Capítulo 15

1364 Palabras
—¿Y la señorita Dumott? —preguntó al entrar en la sala. —En la cocina desayunando y charlando con Rose. Sebastian observó por el monitor las imágenes que le devolvía la cámara de vídeo instalada en la cocina. Karla estaba sentada en la larga mesa, devorando con buen apetito varias tostadas mientras parecía mantener una animada conversación con la anciana. Se veía tan joven e inocente en esos momentos, olvidada la pose de mujer seductora que adoptaba frente a él, que Sebastian volvió a sufrir la familiar punzada de deseo. ¿Es que nunca iba a poder mirar a esa mujer sin sufrir el molesto e inoportuno acaloramiento en todo su cuerpo que le recordaba el poco control que poseía sobre él? ¿Dónde quedaba su perfecto autodominio y disciplina, de los que en otros tiempos se enorgullecía, y que le llevaron a ser considerado uno de los mejores en su profesión? ¿Acaso unos pocos años de relajación habían mermado tanto sus cualidades como para ser incapaz de conservar la objetividad y el dominio de sus emociones ante la visión de una hermosa mujer? —Bien, avísame si detectas algún movimiento extraño. Aún no me ha comunicado sus planes para hoy. Yo estaré supervisando los dispositivos externos. Vendré a relevarte en dos horas —indicó con voz irritada, y salió presuroso de la habitación. —De acuerdo. Parker se sorprendió ante la conducta de su jefe. Conocía la fama del hombre y le admiraba por ello. Fue uno de los mejores antes de abandonar el ejército, tras salir milagrosamente vivo de un atentado. Por ello no estaba molesto ante la severidad que mostraba y su poca locuacidad. Él hubiese preferido un compañero más comunicativo que le facilitase el trabajo y las largas horas de inactividad y soledad que esa profesión requería. Aunque tampoco estaba allí para divertirse y, si podía aprender algo de ese gran profesional, mejor para él. Además, les pagaban tan magníficamente por aquellas seudo vacaciones que no era cuestión de quejarse. Con un encogimiento de hombros continuó observando los monitores, principalmente el de la cocina que mostraba la bella y voluptuosa imagen de Karla lamiéndose los dedos untados de mermelada. Suspiró y se relajó en su asiento. Desde luego era una vista bastante estimulante. Sebastian, sumamente molesto con Karla por ser tan hermosa y sensual y tener el poder de alterarle hasta el punto de mostrarse despótico con su compañero, salió presuroso de la casa con la esperanza de que una hora de intensa carrera por los alrededores, consiguiese calmar su excitado cuerpo. Comenzó a correr a buen ritmo por los alrededores mientras aprovechaba para realizar una inspección de rutina. Llevaba unos treinta minutos con dicha actividad y comenzaba a experimentar síntomas del cansancio cuando oyó la voz agitada de Parker por el auricular que llevaba instalado en su oreja derecha. —¿Qué ocurre? —preguntó irritado y jadeante, acercándose a los labios el pequeño intercomunicador que llevaba prendido del suéter. —La señorita Dumott se dispone a abandonar el recinto. Sebastian se paró en seco temiendo no haber entendido bien lo que su compañero quería comunicarle. —¿Qué? —La señorita Dumott se dispone a abandonar la casa al volante de un vehículo y acompañada por Rose —repitió con impaciencia—. Solicito instrucciones. —Retenía hasta que yo llegue. ¡Ya! —gritó al alterado Parker, y salió disparado en dirección a la casa. Cuando llegó a la verja de entrada encontró a una encolerizada Karla al volante de un pequeño todoterreno y encarada con el sufrido escolta, al que amenazaba con echar de la casa si no abría la puerta inmediatamente. Parker parecía aguantar estoicamente los exabruptos de la joven escudándose en que cumplía órdenes, aunque James pudo percibir el suspiro de alivio que emitió al verle aparecer jadeante tras las rejas. Con un leve movimiento se retiró un paso, dando a entender que llegaba el ansiado relevo. Sebastian se introdujo por la pequeña puerta lateral y se tomó unos segundos para