Brandon la abrazó por la cintura y le besó la frente, inhalando su aroma como si pudiera absorber un poco de calma. —Entonces que se prepare San Diego, porque vamos a pasarla bien. San Diego, unas semanas después... El cielo está despejado, pero la tensión se puede cortar con un cuchillo. Brandon tamborilea los dedos sobre su pantalón mientras bajan del auto. Sus ojos recorren la fachada de la casa familiar de Samantha como si fuera un tribunal. —No mires así, Brandon. Pareces nervioso. —¿Estoy sudando? —Sí. Literalmente te estás derritiendo. —Ya conoces a mis padres. ¿Cuál es el nerviosismo? —le pregunta ella, divertida. —Y si me odian por ocultarles que soy el CEO... Samantha se ríe, pero su sonrisa también está cargada de nerviosismo. —¿Estás bromeando? Eres un CEO disfrazado

