Lucí y yo giramos nuestra mirada muy rápido, ya que estamos en un lugar apartado y casi nadie se acerca a este lugar. Por eso hablamos tan libremente.
- Anabella, ¿podemos hablar? - Es Lucas y mi corazón empieza a palpitar fuerte, estoy verdaderamente loca.
- No quiero hablarte, Lucas, ve a follarte a las otras chicas del equipo de porristas - mi mejor amiga se tapa la boca para evitar reírse. ¡Qué inmadura! La miro y niego con mi cabeza, y ella levanta las manos en señal de rendición.
- ¿Qué dices, Anabella? Yo no he tenido sexo con ninguna porrista.
- Ayer te vi, Lucas, no te atrevas a negarlo - lo señalo con mi dedo índice.
- Ayer me drogaron, el idiota de Carlo me dio agua y me drogó mientras jugábamos baloncesto, desperté desnudo en el salón de deportes.
- ¿Cómo puedo creerte?—le refutó.
-Estuve en el hospital por intoxicación, Anabella, puedes ver los registros - tapo mi boca con mis manos.
No sé qué hacer, se supone que Lucas es el amor de mi vida.
Me levanté de la silla donde estaba y lo abrazo. Cómo pudo pasar por esto, es mi mejor amigo, y el idiota de Carlo no las va a pagar.
- No puedo creerlo, Lucas, Carlo es un idiota, sabe cómo joder mi vida.
- Voy a presentar cargos contra él, Anabella, no puede salirse con la suya.
- Puedo acompañarte, Lucas, podemos hacerlo.
Lucas me toma de la mano y hablamos un poco sobre su día en el hospital. Me cuenta todo lo que Carlo le dijo, sobre que le tomó unas fotos estando con la porrista desnuda encima de él, y que las quiere usar para chantajearlo.
Nos dirigimos a las clases, Luca tiene mi mano entre la suya.
- ¿Podemos hablar después de clase, esta tarde en tu casa?
- Sí, Luca, está bien - lo abrazo.
- ¿Es una cita?
- Ok - beso su mejilla y entro al aula.
El día pasó rápido, recibo un texto de Luca, diciendo que lo espere que me va a llevar a casa. Nuestras clases son diferentes, entonces nos encontramos poco mientras estudiamos.
Estoy en la entrada de la universidad, cuando alguien me abraza por detrás es imposible no distinguir su olor. Sonrió y me giré para hablarle.
- ¿Te fuiste? - sonrió un poco avergonzada.
- Sí, no quería que fuera incómodo - me sinceré.
- Quería hacerte el desayuno y hablarte... ¿Puedo invitarte a cenar?
- No lo sé... Hoy tengo planes... Quizás otro día…
- ¿Con quién tienes planes? - Su tono de voz me hizo fruncir mi ceño.
- Nos vamos - me dice Luca tomando mis manos entre las suyas —Señor Wood — lo saluda extendiendo su mano y, como todo un caballero, Sebastián la recibe sin levantar alguna sospecha.
—¿Se van juntos? —Es una pregunta al aire, pero Sebastián no aparta la mirada de mis ojos.
-Sí, señor Wood... voy a llevar a Ana a su casa.
- Hasta luego, señor Wood —le digo a Sebastián mientras me alejo con Luca de la mano.
Qué momento tan incómodo y me sudan las manos de los nervios. No quiero dejarle ninguna mala impresión a mi profesor, pero Luca siempre ha sido una persona importante en mi vida. Eso no lo puedo cambiar.
Luca abre la puerta del auto para que me suba, abrocho mi cinturón y espero para que él se suba.
- ¿De qué quieres que hablemos? - le pregunto a Luca mientras conduce a mi casa.
Detiene el auto, no sé por qué para.
- Quiero pedirte que seas mi novia Anabella, eres el amor de mi vida, te he amado por muchos años y ahora que vamos a terminar nuestras carreras, quiero que tengamos una relación - me siento ¿contenta?... sí... contenta, ¡por fin!
Me besa, hace mucho tiempo estaba esperando este beso, pero ¿qué me pasa? Tengo en mi cabeza a Sebastián, me aparto de él.
- Qué dices, Ana, ¿quieres ser mi novia? - Me pregunta, veo demasiada ilusión en sus ojos.
- Sí quiero, Luca - sonrió.
Tengo mi corazón latiendo a mil, me emociona pensar que voy a tener una relación con Luca, por fin, pero ¿por qué pienso en Sebastián?
Llegamos a mi casa. Mis padres adoran a Luca, saben que es mi mejor amigo, él quiere contarles, pero yo no se lo permito. Le digo que esperemos hasta que nos graduemos, para que ellos no puedan influir en nuestra relación.
Luca se va dejando un beso en mis labios y un abrazo. Lo amo, sé que lo amo, pero ¿por qué pienso en otro?
Tengo que aclarar mis sentimientos, no puedo seguir pensando en mi profesor.
Llego a mi habitación y mi teléfono suena, mi corazón late a mil, al ver la pantalla, me debato en contestar o no, no sé qué hacer.
- Hola
-Hola... Tenía miedo que no contestaras... Pensé que estabas ocupada.
- Ahora no estoy ocupada, estaba a punto de dormir.
- ¿Sola?
- Sí, sola... ¿Por qué lo preguntas?
- ¿Eres novia de Luca? Vi cómo tomó tu mano, muy posesivo.
- Bueno, acaba de pedirme que fuera su novia.
- Y...
- Dije que sí.
- Felicitaciones... ¿Entonces tengo que olvidarme de ti?
- Eso creo, Luca es la mejor opción.
—¡No sabía que yo no la era!
- Me refiero a que es mi amigo de toda la vida, es lo que se esperaba.
- Podemos hablar, quizás una cena, como amigos, ¡quiero verte!
- No lo sé... Sebastián, es mejor dejarlo así, ¿no crees?
- ¡No, pero si eso quieres! Está bien para mí. Descansa Bella, que tengas dulces sueños. Si por casualidad tus dedos se humedecen, grita mi nombre para poder escucharte.
Cuelgo la llamada con mis mejillas sonrojadas y mi centro húmedo, que me pasa por Dios, ¡estoy húmeda solo por esas palabras!
No puedo hacerme esto.
Me siento sobre la mecedora en mi balcón.
¿Vale la pena tirar tantos años por la borda, esperar tanto tiempo para por fin estar con Luca? ¿Por mi profesor que explota mil sensaciones con solo unas palabras?
Me quedo en silencio recordando el beso de Luca, el beso que me dio en el auto y el beso que le di hace mucho tiempo. Definitivamente, no se sintió igual.