serenarse antes de encararse con la furiosa joven. No sólo estaba exhausto por la frenética carrera, sino que también se encontraba sumamente indignado con ella e inseguro de poder reprimir el deseo de sentarla sobre sus rodillas y atizarle una buena azotaina. ¡Pretender salir sin escolta poniendo en peligro su vida y la de Rose! ¿Cómo era tan inconsciente de no prever el peligro al que se exponía? Karla, a pesar de la nebulosa de ira que en esos momentos embotaba su cerebro, advirtió el leve movimiento de Parker y se giró, dispuesta a encararse con el que ella consideraba carcelero jefe. Pero algo en su semblante la impulsó a callar por unos segundos. Tenía las mandíbulas fuertemente apretadas en un supremo esfuerzo de contención. Karla agradeció que llevase las gafas de sol puestas ya que no deseaba ver en ese momento la expresión de sus ojos. James se acercó al coche lentamente y abrió la puerta del conductor. —Salga del coche, señorita Dumott, por favor —pidió con voz peligrosamente serena. Karla, recuperada de la primera impresión que le provocara el amenazador semblante del hombre, se volvió a encrespar. ¿Pero quién era él para darle órdenes? Un vulgar y engreído guardaespaldas. —No pienso hacer tal cosa. Y le advierto que de no abrir inmediatamente la puerta, avisaré a la policía y lo acusaré de secuestro —gritó con el rostro encendido de cólera y desoyendo los ruegos de una abochornada Rose sentada a su lado. Sebastian inspiró sonoramente, con lo que pretendió inundarse de la paciencia necesaria para tratar con ella. No era la primera vez que se veía en una situación parecida y siempre supo salir airoso de ella, aunque en esta ocasión le resultaba mucho más difícil conservar la calma debido al temor que sentía por su seguridad. Sí, admitió con disgusto, el súbito pánico experimentado al conocer la intenciones de Karla fue tal, que temió volverse loco de no conseguir llegar a tiempo para detener su marcha y asegurarle su protección. Después analizaría esos fuertes y complejos sentimientos que ella le provocaba, pero ahora debía desecharlos y actuar como le exigía su profesionalidad. —Señorita Dumott, puede hacer usted lo que le venga en gana siempre y cuando no salga sin la adecuada escolta de este recinto —expuso con sorprendente calma —Ahora, si hacen el favor de sentarse detrás, nosotros nos encargaremos de conducirlas al lugar que deseen. Con un escueto gesto indicó a Parker que dispusiese lo necesario y se cruzó de brazos, esperando a que Karla obedeciese sus órdenes. —No necesito niñera para ir al pueblo con Rose, ya soy mayorcita —le espetó colérica, negándose a soltar el volante y acceder a las indicaciones del hombre mientras sujetaba a la mujer, que intentaba bajar del coche. —Me temo que su actitud demuestra todo lo contrario, señorita. Si fuera una mujer adulta y sensata, sería consciente de que está dificultando nuestra labor y poniendo en peligro su seguridad y la de Rose. Si es usted tan insensata como para arriesgar su vida por una cuestión de orgullo, al menos no involucre a personas inocentes. Se nos ha contratado para velar por su seguridad y eso es lo que vamos a hacer, le guste o no. Y ahora puede usted llamar a la policía, a su padre o a quien le plazca, explicándole las razones que tiene para desobedecer mis órdenes —le recordó con sarcasmo. —Es usted un déspota maleducado. Y no piense ni por un momento que sus amenazas me intimidan lo más mínimo. Hablaré con mi padre, no lo dude, pero para ponerle al tanto de sus despropósitos y de su actitud represiva en extremo —continuó ella desahogándose. Con un expresivo gesto de desprecio en el rostro, se bajó del coche y se introdujo en el asiento posterior, cerrando la puerta con un fuerte golpe. Tras ello, se sumió en un hermético mutismo. James se dirigió al otro extremo y abrió caballerosamente la puerta a Rose, tendiéndole la mano con una sonrisa para ayudarla a bajar y acomodarla junto a Karla.
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