La graduación llegó a su final; mi papá, que era el único hombre en el que iba a confiar, me esperaba en la parte baja del auditorio. —Muchas felicidades, niña mía —él me dió un beso en cada una de las mejillas—. Vaya que tu discurso fue un tanto diferente, pero bueno, quiero decirte que he preparado las cosas para que tengas unas lindas vacaciones en un hotel en los Alpes suizos; sé bien lo mucho que te gusta y vas a disfrutar de manera sana. —Está bien, papá —le di un beso de regreso en cada una de sus mejillas—. Te quiero pedir un poco de dinero para comprar ropa nueva; deseo cambiar mi guardarropas. Espero que no sea un poco abusivo estar haciendo esto. —Claro que no, mi amor —él tomó mi mentón y levantó mi rostro—. Soy tu padre y te voy a dar todo lo que necesites e incluso más; er

