué?
Una amarga risa se le escapa al castaño de la moto y reparo los hoyuelos que se le forman en las mejillas, niega con la cabeza, divertido. Trae una franelilla estampada que deja al descubierto todos los tatuajes que tiene, y son muchos, demasiados. Un día de estos se tatuará la cara y la verdad no va a sorprenderme.
¿Por qué tiene que ser tan guapo el desgraciado?
—Dile a tu amiga que no estoy interesado en niñitas de colegio —Volteo rápidamente hacia Jackson, tiene una medio sonrisa de lado. Ah, me habla a mí—. Las niñitas se las dejo a Carlos.
Me quedo como idiota asimilando lo que ha dicho hasta que comprendo que habla de Georgia.
Ah.
Carlos se ríe y yo respondo tan ácida como de costumbre:
—Ya le he dicho que no te mire, Jack. Que debe buscarse un buen partido porque merece algo mejor que tipos como ustedes dos ¿O es que creen que no me he dado cuenta en lo que andan? Soy menor pero no estúpida.
Mi hermano carraspea y a Jack se le borra la sonrisa del rostro enseguida.
—Nos vemos en la noche. —Se despide el castaño, ignorándome por completo.
Y se va.
Cuando estamos en silencio nuevamente el rubio habla, echando a andar el auto.
—Si empiezas a decir estupideces le diré a mamá lo que pasó en el instituto hoy.
—¿Y es que pensabas protegerme guardándote el cuentecito?
—No, pero en vista de que te gusta inventar estupideces e irle con chismes a mamá nos pagaremos cerrando ambos la boca ¿Estamos?
Exactamente no sé nada, sólo sospecho que quizá vendan drogas. Aún no estoy segura y me gustaría creer que estoy equivocada. Pero me gusta hacerles creer que sé mucho cuando en realidad no sé nada.
—Ajá —Mi ventana sube lentamente mientras que veo a Jack alejarse en su moto.
Él ha sido un patán desde que lo conocí. Jamás he escuchado un gracias o un por favor de su parte, hasta dejó el instituto a los quince años y vive metido en peleas. Su vida es una caja de secretos con candados, no sé lo que hace, ni donde vive o con quién. Es un tipo bastante reservado, solitario, misterioso y agresivo. Definitivamente todo lo que una chica normal desearía no conocer ni tener en su vida, lo peor es que aun así sigue siendo mi amor platónico.
Fantaseo con él desde que tengo ocho años.
Y es mi frustración amorosa, porque nunca me mirará, nunca saldrá conmigo y jamás me besará. No soy más que la fastidiosa hermanita de su mejor amigo.
—No te escuché, Cam.
Ruedo los ojos.
—¡Que sí! —exclamo irritada.
Carlos y su amigo siempre se salen con la suya.
Siempre.