XVI

1334 Palabras
llegamos al cementerio y la pesadez en la atmósfera es algo que se puede percibir con facilidad, hay personas que muestran respeto otras tristeza y algunas solo demuestran que están en este lugar solo por compromiso -escúchame Lia, necesito que te mantengas a mi lado o al menos que no te vallas tan lejos, quiero que estés lo suficientemente cerca para llegar a ti por si algo sucede - miro a Malek con serenidad -tranquilízate ya que me se cuidar y el cementerio prácticamente está minado por tus hombres - Malek presiona un botón del auto y enseguida a lado de mi se abre mostrando algunas armas -toma la que quieras - niego - de lo contrario permaneces a mi lado como una sanguijuela -tengo mi propia arma Malek - levanto mi pantalón y luego camisa - no pensaba venir sin estar armada Abro la puerta del auto y bajo, mi mirada recorre el lugar hasta ver a mi hermana junto a Badra, al parecer ella está consolandolo indirectamente Sus manos unidas y su mirada de preocupación hacia el chico hace que me dirija a ellos y por supuesto que escucho los pesados pasos del hombre detrás de mi, al parecer no piensa dejarme sola ni por un minuto Narra Malek Apresuro mis pasos hasta estar a un lado de ella, se que sería difícil mantenerla a mi lado y más si se lo ordeno, es más fácil ordenarle con contrario para que haga lo que quiero Avanzamos hasta estar de pie frente a la tumba de Samira, tratando de mantener la compostura mientras recuerda su risa, su voz. No puedo evitar que el dolor me consume, y justo en ese momento como si fuera un recordatorio miro a Lia un eco de lo que Samira me dijo alguna vez. Flashback: Samira y yo estábamos sentados en el jardín, su boda sería dentro de pocos minutos y no pude evitar tener un momento con ella , Ella me mira con esa chispa de intuición que solo ella podía tener -Tú siempre piensas que lo sabes todo, Malek - dice con una sonrisa traviesa-, pero hay cosas que no puedes controlar. El corazón es una de ellas. Frunzo el ceño, confundido. -¿De qué hablas ahora? -pregunto, fingiendo desinterés. -De ti. De cómo actúas cuando estás cerca de alguien que realmente te importa. A veces eres tan terco que no te das cuenta de lo que tienes frente a ti... hasta que es demasiado tarde. Me queda en silencio, mirando a mi hermana. -¿Y si lo que tengo frente a mí solo complica las cosas? -murmuro finalmente. Samira ríe suavemente. -Entonces tal vez esa complicación sea justo lo que necesitas. No todo en la vida se trata de estrategia, Malek. A veces, tienes que arriesgarte, incluso si eso significa que puedes salir herido. (•••) El sonido de un vaso rompiéndose contra la pared llega hasta mis oídos antes de ver lo que está pasando. Me doy cuenta de inmediato de que no es una simple pelea; esta vez mi padre ha cruzado una línea. Corro desde el patio, mis pasos resonando en el pasillo mientras mi mente se acelera, temiendo lo peor. Cuando entro en la cocina, la escena me golpea en la cara: Samira está encogida en una esquina, abrazando sus rodillas con los ojos llenos de miedo, mientras mi padre, tambaleándose por el alcohol, grita cosas que jamás debería haberle dicho a su hija -¿Qué pasó? -mi voz sale más grave de lo normal, aunque intento controlarla. Mis ojos recorren el desastre. Los trozos de vidrio están por todo el suelo. Mi padre está de pie junto a la mesa, respirando con dificultad. -¡Te lo dije! -grita él, con el rostro rojo de ira, apuntando su dedo hacia Samira-. ¡No tienes por qué opinar en los asuntos de los hombres! ¡Tu lugar es callada y obediente! Algo dentro de mí se rompe al ver su actitud, al ver lo que está haciendo con mi hermana. Nadie toca a Samira así. Me interpongo entre ellos, como siempre. Ya no soy el niño que solía temerle, y este tipo, este hombre, no es más que un obstáculo para que mi hermana viva tranquila. -Ya basta -le digo con calma, pero mi tono tiene más peso del que parece. No quiero gritar, pero hay algo en mi voz que lo detiene. Mi padre da un paso hacia mí, desafiante, buscando pelea. Pero yo no me muevo, lo miro directamente a los ojos, sin vacilar. -¿Y tú qué vas a hacer, muchacho? -gruñe, su aliento a alcohol invade el espacio. -Voy a protegerla -mi voz es firme, y no me aparto ni un centímetro. Puedo ver en su mirada que me mide, que está considerando si debe seguir con su show de poder. Al final, sólo suelta una risa amarga y agita una mano, como si lo que acabo de decir no significara nada. -¡Haz lo que quieras con ella! ¡No es más que una carga de todos modos! La rabia hierve dentro de mí, pero me contengo. Lo miro irse, su figura tambaleante desapareciendo de la cocina. El sonido de la puerta cerrándose golpea el aire, dejando un silencio profundo que me consume por dentro. Me agacho y miro a Samira, todavía acurrucada en su rincón. Sus ojos están llenos de lágrimas, pero no dice una palabra. Todo lo que puedo hacer es extenderle la mano. -Ven, Samira. Ya pasó -le digo, con un tono que trato de hacer suave, pero la rabia sigue burbujeando en mi pecho. Ella me mira, sus ojos llenos de miedo, de inseguridad. La tristeza la está ahogando, pero yo no voy a dejar que lo haga. -¿Por qué es tan malo conmigo, Malek? -su voz es un susurro, un eco de lo que su padre le ha dicho tantas veces. Mis palabras se atoran en mi garganta. No sé cómo explicar lo que siento. Cómo tratar de consolarla con algo más que una mentira. Pero no soy un niño, ya no. Respiro profundo y la miro a los ojos, intentando transmitirle todo lo que no puedo decir. -Porque él está equivocado -respondo finalmente, con una firmeza que intento que también sienta-. Él cree que ser hombre significa ser fuerte gritando y golpeando. Pero tú... tú eres fuerte de verdad. No necesitas ser como él, y nunca dejes que te haga pensar lo contrario. Samira toma mi mano, con un poco de duda, pero lo hace. La ayudo a levantarse, como siempre lo he hecho. No importa cuántos años pasen, siempre la voy a cuidar. -¿De verdad crees que soy fuerte? -pregunta con una voz tímida, casi imperceptible. -Lo sé -le respondo, con una pequeña sonrisa que no sé si ella puede ver. Pero tengo que decírselo, porque es cierto-. Más fuerte de lo que él jamás será. Ella, con una sonrisa vacilante, me abraza con fuerza. En ese abrazo está todo lo que necesito saber. A pesar de todo lo malo, ella confía en mí, y yo nunca voy a fallarle. -Gracias, Malek. Siempre me cuidas. Yo la acaricio en el cabello, con una ternura que rara vez dejo salir. -Siempre lo haré -le prometo, y mi voz suena más firme de lo que me siento-. Nadie te hará daño mientras yo esté aquí. Regreso al presente: Mis ojos se clavan en la lápida de Samira. La misma rabia, la misma impotencia que sentí en ese entonces me consume ahora, pero hay algo más. La culpa. No pude protegerla de todo. No como prometí. Y, en el fondo, sé que nada de lo que haga ahora me devolverá ese tiempo perdido. Lia está a unos pasos de distancia, observándome en silencio. Siento que me mira de una manera diferente, como si pudiera ver algo más en mí. Algo que no quiero que vea. Algo que nunca he mostrado.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR