Sebastián me pega a la puerta, sus besos son demandantes, feroces y me encantan.
Sus manos bajan a mi centro y la humedad que está presente me hace avergonzar un poco. Introduce dos de sus dedos y después los prueba envolviendo su lengua en ellos. ¡Dios!
Me besa, ninguno de los dos habla mucho, nuestros cuerpos están tan jodidamente calientes y excitados, que necesitamos una liberación rápida.
Me carga y envuelvo mis piernas en su cadera, me lleva hasta el sofá y lo veo bajar la bragueta de su pantalón, su m*****o sale de un brinco, erecto, venoso, perfecto.
Miro a sus ojos y lo veo sonreír de medio lado. Hace que me acueste y después él se posiciona sobre mí.
- Sebastián, en mi bolso hay preservativos. - Me acordé de las palabras de Lucía.
- Si queremos hijos, en algún momento vamos a hacerlo sin preservativo - mis palabras.
—¿Qué dices? - golpea mi botón con su virilidad.
- Nadie más va a tenerte, Bella — ¿eh? — Dime que no quieres que me hunda en ti. Dímelo para detenerme — golpea y jadeó.
—No quiero que te detengas - ¡Claro que no!
Lo introduce poco a poco y cada centímetro que entra hace que mi centro palpite, acostumbrándome a su tamaño.
Jadeo, cuando lo siento moverse, estoy demasiado húmeda, demasiado caliente.
Su vaivén comienza, sus manos van a mis piernas. Aprieta y duele un poco, pero también me gusta.
Su lengua envuelve mis pezones, no se detiene, muerde, lame, sopla.
Mis uñas están marcadas por toda su espalda. Jadeo y gimo alto cuando siento que me estoy corriendo. Sebastián no se detiene, solo mantiene el ritmo y cuando logro mi liberación, me voltea quedando sobre mis rodillas.
Su mano resuena en mi trasero y después jala mi cabello.
Sus embestidas son muy fuertes, la hebilla de su correa resuena cuando choca contra mi cadera.
Me libero y enseguida escucho gruñidos de Sebastián, sexis, roncos, pausados. ¡Deliciosos!
Nos, detenemos y nos acostamos sobre el sofá.
Observó nuestra ropa regada en el suelo y me doy cuenta de que esta sección de sexo fue urgente.
- ¿Necesito un baño, puedo usar el tuyo? - le pido.
- Te acompaño - nos levantamos y me lleva a la ducha.
Entramos a la ducha y enciendo el agua caliente, solo quiero ducharme para sacar el sudor de mi cuerpo, tengo que irme.
Mis planes cambian cuando lo veo entrar detrás de mí.
- ¿Qué haces? Necesito ir... - no me deja terminar. Sus labios van a mi boca.
- A ningún lado, esta noche, eres mía, Bella.
Continúa besándome mientras el agua corre, mi cabello se moja y no estoy pensando en este momento.
Me carga de mi trasero para introducir su m*****o mientras estoy pegada a la pared, se hunde en mi rápido y fuerte, sin permiso, logro correrme en solo unos minutos y él sonríe victorioso.
Me gira y mis pechos quedan pegados a la pared, mi trasero rebota mientras sus embestidas me llenan, toma mi pierna y la levanta para darle más acceso, es una puta maravilla.
Las embestidas pasan de ser suaves a fuertes en cuestión de segundos, gimo para él, cierro mis ojos por la sensación.
- Abre los ojos, Bella, mírame mientras te follo - me pide, mientras continúa emitiéndome fuerte.
Hago lo que dice, ¡claro que sí!!!, sus manos en mi cadera aprietan fuerte y podría jurar que quiere dejarme marcas.
Nos corremos, escucharlo, gruñir mientras muerde mi espalda es la puta sensación.
- Sin marcas - logro decirle mientras me gira.
- Muy tarde para eso. Tu cuerpo tiene mi nombre desde el club.
Siento como mi trasero es impactado por su mano y me excita. Jadeo y cierro los ojos al sentir como empieza a penetrarme, toma mi cuello y lo aprieta, estoy por morir, siento que dejo de respirar, pero porque me gusta, me corro a chorros y escucho como gruñe y mi centro se calienta.
Sebastián cierra la llave y me lleva cargada hasta la cama. Mis piernas tiemblan y sonrio, es realmente delicioso.
Continuamos hasta altas horas de la mañana, cuando nuestros cuerpos no pueden más, hasta que estoy corriéndome casi dormida, un beso en mis labios y cierro los ojos.
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Me despierto y puedo ver la luz del sol, me siento en la cama un poco asustada, Sebastián no está a mi lado, y busco mi ropa, pero no la encuentro, recuerdo que anoche Sebastián la destrozó, entonces me pongo una camisa negra que encuentro en el suelo y busco mis tacones, necesito irme a mi casa, como pude quedarme dormida.
Mis piernas son un poema, tiemblan un poco, me hace sonreír, anoche la pasamos de maravilla.
Me reviso en el espejo que esté presentable y recojo mi cabello en una coleta.
Salgo de la habitación, y estoy a punto de abrir la puerta cuando Sebastián me habla, brinco por el susto.
- Ven Bella, desayunemos primero - giro al escuchar su voz y la vista está muy buena, tiene una sudadera de chándal sin camisa, puedo jurar que no tiene ropa interior, su m*****o se marca a la perfección.
- Creo que no, es mejor que me vaya -vuelvo a tomar la manija de la puerta y Sebastián me interrumpe.
- Es solo un desayuno, Bella, después te llevo a tu casa y nada pasó. - Lo pienso mejor, tengo solo una camisa negra que llega a mis piernas y unos tacones en mi mano, no es mala idea que me lleve a mi casa.
- Está bien, pero después a mi casa - llego al comedor y me siento, todo se ve exquisito, hay huevos, tocino, tostadas, agua y jugo de naranja.
Sebastián se sienta frente a mí y empezamos a comer en silencio hasta que terminamos.
Me levanto de la mesa para lavar los platos, aunque sea ayudarle con eso, y me detiene.
- Déjalo, Bella, eres mi invitada en esta mañana. - No le hago caso y me acerco al fregadero cuando siento cómo pega su m*****o en mi trasero.
- Déjalo, Bella - me dice en mi oído mientras deja un beso en mi cuello, respira tan cerca que siento el calor que emana.
- Quiero ayudar - cierro los ojos por la sensación.
- Puedes ayudarme con otras cosas - me toma de los hombros y me gira. Cuando estoy frente a él, me dice - como, por ejemplo, este problemita - señala su entrepierna.