Dos días después, a Ahinoa le habían dado de alta en el hospital, no obstante, estaba renuente a irse esperando noticias sobre su niña; el propio director del hospital le prometió continuar la búsqueda incansablemente, además el doctor que la atendió le dijo que le avisaría cualquier cosa que supiera sobre el paradero de su hija. Ya entrada la noche, salió abatida de allí prometiéndose a sí misma regresar al día siguiente, no sentía el piso bajo sus pies, caminaba sin rumbo bajo una persistente llovizna, hasta que escuchó un ruido muy cerca como de un auto, sin tiempo a voltear enseguida sintió un fuerte golpe y ya no supo nada más. De un momento a otro estaba tirada en el pavimento, varios curiosos la rodeaban sin hacer nada, hasta que llegó un hombre alto y guapo, muy elegante, que se

