Capítulo 20

1086 Palabras
Maximiliano Mi mente está en caos en este momento, no deseo hablar y mucho menos sentir incómoda a Serena hablando de las barbaridades que está haciendo mi ex para que vuelva a estar a su lado. Vivian está loca, y sus padres no entienden que desde que perdió a nuestro hijo hace algunos años, su condición ha empeorado. Aprieto el volante y respiro, no puedo perder el control y dejar que esta situación salga de mis manos. Serena se mueve un poco y queda frente a mí. —Me tienes a tu lado y no te dejaré solo, esa mujer tiene que entender y dejarte en paz—Me dedicó una tierna sonrisa que me hace sonreír de amor por ella. —Lo que me molesta es que tengas que verte en esta situación tan penosa, mi modo de conquista no son los mejores —gruño. —Vivian le está dando un toque de locura a nuestra relación —sonrió ampliamente y tomó su mano. —Eres lo mejor que me ha sucedido. —Lo sé, bebé. Nos reímos, y recuesta su cabeza en mi hombro, y nos dejamos llevar en nuestra burbuja de amor. Luego de varios minutos llegamos a su casa, apagó el auto y giró mi rostro para mirarla. —¿Qué? —No quiero dejarte, esta noche tenía que ser diferente. Se quita el cinturón y se sube en mis piernas, llevo mis manos a su cintura. —A tu lado soy feliz, has sanado un corazón que estaba lastimado —sus palabras me llegan al corazón. —Quiero hacer más, quiero ser tu luz en medio de tanta oscuridad, Serena. Sus ojos se llenan de lágrimas y la beso, dejándole saber que deseo todo de ella y que pase lo que pase me tendrá allí a su lado para curar cada una de sus heridas. En un segundo todo se vuelve más apasionado, beso su cuello, ella gime y eso me hace desearla. —Quiero volver a disfrutar de que estés en mis brazos, pero no deseo hacerte amor en el auto, mi cielo —beso su mejilla y la miro a los ojos— Mereces más, nunca olvides esto. La beso nuevamente y nos quedamos abrazados por varios minutos, no quería separarme de ella, pero era hora de volver a mi departamento. Serena vuelve a su asiento y acomoda su vestimenta que está un poco arrugada. —¿Nos vemos mañana? —su pregunta me causa risa. —Sí, amor. Besa mi mejilla y baja del auto, espero que entre a su casa y cuando me cercioro que está bien, manejo hasta mi departamento. Mi celular suena y el nombre de Vivían aparece en la pantalla y la rabia por lo que causó en casa de mis padres llega a mí. Contesto y gime, lo que causa que mi ira aumente porque ya viene con su drama y me hace sentir mal al respecto. —¿Qué quieres? —le digo de mal humor. —¿Por qué me tratas así, Máx? Todo lo que he hecho es por amor. —Me está cansado tu amor, ya pasaste los límites en aparecer en casa de mis padres y forma tremenda escena —Le recuerdo. —Solo quería saber de ti, te fuiste sin darme ninguna explicación y estaba preocupada. —Lo que deje de hacer con mi vida no es de tu interés, Vivían —no me había percatado de que había llegado a casa. —¿Estás con alguien? —Sí, estoy en una relación y no pienso perderla por tus malcriadeces —digo firme— No me busques más y olvídate que en algún momento estuvimos casados. No soy de los hombres de hablarle así a ninguna mujer, pero Vivían traspasando los límites de mi paciencia y no tenía otra manera de hacerle entender que ya no estamos juntos. Salgo del auto y entro en mi edificio saludando al portero. Subo las escaleras, ya que el ascensor está en reparación y tardaran por lo menos una semana para arreglarlo, me alegro de que mi departamento está en el segundo piso y no estar subiendo tantas escaleras y menos esta noche cuando estoy cansado física y emocionalmente. Llegó a mi piso y sacó la llave de mi pantalón y abro la puerta. La soledad me recibe y me regaña por no haber tomado la iniciativa de traer conmigo a Serena, era lo que más deseaba, pero no quería presionarla con mis problemas. Le envío un mensaje. “Ya te extraño” Los segundos pasan y no recibo una respuesta de su parte, y me duele pensar que no quiera estar más conmigo por todo el tema que está sucediendo con Vivían. Me desvisto y dejó la ropa regada por la sala y voy a mi habitación para darme un baño y descansar. Abro la regadera y dejó que la tina se llene, escuchó ruidos en la sala y me extrañó, solo soy yo y no tengo animales para decir que fueron ellos, buscó rápidamente una bermuda y me la coloco rápido para saber qué está sucediendo fuera. Salgo de cuarto y miro a todos lados, no hay nada, mi mente solo piensa en que Vivían logro buscar la manera de entrar a casa y me entra un escalofrío por todo el cuerpo. —Deberías asegurar mejor tu apartamento, no sabes que sexy ladrona pueda entrar —Su risa me hace estremecer, me volteo y la miro. —¿Qué haces aquí? —Miro su atuendo, lleva un vestido corto que me hace querer amarla de mil maneras posibles— No es que me moleste, estoy encantado que estés aquí. —Lo siento —se acerca—. No quería estar lejos de ti, y menos por todo lo que estás pasando. —Me alegra que estés aquí. La abrazó y me quedé unos minutos disfrutando de su olor a naranjo, me fascina. —Ya tengo acompañante para mi baño —La beso. —Encantada de disfrutar este momento contigo. Tomó su mano y la llevó conmigo a mi habitación, la ayudó a desvestirse y acarició cada parte de su cuerpo, con amor, con ternura y con mucha pasión. La miro a los ojos y me quedo sin respiración por la perfecta mujer que tengo delante de mí, no pensé volver a tener fuertes sentimientos por alguien después de lo que pasó con Violeta. Serena es un ángel qué llegó a mi vida para amarla el resto de mis días.
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