JACKSON WALKER
Apago el cigarrillo en la frente de la zorra que tiene mi v***a en la boca, no chilla, no se queja, sigue chupando mi falo erecto con los ojos puestos en los míos, gustosa como la pequeña y traviesa vagabunda que es, sonrío complacido. El celular vibra dentro de mi pantalón, maldigo internamente a quien sea que interrumpe mis únicos momentos de paz.
Es Aaron.
—La poli aceptó la pasta —Suelta animado cuando contesto.
Aaron es mi amigo desde hace cinco años, leal, fiel, honesto y macabramente violento. De mis mejores amigos, amante de las torturas medievales.
—Puedes llamar en diez minutos, me están ordeñando ahora...
Lo escucho respirar profundo y no me agrada nada ese sonido. Evito colgar, estoy a la expectativa.
—También hay malas noticias —Y aparto a Iris de inmediato, subiéndome el pantalón.
No me gustan las malas noticias, me ponen agresivo y los chicos lo saben. Me descontrolo con facilidad.
—¿Qué pasó?
—Nos decomisaron la mercancía colombiana en el puerto.
Maldita sea.
Eso me costará un pastal, ni hablar del puto lío en el que me voy a meter.
—Naro, José, Penélope y Cruz están presos, no pudieron escapar ¿Sabes lo que significa?
Alguien nos sopló.
—Tenemos un maldito chismoso —Continúa—. Y no hay dudas de que fueron los hombres de Adam, todos fuimos al mismo encuentro en Brasil, y solo nosotros sabíamos de las direcciones y órdenes, a nadie le conviene meterte en problemas más que ellos.
Enciendo otro cigarrillo y me paseo por la habitación con la mirada de Iris sobre mí, sigue arrodillada en el suelo, a mi espera.
Lo de la mercancía lo resuelvo yo, de los caídos en la descarga del barco que se encargue él. Mientras que Krono no enloquezca y me mate todo bien.
—Ya sabes que hacer ¿no?
—Sí —Responde.
Cruz ha demostrado ser leal y es la única pérdida que podría lamentar, los demás me dan igual. Sin embargo, cuando estás frente al juez no dudas en echarle mierda al que sea con tal de intentar salir a flote, y sus uñas de gato desesperado no me van a rasguñar a mí. Por ello me cargo al que se me salga de las manos.
Deben morir todos antes del juicio.
—Que parezca un motín—Ordeno.
Y cuelgo.
Tengo que viajar a ver a Krono, para él trabajo desde que salí del grupo de Adam. Dos bandos altos del narcotráfico en América, uno me dio la mano y el otro me quiere partir el cuello por dejarlo. De este lío no puedo salir solo esta vez pero debo admitir que necesito ayuda y más cuando la mercancía de la que estaba encargado fue incautada.
Me pongo de mal humor enseguida.
No estoy para perder dinero, menos ahora que intento reunir lo necesario para invertir y ascender dentro de la alianza con Marco y Krono.
Maldita sea.
Maldito Adam.
—¿A dónde vas? —Me pregunta la morena, tiene la mejilla roja por la cachetada que le di al encontrarla hurgando en mi habitación como una ladrona.
Ni siquiera sé lo que andaba buscando, ya después me encargaré de ella, ahorita no tengo cabeza para nada.
—¿Desde cuándo yo le doy explicaciones a las putas? ¡Lárgate!
Se levanta del suelo y sale rápido, con la poca dignidad que le queda.
Debo volver a la ciudad antes de que caiga la noche, tengo una gran pelea hoy que tal vez me sirva para pagarle a Krono la deuda del dinero que le debo ahora. Estoy en el puesto número uno de las rejas asesinas y aunque realmente no lo hago por el dinero esta vez sí lo necesito. Y la comunidad morbosa paga bastante bien por ver saciados sus diversiones sádicas.
Vuelve a sonar el celular, es un número desconocido.
—Tic toc, Jack. Se te acaba el tiempo.
Cuelgan antes de que pueda lanzar groserías en respuesta, acabando con la poca paciencia que me quedaba.
No puedo permitirme más fallas o me van a joder todo.
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CAMILLE COLLEMAN
No puedo creer que esté a punto de hacer lo que voy a hacer.
Y es que no puedo evitarlo, el chisme me carcome, me alimenta y me encanta. También los problemas, por eso me meto en tantos líos.
Mis dedos pican, camino de un lado a otro y termino marcándole a Georgia.
—Aquí tu perra, uno, dos, tres —Se ríe al contestar—. Cuéntamelo todo, Cam.
