Brandon no la soltó en toda la tarde.
Después del susto, la llevó a una de las salas privadas, la hizo sentarse en el sofá, le preparó un café, le quitó los tacones y hasta le masajeó los pies mientras ella lo miraba, aún nerviosa pero agradecida.
—Me sentí tan sola ahí dentro —susurra Samantha—. Pensé que iba a quedarme atrapada para siempre.
—No lo permitiría. No mientras esté aqui.
Ella le sonrie. Muestra un gesto suave, lleno de ternura.
—Eres un caballero con corazón de lobo.
—Y tú una loba con alma de princesa. —Brandon se inclina hacia ella—. Me gustas, Sam. Pero no solo por lo de anoche… ni por cómo me haces sentir. Me gustas porque te importas por todos menos por ti. Porque hablas con el corazón y miras con el alma.
Samantha parpadea, sorprendida. No esperaba palabras tan sinceras… y mucho menos que su corazón latiera así, tan rápido, tan fuerte.
—Yo también siento cosas por ti. Raras, nuevas… pero intensas.
Él la besó. No con lujuria, sino con calma. Un beso que decía "estoy aquí", "te tengo", "confía en mí".
Pero Brandon no era solo un hombre enamorado. También era alguien con responsabilidades, secretos… poder y un sentido de sospecha terrible.
Mientras Samantha volvía a su escritorio, aún temblando un poco pero más tranquila, él subió discretamente al último piso, donde tenía su verdadera oficina: una que casi nadie conocía.
Sacó su clave, escaneó su huella digital y encendió su monitor principal. Conectó al servidor de seguridad y comenzó a revisar las grabaciones del ala B.
Nada.
Vacío.
Alguien había eliminado los registros de las cámaras del ascensor, del pasillo y de la consola de cómputos. No puede ser coincidencia.
Brandon se tensa.
—Estúpidos... pensaron que eso bastaba.
Tecleó unas líneas y accedió al sistema de respaldo: un servidor en la nube que solo él, como CEO anónimo, podía abrir. Nadie en la oficina sabía que el supuesto "Jefe de equipo con buenas ideas y de apariencia torpe" era en realidad el verdadero dueño del edificio.
Minutos después, encontró el video.
Lo descargó, amplió, observó... y su mandíbula se apretó.
Imaray. Camila. Leo.
Juntos. Manipulando el sistema. Uno de ellos desactivando manualmente la consola, mientras otro distrajo a la recepcionista.
—Les va a costar caro —murmura Brandon con tono helado.
Al día siguiente, Brandon citó a los tres implicados en la sala de juntas de cristal. Todos llegaron con cara de "¿qué está pasando?", creyendo que era una reunión casual o alguna tontería corporativa.
Samantha lo observaba desde su escritorio, sin saber qué pasaba pero con la corazonada de que se avecinaba algo fuerte.
Brandon entró en la sala.
Esta vez no vestía como lider de equipo, torpe y desaliñado, ni como el chico simpático de las bromas. Llevaba traje oscuro, reloj de diseño y una carpeta gruesa entre las manos. Y lo que sorprendio a todos, su pelo peinado hacia atras.
Los tres sospechosos se miraron entre sí, confundidos.
—¿Qué es esto? —pregunta Imaray, alzando una ceja.
Brandon los mira a los tres con frialdad.
—Es su última reunión aquí.
—¿Perdón?
—Se acabó. Están despedidos. Por intento de sabotaje, poner en riesgo la vida de una empleada y manipulación de sistemas internos.
Camila se levanta de golpe.
—¡No puedes hacer eso! ¿Quién te crees? ¿El jefe?
Brandon sonrie con ironía.
—Exactamente.
Abrió la carpeta y arrojó sobre la mesa las hojas con su firma: Brandon Lefevre — CEO de esta compañia.
Las caras de los tres se desfiguraron.
—¿Qué...? —balbucea Leo—. ¿Eres tú? Pero… tú eres ellider de equipo desde que entre a esta empresa hace años. ¡Tú eras el que...!
—¿El que les daba los buenos días en la cafetera? ¿El que se reía con Samantha? ¿El que hacía de lider de equipo para conocer cómo era el corazón de mi empresa por dentro?
Imaray baja la mirada. Camila empalidece. Leo se traga el orgullo.
—Llamé a seguridad. En cinco minutos se retiran. Sus contratos ya están terminados.
—Esto es abuso —intenta protestar Camila.
—¿Sabotear un ascensor no lo es?
Silencio.
Cuando salieron escoltados por seguridad, el rumor no tardó en explotar en la oficina. Algunos se quedaron paralizados al saber que el joven callado y atento era el CEO. Otros lo miraban con más respeto.
Samantha se acercó, confundida.
