2 - Parte 2

3503 Palabras
Cuando bajamos del auto casi tengo que rezar por nuestra seguridad. El lugar es deprimente, oigo a Lily quejarse por el olor a basura y cloacas. Todo aquí es un desastre. Morrisania, no podía esperar menos. Señor no me llames todavía, espera que al menos cumpla los treinta. —¿Estás segura de que ésta es la dirección? —pregunta Georgia, sonrojándose ante la mirada lasciva que los hombres a nuestro alrededor le dan. Nadie la manda a vestirse así, ahora que no se queje. —Claro que sí, es aquí, Google lo dice. —¿Google, en serio? ¡No me jodas! —Se queja la rubia con la que comparto lazos sanguíneos—. No puedes confiar en todo lo que dice internet, grandiosa inteligente ¿Quién sabe si realmente la pelea es aquí? ¡Y hola! Por si no te has dado cuenta estamos en el Bronx. —Es aquí —insisto—. Sé que es aquí. —Óigame bien, Camille —Ruje en un perfecto español que me mantiene alerta porque sé que va a soltarme una buena cantaleta. Cuando me habla así en público es porque no quiere que nadie más excepto yo entienda. A veces Carlos y Marsella hacen lo mismo—. Aparte de que me trae a este barrio de mala muerte monta a esta vieja hijueputa en mi carro, así que más le vale que sea aquí o yo misma la sapeo con Carlos ¡Y no me importa! Mire nada más la hora y la gente que hay acá, se lo juro que la sapeo. Maldita sea, odio que se comporte así. —Es aquí —Suelto yo por última vez. Que obstinante se me pone la Lilyhanna. —Vengan ya —Bajamos del auto. Las chicas me siguen, chocamos con varios ebrios que vienen en sentido contrario y me mantengo alerta porque somos rostros desconocidos en una mierda de espanto. Nos abrimos paso por el único callejón que hay en todo el terreno encharcado, cruzando el basurero bajo nosotras. Debo confesar que Georgia es una monja en comparación con las sin familia que avanzan con las tetas al aire y en hilos, drogadas y bailando. Hasta la pelirroja se espanta. Conforme avanzamos nos acercamos al bullicio causado por los gritos de las personas, la música a todo volumen y la voz del tipo que anima el evento. Todo es bastante oscuro salvo por los focos de los autos del otro lado del callejón que alumbran el lugar. Las parejas parecen ponerse bastante calientes porque en cada rincón medianamente solo se tragan y manosean. Iugh. Lo primero en llamar mi atención es la enorme jaula en medio del gigante cuadrado de terreno frente a mí, me recuerda a los circos. Hay muchas personas hablando que se aglomeran frente a ella, una pandilla de moteros está aclamando la pelea principal de la noche con armas alzadas y aunque me cago de miedo con todo lo que hay a mi alrededor mantengo la calma superficialmente. Lily y Georgia me siguen sin despegarse ni un poco, ellas sí se ven aterradas. La música a todo volumen me irrita al igual que los gritos. Se arma una pelea a tres metros de nosotras, uno de los tipos se saca una navaja y le raja el estómago al otro, el sangrero nos hace salir corriendo de allí. —No puedo creer que me trajeras a esta mierda —Se queja la rubia, la cual hiperventila con las mejillas rojas. —Yo creí que era más bonito —La secunda mi amiga. Ruedo los ojos ¿Qué se esperaban de una pelea callejera? Que cabe resaltar es: ILEGAL ¿Flores? ¿A Brad Pitt como animador? ¿Área VIP? —Esperen un momento, déjenme hablar con el organizador para que trasladen todo al Madison Square Garden. No sean estúpidas ¿No ubican el rejas asesinas o se están haciendo las burras? —Ya, bájale. Lily ni me contesta. Nos quedamos en una sección del espacio mirando todo, no estamos tan lejos de la caldera con gente pero tampoco tan cerca, lo suficiente como para poder apreciar todo lo que hay en nuestro círculo. Mujeres