No sé exactamente cómo voy a decírselo, puede resultarle un tanto sospechoso ya que soy la primera criticona y hater ante sus ojos, pero no tengo los cojones para ir sola. Necesito apoyo moral.
—Jack va a pelear hoy en las rejas asesinas y vamos a ir a verlo —Suelto, no recibo una respuesta inmediata y acomodo lo que he dicho para verme más desinteresada—. Verlo perder porque es un imbécil.
Escucho su grito de emoción que me hace rodar los ojos, habla muy rápido de lo que se va a poner, de su maquillaje y finalmente cuelga, diciendo que llegará en quince minutos.
Soy estúpida, ya lo sé. No me lo recuerden.
Le doy un vistazo al reloj que marca un cuarto para las siete de la noche, aun es temprano, según le escuché a Carlos la pelea será para después de las nueve. Estuve espiándolo en la tarde para conseguir toda la información de la fulana apuesta esa que mencionó su amigo hoy, lo escuché al teléfono diciendo algo de una tal reja asesina y después de buscar por internet conseguí la dirección. Evidentemente hoy lucharán los dos primeros puestos del ranking.
Es estúpido de mi parte andar obsesionada con un muchacho que ni me mira y me trata como un cero a la izquierda, eso lo sé, pero sinceramente no me importa, yo sólo busco un motivo que me permita verlo y ya lo encontré, porque es tan precioso que no me alcanzan las horas que viene a juntarse con mi hermano para admirarlo de lejos.
Que sea el capricho s****l de mi amiga ya no me preocupa, porque él dejó muy claro hoy que ella es una niñita. Y a él no le gustan las niñitas.
Trueno los nudillos de mis manos ansiosa, ahora no sé cómo pedirle a Lily que nos lleve. Va a querer matarme, y sus regaños son molestos porque es una santurrona que no parte ni un plato, de lo único que tengo para agarrarme como excusa de pago es que la cubrí la semana pasada para que pudiera quedar con un chico. Lo peor es que la tía María es abierta con ella, no entiendo su afán por esconder que sale con alguien.
Ni siquiera yo lo conozco, ni me ha mostrado fotos. Y eso que soy su prima favorita.
Llamo, no tarda nada en contestar:
—Uy, ñera, me interrumpió la serie —Amo cuando habla español, parece una auténtica latina. Nuestra familia materna es Colombiana, por lo tanto los primos Ramos que no residimos allá estamos obligados a conocer el idioma de nuestras madres— ¡Hijueputa gonorrea!
Y se echa a reír como una loca desquiciada.
Lily es la única hija de la tía María, hermana menor de Marsella. El resto de los Ramos siguen en Colombia, sólo Lily, Carlos y yo somos estadounidenses.
—¿Qué serie estás viendo?
—Ay Marce, tu chisme me está respirando en la nuca —Habla en perfecto español muerta de la risa. Y capto la referencia— ¿Qué quieres? Estoy viendo Betty la fea y me estás interrumpiendo.
Lily es igual de amargada y contestona que yo, deberíamos chocar porque tenemos personalidades muy parecidas. La realidad es totalmente diferente, nos amamos y somos tan unidas como si fuéramos hermanas, a pesar de que ella tiene la misma edad que Carlos.
—¿Qué vas a hacer en la noche?
—Pues dormir, tarada, mañana tengo clases y la universidad no es como la preparatoria.
Ruedo los ojos. Odio cuando me ataca con el: eres menor que yo, anda a dormir y a que te saquen los gases.
—Tienes que acompañarme a la pelea de Jack, es hoy, está en el puesto uno de las rejas asesinas y quiero ir, porfis.
—¿Qué? ¿Estás loca, Camille? —El chillido que pega me hace cerrar los ojos—. ¿Peleas de qué? Y.. seguro es un lugar de mala muerte, además, Carlos estará allí y si nos ve te matará a ti y después a mí.
—No tiene porqué vernos —Busco una solución enseguida, odio que ella sea tan vieja aburrida y no quiera divertirse bajo los efectos de la adrenalina que causa andar a escondidas—. Además sólo será un ratito, te prometo que sólo es ir a verlo y regresar, nadie lo notará, anda ¿si?
—Camille...
Activando la lamida de juanetes en...
Tres.
Dos.
Uno.
—Por favor... ¿Ya te dije que eres mi prima favorita? —Suplico, y cuando la escucho suspirar sonrío, eso significa que...
—Ok, está bien. Y soy la única prima que tienes, chupa medias.
