Capítulo 18

1088 Palabras
Serena Beso sus labios una vez más y subo a nuestra habitación para cambiarme, quería ponerme algo más cómodo. Abro la puerta y entro, voy al baño y lavo mi cara, me siento feliz, nadie me ha tratado como lo hace Max, y me siento agradecida de tenerlo en mi vida. Agarro del closet, un vestido floreado corto, me dejó las mismas sandalias, recojo mi cabello y bajó las escaleras. Max tiene las llaves en la mano y me guiña un ojo cuando me ve, llego hasta donde él está y lo abrazo. —¿Lista para esta noche? —Sonríe con picardía. —Si —le digo. Salimos de la casa y subimos al auto, ansiosa por saber cuál es la sorpresa, no deje de hablar y morderme las uñas cada vez que podía. —Me estás poniendo nervioso, Serena —dice en tono burlón. —Lo siento —Me acomodo en el asiento para verlo mejor —Es que jamás nadie se había portado tan atento conmigo. —Es porque no había llegado el hombre correcto, te trato así porque te lo mereces, Serena —Me estremezco entera por sus palabras. Llegamos a la playa y me pide que no baje todavía, lo veo caminar lejos y espero unos minutos, estaba tan distraída que no escuche cuando la puerta se abrió, llevo mi mano a mi corazón y me sonrojo, me toma la mano y salgo del coche. —Cierra los ojos. Lo hago y dejo que me guíe, mi corazón late de una manera desenfrenada, no dejó de sonreír y el de besarme los labios cada vez que tiene oportunidad, nos detenemos. —Lista. Abro los ojos y llevo mis manos a mi boca por la impresión, no puede ser que hizo todo esto por mí, mis ojos se llenen de lágrimas y me lanzo en sus brazos. En el centro está una mesa decorada, alrededor hay pétalos color rojo y velas que adornan el lugar, dándole ese toque romántico, estoy sorprendida y maravillada por esto, me ayuda a sentarme y él hace lo mismo, toma mis manos y las besa. —¿Te gusta? —Claro que sí, todo está muy hermoso, Max —Miro a mi alrededor. Él quita la tapa de los platos y la comida se ve apetecible, cuando estoy por picar un trozo de carne, su celular suena y me mira en modo de disculpa y atiende la llamada. —Alejandro, estás llamando en mal… ¿Cómo? —Su expresión se vuelve molesta. —Esta bien, vamos para allá. Cuelga la llamada. —¿Qué pasó? —Debemos volver, Vivían… —Con solo escuchar su nombre se me revuelve el estómago. —Se intentó suicidar, sus padres no dejan de buscarme en el hospital, según ellos es culpa mía que su hija esté en ese estado. —Eso es absurdo, ustedes ya no están juntos —digo indignada. —No regreso porque me importa ella, quiero que lo tengas claro, Serena —su tono de voz es molesto, pero no conmigo—. La escena sucedió en casa de mis padres, quiero saber cómo están. No puedo creer la locura de esa mujer. —Jamás lo pensé, estaré contigo si así lo deseas —le digo de manera dulce. —Gracias mi amor —Nos levantamos y Max ordena a unos de los chicos que recojan todo. Nos subimos al auto y en todo el camino fue silencio, no quería decir nada, se notaba la preocupación de Max en todo este tema con respecto a Vivian. Llegamos, estaciona el auto y lo apaga, salimos y entramos a la casa. —Iré a empacar nuestras cosas —digo. —Espera… —Toma mi mano y me jala hacia él —No quiero que estés molesta, solucionare esto, te lo prometo. —No estoy molesta contigo, lo estoy con Vivian, está tratando de arruinar tu vida con artimañas baratas —Susurro enfadada. —Lo sé, todo esto es mi culpa —Se aleja de mí y odio que se sienta de esa manera—. Desde un principio tuve que dejarle las cosas claras, no lo hice por todo lo que habíamos sufrido por nuestro hijo, sentía pena y no quería dejarla sola. —Querer ayudar no te hace una mala persona —Le recuerdo—. Ella no entiende y no ha superado que su relación se acabó desde hace mucho tiempo, ella no está bien, sus padres solo están poniendo en ti una carga que no es tuya. Lo abrazó y le hice saber que no está solo y me tendrá a mí en todo momento, lo dejo en la cocina y subo las escaleras. Abro la puerta de la habitación y entró, odio a esa mujer por arruinar este momento con Máx. No puedo creer hasta dónde puede llegar una mujer herida y lastimada. Acomodo mis cosas en mi bolso y continuó con las de Maximiliano, cuando tengo todo listo, dejo todo en la puerta. Maximiliano aparece en mi campo de visión, le doy una sonrisa. —Ya está todo listo —Miro dentro de la habitación una vez más para ver si no se me queda nada. —Vamos. Agarra nuestras maletas y bajamos las escaleras, miro con nostalgia la casa y se me hace un nudo en la garganta, fue el mejor fin de semana, y quisiera regresar de nuevo. —Volveremos, te lo prometo —Besa mi mejilla. Salimos de la casa y subimos las maletas, abro la puerta y entro al auto. Mientras que espero por Max, le envío un mensaje a Sasha, necesito hablar con alguien y ella es la indicada. La puerta se abre y sube, enciende el auto y volvemos a nuestra rutina diaria. Las horas pasan en un total silencio que me cuesta mucho interrumpir, no quiero decir algo que pueda empeorar la situación en este momento, sé que Maximiliano está preocupado y no consigo la manera de poder ayudarlo a olvidar esta situación que está pasando por su ex. —Todo estará bien —digo finalmente en voz baja. Él me mira por un segundo, para volver a fijar su mirada en la carretera. —Lo único que me trae tranquilidad es que estés aquí conmigo —Mis mejillas se enrojecen. —No me voy a ir, juntos en esto —Toma mi mano y la besa. No deseo separarme de él, amo estar a su lado y reírnos de la vida, me gusta mucho y es tiempo de aceptarlo.
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