que bailan contorneándose y besándose entre sí, otras que hacen desnudos, hay unos que follan al aire libre bajo la mirada de otros que se masturban sin vergüenza, gente que fuma hierba, inhala cocaína, se inyecta no sé qué mierda y por allá a lo lejos otros que se están matando a puñaladas. También están los decentes que prefieren matarse sólo a golpes, al igual que los más hardcore que les disparan a otros. Bonito lugar para tres chicas. La jaula está iluminada por dentro, y la gente junto a ella golpea las rejas aclamando la pelea principal. —Quédense aquí —Les ordeno, ellas se ponen nerviosas pero las calmo diciendo que ya vuelvo. Porque es así, sólo iré a ver si consigo un mejor lugar para mirar la pelea de Jack más de cerca. Me adentro en el mar de personas hasta que estoy dentro de la caldera de gente, intento hacerme espacio pero me empujan y termino detrás de la jaula donde están las entradas al interior de la arena de pelea. Por aquí no hay gente, sólo motocicletas y vehículos aparcados, latas de cerveza en el suelo no faltan, ni colillas de cigarro y gritos con groserías a lo lejos. Escucho voces cerca, y me escondo entre dos contenedores de basura para que no me vean. Me aterra que Carlos pueda aparecer por allí, porque va a matarme si me ve aquí. —No te andes con gilipolleces, ábrelo en dos. —Le voy a sacar las tripas, tú tranquilo —Responde la voz de otro tipo—. Esta pelea es mía, y el dinero es tuyo. Me asomo un poco para ver a los dos hombres que hablan a casi cuatro metros. Ambos de cabello oscuro. El que está de espaldas a mí va sin camiseta y con un mono deportivo, luce como si lo hubieran sacado de una cárcel. Tiene cicatrices por toda la espalda y un águila tatuada en el centro de ella. —No es sólo que ganes la pelea, es que lo mates. Por su cabeza hay una recompensa aún más grande. El hombre que está de frente y que no le logro distinguir bien las facciones por la oscuridad le entrega un puñal al que tiene pinta de ex convicto. Me timbro asustada, ocultándome por completo y con el corazón en la boca. —Adam va celebrar la muerte de Jack, y seremos ricos. Tu déjamelo a mí —Responde la voz del tipo del tatuaje. No puede ser. Quieren hacerle trampa. Me quedo allí escondida todo lo que dura su conversación y cuando por fin se marchan salgo corriendo desesperada. Tengo que advertirle, tengo que decirle que van a hacer trampa. Vuelvo a la caldera frente a la jaula, empujando a todos los que puedo y abriendo mi camino de regreso hasta donde recuerdo haber dejado a las chicas, pero ya no están y me desespero más. Suena una campana y la voz del host se escucha a través de las enormes cornetas que hay en los cuatro puntos debidamente conectados del enorme terreno. —¡Bienvenidos a las rejas asesinas! No. Miro directo a la jaula. Las personas enloquecen y se excitan cuando ven a los peleadores salir. Gritan, aúllan, disparan al cielo y hacen sonar las cornetas de los vehículos. El host aparece en medio de ellos. Es un hombre calvo y moreno con cuerpo de King Kong, tiene todo el cuerpo tatuado y dobla en altura a Jack que mide casi el metro noventa. Palidezco con la monstruosidad de ese ser humano. Es demasiado. El otro sujeto lo reconozco cuando se da la vuelta saludando al público que hay interno detrás de la entrada a la arena, supongo que es un espacio especial para familiares o no sé. Le veo el águila en la espalda y palidezco. No. —Hoy tenemos a dos de nuestros favoritos, quienes lideran el ranking de manera invicta. Primera vez que se encuentran cara a cara dentro de la arena y yo quiero saber: ¿ESTÁN LISTOS PARA VER MANCHAR A SUS FAVORITOS? La gente enloquece, eufórica. —¡Street versus Goslim! —Ruje el fortachón