—¡Sí! Te amo, te amo, te amo... Prometo que será rápido.
—¿Tan loca estás por ese muchacho?
— Que ya no me gusta, eso era antes cuando...
— Sí, claro, ajá... —Me corta. Utiliza ese tono de voz de burla que si la situación no me incluyera a mí estaría riendo y no enojándome por verme ligeramente descubierta—. Antes.
—Ya no molestes —Me quejo. Pienso en llamarla por su nombre completo pero eso sí que la hará enfadar, y necesito su auto y su compañía, no su enojo y que me deje varada—. Nos vemos a las ocho y media aquí en casa.
—Vale.
Cuelgo brincando como una loca, aplaudo y emito varios "Oh sí" en susurros para que nadie me escuche.
Iré a la puta pelea para ver a mi persona especial ganar.
Sí, es horrible como suena. Pero no es mi culpa que sus gustos deportivos sean raros. Y si es que a eso se le puede llamar deporte, porque nada más el nombrecito que tiene de rejas asesinas lo dice todo.
Escucho pasos por las escaleras, se me revuelve el estómago cuando veo a Marsella arreglada y lista para salir, la mujer es hermosa, eso no se puede negar. Con su cabello rubio y lacio, la piel de porcelana que tiene a pesar de sus cuarenta y dos años, y esos ojazos azules.
La desgraciada no me heredó la belleza de las Ramos, todo se lo llevó mi hermano cuando nació.
Me pide que no salga y que me porte bien, dice que irá a compartir con unas amigas, cosa que traducido al idioma realidad es: Iré a seguir apostando lo que no tengo en el jodido casino.
Hasta aquí me llega el horrible olor del perfume de naranja que usa.
Asco.
No sé cómo puede usar semejante cosa, a mí me da dolor de cabeza nada más que lo lleve ella puesto.
—Déjame adivinar —El sarcasmo se adueña de mí y hablo sin importar que la mujer sea mi madre—. Tienes una cita con la ruleta ¿no? ¿Apostarás la casa hoy así como apostaste tu auto? Oh, ya va... te tengo otra pregunta ¿Cuando no tengas dinero ni nada más para apostar qué harás? ¿Te prostituirás tú o querrás prostituirme a mí?
—¡Camille! —Pego un brinco cuando escucho la voz de mi hermano.
Maldito, siempre arruinando mis momentos.
El rubio aparece detrás de ella, la rodea acercándose a mí.
—Déjala, Carlos. Es solo una niñita malcriada —Se mofa la sin vergüenza rubia. Sus palabras me saben a mierda.
Juro que no la soporto, la detesto.
—No soy ninguna niñita, estoy grande y me doy cuenta de lo que eres: una ludópata.
Mi hermano avanza rápido contra mí, su mano me templa el cabello, no es tan brusco es mas bien como cuando al niño tremendo le jalan la oreja para avergonzarlo. Le chillo groserías para que me suelte pero no lo hace.
Mantiene mi coleta presionada entre sus dedos y grita cosas que implican las palabras: respetar y cerrar la boca. Forcejeo y termino dándole un codazo en el estómago con el que me suelta.
—¡No me toques! —grito enojada—. No tienes ningún derecho de ponerme tus cochinas manos encima.
Está enojado, su pecho agitado me lo indica al igual que su fría mirada azul.
—Vete a tu habitación y no salgas de allí.
—Tú no eres mi padre.
—Tienes razón, tu maldito padre prefiere...
—¡Carlos! —Marsella lo interrumpe con los ojos humedecidos, es demasiado llorona la señora, que se ponga una curita y deje de joder—. Camille, por favor, compórtate como una señorita ¿Puedes?
—No, no puedo —Extraño a papá, nada era así cuando él estaba aquí. El nudo en mi garganta amenaza con no dejarme hablar, aun así lo logro—. ¡Quiero a mi papá!
Sé que no es el momento adecuado para armar un drama de estos, pero ya no puedo callarme lo que siento. Desde que papá se fue de la casa todo mi mundo feliz se vino abajo, mamá empezó a apostar y Carlos cambió. Digo, no es que haya sido un hermano ejemplar y lindo antes, pero al menos no era tan maldito.
El rubio se exaspera con mis sollozos ahogados, da varios pasos hasta acercarse a mí otra vez amenazando mi espacio personal. Y justo cuando va a hablar o qué se yo el timbre suena interrumpiéndolo. Me permito cerrar los ojos.
Bendito sea el timbre.
