Me despierto abrazada por mi mejor amiga, dormir con ella siempre es gratificante. Me encanta.
Me levanto, lavo mis dientes y tomo un baño rápido para quitarme un poco el sueño. Necesito terminar de estudiar y preparar algunas cosas que me hacen falta para el caso.
Es sábado y se supone que es mi descanso, pero tengo que dedicarme a un caso, es a lo que voy a dedicarme toda la vida. Fue lo que elegí.
Estoy vistiéndome cuando entra mi mejor amiga.
- Vamos a ir al club, di que sí, por favor - me dice medio asomada por la puerta. Si es cierto, ayer hablamos de ir al club esta noche.
- Está bien, vamos - continuó vistiéndome.
- Ok, te tengo el vestido perfecto.
- Oh, claro que no, los vestidos que escoges tengo que usarlos sin ropa interior y no voy a ceder esta vez - claro. Que no.
- En este, obligatoriamente tienes que usarla - me guiña un ojo.
- Estás loca, amiga y te amo, pero no me vas a convencer.
— ¡Ya lo compré! Por favor, Ana — súplica con sus dos manos juntas.
Después de muchas súplicas de Lucía, terminó cediendo, como siempre. Bajo al comedor para desayunar y mi familia ya está comiendo, lucí se quedó en la habitación alistándose para poder bajar al comedor.
- ¡Nos honras con tu presencia! - ¡La bella Carla!, ¡Como siempre!
-Buenos días, hermanita. Yo dormí muy bien, gracias por preguntar. - saludo de beso a papá y mamá y me siento al lado contrario de donde está Carla.
El desayuno se torna a hablar sobre proyectos, ya algunas pasarelas que tiene mi hermana, mamá, como siempre me pregunta sobre mi vida personal y sobre Luca.
No le cuento que somos novios, por alguna razón no quiero que se enteren, no quiero que se hagan muchas ilusiones y hablen de un matrimonio del cual no sé si esté preparada.
Luci desayuna con todos nosotros y la veo irse para su casa después de ayudarme a escoger la ropa que voy a usar para el caso del día de hoy.
Me maquillo un poco y arreglo mi cabello para que todo esté listo para la audiencia.
En el almuerzo todo es muy tranquilo, mientras hablo con papa sobre algunas cosas que tengo pensadas para la empresa.
Tomo mi auto y salgo para el juzgado, no quiero llegar tarde, no me gusta la impuntualidad y menos cuando estoy presentando un caso.
Llego al juzgado y pregunto por el profesor Wood, pero está una reunión, me siento con mis otros compañeros a estudiar el caso mientras lo esperamos.
Sebastián sale, abotona su saco y lo veo muy estresado, lo he detallado desde que empezamos a ver clases con él y hoy se siente diferente. Se podría decir que se ve algo molesto.
Todos nos levantamos para seguirlo a la sala de debates, necesitamos preparar un frente para presentar el caso y tener posibles soluciones a posibles problemas.
—¿Todo está listo? - pregunta y asentimos, nadie dice nada. —Acompáñeme, señorita Parisi - me pide.
Sigo a Sebastián, me entrega algunos documentos, son pruebas que debo presentar y algunas otras cosas más.
La audiencia comienza y todo va muy bien, el cliente se comporta, presentamos las pruebas a favor y el oponente abre debate del cual salimos ilesos. Tenemos un frente bien preparado. Cuando creemos que todo está listo, me siento en silencio para escuchar el veredicto del juez.
Creí que el juez iba a dictar la sentencia, pero no fue así.
- Hasta la próxima audiencia... — dice el juez mientras golpea con el Mazo.
Me levanto y espero que se lleven al cliente, mientras me reúno con mis compañeros.
Continuamos nuestro camino hasta el salón de reuniones donde está el resto de colegas. Empezamos a debatir sobre el estado del cliente. Siento algunas veces cómo Sebastián me observa. Tengo un vestido n***o hasta la mitad de mi rodilla, combinado con un blazer rojo y tacones negros abiertos con suela roja, la perfecta combinación. No sé qué tengo de malo en mi imagen.
Mi teléfono suena y todos mis compañeros voltean a verme, me sonrojé al instante.
- Puede salir y contestar su llamada señorita Parisi, pero que no vuelva a ocurrir —me dice Sebastián, digo, mi profesor Wood.
Salgo rápido del salón al ver que se trata de Lucas. Miro, la hora está muy tarde, casi las ocho de la noche. Mierda, la salida al club.
- Hola, Luca - respondo.
- Hola, Ana, mi amor, ¿cómo va tu día?
- Todavía en el juzgado, pero creo que ya estamos terminando, estoy viendo cómo salen mis compañeros - le digo.
- Ok, envíame la dirección y te recojo.
Cuelgo la llamada mientras voy a recoger mis cosas para irme también.
- Bella, estos documentos — me entrega unas carpetas - son para mañana.
- ¿Mañana, domingo? - ¡Mi Dios!, la salida al club.
- Sí, vamos a estudiar el caso mañana en la tarde, ¿no puedes asistir?
- Sí, claro que sí, señor Wood.
- Sebastián, para ti, no hay nadie a nuestro alrededor.
- Bueno, Sebastián, muchas gracias, solo recojo mis cosas y salgo - me siento muy nerviosa.
- Estás muy hermosa, no he podido apartar mi mirada - mis mejillas se sonrojan, no sé por qué lo hago, yo sé que soy hermosa.
- Gracias... - se acerca a mí, y corre un mechón de mi cabello detrás de mi oreja.
- ¿Te puedo llevar a tu casa?
- Luca, viene, muchas gracias - hablo demasiado rápido, el aroma de mi profesor me embriaga.
- ¿Por qué haces esto, Bella? Estás nerviosa por mi presencia y me alejas, ¿por qué?
- Tengo novio - no puedo olvidarlo.
- Ja, novio, es un idiota, no te merece, Bella.
Toma mis brazos y me gira para que lo vea, mientras se acerca a mi boca.
Me besa, es un beso apasionado, suelto lo que tengo en mi mano y cae al suelo, enredo mis manos en su cabello y él pone una de sus manos en mi nuca.
Hace que mi centro palpite, jadeo por la intromisión de su lengua, me toma de la cadera y me pega al escritorio.
- ¿Luca también te besa así?... ¿Te hace sentir así? —empieza a subir mi vestido y toca mi tanga —. ¿Te hace mojar de este modo Bella?
- Sebastián... — Lo miro a los ojos - tengo novio, por favor - le suplico con mis ojos cerrados - Todo pasó tan rápido.
- ¿Por favor, qué? ¿Quieres que te suelte? - Introduce dos dedos en mi centro — ¿o que te folle? — No deja de bombear mi centro palpitante.
- Por favor - Estoy por llegar a un orgasmo mientras tocan la puerta.
Sebastián continúa estimulándome mientras tapa mi boca, no le importa que puedan descubrirnos y a mí tampoco —me corro en su mano y él lame sus dedos.
- Me deseas, Bella, cómo yo lo hago contigo - ¡Lo hago!, no puedo negarlo, no cuando tiene la evidencia en su mano.
Vuelven a tocar la puerta, esta vez con más insistencia, mi celular suena.
- Hola... - Mi voz sale muy ronca.
- ¿Cariño, dónde estás? Estaba en el salón de debates, pero no hay nadie —abro mis ojos.
- Espérame en la entrada, ya salgo - me bajo muy rápido del escritorio.