justo cuando una de las pantallas dentro de la jaula se ilumina con dos imágenes que señala a los contrincantes a su lado. Jack es Street y el del águila en la espalda es Goslim. No sé qué hacer y me preocupa que Georgia y Lily hayan desaparecido. Si algo les sucede será mi culpa y tendré que suicidarme para pagar los daños causados. La gente corea el apodo de cada uno, y parece que el público está bastante dividido porque se escuchan por igual. Avanzo hacia la jaula, intentando adentrarme para conseguir el camino que me lleve a donde estuve hace unos minutos, ya que por allí está la entrada a la arena y debo meterme como sea. —¡No escucho nada! ¿ESTÁN LISTOS? —Vuelve a gritar el hombre mientras yo soy empujada dentro del mar de apestosos y drogadictos que disfrutan de ambientes como estos. La gente vuelve a gritar, me aturden—. ¡¿Qué decimos entonces?! —¡Gana, ríndete o muere! —Se escucha. ¿Qué? Y suena una campana que da inicio a la contienda. —¡Detengan la pelea! —grito con fuerza haciendo que mi garganta arda. Nadie escucha, todos están concentrados en los rivales que toman posiciones para empezar a atacarse. Y empieza la pelea. Intento avanzar hacia la jaula, la voz del host se escucha por los parlantes detallando con exactitud todo lo que sucede en la batalla. La música estruendosa sacude mi pecho con la fuerza del bajo. Me detengo para ver a los sujetos dar brincos evasivos y pasos largos. Mi corazón salta chocando contra mi caja torácica como si fuese a salirse, siento que ya no puedo respirar y entro en pánico al pensar que puede darme un ataque de asma justo cuando no traigo el inhalador conmigo. El mar de personas se hace más difícil de atravesar y tanto desespero me ahoga, intento respirar pero choco contra muchos hombros en mi intento por no asfixiarme. Trato de calmarme hasta que mi respiración se ralentiza y logro llegar al frente de la jaula entre empujones y pisotones. Quedo justo delante de las rejas, mirando la pelea de cerca. Los competidores dan pasos tratando de acercarse, mirándose con odio. Jack corre hacia su contrincante derrumbándolo en el suelo. Los dos van sin guantes, a mano limpia es el combate. Golpeo las rejas pidiendo que detengan la pelea pero siguen sin escucharme, mi voz es silenciada por el ruido que sobresale. Volteo, buscando un milagro y veo a Lily y a Georgia en una esquina gritando y aplaudiendo. Están bien. La música se detiene por un momento dando lugar a gritos, groserías y risas de todas las personas presentes en los alrededores. —¡Jack! —grito en vano, es imposible que me escuche con tanto escándalo—. ¡Jack! El castaño golpea a Goslim, está sobre el tramposo llenándole de sangre la cara. Cada puño que le estrella impacta con fuerza. Golpeo otra vez las rejas, gritando como si mi vida dependiera de ello. —¡JACKSOOOON! Los ojos del castaño se desvían por un momento de su oponente hacia mí y su rostro de impacto se queda grabado en mi mente. Ni puta idea de cómo me escuchó, pero lo importante es que lo ha hecho. —¡Detengan la pelea! Vuelvo a golpear las rejas. El tipo aprovecha la distracción de Jackson para golpearle la nariz, dejándolo desorientado y volteándolo contra el suelo. —¡No! —siento las lágrimas avecinarse. Tengo que llegar hasta la entrada de esa jodida jaula y detener la pelea adentro. Lucho contra las personas para poder salir de allí, cuando por fin logro atravesar esa masa de gente corro hasta estar detrás de la instalación metálica. No dudo ni un segundo en ingresar, extrañamente nadie me detiene. Escucho voces y gritos en el interior, camino rápido y veo a Carlos dar golpes contra una de las rejillas que se interponen entre él y el campo de lucha, es frustración