—Son hermanos —Le oigo decir a Marsella—, por el amor de Dios.
—A veces olvido que lo somos y quiero matarla, porque yo no quiero una hermana como ella.
Mi labio inferior se sacude. No me gusta sentir su rechazo y aunque es algo con lo que lidio a diario ninguna de sus reglas en el St. Jude o las pesadas bromas que me juega se compara con lo que acaba de decir, porque verdaderamente me duele.
Él es lo único que tengo, mi único hermano ¿Por qué me trata como si fuera una basura? ¿Por qué no quiere tener una hermana como yo? ¿Es porque no soy rubia como él? ¿O bonita como Alexis?
Me limpio las lágrimas, odiando más a la mujer que va de salida detrás de él. Por su culpa tengo una vida de mierda que me toca arreglar a mí sin tener la culpa de nada.
El rubio abre la puerta y otro golpe mental me llevo cuando veo a Jack allí.
Maldito Jack, lo odio por la manera en que me pone sin siquiera mirarme.
—Hola, señora Marsella.
El tipo trae un suéter blanco que cubre sus brazos tatuados, apenas se le ve la tinta del cuello y una nota musical detrás de su oreja derecha. Él es mayor que Carlos por un año, ahorita mismo tiene veinte.
Ni me repara cuando entra, soy un mueble equis en el medio de la sala.
—¿Qué tal, Colleman? —Saluda sin mirarme.
Colleman sus nalgas.
— Camille —Corrijo irritada—. Es Camille.
—Da igual—Se gira hacia las escaleras y deja escapar un suspiro cuando ve a Carlos subir por ellas con prisa.
—¡Ya bajo! —grita el rubio.
—¿Van a salir? —Esa que habla es Marsella que no se ha terminado de largar.
Ya lárgate, vieja. Hazte el favor y mátate en el camino.
El castaño voltea a mirarla y se me hace tan guapo que debo pellizcarme los brazos para reaccionar.
—Sí, saldremos con unas chicas a la discoteca —Habla tan seguro que no parece una mentira.
Falso, embustero, paquetero.
Rasco mi nuca medio incómoda y decido salir de allí en completo silencio, subiendo a mi habitación con muchas preguntas en mi hormonal cabeza ¿Por qué tienen que esconder que irán a una pelea? Considero que esas cosas son bien normales hoy en día aunque sigan siendo ilegales, ya no es un tabú ¿cierto?
Mientras tanto busco en el armario lo que usaré para ir a verlo pelear, opto por algo que me mantenga bajo perfil, aunque yo soy tan simplona que ni vistiéndome de naranja fluorescente sería el centro de atención. Para cuando dan las ocho y media de la noche llevo un mono n***o a juego con mi suéter gris favorito que nunca puede faltar y botas blancas deportivas. Ya no hay nadie en casa y bajo a la sala. Georgia no debe demorar, se ha tardado más de lo indicado.
Sé que ocultarle a la pelirroja que Jackson es mi amor platónico desde los ocho años es cuchillo para mi garganta. Pero no puedo dejar que alguien sepa sobre mi estúpido enamoramiento por el mejor amigo de mi hermano.
Primero: suena estúpido y obsesivo.
Segundo: no hay ninguna posibilidad de algo.
Tercero: es patético que me guste desde los ocho años.
Y cuarto: me avergüenza que alguien más lo sepa. Es algo que he decido callar y guardar hasta que llegue la fecha de vencimiento.
Cuando tenga cuarenta años y viva con mis gatos me reiré de mi aburrido amor adolescente.
Sí...
El timbre suena y yo salgo como un resorte, disparada a abrir la puerta. Y allí está mi amiga vistiendo medias caladas de color n***o, botas rojas que le llegan más arriba de las rodillas, un short de cuerina a juego con un top n***o y una coleta de caballo en lo alto de su cabeza.
Perra.
Putísima.
Y hermosa.
Me encanta como se ve, pero mis palabras cargadas de envidia salen antes de que pueda evitarlo.
—Vamos a una pelea callejera, Georgia, no a hacer pole dance.
No lo tomen a mal, no es envidia de la mala. Sólo que a su lado parezco una payasa, y me gustaría ser tan bonita como ella: con ese cabello rojizo que contrasta con sus ojos verdosos, largas piernas bronceadas, una cintura de infarto y pechos grandes.
Yo en cambio soy de pecho plano y con un enorme trasero del que todos se burlan en el instituto porque es raro que siendo tan delgada lleve algo descomunal detrás.