—¿Brandon...? ¿Qué está pasando?
Él la mira con los ojos serenos, sin huir de la verdad.
—Te debía esto, Sam. Ya tu sabias que no soy un empleado más. Esta empresa es mía. Quería conocerla desde adentro, sin filtros, sin títulos. Y te conocí a ti… la joya más valiosa que tiene este lugar. Asi que no voy a permitir que nadie se meta con mi prometida. Ellos tuvieron que ver con el incidente de ayer.
— ¿El problema del ascensor?
—Si. Intentaron lastimarte. No lo voy a permitir.
Ella traga saliva. Era demasiada información.
—¿Es en serio? No sabia que me odiaban tanto
—Es normal que tengan envidia o quieran acerte daño cuando tienen el corazon tan n***o.
Samantha lo mira. Quería enojarse, pero lo cierto era que… no podía.
Por lo menos Brandon esta de su lado, ella nota que sus ojos eran los mismos. Su sonrisa también. El Brandon que la abrazó en el ascensor, que le trajo café, que le besó el alma… era real. Nunca dejaria que le hicieran daño y eso la hacia enamorarse mas.
—No te vayas ahora —le dijo él, tomando su mano.
Ella asintió.
—Pero ahora tú traes el café.
Brandon rió.
—Claro. El CEO sirve bien el espresso.
—¿ Estas bien con que todos sepan que eres el jefe?
— No me molesta. Ya estoy bien con eso.
Cuando todo se calmo un poco Claudia se le acerca a su amiga.
—¿Así que ahora eres la novia del jefe? —bromea Claudia mientras lanzaba una mirada socarrona a Samantha.
—No es como si lo hubiese planeado —murmura Samantha, enterrando la cara entre sus manos—. Me siento como una actriz de una novela barata de las que dan a las 3 p. m.
—¡Claro que no! Eres la protagonista de una comedia romántica millonaria. Te falta la música cursi, la camara lenta y un slow motion cuando él entra por la puerta.
—Ya, ya basta —gruñe Samantha, aunque se le escapa una risa.
Por otro lado Natalia no se pudo contener.
—¿Y cómo está el “lider de equipo”? —Natalie, la mejor amiga de Brandon, apareció con un café en la mano y una sonrisa en la cara—. ¿Todavía jugando a ser el fuerte?
—¿Qué quieres decir con eso? —pregunta Samantha, frunciendo el ceño.
—Que cuando lo conoces de niño, sabes que Brandon tiene el ego de una estrella de rock y el corazón de un pastelito. Pero escondía lo primero por ti. Eso es amor. Empalagoso, pero real.
—¡Gracias por la sutileza, Nat! —exclama Brandon desde la puerta, alzando las cejas.
—Oh, lo siento, Su Alteza CEO. —Natalie le hizo una reverencia exagerada y todos estallaron en carcajadas.
Hamlet, sentado junto a Héctor, miraba la escena desde lejos. Había intentado gustarle a Samantha… pero ya no. Verla sonreír con Brandon era como una bofetada, pero también una liberación. No podía competir con eso, ni él ni su lobo.
—¿Sabes algo, Héc? —murmura Hamlet, cruzándose de brazos.
—¿Mmm?
—Nunca he visto a alguien mirarla como él. Ni siquiera yo.
—¿Eso es resignación o madurez? —pregunta Héctor con una sonrisa torcida.
—Ambas, probablemente.
—Yo todavía no le perdono que sea tan guapo. —Y ambos soltaron una risa amarga, pero sincera.
Durante los meses siguientes, Brandon y Samantha intentaron mantener bajo perfil… aunque no sirvió de mucho. Cada vez que salían juntos de una oficina, parecía que el aire olía a vainilla y romance.
Un día, Brandon la esperaba afuera con un ramo de margaritas.
—¿Margaritas? ¿Qué pasó con las rosas rojas?
—Las margaritas me recuerdan a ti: simples, hermosas y sin pretensiones.
—Eres ridículo. —Samantha tomó las flores, pero no pudo evitar sonreír—. Ridículamente encantador.
—¿Y tú me sigues el juego porque…?
—Porque estoy ridículamente enamorada de ti.
Una tarde, en la sala privada de reuniones, entre risas, papeles volando y una ronda de besos furtivos, Samantha lo miró y soltó:
—Mi cumpleaños es en dos semanas.
—¿Quieres una cena con fuegos artificiales, banda en vivo o alquilar un avión que diga "Feliz cumpleaños, Sam"?
—No. Quiero llevarte a San Diego.
Brandon parpadea.
—¿A ver a tus padres?
—Sí.
Brandon se puso nervioso al instante, sabe que debera decirles a sus padres de que es el ceo no un simple lider de equipo y eso lo pone mas nervioso