lo que leo en él. Al asomarme veo que Goslim ha aprovechado al máximo que Jack se distrajera para partirle la cara también, lo está golpeando con intenciones de no parar hasta matarlo. —¡Basta! —grito viendo que Jack intenta cubrirse pero el otro tipo arremete con fuerza. Al hacerlo siento unos brazos a mi alrededor que empiezan a arrastrarme de regreso a la salida—. ¡No! deben parar la pelea, a Jack lo van a lastimar. El tipo va a hacer trampa, tiene una navaja. Me sacudo y pataleo, pero el sujeto que me sostiene es muy fuerte. —Alto —La voz de Carlos llega a mis oídos, sus ojos me asesinan atravesándome de una manera tan bestial que me estremezco de miedo. Le dice al tipo que me suelte y así lo hace—. ¿Qué coño haces aquí, Camille? No tengo tiempo de explicar nada. Los persuado, corro hasta llegar a la entrada de la arena. «Ya después me lo agradecerán», atravieso la rejilla porque sé que aunque después querrán matarme a mí lo salvaré. Avanzo hasta el medio del ring donde se encuentran los tipos sudorosos golpeándose. Jack logra salir de Goslim y lo evade buscando recomponerse. —¡Alto! —grito, poniéndome en el medio de ambos y estirando mis brazos para que no se vuelvan a acercar. Escucho groserías e insultos hacia mí proveniente de los espectadores. —¡Saquen a esa niña de allí! —¡¿Quién es la puta?! —SÁQUENLA. —MALDITA PERRA. Tres hombres enormes y vestidos de n***o entran para sacarme, a Jack y a Goslim también se los llevan fuera de la arena. Carlos está fúrico insultándome por arruinar todo, pero se desliga un momento del asunto cuando alguien lo llama aparte. —Querían hacerte daño —le digo a Jack, camino a su lado. Sólo consigo que me mire con odio. —Lárgate de mi vista. ¿Qué? —Pero... —¡QUÉ TE LARGUES! Me acojono con el grito que pega, quedándome bien quieta en medio del pasillo con la entrada a la arena enfrente y los ojos llenos de lágrimas. Sólo quería evitar una desgracia... Me sientan en una silla metálica mientras que el resto de la gente que había aquí antes se pierde de vista. Carlos vuelve a los minutos con ganas de matarme, suelta sapos y culebras por la boca y con cada grito que pega me sobresalto. —¡Suspendieron la pelea por tú culpa! ¡No tienes que estar aquí! ESTE NO ES UN LUGAR PARA IMBÉCILES COMO TÚ... —Pero querían lastimarlo... —¡Claro que querían lastimarlo! SON LAS PUTAS REJAS ASESINAS, VIVES O MUERES, GANAS O MUERES ¡No hay segundo lugar! ¡Ni segundas oportunidades! Ninguno de los dos se iba a rendir, entonces tocaba matarse, bruta de mierda. Y comprendo que en este tipo de peleas el premio es seguir viviendo cuando matas a tu contrincante o cuando se rinde. Pero yo pensé que era como en los libros, un poco de sangre y ya. No muertes ni... Me siento como una tonta, sollozo en silencio. La he cagado a lo bien. El rubio se levanta de mi lado y se pierde por el oscuro salón a nuestra derecha cuando le suena el celular. Miro a través de la rejilla, la arena está vacía y los espectadores empiezan a irse. Desde mi posición puedo escuchar perfectamente las groserías que se dicen afuera por mi culpa. Que estúpida, Camille. Mil aplausos por esto. Pasan algunos minutos hasta que me aburro y salgo de la silla a la que me adherí por vergüenza de lo que he hecho, comienzo a caminar revisando el lugar, curiosa. Pero unas manos fuertes toman mi antebrazo, girándome bruscamente contra la pared. Es Jackson. —¿Qué carajos pretendías hacer? —Lo siento, yo solo... Iban a lastimarte y pensé que... —Son rejas asesinas, qué creías que iba a pasar. —Pero te iban a matar —sollozo. —¿A ti qué mierda te importa si me matan o no? ¿Y quién carajos te dio la dirección? Trato de soltarme pero el muy bruto me sacude empujándome