Me dicen culo gordo, y no es bonito. Por eso siempre visto ropa holgada, odio que critiquen mi cuerpo.
— Quiero que mi chico misterioso me vea.
—Por supuesto que lo va a hacer —Y no sé si alegrarme por ella o echarme a llorar por mí enorme F.
Cierro la puerta sintiéndome como una idiota. Sólo a mí se me ocurre llevar a una Diosa para que me quite lo que no es mío. El sofá se siente incómodo cuando ella se sienta a mi lado. Ya hasta se me quitaron las ganas de ir.
—¿De verdad no crees que se te fue la mano? Digo, nada más mírate, sólo te falta pararte en la esquina a detener autos.
No lo digo en mala onda, sólo que aunque parece una diosa el lugar al que vamos no es del todo bonito. La zona es de las más peligrosa de Nueva York.
—¿Me estás llamando puta?
—Creo que fui bastante clara, Georgia.
—Lamento informarte, querida Cam, que lo que no se exhibe no se vende.
—¿Y es que tienes complejo de vendedora o qué? —Ella se echa a reír. Yo no, me dedico a mirarla.
—Deja los celos —Me guiña el ojo con coqueteo sacándome una sonrisa. Georgia es hermosa por fuera pero por dentro se parece un poco a Perrexis, sólo que en una versión menos hija de puta. Yo he tenido suerte porque se convirtió en mi amiga, de lo contrario sería una de mis principales atacantes. Y lo sé porque ella hizo que una chica de nuestro salón se cambiara de preparatoria el año pasado—. Mi chico misteriosos no se resistirá a mí ¡A que no!
Por supuesto que no.
Miro la hora en mi celular, ya Lily debería estar aquí. La pelirroja a mi lado se saca varias fotos, se acomoda el escote para que se le vean más los senos y empieza a hacer estúpidas muecas que me hacen rodar los ojos cada vez que se dispara el flash.
Puta, pero buena muchacha.
La bocina de un vehículo me hace reaccionar y salgo del sofá anunciándole a mi amiga que ya nos vamos.
Afuera está Lily dentro del Audi que le regaló la tía María cuando se graduó del High School el año pasado. La saludo con mi mano y me pongo en marcha hasta el auto, mi amiga viene detrás concentrada en sus fotos.
—No dijiste nada sobre ésta niña —murmura entre dientes dándome una mirada de pocos amigos. Por suerte Georgia no escucha las quejas de mi prima.
No quiero pleitos.
Lily odia a Georgia, dice que es una zorra superficial. Ni tratarla le ha hecho falta para decir y mantener que no le cae bien, aunque lo disimula cada vez que se encuentran.
Y no la culpo. Georgia puede llegar a ser un grano en el culo algunos momentos, aunque Lily tampoco es una santa paloma.
—¿Entonces tu persona especial va a pelear hoy? —La imprudencia de mi prima me acalora, hasta me sudan las manos.
Sólo mi prima sabe que en un pasado me gustaba Jackson, o bueno, yo le hago creer eso. El problema está en que Georgia no y tampoco quiero que se entere, a ella también le gusta y sería feo e incómodo saber que el castaño de ojos grises ha sido el tipo de mis sueños desde que lo conocí.
—Oh sí —Responde la pelirroja creyendo que le hablan a ella. Cierro los ojos con fuerza queriendo morirme de inmediato—. Aunque yo le llamaría más bien: el chico misterioso.
Es obvio que la pelirroja crea que la pregunta es para ella. Es decir, ¿A quién más le gusta Jack? ¡A mí no!
—¿Y ahora le cambiaste el nombre, Cam? ¿No es persona especial que se le dice?
Bien, es hora de cortar este rollo.
—No, me parece que chico misterioso está bien —Enciendo la radio y subo el volumen, cantando a todo pulmón Green light.
Ya no mencionen más el tema por amor a Cristo.
—¿No tienes miedo de que le desfiguren el rostro a tu chico misterioso? —Sigue mi indiscreta prima. Volteo a verla, aprovecho de reparar a Georgia que sigue sacándose fotos con la lengua afuera. Comienzo a jugar con los mechones de mi rebelde melena a la que he decido soltar al aire libre y dejo de fingir que me agrada la canción que suena.
Preparo mi respuesta con rapidez, pero antes de que pueda soltarla Georgia se adelanta:
—No, yo estoy segura de que ganará, ¿Cierto Cam?
—Ujum...
No digo nada más.
El silencio nos envuelve y lo agradezco.
Espero que sepan cerrar la boca bien hasta que lleguemos.