aún más fuerte contra el concreto. Hasta me pego en la cabeza, él es mucho más alto que yo y tanta diferencia de estatura me asusta al tenerlo tan cerca y furioso. —Google. Me suelta por fin, lo veo pasarse las manos por el cabello, frustrado, y golpea la pared con fuerza justo a mi lado, haciéndome pegar un brinco. Tiene un corte en la ceja izquierda y aunque hace unos minutos estaba dándose con todo contra el tal Goslim ahora luce impecable, se cambió rápido. —Lo siento —le digo cuando me da la espalda. Se ve preocupado—. Lo siento mucho, Jack... Yo no quería... —Nos vamos ya —Carlos aparece agarrándome del codo y sacándome con fuerza del lugar—. Deberías estar feliz, Camille, Jackson perdió mucho dinero y Lily y Georgia están afuera muriendo de pánico sin saber porqué la desgraciada que las trajo aquí hizo lo que hizo. Paso saliva con cada grito que me pega el rubio que me arrastra hasta la salida. Georgia y Lily están afuera, calladas y mirando todo con nervios. Cuando mi prima ve a Carlos se inmoviliza, Georgia al contrario no pierde tiempo con el coqueteo hacia Jackson que viene detrás de nosotros hablando por su celular. —¿Qué pasa por tu mente, Lily? —riñe Carlos enojado soltándome frente a ella—. Este lugar no es para ninguna de ustedes ¡Tú eres la mayor! ¿Dónde tienes el maldito cerebro? ¡¿Cómo se te ocurre traer a dos crías de dieciséis hasta esta mierda?! No responde. —No es su culpa, fui yo quien la metió en esto —Intervengo, Carlos da varios pasos hacia mí, cierro los ojos esperando que me golpee pero Jack se interpone. —Ya, deja que se vayan. Abro los ojos y veo al castaño con el celular aún en la oreja pero evitando que el rubio me pegue. —Déjala ya, hermano. Que se larguen de una puta vez. Carlos suelta todo el aire y me mira tan sumido en su odio que lloro en silencio. —Vete a casa ya. —Sí. Lily me toma de la mano y empezamos a caminar de regreso al callejón sucio que nos llevará al terreno donde dejamos el auto, al ver que Georgia no nos sigue la llamo: —¡Ya vámonos! —Me quedaré —sonríe alzándome las cejas emocionada, toma el antebrazo de Jackson que ni le presta atención porque sigue pegado al celular. Carlos saca un cigarrillo y lo lleva a su boca sin quitarme la mirada de encima. Está fúrico. Me volteo nuevamente para continuar la retirada, el corazón me late muy rápido. ¿Pero en qué momento ella... Cómo pasó? Se me escapa un sollozo, resultado de todo el desastre que acabé de armar y de ver ahora a mi amiga con el tipo que me gusta. —Me gané un puto regaño por tu culpa y esa vieja pecueca se va con Jack —Suelta sin dejar de avanzar—. Encima de todo mi mamá me va a matar cuando se entere, porque se va a enterar. No lo dudes. No respondo. —Mire, Camille, oiga bien lo que le voy a decir... —Cierra la puta boca ya, Lilyhanna. No quiero escuchar tu español, ni tu inglés, ni ninguna mierda tuya. Déjame en paz, ya sé que la cagué y sí, Georgia quiere con Jack desde hace mucho y no me interesa ¡Que se lo coja! Igual él va a preferir echarle el ojo a cualquier zorra con falda antes que a mí. Porque yo no soy más que una maldita equis en este universo y todos los que existen. Volteo una última vez como la masoquista que soy, Carlos fuma, Georgia está bien agarrada del brazo de mi persona especial y él le rodea la cintura cuando por fin cuelga el celular. —Pues que se joda ese hijo de puta, que se joda porque él se lo pierde —Habla Lily enojada—. Esa perra no es mejor que tú, ya deja de decir estupideces. Y sí te vas a aguantar todo lo que te diré porque te lo mereces, y me vas a escuchar bien. Ruedo los ojos, no me va a dejar en paz lo que resta de camino. Lo sé.
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